Señoras y señores.

 Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Señores Presidentes de las  Mesas Directivas del Senado de la República y de la Cámara de Diputados.

Señor Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Titulares de los Poderes del Distrito Federal.

Señores titulares de los órganos autónomos del Estado mexicano.

Muy distinguidas y distinguidos Legisladores Federales.

Diputados a la Asamblea del Distrito Federal.

Señores Coordinadores Parlamentarios de las diferentes fracciones en la Cámara de Diputados y en el Senado de la República.

Muy distinguidos invitados a este evento de promulgación de esta Reforma Política del Distrito Federal.

Representantes de la sociedad en distintos ámbitos del quehacer social de ésta, que es la capital de México.

Señores representantes de los medios de comunicación.

Hoy concluye, como lo han expresado quienes me han antecedido en el uso de la palabra, sin duda, un proceso histórico.

Gracias al acuerdo de los partidos políticos, se ha hecho realidad un anhelo largamente esperado: el que la Ciudad de México sea reconocida como una Entidad Federativa, con verdadera autonomía.

Este logro es un triunfo del diálogo y de la democracia. Pero, sobre todo, es un triunfo de los habitantes de la ciudad.

La Reforma Política de la Ciudad de México es, también, otro logro del Pacto por México, que permitió a todas las fuerzas políticas construir acuerdos para el avance de nuestra Nación.

La Reforma Política, que hoy habré de promulgar, es muestra clara  de que, más allá de las diferencias políticas, es posible sumar esfuerzos en favor de la sociedad, mediante un diálogo maduro y constructivo.

El reconocimiento Constitucional a la autonomía de la Ciudad de México, para definir su régimen interior, es resultado del esfuerzo de varias generaciones, y refleja la capacidad actual de los actores políticos para concretar acuerdos sobre asuntos fundamentales para el país.

Con la Promulgación de este decreto, culmina un debate que inició, hay que decirlo, con la discusión de la Constitución de 1824, y que ha estado presente durante casi dos siglos.

En este trayecto, se fueron incorporando nuevos estados, hasta llegar a este día, cuando se reconoce a la Ciudad de México como una Entidad Federativa con autonomía.

Así, lo que antes fue México-Tenochtitlan y la Ciudad de los Palacios, hoy es una capital social moderna e incluyente, que recibe, por fin, el reconocimiento que merece.

Y, en efecto, la historia de la Ciudad de México ha sido parte fundamental de la historia de la Nación.

Aquí está el origen de nuestro Escudo Nacional. Aquí se edificó la gloriosa Tenochtitlan. Aquí tuvieron lugar el esplendor Novohispano y los primeros antecedentes de la independencia política de nuestro país.

Aquí se gestó la Reforma y se pintaron las obras más representativas del muralismo mexicano. Aquí se firmó el Tratado de Tlatelolco. Y aquí han nacido algunos de nuestros científicos y artistas más reconocidos.

Además, aquí residen los Poderes de la Unión, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Politécnico Nacional; el Centro Histórico y el pueblo de Xochimilco, ambos Patrimonio Cultural de la Humanidad, así como los museos que resguardan lo mejor de nuestro valioso legado nacional.

Pero, sobre todo, la Ciudad de México es y seguirá siendo el hogar de millones de mexicanos.

Es, y seguirá siendo, la capital y el corazón de nuestro país.

La Reforma Política de la Ciudad de México fortalece los derechos de sus ciudadanos y habitantes, quienes ahora estarán en mejores condiciones para participar democráticamente en la solución de los problemas y desafíos de esta gran urbe.

Así, la Ciudad de México se mantiene como sede de los Poderes de la Unión y Capital de los Estados Unidos Mexicanos, pero ahora tendrá también autonomía en todo lo concerniente a su régimen interior y a su organización política y administrativa.

Además, se fortalece su participación en nuestro pacto Federal.

La Legislatura de la Ciudad de México ahora formará parte del Constituyente Permanente, y los poderes de la ciudad podrán ejercer todas las facultades que no estén expresamente conferidas a la Federación en la Constitución, como sucede con los estados, de conformidad con el Artículo 124 de nuestra Constitución.

La transformación de las actuales delegaciones en demarcaciones territoriales, cuyo gobierno estará a cargo de alcaldías, es un paso adelante en el concepto mismo de Federación, así como en el fortalecimiento de nuestra democracia y de la pluralidad política.

Sin embargo, lo más importante de esta reforma política es que ahora los habitantes de esta ciudad capital gozarán de una carta de derechos propia, acorde a sus libertades y aspiraciones.

Por eso, el siguiente paso de la mayor trascendencia es establecer la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México, en los términos y plazos que dispone el decreto, donde se señala que el Titular del Ejecutivo Federal designará a seis de los 100 Diputados Constituyentes.

En consecuencia, mi compromiso es seleccionar, para esta responsabilidad, a mujeres y hombres de excelencia, que más allá de su origen partidista, acrediten su conocimiento y compromiso con la Ciudad de México y con el país.

La Asamblea Constituyente será un hito en nuestra historia política reciente y, como tal, merece que sus integrantes desempeñen su elevada encomienda con responsabilidad y eficacia, con una visión de Estado, que esté por encima de los intereses de las fracciones y partidos políticos.

El objetivo es que quienes conformen esta Asamblea Constituyente honren el ejemplo de aquellos que, a lo largo de nuestra historia, los han antecedido en la noble y trascendental responsabilidad de diseñar las normas e instituciones de nuestro pacto social.

Estoy seguro de que la conformación plural de esta Asamblea Constituyente, integrada por estudiosos del derecho, conocedores de la problemática de la ciudad y líderes sociales, entre otros, permitirá la creación de un instrumento jurídico de vanguardia, que brinde certidumbre a las actividades políticas, económicas y sociales de la capital del país.

Señoras y señores:

Hoy es un gran día para el federalismo, para la democracia y para la vida republicana en México.

Hoy es un gran día para los ciudadanos y habitantes de la Ciudad de México.

Hoy nuestra democracia avanza, da un paso más en el largo proceso histórico que ha dado forma a nuestras instituciones y a nuestro régimen jurídico.

Así se escribe la historia: con determinación, con responsabilidad y visión de futuro. 

La historia se escribe poniendo por delante las aspiraciones y demandas de la sociedad, concretando las reformas y cambios que requiere cada generación.

El acto que hoy nos convoca es una prueba fehaciente de que cuando los mexicanos nos lo proponemos, no hay meta que no podamos alcanzar para seguir transformando a México.

No cabe duda, que la promulgación de esta Reforma Política del Distrito Federal para convertirse en la Ciudad de México es un primer paso fundamental y de enorme trascendencia en el devenir que tendrá esta ciudad.

Deseo y hago votos, que lo que falta por hacer, el paso que estamos dando, para dar curso a la creación de esta Asamblea Constituyente, permita que en este escenario frío, y debo decirlo por el clima que hoy nos cobija, este escenario frío de promulgación de esta reforma, nos lleve a arribar a un escenario de calidez y derechos para la sociedad de esta Ciudad de México, de la que todos los mexicanos nos sentimos orgullosos sea la capital de México.

Muchas gracias.