Señoras y señores.

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Me da mucho gusto saludar a la doctora María Elena Medina-Mora, quien es Presidenta de El Colegio Nacional.

Al señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, a quien aprecio esté presente en este acto.

Y de igual manera, al señor Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Muchas gracias por acompañarnos en este evento.

A los integrantes del Gobierno de la República.

Y de manera muy señalada y puntual, a quienes son integrantes de este Colegio Nacional.

Y que reúne a grandes personalidades de distintos ámbitos, público y privado, o que han transitado en ambos espacios, y que han conformado o han venido aportando la acumulación de lo que es su mayor tesoro en cada uno de ustedes: su saber, su experiencia, su conocimiento. Todo lo que han venido acumulando, precisamente al servicio de las causas más nobles de nuestro país, a servir a México.

Y a que ese conocimiento aplicado a distintas áreas, a políticas públicas, a cambios legislativos, al orden constitucional, todo eso nos ha venido permitiendo modelar el México que hoy tenemos.

Para un servidor es motivo de gran orgullo, de gran alegría y satisfacción estar presente este día, el día de hoy, reunido con El Colegio Nacional, en este 70 Aniversario de su fundación, iniciada en 1943.

Y el motivo fundamental es dejar aquí un testimonio de reconocimiento del Gobierno de la República al trabajo realizado por este Colegio Nacional. De él han surgido grandes personalidades del mundo académico, intelectual, cultural, de las cuatro ramas del saber al que dedican ustedes esfuerzo, y de cada una de las cuales hemos recogido un mensaje en distintos personajes.

De aquí tenemos, de este espacio, están aquí o de aquí emergieron los tres Premios Nobel que tiene nuestro país: Alfonso García Robles, Octavio Paz y Mario Molina.

Por ello, el Gobierno de la República no tiene más que para este espacio, que reúne a connotadas personalidades del saber, reconocimiento y gratitud por lo que han hecho por México y por lo que siguen aportando en experiencias, en ideas.

Y que eso, sin duda, recogiendo alguna expresión de don Miguel León-Portilla, es cierto que hay que conocer la historia para no cometer errores o evitar la comisión de algunos errores y más bien aprender, precisamente, del pasado, reconociendo que cada día estamos también escribiendo historia y la que queremos escribir para el México de hoy es una que depare al presente o a la presente sociedad y a las futuras generaciones, un México de oportunidades, promisorio, de mayor justicia social y, sobre todo, de mayores éxitos para todos los mexicanos.

Señoras y señores:

El Colegio nació para divulgar la ciencia, las humanidades y la cultura entre los mexicanos, de manera abierta y gratuita, como está en los objetivos de este Colegio Nacional.

En 1943, cuando Europa sufría la destrucción de la Guerra Mundial, como lo recordaba hace un momento don Emilio Pacheco, aquí, en nuestra tierra, gracias a la Revolución Mexicana hecha Gobierno, se construían instituciones.

Ese año se creaba la Secretaría responsable de la salud pública, El Instituto Mexicano del Seguro Social y, por supuesto, El Colegio Nacional.

Quienes han continuado la generosa obra, iniciada por estos grandes fundadores, han sabido consolidar la tradición de excelencia de El Colegio Nacional.

Cada integrante es un ejemplo para los mexicanos y un referente internacional en su especialidad. Cada uno ha prestigiado y engrandecido, no sólo a El Colegio, sino a toda la Nación.

El México moderno sería impensable sin sus aportaciones. Con ellas, han alentado al desarrollo cultural, científico y social de nuestro país.

Así, por siete décadas, El Colegio Nacional ha contribuido a mexicanizar el saber y a universalizar nuestra cultura.

Hasta ahora, sus varios integrantes: 40, 36, como me lo ha referido su Presidenta, de los más de 90 que han transitado por los espacios de este Colegio, han ocupado altos cargos académicos y públicos, pero todos han recibido incontables honores y distinciones.

Si cada uno de sus miembros fuera un libro, El Colegio Nacional sería una enciclopedia.

