(Interpretación al Español)

Muchísimas gracias, señor Presidente.

Yo he estado aquí muchas veces, desde que era un joven Senador, en 1973, pero ésta es la cuarta vez que vengo a reunirme con usted, y cada vez que he venido, la hospitalidad ha sido magnífica, y cada vez una excede a la anterior.

En los últimos años, es presuntuoso como Vicepresidente decir esto, pero nos hemos llegado a conocer, y a nuestras familias, y yo quiero tomar esta oportunidad para agradecerle y decirle que yo admiro su liderazgo; admiro su compromiso con la reforma.

Usted asumió el mando, comprometiéndose a reformar ciertas cosas. Una reforma que trataba de efectuarse por décadas y décadas para beneficiar a su pueblo.

Pero quiero tomar esta oportunidad para halagar su inquebrantable compromiso hacia esta relación entre Estados Unidos y México; dos grandes naciones que, creo yo, finalmente han llegado al punto en que cada una comprende que se beneficia del éxito de la otra.

No hay nada que los Estados Unidos de América quiera más que el continuo éxito y crecimiento de México, porque en la medida en que esto ocurra, todo internamente en México se mejora y todo en la frontera, y en el resto de Norteamérica también mejora.

Ha habido mucha retórica dañina e inacertada, y casi siento la obligación de pedir disculpas con esta campaña presidencial en mi país, y que han hablado sobre los mexicanos. Ésta ha sido una campaña ardua y encarnecida.

Y sólo quiero decirle y hacerle saber, señor Presidente, que la retórica más calurosa de algunos de estos candidatos no representan a quienes somos nosotros, el pueblo de Estados Unidos; no es la opinión de la mayoría de la gente de mi país. Es lo opuesto.

Y quiero recordarle a todos, señor Presidente, y esto se lo hago recordar a todo el mundo cuando puedo, de ciertos hechos que la gran mayoría del pueblo estadounidense, así como los mexicanos, se pasan casi todo el día tratando de ganarse la vida para darle de comer a sus hijos, pagar sus gastos y mantener a una familia.

Pero esto, también, se sabe intuitivamente en Estados Unidos; que Estados Unidos y México comercian más de mil 500 millones de dólares al día; mil 500 millones de dólares al día.

Seis millones de trabajadores estadounidenses tienen un trabajo debido al comercio con México, o dependen de ese comercio con México; y Estados Unidos vende más a México que a Brasil, Rusia, India y China en conjunto; Brasil, Rusia, India y China conjuntamente. Además, el 80 por ciento de las exportaciones mexicanas van a Estados Unidos.

Tenemos una expresión que dice: estamos unidos aquí, en la cadera, como hermanos siameses, y nos beneficiamos del éxito de uno y del otro, porque nosotros no sólo nos vendemos y compramos cosas, sino que creamos y construimos cosas, y compartimos valores comunes y una visión compartida del futuro. Su gente tiene los mismos sueños que la mía.

Y a medida que esta relación continúa creciendo y mejorando, existe esta posibilidad de lograr estos sueños, de que ellos obtengan sus sueños.

Y ésta es la primera vez en que estamos llegando a la proporción y la escala, se podría decir, de cambio, que realmente se va a ver aún más en el pueblo, que la gente en la calle va a ver que es una relación beneficiosa.

Así que ésta es una relación de la más alta prioridad para el Presidente Obama y para los Estados Unidos. Y será así, no importa qué más pase en el mundo, ni que otra crisis exija nuestra atención; ésta es una relación importantísima, políticamente, económicamente y estratégicamente hablando.

Actualmente, el Presidente y yo hablamos, como dijo, de una gran gama de temas vitales para ambas naciones.

Como dije anteriormente, la asociación económica entre Estados Unidos y México representa 600 mil millones de dólares al año. Y yo puedo predecir que va a exceder, quizás, tres billones de dólares al año eventualmente.

Y estoy aquí, en México hoy, para la Tercera Sesión de nuestro Diálogo Económico de Alto Nivel, el DEAN, para continuar integrando y haciendo crecer nuestras economías para el beneficio de nuestros ciudadanos.

Desde el que el Presidente Peña Nieto y Obama tuvieron esta idea, de que iniciaron el primer diálogo, y desde que el Presidente Peña Nieto y yo lanzamos el primero, en el 2013, hemos ya logrado resultados importantes, algunos ya mencionados por el Presidente.

Asegurándonos de que nuestras fronteras permitan el comercio lícito. Siempre hablamos del tránsito ilícito, y ocurre, pero asegurar que sea comercio legal; lícito y seguro entre nuestros países para poder comerciar aún más, es aún y más, quizás, importante.

Mejorando nuestra colaboración en energía para tomar la ventaja competitiva que comparten nuestras naciones, no sólo en gas y petróleo, pero incluyendo oportunidades para energía geotérmica, solar, eólica y de biomasa. Estamos llegando casi a mil millones de dólares en proyectos de construcción de energía eólica y solar en la frontera.

Invertir en nuestros pueblos, en nuestra gente, con mayores intercambios estudiantiles para ayudar a crear una mejor fuerza laboral y crear la mejor fuerza más capacitada del mundo.

Mi profesor decía: por qué nos tienen que ganar. Esto no tiene que ocurrir. México y Estados Unidos también son parte, forman parte del TPP, y podemos iniciar la ejecución de nuestros compromisos y llevar esto a un nivel nuevo y racional, con mayores protecciones para el medio ambiente y los trabajadores. Eso hará que 40 por ciento del PIB del mundo, que lo cual significa más oportunidades para los trabajadores en Estados Unidos y en México.

