Muy distinguidas abogadas y abogados presentes en esta ceremonia en la que celebramos, justamente, el Día del Abogado, de manera anticipada.

Quiero saludar a la Ministra representante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

A los señores Presidentes de las Mesas Directivas de la Cámara de Diputados y del Senado de la República.

Y a toda esta muy distinguida concurrencia de abogadas y abogados que laboran en distintos ámbitos de nuestra vida social. Desde el ámbito gubernamental, insertos dentro de los distintos poderes del Estado mexicano; como académicos, comunicadores, periodistas, empresarios, investigadores.

A todas y a todos, saludo con especial respeto.

A quienes son presidentes de partidos políticos, de organismos autónomos del Estado mexicano, a integrantes de los mismos.

Y a muy distinguidas y distinguidos abogados.

Toda esta gran concurrencia, quizá en este espacio insuficiente para albergar a toda esta gran representación de los abogados de México.

Y, ciertamente, al retomar la celebración de esta fecha, de este reconocimiento a los abogados que sirven y trabajan por México en distintos ámbitos, el espacio que hoy nos alberga sea insuficiente, y esto nos lleve a que en próximas celebraciones, como lo ha apuntado y sugerido el titular de la Secretaría del Trabajo, lo hagamos fuera de Los Pinos, pero no por ello con el amplio reconocimiento que siempre tendrá el Presidente de la República para las abogadas y abogados de México.

Déjenme compartirles que, viendo a ambos lados el presídium y una concurrencia, bien podrían invertirse los espacios, o tratarse de dos amplios presídiums que se encuentran uno al otro.

De verdad, mi reconocimiento a todas y a todos.

El 12 de julio de 1960 se celebró, por primera vez, el Día del Abogado en México, en conmemoración de la primera cátedra en nuestro país de la entonces Real y Pontificia Universidad de México.

Esta tradición perdura a la fecha porque reconocemos que el derecho es un instrumento esencial para el desarrollo y progreso de la humanidad.

Gracias a la aplicación de la ley, las civilizaciones han establecido derechos y obligaciones para las personas, constituyendo un orden social para asegurar la convivencia y armonía de las relaciones humanas.

Desde el Código de Hammurabi hasta el Derecho Humano que aportó al mundo occidental el Digesto y las Institutas, la norma jurídica ha estado presente en la vida diaria de los individuos y en la evolución de las instituciones.

Si bien la legislación responde a las necesidades específicas de una comunidad, en un tiempo determinado, también es cierto que el derecho influye de manera decisiva en el comportamiento individual y colectivo.

Al reconocer derechos y libertades, al establecer límites e incentivos, la ley es un poderoso vehículo para impulsar el desarrollo económico y, sobre todo, la transformación de una sociedad.

Por ello, en México hemos emprendido de manera corresponsable, con los Poderes Legislativo y Judicial, un importante ciclo reformador.

Desde el inicio de esta Administración nos propusimos renovar el andamiaje jurídico e institucional del país, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para mover y transformar a México.

En apenas 19 meses, gracias al diálogo, al acuerdo y al respaldo de las principales fuerzas políticas, se han promovido y concretado múltiples reformas que habrán de detonar un mayor desarrollo y, sobre todo, bienestar para todos los mexicanos.

Son cambios de fondo en numerosos ámbitos esenciales para el país: la educación, las telecomunicaciones, el sistema político y electoral, los sectores energético y financiero, y la regulación en materia de competencia económica, entre otros.

La profundidad y velocidad de las transformaciones son evidentes, incluso antes de concluir la fase legislativa de este ciclo reformador, ya ha iniciado otra etapa, también la de mayor importancia, la de instrumentación.

Ahora es momento de llevar a la práctica los nuevos preceptos legales y asegurarnos de que estos se conviertan en verdaderos facilitadores del desarrollo.

En esta etapa, el Gobierno de la República tiene una responsabilidad mayor: recae en sus dependencias y servidores públicos lograr una adecuada implementación de las reformas, cuidando en todo momento el respeto irrestricto a los derechos humanos.

En este proceso, también participan los agentes económicos privados y los propios ciudadanos, quienes están adecuando su diaria actuación para aprovechar las nuevas oportunidades que habrán de generarse.