La suma de su obra es la cultura más representativa del México moderno. Es importante recordar que los tres mexicanos que han obtenido el Premio Nobel han sido miembros de El Colegio Nacional, como ya lo refería: Alfonso García Robles, Octavio Paz y Mario Molina.

Por sus trascendentes aportaciones al desarrollo de México, 18 miembros de El Colegio Nacional reposan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Además de sus méritos profesionales, México reconoce en cada uno de ellos su valiosa contribución a la transformación nacional. Sus reflexiones y propuestas han sido esenciales para la comprensión y atención de los desafíos de nuestro país.

Con honestidad y profundidad intelectual, han promovido una discusión seria, madura y propositiva en temas centrales para el futuro de nuestro país.

Como Presidente, valoro su extraordinaria aportación a las artes, la literatura, las ciencias y las humanidades. Aprecio también sus planteamientos para abatir la pobreza, la desigualdad y la marginación, que aún sufren lamentablemente millones de mexicanos.

Reconozco su empeño permanente para enriquecer las políticas públicas en materia de educación, cultura, ciencia y tecnología, innovación, salud y medio ambiente.

Asimismo, celebro su contribución para enfrentar retos tan diversos, como los efectos del cambio climático, reducir la brecha digital o fortalecer la gobernabilidad democrática.

Si hay una cualidad que distingue a los colegiados es su permanente voluntad de aportar conocimientos, soluciones y respuestas a los problemas del país.

Lo han hecho con la convicción de que cada mexicano pueda ejercer plenamente, en su vida diaria, sus derechos y garantías constitucionales.

Igual que ustedes, en el Gobierno de la República estamos decididos a construir una auténtica y verdadera sociedad de derechos, en la que toda la población pueda hacer realidad sus derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales, que les reconoce nuestra Constitución.

Que pasemos a una sociedad en la que los derechos consagrados en nuestra Carta Magna dejen de ser, más que un motivo aspiracional, una realidad efectiva en cada mexicano.

Para lograrlo, hemos decidido transitar por el camino de las reformas transformadoras. Hemos optado también por el diálogo, el entendimiento y el acuerdo, para realizar los cambios de fondo que exige la ciudadanía y que sin duda necesita el país.

A través del Pacto por México, los principales partidos políticos y el Gobierno de la República hemos impulsado cambios en sectores estratégicos para el desarrollo de mediano y largo plazo de nuestro país.

Gracias al trabajo responsable del Congreso se han concretado reformas en educación, telecomunicaciones y competencia económica. Y hay trabajo que se viene realizando para lograr lo mismo en los ámbitos hacendario, financiero y energético.

El propósito de todas las reformas es liberar el gran potencial de nuestro país para alcanzar un crecimiento elevado, sostenido y sustentable; así como cerrar las brechas de desigualdad que lamentablemente aún existen en nuestro país.

Son reformas para adecuar nuestras instituciones a los nuevos tiempos, a los nuevos retos y a las nuevas oportunidades que tiene México.

Sin duda, la mayor oportunidad que tiene nuestra Nación, en este momento, está en su gente, en lo que muchos reconocen como el bono demográfico.

Somos una sociedad predominantemente joven, en contraste con otras sociedades del mundo, incluso, las de mayor desarrollo. Y ese, sin duda, es uno de nuestros mayores activos, pero, también, uno de nuestros mayores desafíos.

Porque se trata de establecer el andamiaje jurídico y las reformas que permitan que la sociedad presente, esa que es mayoritariamente joven, encuentre oportunidades de realización individual, de poder escribir historias de éxito personal; y que eso, además, se pueda hacer en todo el país.

Cuando hemos venido señalando de forma reiterada que las políticas están orientadas a democratizar la productividad y el desarrollo nacional, significa que queremos que el desarrollo sea parejo en toda la geografía nacional.

Que no sólo lo sea de algunas regiones, o de algunas partes del país, o de algunos cuantos, sino de todos los mexicanos. Que cada individuo, que cada mexicano libre pueda decidir el camino, la ruta, en la cual podrá construir, insisto, una vida de éxito y de desarrollo promisorio en el futuro.

Con las reformas que hemos venido postulando y varias de las que ya se han concretado, cuántos intelectuales y científicos más lograremos tener, cuando todos nuestros niños reciban una educación de mayor calidad.

