Señoras y señores.

Muy buenos días a todas y a todos ustedes.

Le agradezco al señor Michael Reid esta introducción, sobre todo, la invitación para participar en este encuentro que de The Economist hace en nuestro país año con año.

No es el primero en el que tengo el honor de participar. Y ahora en mi carácter de Presidente de México me resulta muy grato, sobre todo poder compartir con esta distinguida audiencia los avances y, sobre todo, la ruta que el Gobierno se ha trazado para impulsar la transformación de nuestro país, para, realmente, detonar el potencial que México tiene para convertirse en un país de mayor desarrollo, de mayor crecimiento económico de manera sostenida y, sobre todo, generando condiciones de mayor bienestar social para sus habitantes.

Saludo a toda la audiencia con gran respeto.

A distintos representantes, tanto del ámbito público como privado.

Y a los señores representantes de los medios de comunicación.

A la introducción que ha hecho el señor Reid sé que hay varias preguntas y trataré, en mi exposición, de poder dar respuesta a varias de las inquietudes que seguramente, distintos sectores de la población de nuestro país puedan tener sobre lo que hemos venido haciendo.

Pero lo primero que quiero decir es: Éste es un Gobierno que tiene una agenda claramente definida, que tiene rumbo, que tiene objetivos claramente trazados, y que hemos venido trabajando, precisamente, en la concreción de esos objetivos.

Lo que ha ocurrido en estos primeros 11 meses está, precisamente, dentro de la previsión y planeación que, desde el inicio de la Administración, claramente postulamos y que puedo sintetizar en lo que ha sido una afirmación reiterada. Éste es un Gobierno que no vino a administrar, vino a transformar.

Vino, realmente, a modernizar el andamiaje jurídico que tiene nuestro país para distintos ámbitos que permitan, realmente, insisto, aprovechar el potencial que tiene nuestro país. Y eso es, justamente, lo que hemos venido haciendo.

Aquí, hay que recoger un poco cuál era la situación, y en buena medida sigue siendo la situación del país, de los últimos o en los últimos años en la condición que vivimos, a partir de haber tomado las riendas desde el Ejecutivo para esta Administración.

El crecimiento de nuestra economía, lo sabemos, ha sido insuficiente, el que se ha observado en la última década, para generar los empleos que la población demanda, de un país predominantemente joven, que tiene ante sí la oportunidad de aprovechar su bono demográfico; es decir, contar con un amplio sector de la población joven, en aptitud de ser productiva y que debe generar los espacios, precisamente, para aprovechar este potencial, esta condición particular.

El promedio de nuestro país, de la población, es de aproximadamente 27 años, que se contrasta, sin duda, con el que tienen otros países de mayor desarrollo, que se ubica muy cercano a los 40 años.

Y eso nos deja visualizar que para que México pueda realmente aprovechar esta condición, tiene que abrirse espacios. Y tiene que modernizar su andamiaje jurídico para crecer a mayores tasas a las que lo ha venido haciendo, dos por ciento o 2.6 de acuerdo a la última base modificada por INEGI y que al final de cuentas resulta insuficiente.

Por otro lado, tenemos una condición macroeconómica de gran estabilidad económica, de estabilidad social, de estabilidad política, que esa condición por sí misma debe ser una mejor plataforma para que México pueda descollar en los próximos años.

A ello habría que agregar que también somos un país que ha venido consolidando su sistema democrático. Hoy somos un país plural, diversos, más democrático y lo queremos seguir siendo, y que está condición, también nos impone nuevos retos y nuevos desafíos en el ámbito político.

Sin embargo, es digno de reconocerse el clima de madurez política, de civilidad, que ha posibilitado que en México las distintas fuerzas políticas, al menos las principales y el Gobierno de la República, hayamos logrado sentar las bases para lograr acuerdos concretos en lo que todos coincidimos: México debe cambiar, México debe modernizarse y transformarse.

Ésta es una óptica compartida por todas las expresiones políticas y lo que hemos buscado es el espacio de diálogo, de acuerdo y concertación, precisamente para definir cómo alcanzamos los objetivos, que al final de cuentas todos buscamos y todos queremos para México.

