Señoras y señores.

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Quiero agradecer a nuestros invitados especiales que estén aquí presentes, tanto al Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, como de la Cámara de Diputados, quienes participan en esta Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública como invitados de honor.

Quiero saludar a los integrantes de este Consejo Nacional de Seguridad Pública, en el que participan funcionarios y dependencias del Gobierno de la República.

De manera muy particular, nuestras Fuerzas Armadas, en la representación que de ellas tienen el General Secretario de la Defensa Nacional y el señor Almirante Secretario de Marina.

Saludar a los señores gobernadores de las distintas entidades federativas.

Al señor Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

A los señores representantes o, más bien, la representante de los gobiernos municipales de nuestro país.

A los consejeros permanentes o miembros permanentes representantes de la sociedad civil, de quienes hemos escuchado importantes reflexiones en esta reunión.

Y a los invitados que aquí hoy nos acompañan, que representan a instituciones o dependencias de seguridad pública y de procuración de justicia en las distintas entidades del país.

Y a miembros de la sociedad civil, a quienes saludo con respeto, y a quienes extiendo la más cordial bienvenida a esta Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Señores representantes de los medios de comunicación:

Sin duda, una responsabilidad fundamental, como lo dijera hace un momento Alejandro Martí, de un Estado democrático es proteger a su población.

De ahí, la importancia de garantizar el Estado de Derecho, y esto significa, porque cuando decimos el darle plena vigencia al Estado de Derecho pareciera una retórica común, y no alcanzamos a entender el alcance que esto tiene, es asegurar que la ley se cumpla puntualmente en todo el territorio nacional.

Y éste es el Consejo, ésta es la instancia superior de coordinación en materia de seguridad pública, y en donde todos sus integrantes compartimos esta responsabilidad prioritaria y fundamental del Estado mexicano.

Hace dos años, cuando me reuní por primera vez con ustedes, en mi carácter de Presidente de este Consejo, expresé que debíamos fijarnos metas claras, y que los objetivos prioritarios serían: reducir la violencia y recuperar la paz y la tranquilidad de las familias mexicanas.

Y, sin duda, ha habido avances.

Hoy, son otros los rostros de varias regiones del país que, hasta hace muy poco enfrentaban condiciones de enorme violencia y, sobre todo, de alta criminalidad.

Podría referirme a regiones del Norte del país, como Chihuahua, como Nuevo León.

Aquí lo escuchamos en voz del Gobernador de Durango, en lo que hace a la región de La Laguna, en donde ha habido avances. Pero, sin duda, no son suficientes y menos nos sentimos satisfechos por lo que se ha logrado.

Hemos escuchado aquí las voces de la sociedad que, sin duda, siempre nos convocan a una reflexión y, sobre todo, a que asumamos pleno compromiso frente a lo que es nuestra responsabilidad.

En otras sesiones del Consejo, escuché la voz de Alejandro Martí, cuando en un momento de enorme consternación nacional por lo que ocurría en todo el país, por los altos y elevados índices de criminalidad, demandó de todas las autoridades que participamos en este Consejo, mostrar capacidad para dar respuesta a la demanda ciudadana.

Hoy, nuevamente escucho las voces de la sociedad; en María Elena Morera, en el propio Alejandro Martí, que bien señala lo que, sin duda, es el sentir o, más bien, son ustedes quienes expresan lo que siente una sociedad como la nuestra, que está lastimada, que está conmovida, que está enojada.

Y lo está por hechos tan dolorosos como los ocurridos en Iguala, de los que he referido, han sido actos de barbarie, inaceptables, y que evidencian la debilidad de nuestras instituciones, particularmente en el orden municipal.

Y que eso no significa que no haya debilidades en otros órdenes, estatal o en el mismo orden Federal. Pero sin duda, es en el orden municipal donde tenemos una mayor fragilidad.

Y como aquí lo dijera hace un momento el Gobernador de Morelos, efectivamente, se dotó a los gobiernos municipales de capacidades institucionales, al menos en el orden legal, para poder tener atribuciones en materia de seguridad pública.

En un México muy distinto al que hoy estamos viviendo en pleno Siglo XXI, las capacidades del crimen organizado son otras, mayores, sofisticadas y, en consecuencia, el Estado mexicano debe tener mayor capacidad para hacerle frente al crimen organizado.

Esta reflexión que aquí hoy les comparto, la hemos escuchado ya muchas veces.

Todos, digo, y me refiero a quienes representamos al Estado mexicano en la corresponsabilidad que tenemos de servir a toda la sociedad mexicana, estamos claros que las capacidades del crimen organizado son otras, y por eso la necesidad, y que yo celebro aquí se haya acordado en lo que dijera el Gobernador de Nuevo León, profesionalicemos a nuestras policías.

En el pasado pensamos que sólo certificar a nuestras policías, las de todos los órdenes sería suficiente. Y está muy claro que no.

En los hechos ocurridos en Guerrero un alto porcentaje de su policía estaba certificada en el tema de confianza y, sin embargo, ahí están los resultados, los muy lamentables hechos de Iguala.