Ahora, estamos promoviendo y alentando a que se apruebe el TPP para poder ejecutar todos esos compromisos ahí, contenidos; los derechos laborales, derechos de los trabajadores, propiedad intelectual, protección del medio ambiente, asegurándonos de que los tribunales adjudiquen de una maneja justa las diferencias.

Y también, hablamos sobre cómo dirigirnos a los desafíos de seguridad pública que enfrentan ambos países. Nuestras fuerzas del orden y de seguridad trabajan conjuntamente para contrarrestar el tráfico de drogas, armas y otros productos ilícitos.

Por medio de esa iniciativa, estamos invirtiendo para mejorar la capacidad de México, de desmantelar estos cárteles y organizaciones criminales.

Actualmente, hoy, hablamos de la importancia de los derechos humanos y de aquellos que tratan de hacer prevalecer su voluntad por medio de la violencia y la intimidación. Estos son grandes desafíos, ya hemos hablado sobre esto; no se van a resolver de la noche a la mañana. Habrá que correr riesgos.

Va a requerir, también, un compromiso, mantenido a través del tiempo, de ambas de nuestras partes; Estados Unidos va a continuar estando a su lado en esto, en la lucha contra los traficantes, el Estado de Derecho y nuestra preocupación regional y mundial.

Esta relación tiene una dimensión mucho más grande, y los desacuerdos a nivel internacional no existen. Y tenemos, además, un deseo sobrecogedor de que el Caribe y el Istmo empiecen a tomar su lugar en el mundo como naciones libres de corrupción que, de hecho, tienen capacidad energética y pueden sostenerse independientemente.

Vamos a continuar creando esas relaciones para apoyar a nuestros vecinos en Centroamérica, para tratar de erradicar la corrupción y la violencia endémica y crear sociedades prósperas para nuestros ciudadanos, para que ellos tengan el instinto de quedarse en casa en vez de tener que huir.

Ayer, me reuní con los Presidentes de Honduras, El Salvador y Guatemala. Es como, creo, la tercera o cuarta reunión, ya ni recuerdo.

Hemos establecido un plan de 750 millones de dólares para ayudarles a mejorar sus gobiernos, erradicar la corrupción, tener mejores oportunidades energéticas y permitirles adelantar, de cierta manera, como lo hace el resto del mundo.

Imagínense el valor agregado que esto sería si desde la frontera Sur de México hasta Colombia hubieran países libres de corrupción. Todos ellos, señor Presidente, reconocen la importancia de la relación entre Estados Unidos y México para dar prosperidad y seguridad a la región, tal como usted y yo ya hablamos, y yo no voy a dar más detalles de eso acá.

Pero cuando ustedes, Presidente Peña Nieto, qué pueden hacer, el trabajo que están haciendo en la frontera Sur, con el oleoducto y una serie de cosas que pueden mejorar la vida y circunstancias de la gente de su frontera Sur.

Y además, señor Presidente, hablamos en gran detalle de los pasos a tomar para desalentar a la gente de correr, de no poner en riesgo sus vidas tratando de hacer el viaje tan peligroso de México hacia Estados Unidos.

Quiero agradecerle a usted, señor Presidente, por su ayuda en este problema tan serio.

También, mientras luchamos para integrar nuestras economías y mejorar nuestra competitividad, y la de Latinoamérica, nuestra región puede, y lo digo sinceramente; puede y debería ser la mayor oportunidad de crecimiento económico y oportunidades de crecimiento en Latinoamérica, y de la producción energética para este siglo.

Y no existe ninguna razón por la cual no podamos tomar y alcanzar ese futuro previsto, para crear un hemisferio que deseamos.

Como ya le dije al público y al Presidente, por primera vez en la historia una persona racional puede observar este hemisferio desde el Ártico, el círculo Ártico, desde Canadá, hasta la punta Sur de Argentina.

Y pensar en la realidad de una clase media, segura, democrática, y que el hemisferio entero sea así, de punta a punta, de Norte a Sur y de Sur a Norte. No lo hemos logrado aún, pero conjuntamente podemos lograrlo.

Esto es lo que quiero decir con tomarse el futuro o alcanzar ese futuro predicho.

Con el Papa, tuve la oportunidad, que me reuní dos veces con él y con mi familia cuando visitó Estados Unidos. Y la semana pasada, cuando él hizo una misa para miles de personas en Juárez, México, que simultáneamente se estaba celebrando en un estadio lleno en El Paso, Texas. Eso, creo, que fue un testamento de los lazos que nos unen.

Él dijo, sin hacer referencia a que alguien no era cristiano, pero lo cristiano, es no crear murallas, pero crear, construir puentes. Así es como se hace; construyendo puentes. Como nación, eso es lo que hay que hacer; construir puentes.

Somos dos naciones. Cada una con sus propias necesidades y sus propios intereses, pero somos dos naciones que comprenden que nuestras necesidades e intereses son mejorados en colaborar la una con la otra.

Por lo tanto, señor Presidente, una vez más, le agradezco su liderazgo, su hospitalidad.

Esto ha sido breve, pero ha sido un viaje muy productivo, y espero verlo en Washington, al tratar de continuar esta asociación entre México y Estados Unidos de América, no sólo para el beneficio de nuestro pueblo, pero para la región y el mundo.

Así, agregamos aún más valor en combinación.

Muchas gracias, señor Presidente.