Señoras y señores.

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

En este espacio me da mucho gusto saludar, en primer lugar, por el afecto y por el reconocimiento que hoy se le dispensa a un gran maestro, estoy seguro, de muchos de los presentes, y de muchos ausentes, al maestro Fausto Rico Álvarez.

Me da gusto saludarle, reconocerle en este día, maestro, y acompañarle en este reconocimiento que hoy le profesan quienes le han acompañado a lo largo de muchos años de su vida.

Muchas felicidades.

Saludo, de igual manera, a los presidentes del Colegio Nacional del Notariado del Distrito Federal.

A la Ministra Olga Sánchez Cordero, que también es notaria pública, que dejó esta tarea por un rato, sólo para incorporarse a esta tarea jurisdiccional.

Al señor Senador de la República de Querétaro, que también es notario público.

A los señores rectores de la Universidad Libre de Derecho y la Universidad Panamericana, universidades en las que el maestro Fausto Rico ha dado, durante muchos años, ahora se ha retirado, pero ha formado generaciones que estuvieron en estas dos instituciones educativas.

Y, particularmente, tengo el alto honor, orgullo, de haber sido uno de los muchos, de los más de cinco mil alumnos que pasaron por las aulas, donde el maestro Fausto Rico Álvarez nos dio cátedra e inculcó valores, e inculcó principios, precisamente, que nos formaron para la vida.

Muchas gracias maestro, nuevamente.

Y muchas gracias a todos los aquí presentes, a notarias y a notarios de distintas partes de la República Mexicana.

Saludo a los presidentes de los colegios de notarios de distintas entidades del país.

Saludo a notarias y notarios que han transitado y que han estado alguna vez en la notaría de Fausto Rico Álvarez, o que estuvieron alguna vez en las aulas en las que él impartió clases.

Quiero saludar con especial respeto, a su esposa y a sus hijas, que están aquí presentes.

A familiares que les acompañan en este muy merecido homenaje que se rinde al maestro Fausto Rico Álvarez por 50 años de trayectoria profesional, y de trayectoria dentro de la academia.

Saludo a los representantes de los medios de comunicación.

A muy distinguidos periodistas que están entre nosotros, a quienes aprecio su presencia, en este doble propósito.

El más importante, aquí lo hemos ya señalado, es tributarle al maestro Fausto Rico Álvarez un reconocimiento por estos 50 años de trayectoria.

Al tiempo que me permite encontrarme con quienes son representantes de los notarios de nuestro país.

El maestro Fausto Rico Álvarez ha cumplido 50 años como notario en funciones y él, con la modestia que siempre le ha distinguido, nos ha compartido que esto no representa ningún mérito.

Yo, quizá, y creo que me habrán de acompañar en ello quienes están aquí presentes, no hay absoluta coincidencia, maestro.

Porque mérito tiene, sin duda, cuando se cumple con el deber, cuando se cumple con la tarea encomendada; cuando se cumple con la profesión a la que uno dedica su empeño; cuando se cumple como padre de familia; cuando se cumple con la misión de ser docente y maestro de generaciones.

Y la suya ha sido una tarea y una entrega esmerada, dedicada, de esfuerzo, de sacrificio, de pasar horas para preparar cada uno de los cursos que impartía en sus clases.

Déjenme traer a colación y en recuerdo de aquellos años, pocos, que tuve la oportunidad, como pasante, de haber estado en su notaría, para sólo dar testimonio del mucho mérito que tiene lo que usted ha hecho en estos 50 años de tarea, de trabajo y de trayectoria.

Usted dedicaba su tiempo a cumplir con su tarea como notario.

En los espacios cortos que tenía libres, estudiaba, estaba en su despacho estudiando para preparar sus clases, que además he de suponer conocía ya ampliamente lo que nos iba a impartir, pero todos los días se actualizaba, releía. Estudiaba nuevamente.

Dedicaba muy poco tiempo para hacer sus alimentos. Lo hacía casi de pie, en una pequeña cocineta que tenía en la notaría, porque no tenía descanso.

Un solo minuto de descanso no lo hacía siquiera, porque tenía muchas tareas que llevar a cabo. Y eso tiene mérito, maestro.

Eso tiene la dedicación y el sacrificio, dedicar todo su tiempo para cumplir con estas altas encomiendas, misiones que usted se trazó en la vida profesional, familiar y como docente.

