Señoras y señores:

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Señor Pierre Manigault, Presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Saludo con respeto al licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz, Presidente Ejecutivo y del Consejo de Administración del periódico El Universal.

Nuevamente, le reitero, como en otro momento lo he hecho ya, de forma personal, mi más amplia felicitación por celebrarse esta Asamblea de la SIP, justamente en el marco de celebración de los 100 años de este importante medio de comunicación de nuestro país.

Me da mucho gusto saludar aquí a señoras y señores directivos de publicaciones afiliadas a esta organización.

A representantes de la sociedad civil que amablemente hoy aquí nos acompañan.

Señoras y señores:

Para los mexicanos es un gran honor ser anfitriones de la Asamblea Anual de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Quiero expresarles, en nombre del pueblo y Gobierno de México, la más cordial bienvenida a nuestro país.

Celebro que, en estos días, la capital de nuestra nación sea también la capital del periodismo libre e independiente del Continente Americano.

Esta asamblea tiene lugar en un momento crucial para nuestras sociedades. Las tecnologías de la información y la comunicación están revolucionando la forma en que vivimos, trabajamos y nos comunicamos.

La sociedad ha hecho suyos estos cambios tecnológicos. A través de los medios digitales y las redes sociales cada vez más personas se informan, debaten y forman opinión.

Por ejemplo, el aumento de la cobertura de Internet en México ha sido impresionante.

Hoy, 60 millones de personas navegan en la red. Esto representa un crecimiento de más de 50 por ciento entre los usuarios que había en 2012 y los que se registraron en 2015.

Más allá de los indudables beneficios, también hay que reconocer que las mismas tecnologías de la información y la comunicación plantean nuevos retos a los gobiernos alrededor del mundo.

Los medios digitales y las redes sociales son una buena plataforma para manifestar y denunciar lo que no funciona.

En una era tan veloz, en la que millones de cosas están al alcance un click, las sociedades demandan respuestas inmediatas a sus inquietudes.

La justa insatisfacción ante problemas complejos, como la pobreza, la desigualdad o el lento crecimiento de la economía, junto con la expectativa de soluciones rápidas, a menudo producen frustración.

Más aún, pueden ser factores que expliquen el desencanto con la democracia, y el pesimismo sobre el futuro que, sabemos, existe en muchas sociedades.

Esta insatisfacción con la democracia suele ser tierra fértil para la demagogia; abre la puerta a soluciones mágicas o promesas irrealizables.

Siempre existe el riesgo de que, en su afán de encontrar salidas rápidas, las sociedades opten por salidas falsas.

Lo he dicho en el pasado y lo reitero: Las naciones donde se impone la demagogia, lejos de alcanzar el cambio anhelado, encuentran división o retroceso.

Por eso, los gobiernos democráticos nos enfrentamos al reto de mejorar nuestra forma de interactuar y dialogar con los ciudadanos; de explicar de manera convincente los avances, y de sumar esfuerzos para superar los desafíos de nuestro tiempo.

En lo personal, estoy convencido de que los retos de la democracia sólo se pueden superar con más democracia, más apertura, más transparencia, mayor rendición de cuentas. Más poder a la gente en la solución de los asuntos públicos.

Sin duda, muchos de los retos y preocupaciones que los gobiernos enfrentamos hoy, son compartidos por los medios impresos y digitales.

La información ya circula en redes, antes de que la divulguen los medios de comunicación o salga impresa.

La gente se ha formado ya una opinión, desde antes de que alguna voz experta formule un comentario

Además, la creciente fragmentación de audiencias, la segmentación del mercado, impone a los medios el reto de ser atractivos para un mayor número de públicos, cada vez más definidos en sus gustos y necesidades.

La Sociedad Interamericana de Prensa ha atestiguado, a lo largo de más de siete décadas, estos grandes cambios.

También ustedes, más que nadie, conocen el poder de la palabra para defender las mejores causas, fortalecer a la democracia y transformar a las sociedades.

Como bien señaló recientemente Juan Francisco Ealy Ortiz, a propósito de la celebración de los 100 años de El Universal, le quiero citar textualmente: Un periódico es un actor político y social, un constructor de futuro, un diario es y debe ser un factor de influencia, de crítica, de opinión, pero, sobre todo, un vehículo para el debate de ideas y el diálogo constructivo. Fin de la cita.

Coincido con él. La libertad de expresión y de prensa es el instrumento más poderoso contra el autoritarismo, la intolerancia y la mentira. Es la mejor garantía para avanzar hacia una auténtica sociedad de derechos y de libertades.

Por ello, el Gobierno de la República es absolutamente respetuoso de la libertad de expresión; de lo que piensan, opinan, publican o transmiten los periodistas.

