Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Quiero saludar en este acto, en este emotivo evento de celebración del Día del Ejército, al señor General Secretario de la Defensa Nacional y al señor Almirante Secretario de Marina.

Al tiempo que reconozco la presencia del Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Y de los titulares que han tenido que adelantarse a las actividades previstas para el día de hoy, pero que aquí han estado presentes, tanto del Poder Judicial, como del Senado de la República.

Saludo a los integrantes, muy distinguidos integrantes del Gabinete del Gobierno de la República, que están aquí presentes.

A muy distinguidos invitados a esta ceremonia.

Representantes de organizaciones de la sociedad civil.

A representantes de la sociedad mexicana que acompañan hoy al Ejército Mexicano, en esta 102 Celebración de haberse fundado.

Y especialmente, quiero saludar desde aquí, con gratitud, con respeto y con afecto, a todos los integrantes de nuestras Fuerzas Armadas, hoy, Día del Ejército y en el que, como Presidente de la República y en nombre de la sociedad mexicana, quiero expresarles mi mayor reconocimiento por su entrega leal, por su compromiso y por su servicio a la Nación.

Muchas felicidades al Ejército Mexicano, al glorioso Ejército Mexicano, que sirve todos los días a todos los mexicanos.

Me da mucho gusto saludar a don Vicente Fernández, agradecerle el que esté aquí, acompañando esta celebración del Día del Ejército y amenizando esta celebración.

Muchísimas gracias, y gracias por las canciones dedicadas el día de hoy a nuestro glorioso Ejército Mexicano.

De igual manera saludo con afecto al arquitecto Agustín Hernández, quien ha sido creador de esta obra, construida por ingenieros militares del Ejército Mexicano y que, sin duda, es conmemorativo de los 100 años de nuestro glorioso Ejército Mexicano.

Que, en alguna manera, ilustra la protesta de lealtad que los solados de México y marinos de nuestras Fuerzas Armadas tienen para con la Nación.

Muchas felicidades.

Muy distinguidos Generales y Almirantes, jefes, capitanes, oficiales, tropa y marinería, jóvenes cadetes.

Señoras y señores.

Señores representantes de los medios de comunicación:

Una de las más elevadas responsabilidades, uno de los más altos honores que tengo como Presidente de la República, es ser Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

Lo es, porque frente a la tragedia o la adversidad, nuestros soldados y marinos siempre han dejado constancia de su lealtad institucional, y su permanente compromiso con México.

Por eso, conmemoramos con orgullo el 102 aniversario del Ejército Mexicano, institución militar surgida del pueblo, identificada con las aspiraciones del pueblo, y consagrada al servicio del pueblo de México.

En febrero de 1913, el Presidente Madero fue apresado, obligado a renunciar a su cargo y asesinado por órdenes de Victoriano Huerta.

Ante la ruptura del orden constitucional, Venustiano Carranza asumió la responsabilidad histórica de desconocer al usurpador para restablecer la legalidad y reivindicar la voluntad democrática de los mexicanos.

El 19 de febrero de 1913, con el respaldo del Congreso de Coahuila, obtuvo facultades extraordinarias que le permitieron armar fuerzas para coadyuvar al sostenimiento del orden constitucional de la República.

En tan sólo 18 meses, como aquí ya se ha referido, este Ejército Popular venció a las tropas del traidor, y tomó el control de la Ciudad de México, poniendo fin a la dictadura huertista.

Así comenzó la gloriosa tradición del Ejército Mexicano, un ejército leal a nuestra Constitución, a las leyes y a las instituciones del país.

Las mujeres y los hombres en sus filas se han forjado con los más altos valores, de honor y valentía, de justicia y solidaridad, de legalidad y honradez, de integridad y lealtad.

Los soldados de México son personas de carne y hueso, con alma, mente y corazón; con sueños y esperanzas, que ponen lo mejor de sí para cumplir las misiones que tienen encomendadas.

El Día del Ejército Mexicano es, en el fondo, el Día del Soldado Mexicano.

Así como en la escuela, en el campo o en la fábrica se va construyendo un México de oportunidades y prosperidad, así también en las diversas instalaciones militares se edifica un México de paz y de tranquilidad.

Al amanecer, cuando se escucha el Toque de Diana, los soldados rinden honores a la Bandera y se alistan para cumplir su deber con gallardía.

Al ver elevarse nuestro Lábaro Patrio, entonando con fervor nuestro Himno Nacional, refrendan su juramento de defender a México, bajo cualquier circunstancia. Cargando en su mochila el equipo necesario, salen sin temor a enfrentar aquello que amenace a nuestra gente, ya sea la violencia del crimen organizado o la fuerza misma de la naturaleza.

La sed, el hambre, el cansancio o el dolor, no los detienen; todo lo superan, porque para ello se han preparado.

