Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Señora Rivera de Peña.

Bienvenidos a vuestra casa.

Comienzo mis palabras así, brindáos de corazón la afectuosa hospitalidad del pueblo español y saludando, en su Primer Mandatario, al pueblo mexicano y a quien se ha comprometido, leal y patrióticamente, a mirar por su bien y prosperidad.

En esta hora de mi reinado, señor Presidente, doy gracias por vuestra visita, que recibo como la de un antiguo amigo, como la de un pueblo hermano que trae con él la presencia viva de un Continente fraterno.

Una visita que pone de relieve la intensidad y la riqueza de nuestras relaciones bilaterales, como bien lo prueban la relevante delegación que os acompaña y los importantes acuerdos que se van a firmar.

México y España comparten identidades, pero también múltiples intereses que favorecen nuestra cooperación en todos los campos y nuestra situación concertada en el escenario internacional.

Los españoles nos enorgullecemos de los estrechos vínculos que mantenemos con México, una Nación cada día más presente en el contexto mundial.

Señor Presidente:

Vuestro país nos ha recordado nuestra historia reciente que la concordia entre los españoles pasaba también por América.

Por esa Iberoamérica magnánima que acogió a la España del exilio, a la que pude abrazar en México para pedirle su concurso en la construcción de un nuevo destino de concordia y de progreso para todos los españoles.

Con el restablecimiento de nuestras relaciones diplomáticas en 1977, México encabezó también un proceso de plena incardinación internacional de España.

Y fue vuestro país, nuevamente, la tierra hermana en la que se puso en marcha, en 1991, la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, la más alta instancia de nuestra comunidad Iberoamericana de Naciones.

Durante este casi cuarto de siglo transcurrido, Iberoamérica ha fortalecido, intensamente y sin pausa, el tejido de vínculos personales profesionales, económicos y académicos que nos unen.

Desde la Comunidad Iberoamericana buscamos contribuir con la pujanza de los valores de nuestra sociedad a una globalización más justa y humana.

En este contexto, debemos proteger y acrecentar siempre nuestra riqueza cultural e idiomática, pues se trata de un patrimonio invalorable de nuestros pueblos que distingue y afirma Iberoamérica en el escenario internacional.

Estoy seguro de que la próxima Cumbre de Veracruz será una ocasión propicia para seguir fortaleciendo los lazos que nos unen a todas las naciones iberoamericanas.

Señor Presidente:

La Corona asume la más alta representación de España en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de nuestra comunidad histórica.

A ello ha respondido mi especial y permanente compromiso con la comunidad y las Cumbres Iberoamericanas.

A ello ha respondido, igualmente, la continuada asistencia del Príncipe de Asturias a las tomas de posesión de los mandatarios iberoamericanos y sus numerosas visitas a la región.

En todas estas ocasiones, el Príncipe ha llevado siempre a los pueblos iberoamericanos el hondo afecto y la solidaridad de España.

Sé bien que conocéis su cariño a México y su firme compromiso con toda Iberoamérica.

Señor Presidente:

España y México atesoran un legado compartido de historia, cultura y afecto, que ha engrandecido a nuestras naciones y fortalecido nuestros lazos en beneficio de los dos países.

Esto es algo que he podido comprobar a lo largo de todo mi reinado.

Y ahora, en esta última Visita de Estado, en la que tengo el honor de recibiros, quiero manifestaros mi firme deseo de que el bienestar y el progreso de México y España vayan siempre de la mano.

Con ese deseo, y junto a la Reina y los Príncipes de Asturias, levanto mi copa para brindar por vuestras Excelencias, por la prosperidad del pueblo hermano mexicano y por la amistad entre nuestras dos naciones.