-MODERADORA: Escuchemos las palabras del Presidente de Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional, Doctor en Derecho, César Camacho Quiroz.

-DR. CÉSAR CAMACHO QUIROZ: Señor Presidente de la República; señoras, señores legisladores; señora, señores Consejeros; señores Magistrados; señores Secretarios; dirigentes y militantes de los partidos políticos.

Señoras y señores:

En el Siglo 20, fue necesaria una revolución social para alcanzar la democracia. En el 21, es indispensable la democracia para lograr la evolución social.

Para quienes creemos en la República, la democracia es tránsito y destino. Con esa creencia, evolucionar es pasar de un estado de cosas a otro mejor. Es avanzar en el perfeccionamiento de las normas e instituciones para mejorar la calidad de vida de las personas.

Hace 500 años, Maquiavelo escribió que los hombres más enaltecidos por sus actos, son los que, con instituciones y leyes, reforman las Repúblicas.

Eso es justamente lo que han hecho los políticos de esta generación; Senadores, Diputados Federales y locales, y dirigencias de todos los partidos, en un contexto en el que ha sido determinante el talento político y el talante democrático que ha demostrado el Presidente republicano Enrique Peña Nieto.

Congruente con sus convicciones, fiel a sus compromisos y atento a las demandas de una sociedad enterada, exigente y participativa, como la mexicana, el Ejecutivo promulga hoy, más que una Reforma Política, la reforma de la política.

Reforma de la política, porque otorga poder al ciudadano, sin detrimento de la capacidad de las instituciones. Fortalece a la voluntad popular como única fuente de poder público. Traslada facultades del Gobierno a otros elementos del Estado.

Se trata, advertirán los académicos, del cumplimiento de los requisitos que según Gianfranco Pasquino, debe cumplir la democracia: la promoción del pluralismo político para incentivar la competencia; la garantía de independencia respecto del poder económico para asegurar la libertad, y la obstinación ética para procurar siempre el mejoramiento de las condiciones de vida de la gente.

Si bien esta reforma surgió de la necesidad de robustecer el sistema electoral, pronto exorbitó esa inquietud, y se orientó hacia el perfeccionamiento de la vida pública en su conjunto.

Constituye el cambio de régimen político y de Gobierno más importante de las últimas décadas.

En eso estaba pensando, seguramente, Colosio hace 20 años, cuando nos propuso la reforma del poder.

Es una reforma que a los priistas nos entusiasma, porque imprime mayor calidad a la democracia. Otorga más poder al ciudadano para premiar o sancionar a sus representantes populares en el ámbito municipal y a los legisladores en los dos órdenes de Gobierno.

Los Senadores podrán ser electos hasta por dos periodos consecutivos, y los Diputados Federales hasta por cuatro.

Las Constituciones de los Estados posibilitarán la elección consecutiva para Presidentes Municipales, Regidores y Síndicos, hasta por seis años. Y de los Diputados Locales, hasta por cuatro periodos.

Esto contribuirá a profesionalizar la función legislativa y el servicio público, reduciendo el costo de aprendizaje en beneficio de la comunidad.

Como un acicate para los partidos políticos, sólo tendremos derecho para la asignación de Diputados Plurinominales si alcanzamos al menos 3 por ciento de la votación válida emitida.

Un paso singular y trascendente, consiste en la garantía de la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres en la letra de la ley, pero más aún, en los hechos, en el cambio de la cultura política.

Igualdad sustantiva que, garantizada por la norma, obliga a mover los obstáculos, cualesquiera que estos sean, para que ocupen con entrega y dignidad la mitad de los espacios de representación popular en la Cámara de Diputados.

A seis décadas de aprobado el voto femenino, con esta medida se completa el régimen político que nos hace efectivamente iguales a mujeres y hombres.

Para mi partido, ésta es causa de vida institucional.