Y por eso estamos hoy aquí, para hacerle un merecido reconocimiento, para tributarle el aprecio, el afecto que le guardamos muchos aquí presentes y otros ausentes, porque lo que usted ha hecho ha sido sembrar, y hoy México está cosechando muchas de las semillas que a lo largo de sus 50 años de vida fue dejando para bien de México y para bien de nuestra Nación.

Por ello, maestro, eso tiene un enorme mérito, que hoy aquí le tributamos reconocimiento y, sobre todo, gratitud.

Muchas gracias, maestro.

Quizá me tome algo de tiempo. Pero déjenme continuar con estas anécdotas de lo que me ha tocado conocer al maestro Fausto Rico.

Me acuerdo, yo no sé a cada uno de ustedes, en qué momento, en qué grado de los cursos de derecho les dio clase, a mí me tocó en el cuarto semestre, haberme dado obligaciones.

Y tenía ya una fama y una leyenda muy bien construida el maestro Fausto Rico, de ser duro, de ser severo, de prácticamente no tener misericordia con nadie; de verdaderamente ser muy rígido. Y realmente lo era. Era un maestro muy exigente

Y recuerdo cuando llegó a dar o a impartir su primera clase, prácticamente en un absoluto silencio en el salón de clases, nadie se atrevía siquiera a interpelarle cuando él convocaba y retaba a muchos a preguntas difíciles o que implicaban alguna ecuación que resolver de orden jurídico, y pocos se atrevían a veces a responder, temiendo que fueran a equivocarse y tener una sonrisa a veces irónica y sarcástica del maestro Fausto Rico.

Pero en el tiempo, yo puedo decir lo siguiente de él:

Es un hombre al que siempre quiso proyectar lo que en su esencia no es. Este duro, este casi tirano de la escuela, de la academia; este maestro que no se dejaba realmente que nadie le debatiera, porque siempre tenía mejores argumentos frente a sus alumnos.

Al final de cuentas, lo que él no quería proyectar, sus alumnos, aquí están muchas de sus notarias y notarios que, estoy seguro, aprendieron junto a él, y fueron discípulos de él.

Aprendieron a apreciar en él a un hombre sencillo, un hombre modesto; un hombre de gran corazón, que así como alguien, y aquí nos lo compartió, le tendió la mano en sus inicios modestos para estudiar la carrera de derecho, para formarse y llegar a esta brillante y exitosa trayectoria profesional, así lo ha hecho él a lo largo de su vida, tendiendo la mano a más de uno en forma silenciosa y anónima, callada, reservada, para no romper con la leyenda, maestro, del hombre duro e incólume, casi tirano, que está siempre poniendo por delante la ley y el derecho, y haciéndola cumplir, diciendo que no tiene mérito hacer ese propósito o lograr esta tarea.

Por eso, doblemente felicidades, por el hombre de bien, por el hombre de gran corazón, por la nobleza y la generosidad que, aunque no lo crea, sí le hemos descubierto muchos que lo hemos acompañado a lo largo de su vida.

Muchas felicidades, nuevamente, maestro.

Es como aquí lo escuchamos, así, al escucharlo aquí, me trajo a la memoria cuando impartía clases y no ha cambiado, porque el hombre no cambia.

Al final de cuentas la esencia de uno es la misma, no importando en donde esté, en qué tarea se dedique o trabaje uno, al final de cuentas uno es como ha sido, como le toca ser, pero la esencia siempre es la misma.

Yo quiero decirles que hoy al encontrarme con todas y todos ustedes, notarios de México, me resulta muy grato, porque aunque ustedes no se lo hubiesen propuesto, en forma alguna, han sido aliados de mi responsabilidad en distintas tareas de Gobierno.

Lo han sido desde que fui candidato a la Gubernatura del Estado de México, maestro.

Y voy a decirles por qué se convirtieron ustedes en mis aliados, en los que ustedes representan y aquí lo señaló hace un momento el Presidente del Notariado Nacional.

El Notariado de nuestro país es una institución de confianza y entonces cuando siendo candidato se trataba de ganar la confianza del electorado y me sostuve en el Notariado, porque entonces dije que no sólo habría de firmar mis compromisos; pareciera entonces que eso era insuficiente para darle confianza a la población sobre lo que estaba comprometiendo.