Es claro que tenemos que hacer mucho más y que implica un proceso, un compromiso, pero también implica una responsabilidad de todos.

Muy bien lo dijo el señor Gobernador de Morelos: aquí no pueden caber excusas ni disculpas; ni suponer que alguien venga al relevo de la responsabilidad que cada orden de Gobierno puntualmente tiene.

Me adhiero, y con entusiasmo, porque lo veo, lo advierto y lo siento, y estoy muy cerca del gran compromiso que tienen nuestras Fuerzas Armadas.

Me adhiero al reconocimiento que aquí se ha hecho, porque efectivamente, ante la debilidad de nuestras instituciones encargadas de seguridad pública, han sido nuestras Fuerzas Armadas quienes han acompañado a las instituciones encargadas de la seguridad para cumplir con su deber, para no dejarlas solas, para darles mayor capacidad en cuanto al control territorial y, sobre todo, en la capacidad de fuerza para hacerle frente al crimen organizado; en lo que no debiera ser estrictamente su responsabilidad que no sea otra que la de la seguridad nacional y la defensa de nuestra soberanía.

Pero han trabajado y han cumplido puntualmente, y han asumido como compromiso propio, acompañar el esfuerzo del Estado mexicano para brindar seguridad pública a la sociedad mexicana.

Y lamentablemente han habido hechos aislados que han manchado a nuestras instituciones, y especialmente a nuestras Fuerzas Armadas.

Todo esto, lo expresado aquí, lo escuchado aquí, nos debe llevar a repensar. Repensar muy bien y más bien asumir plenamente, cada uno, su responsabilidad, porque ante lo ocurrido en Iguala, ante lo que evidenció, como ya lo compartí, es claro que entre la sociedad mexicana hay falta de credibilidad, hay desconfianza y hay una demanda muy clara: en dónde están nuestras instituciones, las del Estado mexicano, que nos generen un clima de tranquilidad, de paz y en la que cada mexicano pueda hacer lo que esté en su deseo realizar y materializar como proyecto de vida.

Esa es nuestra responsabilidad. Esa es la tarea que tenemos quienes representamos al Estado Mexicano.

Está muy claro, y yo aquí reitero, y no quiero ser omiso, al contrario, retomo la línea de mi intervención en el amplio reconocimiento que merecen nuestras Fuerzas Armadas, porque durante ya muchos años han estado trabajando con gran esfuerzo, con los sacrificios, con el despliegue para acompañar tareas de las instituciones encargadas de la seguridad.

También es cierto que no estamos partiendo de cero. Es cierto que ha habido avances, en este espacio, en este Consejo, muchas veces, repito, he escuchado reflexiones, buena retórica, buenos discursos, buenas reflexiones, pero no pueden quedar todo y solamente en eso.

Debe ser un espacio de reflexión propia para un servidor y para quienes son gobernadores, para quien es Jefe de Gobierno, para quienes tienen responsabilidad en el área de seguridad y de procuración de justicia.

Para que plenamente asumamos nuestra corresponsabilidad. Que nadie escape y nadie suponga, como ya lo señalé, que vendrá otra instancia, de que vendrán las Fuerzas Armadas, de que vendrá la Policía Federal, para relevarnos de la tarea que es propia, en algunos casos, de los estados.

El caso de Iguala nos ha cimbrado a todos, nos ha cimbrado a las instituciones, ha cimbrado a la propia sociedad.

Será la Procuraduría General de la República quien termine de dar o de concluir la investigación que sobre este caso lleva y que, sin duda, le ha implicado, como se ha señalado, un enorme despliegue de la Procuraduría, de nuestras Fuerzas Armadas, de las Policías Federales en toda la investigación que este caso ha ameritado, quizá como no se tenga precedente en la historia reciente de nuestro país.

Pero a partir de ahí, y a partir de lo que resulte de esa investigación, y de las conclusiones a las que llegue la Procuraduría General de la República, está muy claro que México debe ser otro a partir de lo ocurrido en Iguala, así lo referí en mi intervención de hace algunas semanas.

Debe llevarnos a todas y a todos a realmente emprender ajustes y hacer de estos hechos tan lamentables, una oportunidad para reconducir, para reforzar y fortalecer nuestras instituciones de seguridad pública, de procuración de justicia.

De combatir la corrupción en este Sistema Nacional Anticorrupción que se ha propuesto, que el propósito no es sólo darle facultades sancionadoras, sino de impulsar políticas públicas que nos permitan combatir la corrupción en todos los niveles y, sobre todo, en aquellos lugares cercanos a la población que más les lastima.

Y de revertir una cultura ancestral a la que hiciera referencia el propio Alejandro Martí.

Yo he señalado que el tema de la corrupción es un tema de orden cultural que tenemos que revertir entre todos.

Es cierto, es la autoridad la que tiene la principal responsabilidad en la creación de instituciones, como las que propone el Sistema Nacional Anticorrupción, para crear mecanismos, herramientas, que nos permitan, realmente, prevenir y evitar corrupción; pero, a final de cuentas, es una tarea de autoridades y de una sociedad en general.