Adicionalmente, la reforma prescribe que, como en toda democracia avanzada, se fijen límites a las erogaciones de los partidos políticos, tanto en sus procesos internos de elección de dirigentes, como de selección de candidatos.
Impide, también, que en las campañas electorales se incurra en excesos. Se busca, sintéticamente, que la política electoral cueste menos de lo que vale.

Se ha decidido, también, que el órgano rector de las elecciones entre a una fase superior.

El Instituto Nacional Electoral tendrá como base firme la fortaleza institucional, y el prestigio construido por el IFE a lo largo de más de dos décadas, con la participación comprometida de los 16 mil servidores públicos que en él laboran y el muy destacado desempeño de sus consejeros electorales.

También, abrevará de las ricas experiencias acumuladas en los institutos electorales locales, aprovechando el profesionalismo de quienes hacen posible esta especie de democracia de primer piso.

En la integración del Consejo General de esa nueva instancia, participarán diversos entes en un proceso ciertamente complejo, pero que en contrapartida garantiza su oportuna y su completa integración.

Para mantener un equilibrio federalista, los institutos de las entidades se transformarán en organismos públicos electorales locales, cuyos consejeros serán designados por el IFE, encargados desde la preparación de la jornada electoral, hasta el otorgamiento de constancias en las elecciones locales.

A partir de ahora, el nombramiento de consejeros locales por el INE, y de magistrados electorales de las entidades federativas por la Cámara de Senadores, elimina cualquier suspicacia sobre los comicios y sobre sus resultados.

En otro orden de ideas, sostengo que nunca más un Gobierno dividido debe ser un Gobierno detenido.

Para ello, el Presidente de la República podrá formar gobiernos de coalición con otros partidos políticos, imprimiéndole funcionalidad a la Administración Pública y a la política por medio de un convenio y un programa aprobados por los Senadores, que aporte certidumbre y eficacia a la acción gubernamental.

La posibilidad de coaligarse para gobernar acredita la madurez de nuestra democracia, pues sin dejar de lado el debate de las ideas, ni que los partidos coaligados tengan que arriar banderas, debe ser posible construir un espacio en el que todos podamos contribuir.

Algo más, como lo sugirió al país Luigi Ferrajoli, una de las voces más acreditadas de la ciencia jurídica penal en el mundo, con suficiente audacia, este legislador extraordinario ha decidido otorgar autonomía plena al Ministerio Público, creando un organismo autónomo llamado Fiscalía General de la República.

Se redondea, así, el marco jurídico de la Reforma al Sistema de Justicia Penal Acusatorio, Adversarial y Oral, con cuya pronta y cabal implementación está comprometido el Ejecutivo Federal.

Así también, en relación con el combate a la pobreza y el desarrollo, se otorga autonomía constitucional al Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, integrado por expertos sin filiación política, nombrados por mayoría calificada en la Cámara de Diputados. La política social debe estar blindada de sesgos políticos.

En síntesis, esta reforma interactúa con otras; la de transparencia, la del sistema de justicia penal y la de derechos humanos cuando menos. Su armónica concreción demostrará todavía mayor utilidad para los ciudadanos.

La reforma atiende una necesidad de todos: la estabilidad, que es necesaria para provocar confianza; confianza que significa certidumbre; certidumbre que facilite las inversiones y, por ende, el desarrollo que genere igualdad y más justicia.

Se trata, entonces, de un gran trabajo del poder revisor de la Constitución, integrado por mexicanas y mexicanos que sabedores de que la historia describe lo que ocurrió, la ley lo que debe suceder. Esos legisladores están redactando leyes y escribiendo historia.

Con ese mismo ánimo, Senadores y Diputados priistas están preparados, entusiasmados para acometer el análisis, la discusión y aprobar a la brevedad la legislación que sólo es secundaria en el nombre, pues resulta de primerísima importancia para que las disposiciones constitucionales, todas, sean palpables en la vida cotidiana.

