Señoras y señores:

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Quiero saludar con respeto a todas las autoridades de Protección Civil, tanto del Gobierno de la República, como de distintas entidades federativas, que aquí hoy se dan cita.

Saludo a los integrantes del gabinete del Gobierno de la República.

A los señores Gobernadores que hoy nos acompañan.

Particularmente a Margareta Wahlström, quien representa al Secretario General de Naciones Unidas, y que hoy nos acompaña en esta ceremonia.

A distintos funcionarios.

Al Presidente de la Comisión de Protección Civil en el Senado de la República.

A familiares, de forma muy señalada de quienes hoy son reconocidos por su labor, por su entrega, por su sacrificio, en favor de sus connacionales y que hoy rendimos un merecido reconocimiento post mórtem.

Y de igual manera a quienes representan a distintas organizaciones que han recibido hoy el Premio Nacional de Protección Civil 2015.

Quiero saludar a representantes de distintos organismos internacionales.

A Embajadores; a representantes acreditados en nuestro país, de distintos países hermanos.

Y a todos los aquí presentes, les saludo con afecto y con respeto.

Señores representantes de los medios de comunicación:

El 19 de septiembre de 1985, a las 7 horas con 19 minutos, un sismo de enormes proporciones sacudió al centro del país, conmocionando a sus habitantes.

Apenas dejó de temblar, con miedo e incertidumbre, la gente salió a las calles para saber qué había pasado.

Consternados, miles observaban los dramáticos momentos que se vivían después del terremoto; particularmente, en el centro de la Ciudad de México hubo una gran alarma, al ver los edificios que habían colapsado.

En aquel tiempo, no había telefonía celular, ni Internet; los canales de televisión dejaron de funcionar por horas y sólo mediante la radio se daba información intermitente acerca de lo sucedido.

Humo y fuego, cristales rotos y pisos completamente caídos; sirenas de ambulancias de la Cruz Roja Mexicana y personas atrapadas en los edificios.

Ese era el panorama que se observaba aquella trágica mañana, hace ya casi 30 años.

Aún no se había superado el golpe anímico, cuando al día siguiente, al caer la noche, otro sismo volvió a cimbrar al Valle de México.

La magnitud y duración de estos temblores afectaron las zonas Centro, Sur y Occidente de la geografía nacional. Sin embargo, fue nuestra capital, la del país, la más lastimada.

Como Nación, hay que reconocerlo, no estábamos preparados para enfrentar un desastre de esas dimensiones.

La política de prevención de riesgos era prácticamente nula. Tampoco existían protocolos que definieran con claridad las acciones a seguir.

Ante la emergencia y el desconcierto, ante la gravedad de los daños causados, la respuesta de la población no se hizo esperar. Los mexicanos reaccionaron de inmediato.

De manera espontánea, miles de personas salieron a las calles y, convertidos en rescatistas, paramédicos o voluntarios, comenzaron a auxiliar a las víctimas.

Ahí estaban los mexicanos solidarios, arriesgando su propia vida; entrando a edificios destruidos; removiendo los escombros; buscando a los sobrevivientes.

Otros más atendían a los heridos, improvisaban camillas, aplicaban primeros auxilios, o preparaban alimentos para los damnificados.

Lo mismo organizaban brigadas para trasladar lesionados, que intentaban reconfortar a quienes habían perdido a sus seres queridos.

La solidaridad demostrada durante aquellas horas y días de angustia fue realmente extraordinaria.

Fue, también, la fuerza que permitió a la Ciudad de México volver a levantarse.

Mañana, en punto de las 11:30 horas, recordaremos ese lamentable episodio, realizando un macrosimulacro aquí, en el Distrito Federal, y en varias entidades del país.

El año de 1985 nos mostró que somos un pueblo generoso y entregado, que brinda respaldo a sus hermanos caídos, que trabaja unido para enfrentar la adversidad y salir adelante.

Ese año, también, marcó el inicio de una nueva etapa en la gestión del riesgo de desastres.

Hoy tenemos una cultura de la prevención más amplia; la población está mejor informada y preparada ante una eventual contingencia.

Ha sido un proceso de aprendizaje de varios años, en el que se han dado pasos importantes, como la creación formal del Sistema Nacional de Protección Civil, en 1986.

Desde entonces, reconocimos la vulnerabilidad de nuestro territorio frente a una amplia variedad de amenazas naturales, como sismos, huracanes, inundaciones o, incluso, erupciones volcánicas.

El fortalecimiento y consolidación de este sistema, ha requerido la expedición o reforma de leyes, normas e instituciones; la adopción de fondos públicos adecuados y el establecimiento de protocolos específicos para atender las diferentes contingencias.

En este trayecto destacan, por ejemplo, la creación del Centro Nacional de Prevención de Desastres, el Fondo de Desastres Naturales, conocido como FONDEN, y la primera Ley General de Protección Civil.