Que en nuestro diario actuar debemos convertirnos en fiscalizadores, precisamente, de autoridades y de agentes sociales que estén implicados en temas de corrupción. Es una tarea de todos.

A nosotros, como sociedad y como Gobierno, nos toca modelar el México que queremos.

No deseo que lo que aquí estoy expresando sea una más de las varias reflexiones que aquí se han hecho, más bien, propongo y deseo que lo que aquí he compartido, lo que ustedes han expresado, la sociedad: las autoridades que han participado en esta Sesión de Consejo, nos lleve a cada uno a asumir con gran compromiso nuestra tarea de servirle a la sociedad mexicana, especialmente en un tema tan crítico y tan sensible, como es el de la seguridad y el de la procuración de justicia.

No vamos a bajar la guardia.

Éste es espacio para reafirmar de manera categórica el compromiso que tiene el Gobierno de la República para seguir trabajando en alcance a los acuerdos que deriven de esta Sesión de Consejo, y de otras más para lograr condiciones de mayor seguridad.

A partir de escuchar la voz ciudadana, a partir de escuchar la representación social al interior de este Consejo, y también, implique el compromiso de las autoridades estatales, como lo refiriera el Gobernador de Morelos, para que cada uno asuma, también, su propia tarea.

Cumplir en materia de seguridad y en materia de procuración es una corresponsabilidad; es una tarea compartida de todos los órdenes de Gobierno.

Y yo deseo, realmente, que lo que aquí se ha compartido, lo que aquí se ha expresado, lo que aquí se ha reflexionado, nos marque, nos comprometa y nos lleve realmente a lograr el objetivo de un México libre de violencia, de un México libre de impunidad, libre de corrupción, y de un México en el que la sociedad mexicana pueda alcanzar sus anhelos y sus propios sueños.

Ese es mi deseo y ese es el compromiso que asumo como responsable de la titularidad del Ejecutivo Federal.

Celebro los acuerdos tomados en esta Sesión del Consejo Nacional de Seguridad Pública que, estoy seguro, contribuyan a este objetivo.

Convenio de Marco de Mando Único, en tanto se logra la aprobación a la propuesta que habrá de debatirse y, seguro estoy, enriquecerse en el Congreso de la Unión.

La Estrategia Nacional de Desarrollo Policial, que el Acuerdo para que la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia elabore protocolos de investigación en materia de desaparición forzada y tortura.

Agradezco la presencia aquí del Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que es integrante, también, de este Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Que se cuente con una nueva metodología para medir la incidencia delictiva y elevar la calidad de la información.

Nadie quiere que se oculte datos, ni información que no sólo deba de ser pública, sino que norme el actuar de las instituciones encargadas de seguridad.

Nos importa conocer la verdad, información veraz, clara, por dura que pueda ser.

Yo celebro que se haya acordado aquí, definido la metodología que, insisto, eleve la calidad de la información.

Y que el hecho de que se adopten las medidas necesarias por contar con un número único de emergencias en todo el país, como lo propuse en el decálogo de medidas, hace apenas algunas semanas.

Proceso que, sin duda, es complejo; de ser fácil ya se hubiese instrumentado.

Tomará semanas, quizá algunos meses, en tanto se logran integrar y conectar las distintas plataformas de servicios de emergencia, pero es algo que estamos resueltos a hacer que se logre.

Y que México tenga un número único de emergencias, como ocurre en los países de mayor desarrollo, y eventualmente sea el mismo que se emplea en aquellos países.

Esto es parte de los acuerdos que aquí se han tomado. Yo los felicito.

Y reconozco la muy puntual y yo creo que oportuna participación, especialmente de los representantes de la sociedad civil, en este Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Porque nos hace reflexionar, a quienes tenemos responsabilidad, pero sobre todo debe llevarnos a comprometernos aún más en a favor de la seguridad.

Es una tarea que además es medible y es medible espacio por espacio, entidad por entidad, entendiendo muy bien las diferenciadas condiciones que tienen las distintas regiones y entidades del país, pero a final de cuentas, medible.

Y eso me parece que debe ser algo que motive, que aliente y comprometa el esfuerzo de todas y de todos.

Concluyo mi intervención, señores, deseándoles felices fiestas decembrinas, a ustedes y a sus familias, pero sobre todo, que 2015 depare a México un horizonte mucho más promisorio, en el que el trabajo compartido, el compromiso resuelto que aquí hemos expresado nos lleve a seguir construyendo un México más libre, un México más democrático, un México que permita la realización plena de todos los ciudadanos de este país, de cada mexicana y de cada mexicano.

Muchísimas gracias.

Y muchas felicidades.

Dije que había concluido pero me faltó clausurar, que fue el motivo de mi intervención.

Y por ello, me resulta muy grato, hoy 19 de diciembre de 2014, declarar clausurada esta 37ª Sesión Ordinaria del Consejo Nacional de Seguridad Pública, con la certeza, y así lo deseo, que los acuerdos alcanzados contribuyan a fortalecer las capacidades institucionales del Estado mexicano en materia de seguridad pública y de procuración de justicia, por el bien de todo México.

Muchas gracias, y felicidades.