Excelentísimas señoras y excelentísimos señores Jefes de Estado y de Gobierno.

Señoras y señores delegados.

Señoras y señores:

Es un honor y un privilegio estar nuevamente en la máxima tribuna de la Organización de las Naciones Unidas, la casa de la paz, la cooperación y la fraternidad universales.

México siempre ha sido un firme aliado de Naciones Unidas y una Nación convencida de su poder transformador.

Desde aquí se han promovido trascendentales esfuerzos colectivos en favor de las mejores causas de la humanidad.

Durante más de siete décadas, las diversas voces del mundo se han pronunciado por un mejor futuro. Cada generación ha asumido con determinación los retos de su tiempo.

A nosotros nos corresponde continuar con ese espíritu y asumir el enorme desafío que significa hacer realidad el desarrollo sostenible en el planeta.

Ya hemos dado el primer paso en esta dirección con la definición, precisamente, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La Agenda 2030, que construimos y acordamos en las Naciones Unidas, es, sin duda, el plan de acción más audaz, más noble y más exigente que ha adoptado la comunidad internacional en la historia reciente.

Es una hoja de ruta para gobiernos nacionales y subnacionales, lo mismo que para todos los actores de la sociedad, que tiene la misión de mejorar la vida de miles de millones de personas, sin dejar a nadie atrás.

Por sus alcances y objetivos, la Agenda 2030 es el marco que armoniza los acuerdos logrados el año pasado en materia de derechos humanos, medio ambiente y paz sostenible.

Cuáles han sido los esfuerzos nacionales de México en estos ámbitos.

Primero. Hemos asumido la instrumentación de la Agenda 2030 como un compromiso de Estado.

Congruente con ello, se está conformando un consejo de alto nivel, para el cumplimiento de la Agenda 2030, encabezado por el Presidente de la República.

Su objetivo será coordinar el trabajo de los distintos actores involucrados, incluyendo a autoridades locales, legisladores, representantes de la sociedad civil, la academia y el sector privado.

México también ya cuenta con un comité técnico especializado, que integra a las principales instituciones Federales, dedicado a medir y dar seguimiento a los indicadores de la Agenda.

Asimismo, estamos construyendo un tablero público de seguimiento, para difundir, entre toda la población, de manera transparente, los avances alcanzados y los retos pendientes.

Como parte de este compromiso, con la apertura y la rendición de cuentas, el 19 de julio pasado, México fue uno de los 22 países que presentó su revisión nacional voluntaria ante el Foro Político de Alto Nivel.

Asimismo, México está comprometido en impulsar la implementación de la Agenda 2030 a nivel regional.

En abril próximo, presidiremos el Foro de los Países de América Latina y el Caribe sobre desarrollo sostenible.

Por su parte, considerando que los derechos humanos ya son parte transversal en la Agenda 2030, mi país ha impulsado una Estrategia Nacional de Inclusión Social, enfocada en lograr el ejercicio pleno de los derechos sociales y, a partir de ello, disminuir la pobreza e incrementar la igualdad.

Celebramos, además, que la Agenda 2030 reconoce a los migrantes como sujetos de derechos y aliados indispensables para el desarrollo de los países de destino y origen.

Como lo expresé ayer en la Sesión Plenaria, México trabajará activamente en la construcción de acuerdos sobre migración y refugiados.

De hecho, hemos ofrecido ser sede de una Reunión Internacional Preparatoria para avanzar en la definición del Pacto Global sobre Migración Segura, Regulada y Ordenada.

Frente a estos retos, debemos dejar atrás la indiferencia y promover la actuación corresponsable y solidaria de la comunidad internacional con los migrantes y los refugiados.

Otro de los temas transversales de la Agenda 2030 es la perspectiva de género y el empoderamiento de las mujeres.

En cumplimiento de los compromisos adquiridos en la Reunión de Líderes Globales para la Igualdad, realizada el año pasado, México ya cuenta con un marco institucional fortalecido: el Sistema Nacional de Igualdad entre Mujeres y Hombres.

Este sistema es encabezado por el Titular del Ejecutivo Federal, garantizando así que la política de igualdad se mantenga al más alto nivel y se refleje en las diversas acciones del Gobierno nacional.

Segundo ámbito. México ha adoptado con sentido de urgencia el Acuerdo de París sobre cambio climático.

Hace unos días, el Senado de país mi ratificó este tratado internacional, el cual será depositado mañana durante la reunión de alto nivel, para su entrada en vigor.

Hacia adelante, la prioridad es contar con mecanismos nacionales que coordinen, verifiquen e informen el cumplimiento de los compromisos asumidos en este acuerdo.

Hoy estamos obligados a transformar la manera en la que vivimos, producimos y consumimos. Tenemos que armonizar el desarrollo económico con la inclusión social y la protección ambiental.

Ejemplo de ello, es lo que estamos haciendo con la Reforma Energética en mi país, que incluye una Ley de Transición energética para que, en 2018, el 25 por ciento de la Energía Eléctrica se genere a partir de fuentes limpias, llegando al 60 por ciento en el año 2040.