En este propósito, la experiencia, especialización y asesoría de los abogados facilitarán que empresas e individuos capitalicen ampliamente los beneficios de las reformas transformadoras.

En específico, su aportación será esencial en la aplicación de las reformas que tienen impacto directo y positivo en nuestro sistema jurídico y procesal.

Por ejemplo, la Nueva Ley de Amparo y el Código Nacional de Procedimientos Penales, que ya han sido promulgados, lo mismo que las iniciativas que se discuten en el Congreso en materia de mecanismos alternativos de solución de controversias penales y de ejecución de sanciones.

Como ustedes bien lo saben, el nuevo sistema de justicia penal probablemente es la transformación más importante de los últimos 100 años en este ámbito del derecho.

Todas estas transformaciones, sin duda, requerirán de los litigantes y los servidores públicos, lo mismo estudio y actualización que flexibilidad y adaptación al cambio.

Por su capacidad profesional, estoy seguro de que los abogados de México estarán a la altura de estos retos y de cualquier desafío, derivado de la amplia agenda de reformas que se está llevando a cabo en el país.

Históricamente, los juristas de México han sido protagonistas de los grandes cambios que ha vivido nuestra Nación e, incluso, han aportado sus ideas y experiencias al orden jurídico mundial.

Así ocurrió con instituciones de vanguardia, como el juicio de amparo en el Siglo XIX, o el establecimiento de los derechos sociales a nivel constitucional en 1917.

Y más recientemente otra de sus aportaciones es la Doctrina Estrada, cuyos principios de autodeterminación de los pueblos y no intervención en los asuntos internos de otros estados, se encuentran incorporados en las Cartas Constitutivas de las Naciones Unidas y de la Organización de los Estados Americanos.

Por todo ello, estoy seguro de que los abogados seguirán aportando a la construcción de la gran obra colectiva, que es común a todos: México.

Su diaria actividad, sea como jueces, legisladores, investigadores, docentes, fedatarios públicos, o desde el libre ejercicio de la abogacía, contribuirá a que los mexicanos accedan a todos los beneficios derivados de las reformas que hemos impulsado y que, sin duda, son transformadoras de nuestro orden social.

Abogadas y abogados de México:

Esta simbólica conmemoración refirma la trascendencia que tiene el derecho para la vida social, más aún, nos recuerda que el fin último del derecho es la justicia. Un valor esencial que nos une y compromete a todos los abogados.

Al respecto, el Presidente Adolfo López Mateos, justamente al estar aquí, reunidos, en este espacio que lleva su nombre, afirmaba que la justicia es indivisible y tenemos que realizarla en lo social, en lo económico y en lo político.

Con esta visión de justicia es como trabajamos en el Gobierno de la República.

Nuestro objetivo es que la democracia se consolide y se traduzca en un México más próspero y más incluyente, es decir, de mayores oportunidades para las mexicanas y mexicanos de nuestro país.

Por ello, quiero agradecer este inmerecido reconocimiento que se me ha entregado, la Efigie del Presidente Adolfo López Mateos, que amablemente me han entregado en representación del comité organizador, precisamente de este reconocimiento a los abogados de México.

Reitero mi más amplia felicitación y reconocimiento a todos los abogados de México, a las abogadas y abogados de nuestro país.

Y retomando algo de lo expresado por la Ministra Luna Ramos, sin duda ante el recuento histórico que ha hecho de las distintas participaciones que la mujer ha tenido durante la vida social de la humanidad y de cómo pasando de las restricciones, cada día son más las vías que se van abriendo a la participación de la mujer.

A mí me dará mucho gusto que en un futuro próximo, en un encuentro como éste, sean más las mujeres que estén presentes, que los hombres abogados de nuestro país, como abogadas de México.

Sé que las mujeres y hombres del derecho continuarán aportando a la construcción de un México de leyes, de un México más justo, de un México de mayor igualdad y de un México que depare prosperidad y desarrollo a todos sus habitantes.

Felicidades abogadas y abogados de México en éste, su día.

Muchas gracias.

Por este día anticipado de su celebración.