Excelentísimo señor Presidente y amigo, Otto Pérez Molina, Presidente de la República de Guatemala.

Saludo con afecto y respeto a la Delegación Oficial que le acompaña, del país hermano Guatemala.

Y me da mucho gusto que en esta comida que ofrecemos en su honor, señor Presidente, estén presentes la representación de nuestro Congreso, a través del Presidente en funciones de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, de Senadoras y Senadores que forman parte e integran las Comisiones en temas de relaciones exteriores.

Y una presencia aquí, notable, de empresarios y representantes de la sociedad mexicana que, por igual, hoy están presentes representantes de la sociedad y, sobre todo, del empresariado de Guatemala.

Quiero, a todas y a todos, expresarles la más cordial bienvenida y, sobre todo, la oportunidad y ocasión de ofrecer esta comida en honor del señor Presidente de Guatemala, pero sobre todo también, de un gran amigo.

Que, compartíamos en privado, hoy viernes 13 éste es nuestro 13º encuentro que tengo en coincidencia con el señor Presidente.

Sea usted bienvenido excelentísimo señor Presidente.

A guatemaltecos y mexicanos no sólo nos une la geografía, también nos hermana la historia, las tradiciones, el idioma, y una profunda y duradera amistad.

Por ello, es un honor tener en México al Presidente de la República de Guatemala y a su distinguida Comitiva, a quien recibimos con respeto y afecto, porque no sólo son ustedes quienes contribuyen a tener una buena vecindad, sino especialmente a estrechar los lazos de fraternidad y de gran amistad profunda que tenemos las dos naciones.

Señor Presidente:

En México reconocemos sus esfuerzos en favor de la democracia y la prosperidad de su Nación.

Usted ha sido un actor fundamental en la historia y el progreso de Guatemala, incluso desde antes de ocupar la titularidad del Ejecutivo de su país, en tres importantes episodios, fue un factor determinante en la construcción de la democracia y la paz de su país.

El primero, en 1982, cuando con enorme valentía se opuso a la dictadura en Guatemala, incluso con riesgo de perder la vida.

El segundo fue 11 años después, en 1993, cuando ayudó a impedir la supresión del Congreso, la Corte de Justicia y la Procuraduría de los Derechos Humanos. Con esa acción, usted defendió las instituciones democráticas de Guatemala.

Y el tercer episodio fue en 1996, al aportar su prestigio personal como General de la Paz para poner fin a 36 años de guerra civil.

El Acuerdo de Paz firme y duradera entre el Gobierno y las fuerzas revolucionarias, permitió escribir una nueva página en la historia de Guatemala.

Durante ese difícil periodo, México alentó el diálogo y la concordia, también recibió en su territorio a miles de hermanos guatemaltecos, que hicieron de nuestro país su segundo hogar.

Sin duda, ha sido usted un defensor de las instituciones democráticas a lo largo de su vida; también reconocemos su capacidad política y el diálogo que ha promovido, para encauzar el esfuerzo de los guatemaltecos, en torno a la seguridad, la competitividad y el hambre cero.

Las naciones democráticas deben conjuntar esfuerzos para prosperar juntas, especialmente cuando se trata de países entrelazados, como Guatemala y México.

De ahí la trascendencia, señor Presidente, de su visita, porque además de atender desafíos, como la migración y la delincuencia organizada, hoy estamos decididos a crear oportunidades y, sobre todo, construir prosperidad para nuestras naciones y muy especialmente, en la región Sur de nuestro país y Norte de Guatemala, que compartimos.

Con los acuerdos alcanzados este día, México y Guatemala suman esfuerzos para ser países más seguros, más competitivos y, sobre todo, impulsar la prosperidad y ser más equitativos.

En México vivió uno de los grandes guatemaltecos más ilustres que ha dado su Nación: Luis Cardoza y Aragón, a quien me voy a permitir citar textualmente en una referencia que hacía a nuestro país.

Como orgulloso defensor de la Cultura Maya, él decía, celebraba que Guatemala y México siguieran unidos al mundo antiguo, a nuestra poesía primigenia y a nuestra carga mágica.

Luis Cardoza y Aragón amó profundamente a México, comprendió a nuestro país, y difundió su arte como pocos lo han hecho.

En reciprocidad, el Gobierno reconoció sus aportaciones a nuestra Patria, y en 1979 se le otorgó la Condecoración de la Orden Mexicana del Águila Azteca.

Hoy también, señor Presidente, le hemos entregado a usted esta distinción, que es el máximo galardón que otorga a México a quienes son amigos en el extranjero. Lo hemos hecho porque usted ha trabajo incansablemente para acercar a nuestras naciones, con el mismo afecto con el que Cardoza y Aragón cultivó su amistad con Octavio Paz.

Y si me lo permiten, quisiera invitar a nuestros muy distinguidos invitados a este encuentro a hacer un brindis.

Quiero hacer un brindis, en primer lugar, en honor del excelentísimo señor Presidente Otto Pérez Molina, quien es un gran Presidente y amigo de México.

Quiero hacer un brindis también, por la prosperidad y el desarrollo del pueblo hermano de Guatemala, y porque los esfuerzos que estamos realizando nos permitan lograr una mayor solidez, un mayor acercamiento, y una mayor fraternidad y, sobre todo, desarrollo de nuestras sociedades.

Que así sea.

Salud.