Asimismo, a nivel regional, las tres naciones de América del Norte nos comprometimos a reducir nuestras emisiones de metano en los sectores de petróleo y gas, entre 40 y 45 por ciento para el año 2025.

Como parte de la responsabilidad global de México con el medio ambiente, hospedamos la COP13 del convenio sobre la diversidad biológica, en diciembre próximo.

Este foro buscará alinear las acciones para proteger y preservar nuestra riqueza natural con las Metas de Aichi y con la Agenda 2030.

Igualmente, el próximo año seremos sede de la Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres en la que se evaluarán los primeros dos años del Marco de Sendai y se definirán las metas de reducción y mitigación de riesgos al desarrollo.

Y tercero. México ha reafirmado su vocación pacifista y su compromiso por alcanzar una paz sostenible en el mundo.

La comunidad internacional ha confirmado que la estabilidad de los países afectados por conflictos armados, no sólo depende de las condiciones de seguridad, sino también del respeto a los derechos humanos, de la vigencia de las instituciones y el Estado de Derecho, y de su capacidad para impulsar el desarrollo incluyente.

Esta visión transversal coincide plenamente con los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En este sentido, los objetivos son clave para prevenir o evitar crisis sociales y políticas, y serán esenciales también para encontrar soluciones pacíficas a los conflictos armados que viven distintas naciones.

El ejemplo más reciente de ello es el acuerdo de paz, alcanzado en Colombia. México celebra su concreción y contribuirá solidariamente a lograr sus fines.

En este mismo sentido, y abonando a un clima de distensión y entendimiento en nuestra región, México reitera su llamado a levantar el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba.

La paz para ser duradera debe ser sostenible. De ahí que el nuevo paradigma consista en centrar nuestros esfuerzos en la prevención de los conflictos, con un enfoque proactivo, estratégico y de largo alcance.

Reconocemos que uno de los riesgos más importantes es la existencia de armas nucleares. Históricamente, México ha sido un promotor del desarme y ha condenado energéticamente los ensayos nucleares.

Seguiremos trabajando para alcanzar un mundo libre de esta amenaza global.

Quiero aprovechar esta oportunidad para reconocer el positivo trabajo que ha venido realizando el excelentísimo señor Ban Ki-moon al frente de la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas.

México valora su entrega, desempeño y compromiso. Gracias a su visión y liderazgo, en los últimos años se alcanzaron acuerdos de gran trascendencia para el futuro del planeta.

Lo anterior no es menor, especialmente si consideramos el contexto internacional tan volátil y complejo que ha enfrentado durante el desempeño de su responsabilidad.

En las últimas décadas ha habido grandes avances en el mundo, incluyendo importantes mejoras en la calidad de vida de millones de personas.

Aún así, también es cierto que muchas sociedades se encuentran francamente insatisfechas con su condición actual.

Esta situación aleja a los ciudadanos de sus autoridades, genera desconfianza en las instituciones y acentúa la incertidumbre sobre el futuro.

En América Latina, por ejemplo, la encuesta de Latinobarómetro refleja un claro deterioro en el respaldo ciudadano a la democracia. Esto es sumamente grave.

Ante este desafío, el mundo no puede caer en la trampa de la demagogia, ni del autoritarismo. El único camino viable, la única respuesta verdadera a una ciudadanía exigente, es la propia democracia.

La respuesta debe ser más apertura, más transparencia y mejor rendición de cuentas.

Los gobiernos debemos ser capaces de escuchar y atender a una ciudadanía cada vez más informada y con mayores espacios para opinar y participar en los asuntos públicos.

Las redes sociales están permitiendo una mayor participación ciudadana, haciendo de cada persona un potencial agente de cambio.

En este contexto, los gobiernos debemos esforzarnos más para comunicarnos mejor con la sociedad a la que servimos. Comunicarnos para difundir los logros, para reconocer y explicar los desaciertos, pero, sobre todo, para definir juntos la ruta hacia adelante.

Es necesario promover el debate público, contrastar ideas y asumir compromisos comunes, utilizando las nuevas tecnologías de la comunicación, que cada vez son más cercanas y accesibles para toda la población.

Hagamos del reconocimiento de nuestra pluralidad y del diálogo permanente las vías idóneas para construir, en democracia, un mejor porvenir.

La respuesta a la desilusión con la democracia está en la democracia misma.

Los gobiernos debemos propiciar sociedades cada vez más incluyentes y participativas, en donde todos los ciudadanos disfruten los beneficios del desarrollo.

Hacia adelante contamos ya con un mapa de ruta definido, precisamente, a partir de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Se trata de metas muy claras en materia de superación de la pobreza, igualdad de oportunidades, equidad de género, cuidado del medio ambiente, justicia y paz, en la que todos los países debemos concentrar nuestros esfuerzos.

México refrenda su firme compromiso con los principios democráticos, como el único camino hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Por su atención, muchas gracias.