Muchísimas gracias.

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Señor Diputado Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Senador Presidente de la Cámara de Senadores.

Señor Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Me da mucho gusto que sea éste el primer evento, justamente hoy, 5 de febrero, a 98 años de haberse promulgado nuestra Constitución, sea éste el primer acto al que asistimos de forma conjunta los titulares de los Poderes del Estado mexicano.

Además, deseándole el mayor de los éxitos en esta responsabilidad que usted ha asumido, a partir del primer día de este año.

Señor Gobernador del Estado de Querétaro.

Señores integrantes del Gabinete del Gobierno de la República.

Saludo de manera muy particular al señor Secretario de la Defensa Nacional y al Secretario de Marina, en quienes saludo a los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas, y a quienes expreso reconocimiento y felicitación por ser sostén permanente de las instituciones democráticas de nuestro país.

Muy distinguidos señores Gobernadores de las distintas entidades federativas de nuestro país.

Señoras y señores titulares e integrantes de los órganos autónomos del Estado mexicano.

Señor Presidente y Magistrados del Tribunal Federal Electoral.

Muy distinguidos dirigentes de partidos políticos en nuestro país.

Señores Coordinadores Parlamentarios de las distintas fracciones parlamentarias, en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados.

Muy distinguidos señores representantes de la sociedad civil de nuestro país.

Señores representantes de los medios de comunicación.

Señoras y señores:

Este día nos reunimos en Querétaro para conmemorar el 98 Aniversario de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

En este emblemático recinto, el Teatro de la República, se ha decidido dos veces el destino de México. En 1867, cuando aquí fue juzgado Maximiliano de Habsburgo, poniendo fin al Imperio impuesto por un ejército extranjero, que pretendía socavar a la República.

Y, por supuesto, a finales de 1916 y principios de 1917, cuando se reunieron aquí los Constituyentes para definir un México más justo, más equitativo y más democrático.

En este lugar, legisladores revolucionarios que lucharon contra las dictaduras de Díaz y de Huerta, trazaron la ruta que habría de seguir nuestra Nación en el Siglo XX. Eran hombres de muy diversos orígenes e ideologías.

No obstante sus diferencias, cada uno de ellos sabía que en sus manos estaba el futuro de México.

Se vivía en esta ciudad un verdadero ambiente de renovación para el país, vientos de cambio recorrían las calles de Querétaro, entre la población había una profunda esperanza de que la paz por fin permitiría hacer frente a la injusticia y a la desigualdad que padecían millones de mexicanos.

Seguían frescas en la memoria colectiva las represiones obreras de Cananea y Río Blanco, las jornadas infrahumanas en las fábricas, igual que las indignantes y abusivas tiendas de raya.

Los constituyentes también eran sensibles a la explotación que padecía el campesino en las haciendas; conocían de viva voz el despojo de tierras a comunidades y pueblos enteros; sabían que el analfabetismo limitaba las aspiraciones de nuestra sociedad o de la sociedad de aquel entonces.

Teniendo claro que la educación sería la columna vertebral del México que nacía en Querétaro, y es por ello que establecieron la educación primaria gratuita y obligatoria, y le otorgaron al Estado su rectoría.

Aquí, el General Francisco J. Múgica sostuvo que ni la firma del Plan de Guadalupe, ni la victoria de Celaya, eran tan grandes, tan palpitantes como la discusión del Artículo Tercero.

Múgica afirmaba que a diferencia de aquellas etapas gloriosas, donde sólo se trataba de vencer al usurpador o de acabar con la reacción, en el debate del Artículo Tercero se definía, nada menos, que el porvenir de la Patria, el futuro de nuestra niñez y juventud.

Así, la Revolución elevó a rango constitucional el derecho a la educación, que le había sido negada por siglos a la inmensa mayoría de los mexicanos.

La justicia agraria también es mérito de esta Constitución.

En su Artículo 27 se estableció el derecho a la tierra. Con gran emoción aquí se escuchó la voz de Heriberto Jara, recordando que el grito de: Tierra, fue el que levantó a muchos que antes permanecían esclavos.

Con el Artículo 27 se reivindicó la propiedad social; se restituyeron a ejidatarios y comuneros las tierras y aguas que les habían sido arrebatadas.

Estos trascendentes avances no fueron los únicos.

La ley suprema que aquí se debatió, también incorporó los derechos laborales y la previsión social en el Artículo 123.

El movimiento obrero exigía el reconocimiento de sus derechos y así lo consiguió.

Al debatir la libertad de trabajo, un amplio sector de los constituyentes demandó incluir en el propio texto constitucional la jornada máxima de trabajo, el descanso semanal, el salario mínimo y la prohibición del trabajo nocturno para mujeres y niños, entre otros derechos laborales de avanzada, en aquel momento.

Tras dos meses de intensos trabajos y acaloradas discusiones, los Diputados constituyentes convirtieron las demandas sociales en mandatos constitucionales.

Los ideales se volvieron preceptos. Y de los preceptos surgieron las instituciones que habrían de transformar, paso a paso, la realidad de México.

Para hacer efectivo el derecho a la educación laica y gratuita, se fortaleció a la Secretaría de Educación Pública y se desplegaron amplios esfuerzos para reducir el analfabetismo, que entonces alcanzaba a 80 por ciento de la población, y hoy se ubica por debajo del seis por ciento.