Eso dio lugar al Pacto por México, que al 2 de diciembre, un día después de haber asumido la Presidencia de la República, fue signado entre las distintas fuerzas políticas, las principales y el Gobierno de la República.

Definimos, además, no sólo buenos propósitos, sino una agenda de trabajo, que se ha venido concretando en el curso del tiempo.

A 11 meses, hoy podría dar cuenta de varias de las reformas que se han logrado ya materializar y que, por supuesto, está en la responsabilidad del Gobierno de la República lograr una eficiente y adecuada instrumentación de estas reformas.

Como el señor Reid hace un momento lo comentaba, ya de por sí difícil y complejo es lograr la concreción de la reforma, como lo es también, asegurar su adecuada y debida instrumentación.

Cuáles han sido las reformas que México ha tenido en apenas 11 meses.

Primero. Bajo ya los trabajos del actual Congreso de la Unión, se aprobó una Reforma Laboral que, sin duda, vino a flexibilizar el mercado laboral, a posibilitar que especialmente jóvenes y mujeres tuvieran mejores condiciones para incorporarse al mercado laboral y a generar nuevas condiciones que faciliten, insisto, sobre todo a aquellos con poca experiencia, su incorporación a las actividades productivas y formales.

Segundo. Una Reforma Educativa. Conscientes de que para que el país pueda crecer a su potencial tiene que concentrar buena parte de su esfuerzo en la preparación y formación de sus nuevos cuadros, de las futuras generaciones.

Y que México, en los últimos años, había dedicado mayores esfuerzos a la cobertura de la educación para todos los mexicanos. Y que ésta, en buena medida, se logró al menos para los niveles básicos de primaria y de secundaria.

Hoy, el nivel de cobertura que se tiene en estos niveles es de más del 96 por ciento en todo el país. Prácticamente está satisfecha esta demanda.

Y creo que ese fue uno de los pasos importantes que se tuvieron en el pasado, que durante varias décadas se logró este objetivo.

Sí vale la pena recordar que anterior a ello, la condición que México tenía, en el México posrevolucionario de mediados de Siglo XX era el de un país prácticamente rural, predominantemente analfabeta y que era importante lograr la ampliación y mayor cobertura de la educación pública en nuestro país.

Ahora ocupa al Gobierno, dedicarle mayores esfuerzos a la calidad de la educación. Y por eso se logró consensar, de manera amplia el respaldo a una reforma educativa que ahora está en su etapa de instrumentación.

Tanto en el marco constitucional como en la legislación secundaria, se aprobaron las reformas necesarias que, básicamente, están generando un marco jurídico que atiende la calidad de la educación, bajo pilares muy importantes:

La evaluación educativa, el proporcionar a las escuelas condiciones de mayor dignidad, de mejor infraestructura y, sobre todo, de autogestión, para que en decisión de los propios profesores y padres de familia, puedan hacerle frente a las necesidades que cada escuela tiene. Y no pasar, como anteriormente ocurría, por todo un derrotero burocrático que a veces imposibilitaba que con la oportunidad se dotara a las escuelas de los insumos necesarios para la adecuada prestación del servicio educativo.

Otro elemento fundamental, también, de la Reforma Educativa es el garantizar los derechos laborales de los maestros, pero establecer, también, nuevas reglas y nuevas condiciones para quienes se incorporen a la prestación del servicio educativo en el futuro.

Otra reforma importante que se logró ya en el marco constitucional, tiene que ver con telecomunicaciones y competencia económica.

La primera busca, al final de cuentas, abrir una mayor competencia dentro de este sector, que posibilite que los servicios de telefonía, de televisión, de banda ancha, sean más accesibles a todos los mexicanos y, sobre todo, compitan en precio y calidad.

Y que esa oferta diversificada, sin duda, genere mayores beneficios a la población y tenga un impacto, también, dentro de la economía familiar, que beneficie los bolsillos de los mexicanos.