Recuerdo cuando me lo preguntaron un grupo periodistas de cómo habrían, por qué habrían de creerme que todo lo que ofertaba habría de cumplirse y entonces les dije: lo voy a firmar, firmaré cada uno de mis compromisos.

Y no causó mayor sensación, lo que sí le imprimió mayor certeza y mayor confianza fue cuando dije: Pero además, esos compromisos los voy a notarizar, voy a invitar al Notariado para que dé fe de ellos y serán los mismos notarios quienes den fe del cumplimiento de los mismos.

Y esa confianza, esa confianza depositada en el Notariado fue mi aliada, maestro, fue mi aliada, señores notarios.

En mi tarea como Gobernador de mi estado, en mi tarea hoy como Presidente de la República, porque seguí en la misma fórmula, porque me apoyé en la confianza que despierta esta gran institución, la del Notariado de nuestro país.

Yo siempre he pensado que los notarios, por cierto, una de mis aspiraciones frustradas, maestro, porque hubiese querido ser alguna vez notario.

Pero el destino y la vida nos deparó otro camino, no me corrió el maestro Fausto Rico, porque en esta forma dura de ser y firme, para quienes no estudiaban en los exámenes que practicaba cada 15 días a sus pasantes de su notaría, tenían un destino: salir de la notaria.

Yo me retiré. Le pedí que quería dedicarme a la vida pública, a la vida política, todavía como pasante, sin saber que alguna vez llegaría a esta alta responsabilidad.

Al final de cuentas, también se me frustró en ese entonces mi camino por la política, porque venía, no quiero hacer tanta historia, venía la campaña política; venía, obviamente, los mexiquenses estábamos muy en favor de un candidato, que era del Estado de México, no resultó ser ese el candidato a la Presidencia de la República, pero los señores periodistas tendrán mejor memoria. Estamos hablando del 88.

Fue otro, pero, al final de cuentas, ahí se vio frustrada una aspiración de orden político de corto plazo. Pero el camino nunca sabe uno cuándo se va a abrir, maestro, y se abrió. Pero no quiero desviarme de lo que es más importante.

Decir: es el Notariado una gran institución de confianza. Y siempre he pensado que los notarios son como los grandes médicos de una sociedad. El médico es una persona, también, en la que se cifra confianza en una sociedad, y en la que se acude cuando uno se siente mal. Y será ese médico o algún otro recomendado por un médico, al que le pueda dar atención o curación a lo que uno, eventualmente, pueda padecer.

Eso mismo creo yo de los notarios. Son como los grandes médicos de una sociedad.

A los que una sociedad, por la confianza que despiertan los notarios, acude uno a pedir su orientación, a pedir de sus servicios que prestan para la función que está construido el Notariado.

Pero cuando no es ésta suficiente, o no se trata de un asunto para la atención del notario, siempre el notario tendrá una buena orientación que darle a cualquier que se acerque.

Es, al final de cuentas, el notario una institución, o el notariado y los notarios, representan a una institución seria, que genera confianza en una sociedad.

Y quienes cuidan de ella son ustedes mismos, porque el crédito de esta institución está en lo que ustedes, precisamente, hagan en el trabajo que realicen y en el crédito que le den a la propia institución.

Y creo que México debe sentirse muy orgulloso de haber logrado conformar y venir consolidando esta gran institución.

Que para ser notario no es una tarea fácil, hay que estar preparado, hay que estar debidamente formado y, sobre todo, cumplir a cabalidad con lo que les imponen las normas para cumplir con la función del notariado.

Como Presidente de la República, yo estoy muy reconocido de esta institución. Soy el primero que aprecia la confianza que despierta para una sociedad, y eso me lleva a decirles algo, a lo que el maestro Fausto Rico comentara sobre los cambios y reformas que hemos hecho.

Precisamente en un arranque que se dio aquí, que tuvo lugar aquí, en una mesa, maestro, como en la que estamos y en donde está usted hoy ubicado.

Aquí, celebramos un acuerdo con las principales fuerzas políticas el 2 de diciembre del 2012.

Aquí, en este mismo espacio, tuvo lugar lo que, sin duda, nos permitiría sentar bases para impulsar una agenda de reformas que cambiaran la dinámica de nuestro país, y que será el tiempo lo que acredite el alcance y beneficio que estas reformas tendrán para los mexicanos, porque no se hicieron para que hubiesen resultados inmediatos, ni al otro día, porque eso sería casi impensable, las grandes obras no se construyen de un día para otro.

