Señor General Secretario de la Defensa Nacional.

Señor Almirante Secretario de Marina.

Señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Señor Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República.

Señor Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

Señores integrantes del Gabinete del Gobierno de la República.

Muy distinguidos Generales y Almirantes, jefes y capitanes, oficiales, cadetes, tropa y marinería.

Jóvenes soldados y marineros del Servicio Militar Nacional, y mujeres voluntarias.

Señoras y señores:

En nuestra historia, hay proezas que enaltecen el orgullo de ser mexicanos. Hechos de valor que fortalecen nuestra unidad como nación.

De esa trascendencia es la Batalla de Puebla.

Un día como hoy, hace 154 años, el Ejército de Oriente, comandado por el joven General Ignacio Zaragoza, derrotó a la fuerza invasora de Napoleón III.

El 5 de mayo de 1862, un grupo de patriotas, integrado por efectivos militares y ciudadanos voluntarios, enfrentó y superó a la milicia mejor preparada y equipada de aquella época.

Con esa lección de orgullo, coraje y dignidad, las armas nacionales se cubrieron de gloria.

Gracias a la gesta de los Héroes de Puebla, se fortalecieron las bases de nuestra nacionalidad, perfilando el triunfo de la República sobre el Imperio, y salvaguardando nuestra libertad, independencia y soberanía.

La Batalla del 5 de mayo demostró al mundo que los mexicanos somos los dueños de nuestro propio destino, que unidos podemos vencer cualquier enemigo y superar toda adversidad.

A más de siglo y medio de distancia, esta gloriosa hazaña sigue siendo motivo de identidad para los mexicanos. Es una conmemoración que nos hermana dentro y fuera del territorio nacional.

En naciones como Estados Unidos o Canadá se realizan actividades que reúnen a miles de personas, para celebrar esta fecha emblemática.

Nuestras comunidades en el exterior festejan el orgullo de ser mexicanos; el orgullo por su historia y por sus raíces.

Aquí, en México, en esta fecha de profundo significado nacionalista, rinden su protesta de Bandera las mujeres y hombres del Servicio Militar Nacional.

Así como en la Batalla de Puebla miles de mexicanos acudieron al llamado de la Patria, en el presente, prácticamente 450 mil jóvenes están listos para servir a su Nación, si así se necesitara.

En esta Administración, estamos decididos a que los soldados y marineros del Servicio Militar Nacional y las mujeres voluntarias contribuyan al fortalecimiento de México, no sólo en época de conflicto, sino principalmente en tiempos de paz.

Estamos determinados a que el enorme potencial de este ejército de jóvenes impulse el desarrollo nacional en diversos frentes.

Queremos que su consciencia social, su talento y su energía se pongan al servicio de las mejores causas de nuestra sociedad.

Queremos que actúen siempre con apego a los más elevados valores cívicos y, sobre todo, que asuman el papel protagónico que les corresponde a los jóvenes en la transformación de México.

Al hacerlo, contribuirán a edificar un México más justo, incluyente y próspero. A construir un México en paz, donde impere el orden, la justicia y la legalidad.

Precisamente, en la construcción de un mejor país, los mexicanos hemos contado con el permanente ejemplo de honor, deber, lealtad y patriotismo de nuestras Fuerzas Armadas.

Con hechos, nuestras instituciones militares han mostrado que son una fuerza garante de la independencia y soberanía.

Son una fuerza para la paz y la tranquilidad de las familias mexicanas. Son una fuerza para el bienestar y el progreso nacional.

Servir a México desde las filas del Ejército, la Armada o la Fuerza Aérea constituye un gran privilegio y, también, una enorme responsabilidad.

Portar el uniforme de la Patria conlleva el imperativo moral de mantener una conducta intachable; implica el deber de conducirse con total apego a la ley y trae consigo la obligación de actuar con absoluto respeto a los derechos humanos.

Sólo así se pueden preservar y acrecentar el honor, la estima social y la autoridad moral de nuestras Fuerzas Armadas.

Una prueba fehaciente de la integridad y honorabilidad de nuestro Ejército, es que, ante faltas graves de algunos de sus integrantes, su Alto Mando ofreció una disculpa pública a la sociedad mexicana.

Este hecho refleja la cultura en favor de los derechos humanos, que hoy prevalece en nuestros institutos armados.

Como Presidente de la República y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, expreso mi más amplio reconocimiento al General Secretario Salvador Cienfuegos y al Almirante Vidal Francisco Soberón por una visión y convicción compartida de promover decididamente la protección y defensa de los derechos humanos.

Reitero, con plena convicción, en todo momento y frente a cualquier circunstancia, la actuación de nuestros efectivos militares debe ser en estricto apego a la ley y con invariable respeto a los derechos fundamentales.

Recuerden que el prestigio y la grandeza del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea Mexicana se construyen y se reivindican todos los días y en todas sus misiones.

La Patria espera de nuestros soldados, marinos y pilotos más ejemplos de honor, gallardía y entrega en beneficio de nuestra población.

Jóvenes soldados y marineros del Servicio Militar Nacional, y mujeres voluntarias:

Celebremos la Gesta Heroica de Puebla con orgullo por nuestra Patria, con confianza en nuestro presente y con esperanza en el porvenir.

Siempre tengan claro que la grandeza de la Patria depende de la grandeza de sus actos.

Inspirados en el ejemplo del joven General Zaragoza, sean parte activa en la construcción de un mejor país para el Siglo XXI.

La Patria confía en que sus jóvenes pondrán toda su energía, su talento y su esfuerzo para cumplir su compromiso con México.

Muchas gracias.