Otra importante reforma fue en materia de competencia económica. Ésta quizá, o de ésta quizá se ha hablado menos. Quizá fue una reforma eclipsada por el alcance de las otras reformas aprobadas.

Pero éste es un nuevo marco jurídico, muy importante. No obstante que para ambas de estas reformas que estoy citando está aún pendiente la legislación secundaria, la de competencia económica busca, al final de cuentas, propiciar que realmente exista una mayor competencia en los distintos ámbitos de nuestra economía; y que eso, al final de cuentas, permita combatir las prácticas monopólicas, las de concentración en distintos nichos. Y esto, al final de cuentas, redunde en mayores beneficios a la economía de las familias mexicanas.

Una tercera reforma que aún está pendiente de su total aprobación, es la Reforma Financiera, y la distingo de la Reforma Fiscal, a la cual habré de referirme.

Pero la Reforma Financiera está claro que lo que busca, y además no es menor el alcance de la misma, que modifica 30 ordenamientos legales, pero que a final de cuentas lo que busca es extender y ampliar el nivel de crédito de nuestro país.

México es un país que tiene un sistema financiero robusto, y eso creo que es reconocido en el ámbito internacional y en el ámbito financiero, y ustedes expertos, quizá, en esta materia, así lo pueden reconocer.

Los niveles de capitalización que tiene nuestra Banca es, sin duda, mayor al que tienen los bancos de otras naciones, pero el nivel de crédito sigue siendo muy bajo.

En promedio, en América Latina el nivel de crédito de la Banca Privada es de casi el 48 por ciento; en México es apenas, de casi el 28 por ciento. Sin duda, hay un espacio de oportunidad para hacer del crédito una palanca para un mayor desarrollo económico de nuestro país.

Y además la Reforma también modifica el mandato a la Banca de Desarrollo del país, de la Nación del Estado mexicano; es decir, la Banca que es del Estado tiene dentro del alcance de esta Reforma un mandato adicional, que es asegurar mayores niveles de crédito para las pequeñas, para las medianas empresas que vengan a propiciar mayor empleo y mayor crecimiento económico.

Otra reforma recientemente aprobada, sin duda en el marco de un gran debate, intenso y, como era de esperarse, con resistencia en distintos sectores, es la Reforma Hacendaria.

La Reforma Hacendaria tiene varios propósitos dentro de los objetivos que percibe.

Primero. Fortalecer la capacidad del Estado Mexicano para dar una mejor respuesta a las necesidades de la población.

Segundo. Evidentemente, fortalecer también, y así ocurre de hecho, fortalecer la condición macroeconómica y de estabilidad económica que el país debe tener.

Por primera vez, dentro de la Ley Federal de Presupuesto y de Responsabilidad Hacendaria, quedó inscrito en ley dos objetivos importantes: un techo al crecimiento de gasto corriente y, segundo, se establecen los requerimientos financieros del sector público.

En pocas palabras, se estableció en ley la obligación del Gobierno de mantener una gran responsabilidad en el manejo de la Hacienda Pública, de establecer techos al presupuesto destinado al gasto corriente y, también, hay que decirlo y es otro de los objetivos buscados dentro de esta reforma, es que los recursos adicionales que se espera se obtengan por la Reforma Hacendaria, ninguno de estos recursos será destinado al gasto corriente.

Todo este recurso adicional se prevé se destine a la inversión pública para el país, al gasto en educación, a salud y en la infraestructura.

Aquí seguramente éste será un tema que, como está previsto y prescrito en la propia ley, habrá de revisarse en la aprobación y en la discusión que la Cámara de Diputados haga del presupuesto en próximos días, pero claramente bajo un marco jurídico que establece condiciones específicas de hacia dónde deben destinarse los recursos que ahora, de manera adicional, tendrá el Estado mexicano, producto de la Reforma Hacendaria.

Establece, también, la propia Reforma Hacendaria, responsabilidad al Estado mexicano para actuar con mayor transparencia y eficacia en el ejercicio del gasto público.

Hacia adelante, qué reformas están pendientes.