Al caer la noche, el cuerpo del soldado podrá estar cansado, pero su espíritu está íntegro, con la satisfacción de haber portado con dignidad su uniforme, de haber honrado su compromiso con la Patria, de haber vivido un día más por el honor de México.

La responsabilidad del militar exige gran disciplina, porque así lo demanda el servicio a la Patria.

En el cumplimiento del deber, nuestros soldados tienen que dejar atrás a su familia, no porque así lo quieran. Al contrario, porque la aman y buscan que sus hijos vivan en un país de orden y de respeto a la ley.

Sin demora, las mujeres y hombres del Ejército Mexicano se desplazan por el país, de acuerdo a las necesidades del servicio. Otras veces, sus hijos se mudan con ellos y hacen, de toda la República, su gran hogar.

La mayor recompensa, la máxima aspiración de los soldados de México, es ver garantizada la soberanía nacional, íntegro nuestro territorio, vigentes nuestras instituciones y protegido nuestro pueblo.

Precisamente por ello, nuestras Fuerzas Armadas han pasado lista de presentes en la lucha contra el crimen organizado.

No han dudado en contribuir al mantenimiento de la paz y la seguridad interior, en favor de las familias y comunidades de distintas regiones del país.

Tampoco han escatimado esfuerzos para proteger nuestros recursos naturales y forestales, o para salvaguardar a la población, en casos de desastres o accidentes de gran magnitud.

Han cumplido todas estas misiones con absoluta lealtad, aún a riesgo de su integridad física o de su propia vida.

Por eso, nos duele cuando un integrante del Ejército Mexicano cae en el cumplimiento de su deber. Su familia, la sociedad y todo México, pierden a un ciudadano de bien, a un ejemplo de valentía, de entereza y patriotismo.

Así, comprometidos y valerosos, son los soldados de la Patria, a quienes hoy rendimos homenaje y reconocimiento.

Así es el Ejército Mexicano, siempre disciplinado y siempre dispuesto a servir a la sociedad. Su espíritu y fortaleza están representados en el Magno Monumento que acabamos de inaugurar hace unos momentos.

La grandeza y el prestigio del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea son firmes y permanentes.

Todos hemos sido testigos del compromiso social, la vocación de servicio y el profundo amor a México de nuestros soldados y marinos.

Todos hemos constatado su respaldo a las mejores causas de nuestra sociedad y sus invaluables contribuciones a la construcción de un mejor país.

Como instituciones al servicio de México, la honorabilidad de nuestras Fuerzas Armadas está por encima de cualquier sospecha o duda.

Bajo la guía de sus elevados valores e ideales, seguirán renovándose para responder a los desafíos de nuestra sociedad y de nuestro tiempo.

Estoy seguro de que continuarán preparándose a fondo, actualizando, como lo vienen haciendo, sus estrategias y tácticas militares, y reforzando su compromiso activo con el pleno respeto a los derechos humanos.

De esta manera, el Ejército Mexicano demuestra su solidez institucional y reafirma su lealtad a la República.

Con gratitud, por los altos servicios que diariamente prestan a la Patria, el Gobierno de la República respalda a los soldados de México con beneficios concretos para sus familias.

En esta fecha tan significativa, respondemos a una sentida demanda de militares en activo y en situación de retiro.

Hoy, se están tomando medidas decididas para que más integrantes de nuestras Fuerzas Armadas cuenten con una vivienda decorosa.

Por primera vez, el personal de la Secretaría de la Defensa Nacional que renta una vivienda fuera de las unidades habitacionales militares contará con un subsidio del Gobierno de la República.

Y para mejorar, ampliar o adquirir una vivienda, los soldados podrán solicitar un subsidio directo o un crédito preferencial con baja tasa de interés.

Tan solo en este año de 2015, los nuevos apoyos para la vivienda de nuestras Fuerzas Armadas beneficiarán a más de 26 mil militares y sus familias.

Contar con un lugar digno donde vivir es un derecho que les corresponde y con el cual estamos permanentemente comprometidos.

Muy distinguidos y homenajeados hoy, Generales, Jefes, Oficiales, cadetes y tropa:

El Ejército Mexicano y la Nación mexicana se identifican, porque son uno y lo mismo.

Portar el uniforme de la Patria es un privilegio reservado para sus mejores hijos.

Como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, reconozco en ustedes a mexicanos ejemplares; a mujeres y hombres valientes, leales y patriotas.

Ustedes son garantes del México libre y soberano que hemos edificado con el trabajo de varias generaciones.

De cara al futuro, los convoco a que sigan salvaguardando los intereses nacionales.

Continúen enriqueciendo la historia de honor y de heroísmo, que es insignia del Ejército Mexicano.

Con ello, mantendrán la autoridad moral y la estima social que los han distinguido durante 102 años de servicio ejemplar y de lealtad incondicional a México.

Muchas felicidades a todos los integrantes del Ejército Mexicano.

Muchas gracias.