La libre manifestación de las ideas es un derecho irrenunciable de la ciudadanía y una conquista indeclinable de la democracia, cuya defensa nos compromete a todos.

Y con esta convicción, he firmado, el día de hoy, ratificando la posición del Gobierno de la República, la Declaración de Chapultepec.

En este encuentro, refrendo que es obligación de un Estado democrático otorgar garantías a los periodistas para el ejercicio de su profesión, especialmente, ante la amenaza a la libertad de prensa, que representa el crimen organizado.

La intimidación y los ataques contra periodistas no sólo afectan su integridad y el ejercicio de sus libertades individuales, sino que los dañan como sociedad.

Precisamente, uno de los efectos de la crisis de violencia que se registró en México a finales del sexenio anterior, fue el incremento en el número de agresiones hacia los profesionales de la comunicación.

Ante ello, en 2010, se creó la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión; y, en 2012, el mecanismo para la protección de personas defensoras de derechos humanos y periodistas.

Durante esta Administración, hemos fortalecido las capacidades institucionales de ambos organismos para responder a este desafío.

En el marco de este compromiso, realizamos mejoras operativas y técnicas al mecanismo de protección, con la asesoría de la Organización Internacional Freedom House.

Gracias a este esfuerzo, actualmente el mecanismo protege a 452 personas. De ellas, 285 son defensoras de derechos humanos y 167 son periodistas.

Por su parte, la Fiscalía Especial cuenta con nuevas atribuciones legales para atender y atraer las denuncias contra ataques a periodistas en el desempeño de su profesión.

A la fecha, la Fiscalía ha atraído 48 casos.

Y en apoyo al mecanismo de protección, ha dado seguimiento a 249 solicitudes de medidas cautelares, en beneficio de periodistas y sus familiares.

El Gobierno de México es el primero en reconocer la necesidad de consolidar estos instrumentos.

Tenemos la determinación de ajustar donde haya que hacerlo, y de cambiar lo que sea necesario para que cumplan sus funciones eficazmente.

En este propósito, seguiremos trabajando con las organizaciones no gubernamentales y de derechos humanos, tanto en el ámbito nacional como internacional.

Para que este esfuerzo ofrezca mejores resultados es necesario también que los gobiernos estatales asuman la responsabilidad que les corresponde.

Desde aquí, reitero nuestra determinación de seguir trabajando, junto con las autoridades locales, para mejorar las condiciones que permitan a los periodistas realizar su labor.

Soy consciente de que, pese a los avances en los últimos años, aún hay crímenes contra periodistas que debemos resolver.

Al mismo tiempo, confío en que el fortalecimiento del mecanismo de protección y de la fiscalía, junto con los recientes cambios estructurales en materia de transparencia gubernamental, combate a la corrupción y justicia penal, nos colocan en el camino correcto para abatir la impunidad.

Señoras y señores:

En la era de la información y el conocimiento, los gobiernos tenemos que actuar auténticamente en una caja de cristal, al lado de la sociedad y bajo el escrutinio de los medios de comunicación. Y así lo entendemos en México.

Esta apertura se refleja en la amplitud, vitalidad y diversidad del periodismo en este país.

En nuestro territorio circulan más de mil 200 diarios y revistas, y se transmiten cientos de programas noticiosos en radio y televisión.

A ello se suman miles de portales y blogs de Internet, así como las redes sociales, donde millones de mexicanos se informan y se expresan con libertad.

El escritor Mario Vargas Llosa ha afirmado, y cito textualmente: El periodismo, tanto el informativo, como el de opinión, es el mayor garante de la libertad; la mejor herramienta de la que una sociedad dispone para saber qué es lo que funciona mal, para promover la causa de la justicia y para mejorar la democracia.

Ese es justamente el periodismo que ejercen de forma cotidiana los integrantes de la Sociedad Interamericana de Prensa. Al hacerlo, se han consolidado como una fuerza positiva para el bienestar y el progreso de los países del hemisferio. 

De cara al futuro, estoy seguro de que esta organización seguirá siendo un referente de la prensa libre, independiente y plural en el mundo entero.

Muchísimas gracias.

Y si me lo permiten, agradeciendo la amable invitación que ustedes me han formulado para acompañarles en la inauguración de esta 72 Asamblea de esta sociedad, voy a proceder a la declaratoria inaugural de la misma.

Hoy, 14 de octubre de 2016, aquí, en la Ciudad de México, me es muy grato declarar formalmente inaugurada la 72ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, haciendo votos porque sus reflexiones y propuestas consoliden el periodismo libre, como herramienta clave para impulsar el desarrollo, y consolidar la democracia en nuestro continente. Porque tengan el mayor de los éxitos.

Muchísimas gracias.