Una a la que hizo referencia el señor Reid: La Reforma Energética.

Y como lo precisé cuando presenté la iniciativa en esta materia fui muy claro: México debe aprovechar la generosidad que ha tenido la naturaleza y que ahora la política también debe acompañarle, para que México pueda aprovechar de manera exitosa suficiente su riqueza energética.

Dejando en claro premisas fundamentales que deberán observarse en la reforma que se ha propuesto:

Primero. La rectoría del Estado mexicano. La propiedad del Estado mexicano sobre los hidrocarburos. Condición que no será afectada ni habrá de cambiar. Pero establece también, o propone nuevos mecanismos para la explotación de los recursos energéticos del país.

México no puede ser omiso y menos soslayar lo que está ocurriendo en el mundo. Y sin duda, el mapa energético está cambiando.

Sabemos hoy que el país vecino del Norte se está convirtiendo ya en una potencia energética, que está explotando nuevos recursos, especialmente el shale gas, y que eso le está haciendo un país más competitivo, sobre todo por el costo del insumo energético.

De no hacer algo nuestro país, de no convertirnos en un país que explote de manera más amplia, racional y, sobre todo, que le dé a nuestro país condiciones de mayor competitividad por la oferta de recursos energéticos, o de insumos energéticos, México perderá competitividad.

Y contrario a lo que hemos venido observando en estos primeros 11 meses de la Administración, las inversiones productivas podrían tener el riesgo de irse a otra parte; precisamente, a donde la energía es más barata, y lo está haciendo al otro lado de la frontera.

México no puede quedarse atrás. Ya de por sí se rezagó frente a lo que otras naciones, especialmente de la región de América Latina, estuvieron logrando en los últimos años, precisamente en materia energética, aprovechando de mejor manera sus recursos y ampliando la explotación de los mismos.

Así ocurrió en Brasil, así ocurrió en Colombia que, prácticamente, duplicaron la explotación y, sobre todo, los niveles de producción petrolera, precisamente a través de haber modificado su andamiaje jurídico, y México se mantuvo frente a esto pasivo y rezagado; pero ahora, frente a nuevos retos y desafíos.

Insisto, el mapa energético del mundo está cambiando. Y ante la competencia que representa el país vecino del Norte por tener energía barata, México tiene que ampliar y buscar nuevos mecanismos de explotación.

Qué habrá de ocurrir.

Las principales fuerzas políticas, junto con el Gobierno de la República, han presentado propuestas, y está en el Congreso de la Unión la definición y alcance que tendrá la eventual reforma que quede aprobada en esta materia.

El Gobierno de la República seguirá trabajando para impulsar la eventual aprobación de esta reforma. Pero, insisto, está en las atribuciones del Congreso de la Unión definir cuál es el punto de conciliación que hay entre las distintas propuestas que se han hecho en esta materia, y que yo espero, a final de cuentas, lo que sí depare para el país, sea un nuevo andamiaje jurídico que, insisto, haga de México una potencia energética.

La naturaleza, insisto, nos dotó ampliamente de vastos recursos y hoy tenemos que encontrar las formas, las mejores formas en el uso de nuevas tecnologías, y de lo que ya ocurre en el mundo para explotar de mejor manera nuestros recursos energéticos.

La siguiente reforma, otra que está pendiente, la Reforma Política.

La Reforma Política, sin duda, vendrá o el esfuerzo de los partidos políticos, acompañados del Gobierno de la República, es buscar, al final de cuentas, el que tengamos también un nuevo andamiaje y la modernización de lo que hoy tenemos, en el marco político-electoral, que abone a la consolidación aún más de nuestro sistema político-electoral y de nuestra democracia.

Vale la pena aquí recordar que el clima de estabilidad política que tiene nuestro país es una que se ha logrado gracias al aporte y participación de todas las fuerzas políticas, en distintos momentos y en distintas etapas, con mayor o menor contribución.

Pero hoy, al final de cuentas, lo que no podemos perder de vista es que somos un país democrático que ha mantenido estabilidad.