Siguiendo el mandado del Artículo 27, se llevó a cabo un reparto agrario sin precedentes, en beneficio de los campesinos y sus comunidades.

El resultado es evidente: de 840 propietarios que concentraban el 97 por ciento de la tierra cultivable en 1910, hoy esa riqueza pertenece a más de 30 millones de mujeres y hombres del campo.

Por su parte, los nuevos derechos de los trabajadores, modificaron la dinámica de los centros de trabajo, alentaron su modernización y acercaron los servicios de salud y de seguridad social a millones de familias mexicanas.

Instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro Social o el ISSSTE, han contribuido a elevar la esperanza de vida de los mexicanos, de 29.5 años, en 1910, a 74.7 años en 2014.

Estos datos revelan el enorme avance social que México ha logrado, después de la Revolución Mexicana y después de que sus ideales se volvieron Ley Suprema.

Son cifras que se dicen fácil, pero que han implicado décadas de esfuerzos sociales e institucionales. Son frutos que han podido cosecharse en un siglo, prácticamente, de trabajo.

Estos avances representan una profunda inspiración para seguir moviendo a México hacia adelante. Demuestran que el mejor camino para transformar el país es a partir de la Constitución y de sus cauces institucionales.

Así como el Texto Constitucional de 1917 anunciaba el México del Siglo XX, hoy nuestra Ley Suprema perfila con claridad el México del Siglo XXI.

Quien desee asomarse al México de las próximas décadas, sólo tiene que consultar la Constitución vigente.

Si alguien quiere anticipar la evolución del país, puede hacerlo, conociendo el contenido de las reformas aprobadas en los últimos meses.

Nuestra Constitución renovada nos da certeza y rumbo como Nación.

Gracias a las reformas, México cuenta con nuevas fortalezas y mayores posibilidades de desarrollo para nuestra gente.

En nuestra Constitución se vislumbra un México con educación de mayor calidad, con maestros bien preparados y evaluados; con miles de escuelas de tiempo completo, en las que se aprovecha mejor el horario de clases para el desarrollo académico, deportivo y cultural.

Nuestra Ley Suprema también permite anticipar un México de plena equidad de género en la política, donde eventualmente haya un Congreso con igual número de Diputadas y Diputados, con igual número de Senadoras y Senadores.

En nuestra Constitución se vislumbra un México con un moderno sistema de justicia penal, donde haya juicios orales con las mismas reglas procedimentales en toda la Nación, para reducir la impunidad y asegurar el debido proceso.

Nuestra Carta Magna también nos permite ver, desde ahora, un país que aprovecha todos sus recursos energéticos para impulsar su crecimiento.

Un México donde se extrae petróleo en aguas profundas; donde los gasoductos elevan la competitividad de más industrias y regiones; donde los campesinos cuenten con fertilizantes hechos en México y reciban, además, una renta por el aprovechamiento energético de sus tierras.

Además, nuestra Ley Fundamental proyecta una economía dinámica, donde las empresas compiten con intensidad, ofreciendo mayor calidad en sus productos y servicios, a mejores precios en favor de los consumidores.

En nuestra Carta Magna podemos prever un México digital, conectado con el mundo, donde 70 por ciento de todos los hogares, al menos, y el 85 por ciento de las micro, pequeñas y medianas empresas, tienen acceso a Internet de alta velocidad. Así de puntual lo mandata ahora nuestra Constitución.

De hecho, el acceso a Internet es ya un derecho constitucional, y es obligación del Estado establecer, como lo define la propia Constitución, 250 mil sitios públicos con conexión gratuita a la red, para que nuestros jóvenes puedan participar plenamente en la era del conocimiento.

Todas estas imágenes proyectan el México del Siglo XXI. El México en ascenso que ya estamos construyendo entre todos. Es el México que puede llegar tan alto como se lo propongan. Es el México por el que estamos trabajando en el Gobierno de la República.

Señoras y señores:

La Constitución es nuestra ruta y nuestra meta.

La Constitución es nuestra guía y en ella se inscribe nuestro proyecto de Nación. Hacer realidad sus preceptos es la prioridad de mi Gobierno.

Poner las reformas en acción seguirá siendo un asunto de primer orden para los siguientes años de mi Administración.

Es compromiso de mi Gobierno llevar las reformas constitucionales del papel a la práctica, pasar del texto legal a beneficios concretos para las familias mexicanas.

Sin dejar de atender los desafíos cotidianos, el Gobierno de la República seguirá teniendo la mirada puesta en el futuro, en el desarrollo de México con visión de largo plazo.

Como Nación, tenemos que aprovechar al máximo las nuevas fortalezas que nos ha dado y las posibilidades que nos ha abierto el Constituyente Permanente.

A 98 años de la Promulgación de nuestra Ley Suprema, el mejor homenaje que podemos rendir a los constituyentes de entonces, es unirnos como país y trabajar en torno a los ideales, valores y principios plasmados en nuestra Carta Magna.

México tiene en su Constitución un rumbo claro, un proyecto definido para ser una Nación exitosa en este siglo, el de las grandes exigencias y, también, el de las grandes esperanzas.

Muchas gracias.