Más de una vez, muchísimas gracias, Presidente y amigo Enrique Peña Nieto, por éste, para mí significativo e histórico viaje, porque así lo sentíamos, como lo decíamos en la reunión privada.

Desde la primera reunión, el primer encuentro de tantos que tuvimos después en Panamá, todo esto fue posible gracias a ese cariño, afecto, que has entregado a mi pueblo y que aprovecho más de una vez para darte las gracias.

Excelentísimo señor Presidente de México, don Enrique Peña Nieto.

Excelencias.

Señoras y señores:

En primer término, reitero la inmensa satisfacción por la Visita Oficial que realizo a este México entrañable, al tiempo de agradecer al Presidente y a su Gobierno por la cordial invitación y su hospitalidad, que mucho nos honra.

Traigo del Paraguay el más grande cariño para México.

Agradezco al Presidente Peña Nieto su oportuna mención de los tradicionales y actuales vínculos entre nuestros pueblos y gobiernos.

Efectivamente, en las reuniones que hemos mantenido, hemos avanzado en fortalecer los entendimientos comunes y, sobre todo, el intercambio, la complementación y la cooperación entre nuestros dos países.

Es innegable la empatía, el sincero aprecio y las coincidencias que existen entre paraguayos y mexicanos, no obstante la distancia geográfica que separa a nuestros dos países.

Le decía yo, Presidente y a nuestras comitivas, no con todos los países se puede hablar con tanto cariño y con tanto afecto, como lo estamos haciendo con ustedes, nuestro querida hermana, México.

Lo cierto es que desde el centro de Sudamérica, el pueblo de Paraguay mantiene incólume su profunda admiración por México, su historia y su cultura. Sé que esos buenos sentimientos son retribuidos por esta gran nación.

Con el Presidente Peña Nieto pasamos revista a las actuales relaciones entre nuestros dos países y, en general, hemos encontrado una gran coincidencia en los comunes propósitos de ampliar y fortalecer los vínculos en diversas áreas, para mayor acercamiento de nuestros pueblos y, sobre todo, para contribuir a su sostenido crecimiento económico, prosperidad, bienestar, que es, finalmente, la máxima aspiración de los gobernantes.

Nuestros gobiernos están dispuestos a la ampliación del comercio bilateral, a la diversificación productiva, a la transferencia de tecnología y de buenas prácticas, así como a la expansión de inversiones.

Estamos abiertos a importantes acuerdos en materia de negociaciones económicas, para promover el desarrollo con equidad.

El Paraguay viene destacándose por tener en la región uno de los crecimientos económicos más altos. Nuestro índice de expansión lleva un promedio anual del cinco por ciento en una década, y nuestras potencialidades de mayor producción y productividad agropecuaria, son inmensas, para avanzar en nuestro proceso de industrialización.

Los organismos internacionales ponderan nuestra estabilidad, macroeconomía, nuestra biodiversidad, riqueza hídrica y energética.

No es casual, entonces, que la República del Paraguay asuma firmemente, desde el inicio de mi Gobierno, la posición de impulsar el acercamiento de la Alianza del Pacífico con el MERCOSUR. Ambos bloques deben complementarse, para lograr un papel más protagónico en la globalización.

No cabe duda que la cooperación científica y tecnológica es un tema clave para nuestro desarrollo. La integración hoy salta hacia la sociedad del conocimiento, cuyo desafío demanda la fluida y constante colaboración entre nuestros países.

Sabemos todos que México, fundamentalmente a través de la Universidad Nacional Autónoma de México, la prestigiosa UNAM, puede brindar al Paraguay las transferencias más innovadoras en el campo de la investigación y producción científica, la técnica y las ciencias sociales y humanas, tan cultivadas y reconocidas en este país.

La igualdad, la libertad, los derechos humanos, son principios y valores de carácter universal y son fundamentales para que en todos los países triunfe la civilización, y no la barbarie.

La seguridad es otro asunto de vital importancia.

Acordamos una valiosa cooperación para mejorar la seguridad ciudadana y la mejor protección de la vida humana.

El combate al narcotráfico, crimen transnacional organizado, es otro de los puntos de capital importancia en el incremento de las cooperaciones entre nuestros dos Estados.

Ya a comienzos del Siglo XIX, México y Paraguay eran paradigmas en la lucha por la soberanía. En la historia continental sobresalen el heroísmo y el sacrifico de nuestros pueblos.

No es casual, entonces, que con el Presidente Enrique Peña Nieto hayamos dado énfasis en el rico diálogo que mantuvimos, al derecho de la autodeterminación y al principio de no intervención, además de la igualdad entre los Estados, con la convicción que la democracia es el camino para que la paz, la convivencia y el desarrollo evolucionen sin cesar en el destino de nuestros pueblos.

Les digo, finalmente, que, por encima de todo protocolo, esta Visita cumple el propósito fundamental de ratificar la hermandad y el profundo afecto del Paraguay a México. Un sentimiento correspondido, que viene de la historia, se encarna en el presente y que tenemos el deber de proyectarlo vigorosamente hacia el porvenir.

Viva México.

Viva Paraguay.