Señalé en mi discurso de Toma de Posesión que México puede jactarse que desde el año de 1934 ha tenido la renovación en el Poder Ejecutivo de manera estable, en un clima de paz y en un clima de tranquilidad política.

Cada seis años, desde entonces, hemos tenido una transparente y una renovada transición dentro del Ejecutivo, lo cual no ha ocurrido en muchos países.

México sí puede presumir que desde entonces ha tenido esta condición de estabilidad política y que ahora más, en un entorno internacional que advertimos de gran polarización política, de efervescencia, de convulsión política, en México está habiendo acuerdos.

En México estamos avanzando en la concreción de reformas que no sólo derivan del espíritu y de los objetivos que mi Gobierno se ha trazado, sino que estos objetivos y lo que mi Gobierno se ha propuesto llevar a cabo y que está lo que se ha realizado hasta ahora en alcance y dentro de lo que hemos planeado realizar, también ha sido posible y aquí merece mi mayor reconocimiento a la sensibilidad y al compromiso que han mostrado las distintas fuerzas políticas y que también contrasta, insisto, con lo que ocurre en otras partes del mundo, donde vemos un clima de mayor convulsión política.

México está mostrando un rostro de madurez política, de civilidad, de avance democrático y que precisamente la Reforma Política que se está discutiendo tiene por propósito reforzar y consolidar aún más nuestro sistema político-democrático que hemos alcanzado en estos últimos años.

Déjenme también referirme, dentro de los alcances o, más bien, dentro de los objetivos que tiene el Gobierno está, insisto, lograr incidir en aspectos que han tenido rezago y que este Gobierno quiere significarse por realmente lograr ajustes y modificaciones, no obstante las resistencias que reconocemos se puedan presentar en distintos sectores, como es natural ante todo cambio, pero que buscan que México realmente pueda tener mayor crecimiento y desarrollo social.

Los objetivos de mi Gobierno fueron claramente señalados desde el principio de la Administración, queremos un México de paz y de tranquilidad.

Y eso me lleva a hacer referencia a otro de los cuestionamientos o inquietudes que el señor Reid expresara en la introducción que hiciera a esta ponencia.

Queremos un México de paz y de tranquilidad, y eso debe llevarnos a ajustar, como lo hemos hecho ya, la estrategia en materia de seguridad que recoge los aciertos del pasado, pero que también instrumenta nuevas políticas para lograr una mayor eficacia en el trabajo del Estado mexicano para asegurar paz y tranquilidad para todos los mexicanos.

Y lo primero que comprometí ante los mexicanos era que teníamos que lograr la reducción significativa del nivel de violencia que México había estado observando en los últimos años. Y que de todos es sabido, los niveles de violencia y, sobre todo, el número de homicidios que México llegó a tener en los últimos años.

De hecho, el número de homicidios, como mundialmente se mide, por cada 100 mil habitantes, era del orden de 23. Y no obstante que hay países de la región de América Latina y del Caribe con índices incluso superiores a los nuestros, también habría que decir que en varios de estos países los niveles habían venido decreciendo.

Un modelo ampliamente reconocido, un modelo muy llevado y traído como referente inevitable en esta materia era la experiencia de Colombia.

En los últimos 11 meses instrumentamos una política que pone acento en la prevención, que pone especial énfasis en la coordinación entre niveles de Gobierno y que también establece el uso de mayor inteligencia para realmente evitar o alentar la violencia en el combate al crimen organizado.

Las cifras que a la postre tenemos de estos primeros 11 meses son alentadoras. Lo he señalado, ha habido una disminución sensible en el número de homicidios que se han cometido en el país. Ha habido una reducción de la violencia que nuestro país tenía apenas hace algunos meses.
Pero estos no son más que signos alentadores de lo que hemos venido instrumentando.

Insisto, recogimos y hemos hecho uso de varios de los elementos que se fueron consolidando y que se fueron fortaleciendo y que, sin duda, nos permitieron actuar con el uso de esos instrumentos, que con acierto se habían venido empleando, pero también establecer nuevos horizontes y nuevas estrategias, haciendo énfasis o poniendo énfasis en estos puntos que he señalado.