Esta Reforma Política no sólo es otro buen resultado del Pacto por México, sino de la democracia; de la democracia transformadora que esperan los mexicanos y que está tomando forma durante el actual Gobierno, la que ha sido puesta en movimiento por quien enraíza su liderazgo dando resultados; el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

Hoy, nuestro Estado de Derecho se fortalece en la constitución, que no sólo posee normas jurídicas, sino principios y valores que conforman un proyecto de Nación. Este documento que, además de Carta Magna, es la forma jurídica de la democracia.

Esa democracia que ha logrado, sin que nadie sacrifique libertad, que sea posible la fraternidad con la que se aviva la esperanza de los mexicanos. La esperanza. Esa flecha que viene del pasado, atraviesa el corazón de nuestro presente y se clava en el futuro de la Patria.

Enhorabuena.

-MODERADOR: Interviene enseguida, el Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Acción Nacional, licenciado Gustavo Madero Muñoz.

-LIC. GUSTAVO MADERO MUÑOZ: Señor Presidente Constitucional de la República Mexicana; señores Presidentes de las Cámaras de Senadores, de la Cámara de Diputados; señores Secretarios; Coordinadores Parlamentarios; estimados Magistrados; Consejeros Electorales.

Amigos todos.

Nuestro país tiene mucho mayor potencial de crecimiento y de desarrollo del que hemos podido alcanzar.

Esto se debe en mucho a que no hemos logrado consolidar nuestra transición democrática, y a que no hemos logrado contar con un sistema político que genere los acuerdos a la velocidad, a la profundidad de los retos que enfrentamos, de los retos que nos exigen el tiempo contemporáneo.

El paso de un Estado autoritario a un Estado democrático no ha concluido, y no hemos consolidado aún un entramado institucional que supere la impunidad, los privilegios, la desigualdad y la injusticia en nuestro país.

Luego de 15 años de gobiernos divididos, sin mayorías legislativas, se ha venido acumulando un preocupante rezago de cambios institucionales que permitan superar nuestros desequilibrios, nuestros lastres y, al mismo tiempo, aprovechar nuestras oportunidades y nuestro potencial al máximo posible.
Hace 18 meses iniciamos un proceso inédito, incierto, temerario y, sobre todo, audaz para la política mexicana: Intentar cambiar la dinámica tortuosa, lenta e ineficaz de negociar parcial y casuísticamente la agenda de las reformas legislativas para consolidar la transición democrática.

Hace 18 meses, inició un proceso inédito en nuestro país para hacer política y construir acuerdos dentro de un Pacto por México entre las tres principales fuerzas políticas y el Gobierno Federal.

El espíritu de fondo tenía que ver con el reconocimiento general y amplio del envejecimiento del Estado mexicano. Deterioro que se traducía en fallas de funcionamiento y, por ende, en el aprovechamiento por parte de poderes fácticos de estas lagunas o deficiencias para empoderarse, generando dinámicas de privilegios, de impunidad y la incapacidad de generar y garantizar el imperio de la ley del Estado de Derecho que los mexicanos demandamos.

Con inexplicable complacencia, en unos casos, y en otros con absurda connivencia, fuimos testigos de la manera en que estos poderes fácticos fueron sustituyendo o remplazando los poderes formales del Estado en perjuicio de la Nación, bajo una dinámica en la que reciclaban sus lealtades, según el partido en turno.

En realidad, nos debilitábamos todos.

A la conciencia crítica y autocrítica y al reconocimiento de este deterioro sistémico, el Pacto por México agregó un ingrediente fundamental, un ingrediente indispensable; el de la interlocución confiable entre los actores de las tres principales fuerzas políticas y el Gobierno Federal.

Este ejercicio de política nueva generó de arranque un conjunto de posicionamientos y acuerdos que reconfiguraron inmediatamente el contexto político nacional, generando al mismo tiempo, sorpresa, admiración, en algunos casos oposición y, en otros, escepticismo.