Pero sí establecimos, primero, una voluntad compartida para hacer grandes ajustes que México necesitaba.

Establecimos una agenda, se asumieron los costos y el desgaste que podía significar a todas las partes estar en este gran acuerdo, ante una demanda ciudadana que llevaba años de demandar y de pedir: Pónganse de acuerdo. Ya nos cansamos de ver solamente disputas, debates y pocos logros de parte de los políticos y de los partidos políticos.

Y entonces, tuvo lugar ese acuerdo, ese gran acuerdo que hoy nos permite tener ya concretadas al menos 12 reformas de carácter estructural.

Unas fortalecen nuestras instituciones democráticas, nuestras instituciones de justicia, otras amplían los derechos de los mexicanos, otros nos abren senda y nos abren horizonte y camino para crecer económicamente, al permitirnos hacer, en distintos ámbitos de nuestra economía, mejores cosas y diferentes a cómo se venían haciendo.

Y una muy importante, a la que hiciera referencia el propio maestro, la educativa. La educativa, sin duda, toca las fibras más importantes de lo que nos permitirá construir una mejor sociedad.

Es discurso reiterado hablar que la educación es el cimiente más importante del desarrollo de cualquier sociedad.

Y si bien es un discurso reiterado y a veces trillado, es verdad absoluta. Es en la educación donde se cifra el futuro de cualquier sociedad.

Y en el caso de nuestro país es claro que el reto era aún mayor. Ya no sólo se trata o se trataba de tener cobertura en el ámbito educativo, sino de asegurar que la educación que reciben las nuevas generaciones esté a la altura de los retos y desafíos que México tendrá que enfrentar en los años por venir.

En un mundo que cada vez tiene menos fronteras geográficas, porque la economía está íntimamente vinculada entre una nación, entre una región, de cualquier parte del mundo y que eso nos lleva a encontrar las habilidades y capacidades suficientes de una sociedad que quiere realmente que en nuestro país haya crecimiento, haya inversión productiva, haya empleos. Y por eso, había que transformar el modelo educativo.

Y por eso éste es un Gobierno que está empeñado hoy en un objetivo fundamental: asegurar que todos esos cambios estructurales, que le agradezco, maestro Fausto Rico, que usted hubiese querido hacer aquí un reconocimiento a ello, es un reconocimiento a todos los mexicanos, a las fuerzas políticas y a quienes han decidido hacer estos cambios para bien de México.

Y el Gobierno de la República sí los impulsó, sí los promovió y hoy le ocupa; su tarea única es asegurar que esos cambios realmente se traduzcan en beneficios para la sociedad mexicana.

Y en el tema de la Reforma Educativa trabajamos para que ésta realmente se materialice en todo el territorio nacional.

Hemos reconocido, como ocurre ante cualquier cambio de cualquier sociedad, de cualquier época de la historia de la humanidad, se presentan resistencias a los cambios.

Porque quienes tienen beneficios alcanzados, cuando se trastocan o se alteran, para bien de una sociedad, para bien de las mayorías, no les es fácil dejar de lado o de aceptar el cambio de condiciones.

La Reforma Educativa propone justamente ello. Respeta los derechos de los maestros, pero también impone a quienes se incorporen al nuevo sistema educativo nacional, el ser sujetos de una evaluación regular, periódica, que asegure aquello que el maestro Fausto Rico siempre hizo: actualizarse, estudiar, prepararse y estar en una permanente preparación para inculcar lo mejor de las habilidades y del conocimiento a nuestros jóvenes, a las nuevas generaciones.

Por eso, es que el Gobierno de la República apoya en todo y de forma absoluta, la decisión tomada ayer por la autoridad del Estado de Oaxaca para llevar a cabo la Reforma Educativa.

Donde mayor resistencia había, había que hacer los cambios jurídicos necesarios que aseguren que la Reforma Educativa llegue realmente a quien la necesita, a quienes son el objeto de esta Reforma: las nuevas generaciones, nuestros niños y jóvenes.

El propio maestro Fausto Rico, en algunas de sus intervenciones, tuvo usted un referente histórico de inspiración en su vida: Benito Juárez, de Oaxaca.