Y está habiendo hoy una adecuada y real coordinación entre niveles de Gobierno que nos está posibilitando realmente actuar en un frente común y no en competencia, en un frente común a todos los órdenes de Gobierno para disminuir los niveles de violencia y combatir con mayor eficacia, insisto, al crimen organizado.

Esto debe ir acompañado de otras acciones. Esta política por sí misma no garantiza la condición de tranquilidad y de paz. Debe acompañarse de otros esfuerzos. Uno muy importante: los logros que en materia económica tengamos en los próximos años.

Si logramos, como nos lo hemos propuesto y como estoy seguro y estoy optimista, habremos de alcanzar, un México de mayor crecimiento económico y, en consecuencia, de mayor desarrollo social, que abra espacios de oportunidad a los jóvenes y a las nuevas generaciones y eso, también, venga a generar un nuevo entorno y un clima social que nos permita reducir de forma sensible la inseguridad que, lamentablemente, prevalece o se anida en algunas partes de nuestro país.

Un segundo objetivo. El de un México incluyente.

Un México incluyente significa asegurar un México de mayor desarrollo social, de mayor equilibrio entre la sociedad. Buscar la creación de más clases medias y combatir de raíz y seriamente los niveles de pobreza.

En 1950, he de referirles que el 80 por ciento de la población vivía en condiciones de pobreza; y, entonces, recordamos de aquellos años el milagro mexicano, el desarrollo estabilizador de nuestro país, que posibilitó que México creciera económicamente a tasas, verdaderamente muy importantes, y que le significaron una reducción sensible en los niveles de pobreza.

Prácticamente, llegamos a estar en niveles de 52 por ciento del total de la población en 30 años, de 1950 hacia 1980. De entonces a la fecha, realmente no hemos mejorado sensiblemente la disminución de la pobreza en nuestro país, apenas 0.7 por ciento.

Y esto va de la mano del nivel de crecimiento económico que tengamos. Y hemos encontrado que un factor que lamentablemente ha frenado nuestro desarrollo, es el nivel de productividad entre los mexicanos. Y eso ustedes lo saben porque están, porque son conocedores de este tema.

Y por eso, es que en varias de las políticas públicas que estamos instrumentando desde distintas dependencias del Gobierno de la República, tiene una clara orientación: elevar la productividad entre los mexicanos, lo mismo en el campo, lo mismo que en la política que desde la Secretaría de Economía hemos seguido.

La Reforma Hacendaria tiene incentivos o propicia incentivos, precisamente, para elevar la productividad, a través de una mayor formalización de la economía, ampliar al sector hoy en la informalidad; 60 por ciento de la economía está en esta condición.

Y la Reforma Hacendaria propicia o genera instrumentos, mecanismos que ahora corresponderá al Gobierno de la República llevar a cabo a su eficaz instrumentación para lograr realmente mayor formalidad, y consecuencia de ello, mayor productividad entre los mexicanos.

La Reforma Hacendaria también propicia un sistema de seguridad social o bases para un sistema de seguridad social, que asegura ya una pensión universal para los adultos mayores.

Un tercer objetivo y al que ya he hecho referencia y no ampliaría mis comentarios, es el de lograr una mayor educación para el país, y que hemos cimentado o hemos establecido el nuevo marco legal para este propósito, y ahora estamos en la etapa de instrumentación.

Un cuarto objetivo, es asegurar el crecimiento económico, y estoy optimista de que habremos de alcanzarlo.

Hoy, el mundo, al final de cuentas, tiene amplias expectativas sobre lo que está observando de nuestro país: un México que se está transformando, un México que está avanzando en una agenda de cambio, de transformación y que está despertando también confianza para invertir en nuestro país.

Déjenme referir tres indicadores, me parecen muy importantes, que son alentadores de la confianza que se está generando en nuestro país.

Primero. De la primera semana de diciembre de 2012, cuando inició esta Administración, a la primera semana de noviembre, la tasa de rendimiento de CETES a 28 días se ha reducido en 0.87 puntos porcentuales; de 4.23 a 3.36, lo que equivale a una disminución de 20.6 por ciento.

