Excelentísimo señor Jesús Posada Moreno, Presidente del Congreso de los Diputados.

Excelentísimo señor Pío García-Escudero Márquez, Presidente del Senado.

Excelentísimo señor Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno de España.

Señoras y señores portavoces de los grupos parlamentarios.

Señoras y señores Legisladores.

Distinguidas autoridades españolas y de México.

Señoras y señores:

Agradezco a los Diputados y Senadores la oportunidad de participar en esta sesión solemne.

Esta deferencia es una clara muestra de la sólida relación bilateral que han construido España y México.

En esta tribuna parlamentaria dedico mis primeras palabras a la memoria de don Adolfo Suárez González, el primer Presidente de la democracia española y figura emblemática de la transición.

México le guarda aprecio porque desde el inicio de su Presidencia promovió el acercamiento de España hacia mi país, que culminó con el restablecimiento de nuestras relaciones diplomáticas en 1977.

Adolfo Suárez fue un político visionario, reflexivo y comprometido con su país, uno de aquellos que deja huella indeleble en la historia de los pueblos.

Junto con Su Majestad, el rey Juan Carlos, crearon condiciones para que entre los españoles prevaleciera la fuerza de la razón por encima de la razón de la fuerza.

Gracias al talante democrático de ambos, se abrió paso al diálogo, el entendimiento y el acuerdo entre las fuerzas políticas para conducir a España hacia un mejor futuro.

Su invencible fe en el diálogo le dio viabilidad al pluralismo español, demostrando que la diversidad ideológica no es obstáculo, sino oportunidad para transformar a un país.

El simbolismo histórico de sus aportaciones fueron los Pactos de La Moncloa, que le ofrecieron a España un nuevo horizonte de desarrollo.

En la materialización de estos acuerdos, el Congreso de los Diputados y el Senado fueron instituciones esenciales para representar los anhelos del pueblo español.

Como los Legisladores de entonces, los integrantes de esta Décima Legislatura, de las Cortes Generales del Reino de España, siguen cumpliendo con su Nación.

Reconozco, también, a las Cortes Generales su firme voluntad para hacer frente a los nuevos retos de España.

Ayer le expresé a Su Majestad, el Rey Juan Carlos, mi convicción de que por encima de coyunturas, la España democrática y moderna de hoy es una potencia política, social, cultural y económica, que seguirá desempeñando un papel protagónico en Europa, Iberoamérica y en el mundo.

Desde el otro lado del Atlántico, vemos con satisfacción que la situación económica de España está mejorando de manera gradual y firme.

Así como España está cambiando para superar sus desafíos, México también se está transformando, para pasar de un bajo crecimiento inercial a una nueva etapa de desarrollo acelerado y sostenido.

En este propósito, hace apenas unos meses, antes de iniciar mi Administración, las diferentes fuerzas políticas de México dialogaron y reconocieron la importancia de concretar un gran acuerdo en favor del país.

Teniendo como referente los Pactos de La Moncloa, los principales partidos políticos y el Gobierno de la República suscribimos el Pacto por México, que se tradujo en una amplia agenda de reformas transformadoras.

Es así, que desde esta sede y Palacio de las Cortes, quiero expresar mi público reconocimiento a los partidos que han hecho posible la transformación de México y, sobre todo, de haberse comprometido en el Pacto por México.

Al Partido Acción Nacional, al Partido Revolucionario Institucional y al Partido de la Revolución Democrática, por haber asumido con determinación el compromiso de sentar bases para transformar positivamente a nuestro país.

Igualmente, reconozco la responsabilidad y el compromiso de Diputados y Senadores de diferentes partidos políticos, representados en el Congreso de la Unión, para hacer realidad los cambios al marco jurídico institucional, tan necesarios para el desarrollo de México.

De todos ellos, de partidos políticos y Legisladores, valoro su madurez política, porque en un ambiente de libertad y pluralidad democrática, decidieron privilegiar las coincidencias para lograr acuerdos fundamentales.

Con su actuar, han confirmado que la unión de libertad y democracia es el gran logro de las sociedades modernas, tal y como lo sostuvo Octavio Paz en 1981, ante el Rey de España.

Por la diversidad y profundidad de las transformaciones estructurales, las reformas que se están impulsando marcarán el inicio de una nueva etapa para el desarrollo de México en tres grandes ámbitos:

Primero. El fortalecimiento de nuestra economía, con base en una mayor productividad y competitividad.

En este propósito, la Reforma Laboral, aprobada durante la transición, flexibiliza el mercado de trabajo y facilita el acceso de las mujeres y los jóvenes a un empleo.