Cuántas innovaciones más podremos generar, cuando todos nuestros jóvenes creativos tengan acceso a tecnologías digitales.

Cuántos emprendedores más habrá en el país, cuando logremos que haya más crédito, como una palanca para hacer realidad y materializar los objetivos de emprendimiento que tienen muchos jóvenes creativos, para apoyar sus ideas y sus proyectos.

Cuántos ingenieros más tendrá México cuando esté o cuando se esté aprovechando plenamente nuestra riqueza energética.

El objetivo de las reformas transformadoras es liberar, insisto, el potencial de nuestra economía y, al hacerlo, potenciar la libertad de cada mexicano.

Mientras mayor sea nuestro nivel de desarrollo, mayores oportunidades habrá para que florezca el gran talento de todas y todos los mexicanos.

Las reformas buscan crear las condiciones adecuadas para que más mexicanos tengan la oportunidad de alcanzar la excelencia, que todos ustedes, integrantes de El Colegio Nacional, representan.

México tiene mucho que ofrecer a la cultura universal. Hay cineastas que están siendo reconocidos en los festivales internacionales más importantes.

Hay arquitectos construyendo sus diseños en varias partes del mundo.

Hay artistas de todos los géneros, triunfando en los escenarios internacionales, y nuestros escritores son cada vez más respetados, leídos y traducidos a otros idiomas.

El éxito de una Nación está en el éxito de cada ciudadano. El destino del país está en cada uno de nosotros. Está también, de manera señalada, en sus maestros e investigadores, en sus científicos y humanistas, en sus creadores y pensadores.

Por eso, México es nuestra misión colectiva. La transformación del país es una causa que nos convoca y nos compromete a todos.

Desde cualquier ámbito se puede y se debe contribuir a transformar y modelar el país que todos queremos.

La aportación de cada uno de ustedes, estoy seguro, puede ser decisiva.

El mejor ejemplo de ello son, precisamente, la contribución del casi centenar de personalidades que han formado parte de El Colegio, institución depositaria del saber nacional.

Señoras y señores:

A siete décadas de su fundación, El Colegio Nacional sigue el ejemplo y mantiene vivos los ideales que inspiraron a sus iniciadores.

Hoy, como ayer, sus enseñanzas contribuyen a fortalecer la unidad y la autoconciencia de nuestra Nación.

Así lo demuestran todos los eventos que han venido organizando a propósito de esta conmemoración, de estos primeros 70 años: seminarios, cursos, debates, diálogos, mesas redondas para conmemorar tan significativa fecha.

El Gobierno de la República ha apoyado y seguirá apoyando la continuidad y las iniciativas de esta institución cumbre del saber.

Igualmente, seguirá siendo un firme promotor de la cultura, las artes, las humanidades y la ciencia.

Lo haremos, y lo quiero dejar siempre subrayado, con absoluto respeto a la libertad de creación e investigación de sus integrantes.

Yo quiero nuevamente agradecer la muy honrosa oportunidad que hoy me dispensan, de estar entre ustedes, entre varios de los integrantes de este Colegio Nacional y hacer también, desde este espacio, una muy respetuosa invitación para que en un futuro próximo y muy inmediato, me den la oportunidad, fuera de un evento protocolario y solemne, como en el que ahora nos encontramos y en el que he escuchado muchas voces, llenas de saber, que estoy seguro, también, se han visto un tanto limitadas a exponer y a precisar quizá a mayor detalle mucho de lo que ellos quisieran aportar.

Acéptenme una invitación para reunirme, insisto, en un futuro muy inmediato, que habré de coordinar con la Presidenta de este Colegio, en un encuentro casual y formal, que nos permita un mayor diálogo y, sobre todo, recoger su pensamiento, su reflexión sobre las muchas cosas que hemos venido haciendo y las que queremos impulsar, para que México sea uno que esté preparado para deparar mejores escenarios, de manera muy especial a las futuras generaciones.

Felicidades a El Colegio Nacional por estos primeros 70 años.

Y muchas gracias, por la aportación que han hecho al desarrollo y progreso de la Nación.

Felicidades.