Han transcurrido 13 meses desde su firma.

Muchos podrán argumentar que no se han logrado cumplir los 95 compromisos iniciales, ni los 11 del Adéndum. Pero nadie podrá negar que este espacio propició el mayor impulso reformador en muchas generaciones.

Nunca las reformas habían avanzado tanto, y como en ninguna época de México un Presidente de la República ha logrado contar con tanta disposición y colaboración de la oposición, como el Presidente Enrique Peña Nieto.

Esta disposición y esta colaboración lo obligan a honrar su palabra y el espíritu de las reformas constitucionales en las leyes secundarias que están por venir.

El conjunto de las reformas aprobadas aún no ha sido debidamente aquilatado y dimensionado en su impacto amplio, en su impacto profundo en nuestro país.

De este conjunto de reformas, distinguimos tres que son reconfiguradoras radicales de la manera en que atienden completamente el juego, los jugadores, la cancha, las reglas y los árbitros.

Estas tres son: la Reforma en Telecomunicaciones, la Reforma Energética y la Reforma Política.

Ya ha sido ampliamente difundido el impacto potencial de la Reforma Energética, pero la de Telecomunicaciones y la Política aún están muy subvaloradas, y una de ellas estigmatizada.

La Reforma Política que hoy se promulga no consiste en desaparecer al IFE, como mayormente se ha dado entender. Al contrario, es un verdadero reconocimiento a su desarrollo, porque el IFE será el corazón del nuevo INE.

Se trata de reconocer que nuestra democracia tiene dos desempeños, dos velocidades: la dinámica de la política de las elecciones Federales, por un lado; y la política y las elecciones locales, por el otro.

El estándar de nuestra democracia en lo Federal, si bien, es aún perfectible, es infinitamente mejor a nuestra democracia en lo local, y esto es absoluta y rotundamente injustificable.

Muchos, dolosamente han criticado que esta reforma era una moneda de cambio frente a la Reforma Energética, que era un quid pro quo, esto es falso. El PAN propuso y apoyó ambas reformas por nuestro auténtico convencimiento de que ambas son indispensables para nuestro país.

A partir de hoy, con la conformación del INE, le daremos un segundo aire a nuestra democracia, preservando lo que el IFE ha logrado durante muchos años y reformando todos los aspectos que no se han acabado de consolidar.

Una sola instancia con más independencia y más atribuciones. Una sola instancia que cuide y haga crecer a sus cuadros en el servicio profesional electoral nacional. Una sola instancia que pueda intervenir y hasta organizar elecciones estatales cuando no existan las condiciones o la autonomía necesaria.

El INE, para Acción Nacional, es la institución que necesita hoy México, y que debemos de cuidar todos los partidos y todos los mexicanos. Sin duda, su mayor reto está en su integración democrática, su integración transparente e imparcial.

Conformarlo por hombres y mujeres que no sólo tengan un prestigio que construir, sino un prestigio, más bien, que preservar; dotados de una biografía, de una historia que cuidar, y en ella, un claro compromiso con la democracia.

Un INE que con su constitución, no reitere o repita el principal vicio que buscamos combatir con la reforma constitucional, los órganos a modo del gobernante en turno, o de los estrictos intereses partidistas.

Pasamos de la defensa IFE céntrica, a la revisión, la crítica y el mejoramiento de la democracia nacional en su conjunto. La creación del INE no es para sustituir al IFE, sino para construir un nuevo sistema electoral nacional.

Con esta reforma, además, se abren muchas posibilidades que hasta hoy han estado cerradas en nuestro país.

Estamos ante la mayor reforma constitucional realizada en nuestro país en materia del fortalecimiento del Poder Legislativo; la reelección consecutiva de legisladores Federales y locales es su mayor ancla.