Un joven estudiante, más bien, un joven de condición modesta, humilde, que encontró en la educación la mejor forma para emprender altos vuelos, para hacer un camino de éxito en su vida; lo que le permitió alcanzar, a aquel joven modesto, de una cuna modesta y sencilla, un poco, quizá como a usted en la vida le ha tocado y nos lo ha compartido. Por eso la referencia y la inspiración en Juárez.

Juárez, al final de cuentas, fue en la educación en donde encontró su bastión más importante para crecer y, asumiendo altas responsabilidades en su vida pública, a emprender transformaciones para bien de México.

Eso es lo que queremos hacer para la niñez de Oaxaca y para la niñez de todo México.

Eso es lo que estamos haciendo. Pensando que realmente todos estos ajustes, todos estos cambios, con la firme y absoluta convicción de haber sido necesarios para transformar a México, para transformarlo positivamente; para enfrentar las resistencias, para superarlas, también, y para llevar a México a mejores condiciones.

Por eso, y con ello concluir, porque usted no se extendió, maestro; quien se ha extendido en el uso de la palabra he sido yo.

Pero he querido reconocerle y compartir, también, lo que el Gobierno de la República está haciendo en términos muy generales para lograr la transformación de México, una transformación positiva, que le depare a la sociedad presente y de futuro, mejores condiciones.

Quiero, en el tema jurídico, no dejar de señalar, que hoy estamos preparando quizá otra gran transformación, que es la de revisar nuestro andamiaje jurídico, al que ya hemos revisado, y que ha habido un gran número de cambios a nuestra Constitución, a las leyes secundarias, pero una que tanto demanda la sociedad, la que tiene que ver con la justicia cotidiana.

Y cuando me refiero a ella, hablo de esta justicia que cualquier ciudadano busca encontrar para dirimir cualquier conflicto o controversia, y que espera haya una justicia pronta y expedita, no sólo en el ámbito penal, porque a veces pareciera que la justicia sólo se redujera a este ámbito. No. La justicia va mucho más allá de ello.

Y hoy estamos trabajando, precisamente, para hacer las propuestas necesarias en su momento al Congreso, que nos permitan, realmente, modificar el andamiaje de distintos ordenamientos legales, que nos aseguren una justicia pronta y expedita, especialmente en aquellos ámbitos de la vida cotidiana.

Y aquí el notariado tiene mucho que aportar.

Tiene mucho que aportar porque lo primero que ocurrirá serán los foros de consulta en los muchos temas que ustedes conocen, de todos los días, y que permita a la sociedad mexicana tener un acceso mucho más ágil, más rápido, mucho más moderno, a la altura de nuestra era y de nuestro tiempo para, realmente, acceder a los distintos servicios, no sólo que presta el notariado, que presta un estado para su población.

Para una población mayor en número, para una mayor demografía, diferente de la que había, maestro, en 1964, cuando usted empezó con su función notarial.

Hoy somos muchos más de los que éramos entonces, y por ello la necesidad de modernizar y actualizar nuestro andamiaje, específicamente en temas de justicia cotidiana.

Yo aquí dejaría hecha la invitación para que ustedes, con su conocimiento, con su experiencia, con lo que deja su ejercicio diario en esta profesión, del notariado, puedan participar de esta modernización de nuestro andamiaje.

Como generación, nos corresponde poner al día nuestras instituciones, poner al día nuestras leyes que permitan, realmente, modelar los temas propios de nuestra época, de esta sociedad moderna y, sobre todo, le permitan a esta sociedad generarse condiciones de mayor bienestar y de mayor calidad de vida.

Concluyo diciéndole al maestro, nuevamente, muchas felicidades. Se le aprecia, se le quiere y se le reconoce.

Y después de haber tomado usted la decisión de dejar la docencia, de dejar el ejercicio de la profesión, después de 50 años, sepa que habemos muchas y muchos mexicanos que valoramos su esfuerzo, su empeño y el enorme mérito que tiene lo que usted ha logrado y alcanzado.

Y le deseamos que siga usted gozando de facultades plenas, de salud plena y, sobre todo, de enorme bienestar al lado de sus seres queridos: de su esposa, de sus hijos y de sus amigos, que le tributamos cariño y afecto.

Muchas felicidades y muchas gracias a todos.