Esto significa que quienes están invirtiendo en nuestro país es porque está habiendo confianza. Y están ahorrando, y están invirtiendo en México en este instrumento, que es un indicador de la economía que, sin duda, refleja confianza en nuestro país.

Otro indicador que me gustaría compartirles, en el mismo periodo que he citado. Las reservas internacionales de México se han incrementado en casi 11 mil millones de dólares, lo que representa un incremento de casi siete por ciento.

Y un tercer dato. Hemos tenido una inversión extranjera directa en el primer semestre de casi 24 mil millones de dólares.

De acuerdo al último reporte de UNCTAD, organismo de las Naciones Unidas, la inversión extranjera directa recibida en México en el primer semestre de este año supera la que recibieron Alemania, Francia, Italia, Japón y Corea del Sur juntos.

Estos son indicadores alentadores y que reflejan la confianza que México está proyectando al mundo, y que, creo yo, será aún mayor de concretar la agenda de reformas que nos hemos trazado.

Yo podría concluir mi intervención diciendo lo siguiente.

Este primer año de ejercicio de esta Administración, hemos dedicado nuestro empeño y nuestro esfuerzo, precisamente, a hacer los cambios estructurales que el país necesita para tener crecimiento económico y desarrollo social, que está en el objetivo que desde el inicio de la Administración nos trazamos.

Más allá de ello, está en la oferta de lo que como candidato comprometí para todos los mexicanos: Elevar los niveles de bienestar social para todo México.

Y lo que hemos hecho en este primer año, insisto, ha sido establecer los cimientos. Estamos construyendo los cimientos de esta gran casa que queremos construir para todos los mexicanos, donde haya bienestar y donde haya mayor desarrollo.

Estamos cumpliendo con este objetivo. Estamos apegados a la agenda de trabajo que nos fijamos para esta Administración. Y estoy optimista, ante el clima político, económico que hoy tiene nuestro país, que en el corto y mediano plazo algunas de estas acciones habrán de verse sus frutos.

Me preguntaba el señor Reid, y con ello concluyo: Qué tiempo tomará ver los beneficios de las acciones que se han llevado a cabo.

Algunas en el muy corto plazo. De materializarse todas estas reformas y la debida instrumentación, creo que en el muy corto plazo estaremos viendo los beneficios.

Estoy seguro que el próximo año, el crecimiento de nuestra economía será mayor, y esto estará acompañado de generar condiciones de mayor bienestar para los mexicanos.

Estamos, insisto, estableciendo los cimientos, y creo que tendremos hacia adelante la posibilidad de ir generando frutos y beneficios para todos los mexicanos.

El mundo está reconociendo el esfuerzo que México está haciendo en materia de cambios estructurales, porque contrasta con los escenarios, insisto, y lo señalé en mi intervención ya, que se viven en otras partes del mundo.

Y este Gobierno está resuelto a mantenerse en este plan de acción, que es la concreción de las reformas que México necesita para crecer y aprovechar su potencial, y que la presente sociedad y las futuras generaciones tengan un país que les posibilite realmente a cada mexicano tener un horizonte de mayor esperanza, promisorio y de concreción de sus metas y objetivos que cada mexicano se proponga.

He dicho muchas veces: trabajamos para que cada mexicano pueda escribir su propia historia de éxito. Y esto significa crear el entorno, el entorno económico, social, de seguridad que haga posible esta realidad.

A 11 meses de esta Administración está muy claro, y usted lo dijo señor Reid, que este Gobierno, este Gobierno no se ha despegado un ápice de lo que claramente comprometió ante los mexicanos.

Y que estamos trabajando en hacer los cambios estructurales que México necesita, y así nos habremos de mantener en este primer año de Administración y en estos primeros meses, para que a partir de ahí, con cimientos sólidos y robustos, edifiquemos la casa, que es el país que todos queremos, en beneficio de todos los mexicanos.

Muchas gracias.