Muy buenas tardes, señor Presidente, Enrique Peña Nieto.

Después del tiempo que tomó saludar a nuestros Embajadores y Cónsules, ya no nos va a creer que tenemos huella diplomática pequeña.

Señoras y señores Embajadores y Cónsules de México; Señoras y señores Legisladores; Señores ex Cancilleres.

Señoras y señores invitados especiales.

En nombre de los miembros de nuestra diplomacia, agradezco al Presidente de la República la oportunidad de encontrarnos con quien, por mandato Constitucional, la dirige.

Señor Presidente:

Con este encuentro, concluimos la 26ª Reunión de Embajadores y Cónsules de México.

Nos acompañaron durante el ejercicio, distintos Secretarios de Estado, Gobernadores, Legisladores, titulares de entidades públicas y multilaterales, así como especialistas en temas internacionales.

De nuevo, aprovecho para agradecerles a todos y cada uno de ellos su participación.

Nuestros diplomáticos, después de este encuentro, después de esta semana, pueden dar fe, así lo hicieron, de que el mundo reconoce en México a un país dedicado a procurar el bienestar de sus habitantes; a un país orgulloso de sus logros y consciente de sus retos; a un país que, al superar sus adversidades, sale fortalecido.

La historia, también, es testiga de este ánimo.

Fue tarea de nuestra Nación durante sus primeros 100 años de vida independiente, cimentar nuestra soberanía y nuestra libertad.

Consolidar esa libertad, significó lograr avances en medio de adversidades.

La inestabilidad durante este periodo se refleja, por ejemplo, en el hecho de que en sus primeras seis décadas nuestro país tuvo 44 Secretarios de Relaciones Exteriores.

Al despuntar el Siglo XX, presentó también duros obstáculos.

Ante ello, la respuesta de la Nación fue nuevamente positiva. El arco que une a Madero con nuestros días se da por la vía de la consolidación de la vida democrática, en un marco de creciente estabilidad y paz social.

Destacan el acceso a la educación, la protección a los trabajadores y las garantías sociales.

En este marco de libertad y democracia, hoy, lo que los mexicanos buscamos, es lograr una mejor calidad de vida para todos.

Como lo hemos hecho repetidamente en el pasado, enfrentamos con decisión las tareas pendientes y los sucesos extraordinarios que nos aquejan.

Parte de lograr esa mejor calidad de vida, implicaba generar mejores condiciones para el empleo en México. Hoy, después de una Reforma Laboral, se genera empleo formal en niveles históricamente altos.

No se entiende el acceso cotidiano a la vida moderna sin telecomunicaciones. Después de la reforma, hoy los mexicanos disfrutamos de más variedad y de mejores precios.

Pagamos también menos en nuestra tarifa eléctrica. Lo hacemos en lo industrial, lo hacemos para la pequeña y mediana empresa, lo hacemos en nuestras casas.

175 mil aspirantes a maestros concursaron el año pasado para educar a nuestros hijos, y aseguramos que fueran los mejores, de entre ellos, los escogidos.

Nuestros hijos tienen acceso hoy a los mejores elementos tecnológicos para acercarse a la educación.

El crecimiento tan importante en el gasto social, ayuda, de manera notable, a la equidad a la que aspiramos.

Dieron fe nuestros Embajadores, con cargo a los reportes que aquí se le hicieron, que los mexicanos hoy recorren su país con más carreteras y mejores vías de comunicación.

Dieron fe de que en México se hacen grandes proyectos de infraestructura; el Aeropuerto de la Ciudad de México está entre los cinco proyectos de infraestructura más grandes en el mundo.

Nuestros mexicanos hoy tienen acceso no solamente a vivienda, sino a la ciudad en la que se construye esa vivienda, con una planeación urbana ordenada.

Nuestros emprendedores tienen acceso a crédito. Nuestros jóvenes acceso a empleo formal.

Todos estos resultados, señor Presidente, nos los dieron a conocer quienes nos acompañaron en estas reuniones.

Quisiera señalar, de manera muy puntual, que el Servicio Exterior otorgó durante nuestra reunión de ayer, un sentido reconocimiento a los titulares de Defensa, Marina y al Procurador General de la República, por la valentía y heroísmo con que asumen su labor.

Hoy, queremos aquí hacerlo, a su Comandante en Jefe. La diplomacia mexicana le reconoce a usted, señor Presidente, ese liderazgo.

Sienta usted, señor Presidente, en ese aplauso, el orgullo que tiene la diplomacia mexicana de ser parte de este equipo que está transformando a México.

Hoy, como ayer, los mexicanos sabremos superar los obstáculos que enfrentamos, y lo haremos con total apertura y de cara al mundo. Esa es la instrucción que hemos impartido a nuestros Embajadores y Cónsules.

Nuestra directriz es clara: transparencia y objetividad en la promoción del buen nombre de nuestro país en el exterior. México es la suma de sus partes.

Una visión honesta e imparcial de la Nación, obliga a reconocer los retos que enfrentamos, pero obliga, también, a reconocer nuestros aciertos, que son muchos e innegables.

Muchas gracias, señor Presidente.