Señoras y señores.

Muy buenas noches ya a todas y a todos ustedes.

Saludo con afecto al señor General Roberto Miranda, Jefe del Estado Mayor Presidencial, y quien, debo decirles, ha estado a mi lado desde que me fue entregada mi Constancia como Presidente electo de México.

Todos los días, desde entonces, me ha estado acompañando y ha estado cumpliendo con la alta encomienda y misión que tiene el Estado Mayor de cuidar al Jefe del Estado mexicano.

Quiero saludar a los Subjefes del Estado Mayor Presidencial.

A los integrantes del equipo de trabajo del Gobierno de la República que forman parte de esta familia, de esta intimidad que se vive aquí, en la Residencia Oficial de Los Pinos, y que todas y todos ustedes de forma cercana conocen muy bien.

Me da mucho gusto saludar en esta celebración del Día del Estado Mayor Presidencial, solo unos días después del 18 de febrero, fecha conmemorativa de esta efeméride.

Saludar a los exjefes del Estado Mayor Presidencial que están aquí presentes.

A distinguidos invitados a esta ceremonia.

A los integrantes del Estado Mayor que están aquí presentes.

A esta representación de Generales, jefes, oficiales, marinos, miembros de la Policía Federal, de la Secretaría de Seguridad Pública que forman parte de esta gran institución.

De manera particular, saludo, también, a sus familiares que están aquí presentes con nosotros y que hoy nos acompañan.

Señoras y señores:

Durante más de un siglo, el Estado Mayor Presidencial ha sido salvaguarda de la alta investidura nacional que porta el Jefe del Ejecutivo Federal.

Por ello, los integrantes del Estado Mayor Presidencial son herederos de los actos heroicos y los hechos de gloria con que se han cubierto las armas nacionales.

Con el mismo arrojo que ustedes poseen, como nos lo ha referido ya el General Miranda, en 1913, dos capitanes: Gustavo Garmendia y Federico Montes, salvaron la vida del Presidente Francisco I. Madero.

Con igual valentía a la que ustedes caracteriza, fueron cadetes quienes salvaguardaron a don Venustiano Carranza en su trayecto a Veracruz en 1920, protegiendo el orden constitucional.

En el México del Siglo XXI, el Estado Mayor Presidencial se sigue consolidando como una institución que va y está a la vanguardia en técnica militar, logística y seguridad.

En este tiempo, para enfrentar cualquier desafío, el Gobierno de la República cuenta con un Estado Mayor Presidencial moderno, disciplinado y exigente de su propio deber.

Al recordar el Día del Estado Mayor Presidencial puedo afirmar que en estos casi 15 meses como Presidente de México, se ha constatado su notable desarrollo organizacional y su desempeño profesional.

Por ejemplo, para entrenamiento militar y práctica deportiva de alto rendimiento, el día de hoy develamos placas inaugurales de la cancha ecuestre, del stand de tiro con escopeta y del stand de tiro con arco.

Ello permitirá al Estado Mayor Presidencial seguir impulsando las historias de éxito deportivo, como la de los cabos de infantería Juan René Serrano y Luis Eduardo Vélez en tiro con arco. Ambos fueron medallistas de oro, precisamente, en la justa deportiva de Colombia.

También, en memoria de estos 101 años de lealtad, hace unos minutos descubrimos la placa del recién restaurado y reubicado monumento a los héroes de la Batalla del Molino del Rey, que nos recuerda el arrojo y valentía de nuestros militares, quienes se enfrentaron al Ejército Norteamericano en 1847.

De igual manera, dejé testimonio de las obras de restauración y conservación del Acueducto Santa Fe, que rememora la capacidad para abastecer de agua a la Ciudad de México desde el Siglo XVI.

Como Titular del Ejecutivo Federal, estoy orgulloso de contar con un Estado Mayor Presidencial que además de su inquebrantable lealtad se conduce diariamente con discreción y reserva, valores esenciales que distinguen a esta gran institución.

Felicito a cada uno de sus elementos en activo y en retiro. Ustedes hacen que sea un honor servir en las filas del Estado Mayor Presidencial.

A sus familiares les reconozco su capacidad para apoyarlos y comprenderlos, ellos valoran que ustedes cumplan su encomienda sin importar las horas, los lugares y los riesgos que corren para defender y proteger la Institución Presidencial.

Por todos estos motivos es, sin duda, un gran honor participar por segunda ocasión en esta ceremonia que reconoce el esfuerzo de esta gran institución que tiene el Estado mexicano, el Estado Mayor Presidencial.

Quiero felicitar personal e institucionalmente al General Roberto Miranda por conducir esta gran institución, por llevarla al amparo de los principios que aquí he señalado, que inspiran la conducta diaria de los elementos de esta gran institución y, sobre todo, por estar invariablemente cumpliendo con lealtad la misión de proteger al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos y Presidente de nuestro país y Jefe de las Instituciones del Estado mexicano.

Estoy ampliamente reconocido con todos los integrantes del Estado Mayor Presidencial.

Y como lo señalé al inicio de mi intervención, prácticamente ésta es una celebración y un amplio, y digno reconocimiento que hacemos a esta institución en este día 18 de febrero, a unos días, insisto, de esta fecha emblemática en familia, en este ambiente de camaradería, de cordialidad, de fraternidad, pero de alto sentido del deber de la disciplina y del honor.

Aquí dejo testimonio de mi reconocimiento y gratitud como Presidente de todos los mexicanos, como Presidente de la República y personalmente que estoy reconocido y agradecido con esta institución.

Hago votos porque el trabajo, la forma de organizarse del Estado Mayor Presidencial, siga permitiéndoles cumplir con el alto honor de defender las instituciones que mandata el Jefe del Estado mexicano, y sobre todo salvaguardar su integridad personal.

Muchas felicidades.