Victoria programática del PAN, triunfo histórico de los mexicanos para que el Poder Legislativo sea fuerte y profesional, para que sean los ciudadanos los que juzguen el trabajo de cada diputado, de cada alcalde, y que tengan el poder de decidir su remoción o su permanencia en el cargo.

Frente a la pluralidad que llegó para quedarse, se incorpora ahora la figura de los gobiernos de coalición, para que sea el interés de México el que apunte el rumbo de las decisiones políticas.

La autonomía del CONEVAL, para que los resultados se midan con independencia sin que puedan ser manipulados; y la paridad de género, para que alcancemos una verdadera era de igualdad. Las candidaturas independientes, para acabar con el monopolio de los partidos políticos.

También, estamos cambiando las pautas para los tiempos en radio y televisión, porque es evidente que el actual sistema no es funcional.

Establece claramente también como causales de nulidad exceder el gasto de campaña, adquirir cobertura mediática de forma ilegal y la utilización de recursos públicos en procesos electorales.

El duelo entre los que centran su atención en la desaparición del IFE, es ampliamente superado por el entusiasmo de quienes hasta ahora han padecido el atraso político en lo local.

La capacidad del nuevo INE de establecer mejores estándares de desempeño democrático en lo local, sus facultades fiscalizadoras en los procesos locales, el nuevo Código General Electoral para desarticular las legislaciones a modo, los nombramientos obsecuentes y la sobrerrepresentación artificial, son logros muy alentadores para quienes contienden en las elecciones locales.

Con árbitros, con reglas y con cancha, mucho más dispareja en lo local que en las contiendas Federales. Éstas, entre otras muchas otras modificaciones, serán la pauta para elegir gobernantes y tener mejores gobiernos.

La reforma soluciona muchos de los problemas que denunciamos en los procesos electorales recientes.

En un régimen presidencialista, sin embargo, la cultura del vértigo por el vértice arroja todos los créditos y se concentran en un solo actor; el Presidente de la República.

Sin embargo, no sólo sería injusto, sino altamente inconveniente para poder valorar el modelo de colaboración, el no llegar a reconocer que estas reformas no sólo fueron posibles gracias a los votos de los partidos de oposición, sino fundamentalmente gracias a sus ideas, sus demandas y sus propuestas.

Debo agradecer a los órganos de mi partido, al Comité Ejecutivo Nacional y al Consejo Nacional, por apoyarnos en la decisión de participar en estos acuerdos y reformas dentro del Pacto por México.

Con sus resolutivos, el Consejo Nacional nos instruyó no sólo a participar en él, sino a hacerlo, distinguiéndonos con la capacidad de propuestas de mayor calado reformador y democratizador.

Viene una etapa de grandes oportunidades, pero también de riesgos.

Son reformas vivas. Están en marcha. Y no debemos descartar que ahora que vamos a la legislación secundaria, volverán las resistencias de los agentes económicos y políticos afectados por las reformas, en un escenario ahora de aprobaciones bajo la fórmula de mayorías simples.

Es deber cuidar y honrar lo pactado, inscrito en la Constitución.

Las reformas secundarias deben ensanchar la idea del Estado democrático y no regresarle ni una coma a los intereses que se le han opuesto, o a quienes quieren reducir su capacidad regulatoria.
En este esfuerzo democratizador y reformador, es indispensable la participación de la ciudadanía para acompañar, para vigilar, para exigir la transparencia y rendición de cuentas en las leyes secundarias que se desprendan de estas reformas.

De esto dependerá que consolidemos nuestra transición democrática, y que terminemos de desmantelar el sistema autoritario y de privilegios que tanto daño continúa causando a nuestro país.

Ésta es una tarea de todos, y nuestro partido refrenda hoy su compromiso en esta agenda.

Muchas gracias.

(A CONTINUACIÓN, HIZO USO DE LA PALABRA EL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, LICENCIADO ENRIQUE PEÑA NIETO. SU DISCURSO SE TRANSCRIBE POR SEPARADO)