Mención especial merece la invaluable labor que en esta materia han realizado nuestras Fuerzas Armadas.

A partir del Plan DN-III y del Plan Marina, los soldados y marinos de México han respaldado a los mexicanos en momentos difíciles; han estado a su lado salvando vidas, trasladando heridos, brindando atención médica y reconstruyendo viviendas.

Por eso es ésta una ocasión más para reiterar mi mayor reconocimiento al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea de nuestro país.

Todos estos avances han aportado a construir una sólida plataforma, para hacer frente a fenómenos que pueden afectar la vida y el patrimonio de los mexicanos.

Hoy nuestra prioridad es, como aquí se ha dicho, la prevención.

Si bien no siempre podemos predecir cuándo, dónde, ni cómo se va a presentar una catástrofe, lo que sí podemos hacer es prepararnos y estar alertas en todo momento.

En este propósito y siguiendo el proceso de fortalecimiento de las instituciones y prácticas de protección civil en México, el Gobierno de la República ha dado pasos importantes, destacando algunos de ellos que quisiera aquí mencionar.

La instalación por primera vez, en 2013, del Consejo Nacional de Protección Civil, como órgano encargado de vigilar el cumplimiento del Programa Nacional en la materia; la actualización, como aquí ya se dijo también, continua y permanente, del Atlas Nacional de Riesgos, que nos permita saber con mayor precisión en dónde están, dentro de la geografía nacional, nuestras principales vulnerabilidades.

La definición de cinco regiones en el país para brindar una atención focalizada a la población en situación de emergencia, y también la creación de un Comité Nacional de Emergencias y del Sistema Nacional de Alertas, que permita encontrar con información en tiempo real, para aumentar la seguridad de los mexicanos en situaciones de inminente peligro.

Estas medidas han fortalecido la coordinación entre los tres órdenes de Gobierno y fomentado alianzas con los sectores privado y social, para lograr una respuesta más efectiva.

A tres décadas de la tragedia de 1985, México hoy está mejor preparado para responder con rapidez, oportunidad y eficiencia ante cualquier eventualidad.

Lograrlo ha sido resultado del trabajo de todos: de instituciones y ciudadanos comprometidos, que con solidaridad, sensibilidad y generosidad, han sumado esfuerzos a este gran propósito.

Justamente este día entregamos el Premio Nacional de Protección Civil 2015 a mujeres y hombres, a organizaciones sociales y servidores públicos, que han contribuido a generar condiciones de mayor seguridad y protección en favor de las familias mexicanas.

Felicito nuevamente a la Unidad Municipal de Protección Civil de Querétaro, por su innovadora iniciativa Querépolis, que fomenta en la niñez una cultura de prevención y el autocuidado.

De igual forma, reconozco a quienes hoy han recibido una mención honorifica por su determinación y compromiso con la protección civil.

Y de manera muy especial, este día hemos entregado simbólicamente el Premio Nacional de Protección Civil a cinco compañeros policías federales.

Es un reconocimiento póstumo a quienes en septiembre de 2013, lamentablemente perdieron la vida, durante las acciones de rescate y ayuda a pobladores de la comunidad La Pintada, en el Estado de Guerrero.

A sus compañeros y a todos los mexicanos nos dejaron un ejemplo de valor y heroísmo, que hoy exaltamos públicamente.

Desde aquí, nuestra gratitud y reconocimiento a ellos y a todos los miembros de la Policía Federal de nuestro país.

Señoras y señores:

El 18 de marzo de 2015, se realizó en la Ciudad de Sendai, Japón, una importante reunión, como aquí se vio en el video, en materia de Protección Civil, con representantes de 187 naciones.

Como aquí ya también se refirió, en ese amplio encuentro, México fue elegido como sede de la Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres, a realizarse en el año 2017.

Se trata, precisamente, de un reconocimiento a la evolución institucional y a las aportaciones que México ha hecho al mundo en materia de Protección Civil durante los últimos 30 años.

Quisiera decirle a la señora Margareta Wahlströn, representante del Secretario General de las Naciones Unidas para la reducción del Riesgo de Desastres, quiero pedirle que transmita al señor Ban Ki-moon nuestro compromiso de lograr que este próximo foro internacional contribuya a salvar vidas, no sólo en México, sino en todo el mundo.

Esta distinción nos honra y nos motiva a seguir impulsando políticas públicas de nueva generación, que mejoren y fortalezcan la protección de toda nuestra población.

Las experiencias, los avances y la extraordinaria solidaridad que México ha demostrado, nos confirman que trabajando hombro con hombro es posible enfrentar y superar cualquier contingencia.

Nuevamente dejo aquí constancia de reconocimiento y felicitación a las distintas organizaciones que han recibido el Premio Nacional de Protección Civil 2015, en el carácter de mención honorífica, por los trabajos realizados y, de manera muy señalada, a quienes de forma post mórtem han recibido este reconocimiento.

Felicidades y muchísimas gracias.