Por su parte, la Reforma en Materia de Competencia Económica se asegurará la libre competencia y concurrencia de inversionistas en todos los sectores de la economía.

La Reforma en Telecomunicaciones permitirá que los mexicanos accedan a servicios de mayor calidad, con mayor cobertura y a menores costos, a partir de una mayor competencia y apertura en el sector.

Mientras que la Reforma Financiera crea condiciones para aumentar el financiamiento. La meta es que exista más crédito y más barato, en beneficio de los hogares y empresas mexicanas.

La Reforma Hacendaria fortalecerá la productividad del país al elevar la inversión pública en rubros estratégicos como educación, ciencia y tecnología y salud, al igual que en infraestructura.

Mención especial merece la Reforma Energética, uno de los cambios institucionales más importantes de los últimos 50 años. Reafirmando la propiedad de la Nación sobre los hidrocarburos del subsuelo se abre este importante sector a la inversión privada, la tecnología y la competencia.

Ello se traducirá, en primer lugar, en mayor seguridad en el abasto de energéticos, multiplicando las oportunidades de bienestar y empleo en todo México.

Y segundo. En menores costos, fortaleciendo la economía de las familias mexicanas y la competitividad de las empresas instaladas en el país.

Segundo ámbito de acción. El fortalecimiento del régimen institucional.

En este marco, la Reforma Político-Electoral permitirá pasar de la transición a la consolidación de la democracia de mi Nación.

Incluye mecanismos como los gobiernos de coalición y la autonomía de la hoy Procuraduría General de la República que habrá de convertirse en la Fiscalía General de la República.

En tanto que la Reforma en Transparencia fomentará la rendición de cuentas, no sólo en todos los Poderes y órdenes de Gobierno, sino también, en partidos, Sindicatos y cualquier otra organización que reciba recursos públicos.

Y finalmente, tercer rubro de actuación: La ampliación de los derechos sociales.

La Reforma Educativa establece nuevas bases para elevar la calidad de la educación y con ello, fortalecer el capital humano y la capacidad innovadora de los mexicanos.

Asimismo, con el apoyo del Congreso, se trabaja para instituir una Pensión Universal para los adultos mayores de 65 años y un Seguro de Desempleo para los trabajadores formales que enfrenten esta situación.

A esta transformación de nuestro andamiaje institucional, también se suma una transformación de la infraestructura física de México.

El Gobierno que encabezo ha puesto en marcha el Programa Nacional de Infraestructura 2014-2018, que contempla una inversión histórica equivalente a más de 440 mil millones de euros.

En su conjunto, todas estas reformas transformadoras e inversiones en infraestructura serán la plataforma de México, a fin de lograr un crecimiento dinámico, sostenido y sustentable en los próximos años.

Gracias a las transformaciones que han venido realizando España y México, en los últimos años, con el respaldo de sus Legisladores, se abren oportunidades inéditas para impulsar la prosperidad conjunta de nuestros países.

Concretamente se crean condiciones para incrementar sustancialmente nuestros intercambios comerciales y las inversiones recíprocas.

Señoras y señores Legisladores:

Como lo expresara el escritor Sergio Pitol al recibir el Premio Cervantes en 2005, y cito textualmente: El exilio español enriqueció de una manera notable a la cultura mexicana. Las universidades, las editoriales, las revistas, los suplementos culturales, el teatro, el cine, la ciencia, la arquitectura, se renovaron.

Aquellos peregrinos, como él los llamó, y todos los españoles que por distintas razones han hecho de México su segundo hogar, nos han enseñado a querer y a estar más cerca de España.

Esta hermandad y cariño han crecido con los años, lo mismo que con los frutos de quienes han llevado España a México en su idea, en su sentimiento y en su acción.

Por todos los vínculos indisolubles que nos unen, México acompaña a España en este momento tan significativo de su historia, sobre todo, porque nuestro pasado y presente comunes nos dan aliento para construir juntos un mejor porvenir y para seguir siendo dos pilares fundamentales de Iberoamérica.

Somos solidarios, también, con sus esfuerzos para sentar las bases de una pronta recuperación económica.

Coincido plenamente con las palabras de Adolfo Suárez, quien dijera: En el futuro, España podrá superar cuántas dificultades se le planteen y realizar su decisiva aportación a la concordia de las naciones.

Agradezco nuevamente el altísimo honor de dirigirme a las Cortes Generales, y les reitero el profundo sentimiento de amistad que abrigamos los mexicanos por los españoles.

Hoy, desde este histórico recinto, hago votos porque nuestros países sigan avanzando juntos por las amplias vías de la paz; la armonía y la justicia; el bienestar y la prosperidad; la libertad y la democracia.

Muchas gracias.