MODERADORA: Queda en uso de la palabra el Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, licenciado Luis Raúl González Pérez.

-LIC. LUIS RAÚL GONZÁLEZ PÉREZ: Muy buenas tardes tengan todas y todos ustedes.

Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señor licenciado Miguel Osorio, Secretario de Gobernación; señor licenciado Javier Hernández, representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas; respetables miembros del presídium; distinguidas personalidades que nos acompañan en esta ceremonia de premiación; amigos de los medios de comunicación; señoras y señores.

Los derechos humanos están en crisis en algunas regiones de nuestro país. Ante este panorama adverso, hoy se entrega el Premio Nacional de los Derechos Humanos 2014. A 66 años de la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, el anhelo por vivir bajo el paradigma de respeto pleno a la dignidad humana sigue vigente.

La conquista y reconocimiento de estos derechos aún enfrentan desafíos múltiples y en México atraviesan una etapa muy compleja. Casos tan condenables como los de Iguala y Tlatlaya han sacudido nuestra consciencia. Calles y plazas se llenan de personas que protestan, dando visibilidad a exigencias que hasta hace poco estaban dispersas.

Existe un malestar social muy difundido, pero no necesariamente tiene su origen y se limita a estos casos, los cuales más bien han catalizado un largo proceso de frustración de expectativas iniciado años atrás, pero que no fue advertido con oportunidad en sus diferentes vertientes económicas, sociales y culturales.

La violencia, la inseguridad, la corrupción y la impunidad han provocado, además de dolor e indignación, un sentimiento de desconfianza hacia nuestras instituciones, de malestar, de fractura en nuestro Estado de Derecho, así como una percepción de lejanía e indiferencia de las autoridades ante los reclamos de la sociedad.

Las manifestaciones son una expresión de hartazgo ante la impunidad, de indignación por la complicidad entre algunas autoridades y delincuentes, y de inconformidad ante los abusos de poder y la falta de respuesta de las autoridades a las demandas por un país más justo e incluyente.

Los oprobiosos hechos de Iguala y Tlatlaya, no son productos de una generación espontánea. Las condiciones que los propiciaron se gestaron paulatinamente desde hace tiempo.

Los mexicanos tenemos un reclamo de justicia y de verdad.

Dónde estaban las instituciones de seguridad del Estado que debían prevenir los riesgos y amenazas a la seguridad interior y al orden público.

Qué hacían las autoridades competentes de los distintos niveles de Gobierno, cuando acontecían esos deleznables episodios.

Cómo pudimos llegar a tal grado de deterioro social e institucional en esas regiones del país.

Los reclamos de justicia y de verdad tienen diversos medios de expresión.

Las manifestaciones públicas son tal vez el medio más visible de protesta, la cual también ha encontrado espacios para surgir en múltiples ámbitos como los académicos, los culturales, los periodísticos y en las redes sociales.

Desafortunadamente, este ejercicio legítimo de derechos se ha visto afectado por las acciones de grupos minoritarios violentos que, ante las circunstancias que atravesamos, quisieran generar un contexto de ruptura y polarización social.

La injusticia, la mentira y la violencia, sea cual sea su origen, agreden y debilitan a México.

La verdad, la transparencia, el imperio de la ley y el diálogo nos fortalecen y dignifican a todos.

Es imperativo atender el tema de la impunidad, que es el mayor flagelo que debemos erradicar; impunidad que alienta a los transgresores de la ley, mina la confianza en las instituciones, atropella el ordenamiento jurídico vigente y humilla a las víctimas.

No podemos mantenernos indiferentes o aceptar la impunidad. La impunidad, es el preludio de la barbarie.

La esperanza de una convivencia pacífica, armónica y apegada a la ley, sólo se podrá concretar si la defensa y protección de los derechos humanos se asume como el eje de toda actuación del poder público.

Coincido con las voces que han expresado la necesidad de conjugar tres dimensiones básicas, para posibilitar la vida en común en nuestro país, las cuales son: el ejercicio pleno de las libertades y derechos; la construcción de un piso común de satisfactores materiales y culturales que propicie la cohesión e inclusión social y el fortalecimiento de un Estado de Derecho que en verdad sea digno de tal nombre.

En esta lucha por la vigencia de los derechos humanos, la participación activa de la sociedad civil es indispensable.

Los defensores de derechos humanos son, con frecuencia, la primera voz de denuncia de los abusos y las omisiones de la autoridad; aportan a la construcción de modernas ciudadanías que fomentan la participación directa, activa y propositiva en los espacios públicos, dando cauce a las legítimas demandas y reivindicaciones sociales, que permitan a todas las personas, en igualdad de condiciones, acceder al pleno goce de sus derechos, sin exclusión, marginación o discriminación alguna.

Éstos son los casos de Juan Manuel Estrada Juárez y de Mayela García Ramírez.

El ingeniero Estrada Juárez se ha distinguido por la defensa de los derechos humanos de los menores. Ha sido un promotor de rescate de niños que han sido víctimas de robo, desaparecidos, sustraídos o separados de diferentes maneras del seno familiar, y de la protección de sus padres con diversos propósitos.

Por su parte, la licenciada García Ramírez, se ha distinguido por sus trabajos en favor de los derechos de las mujeres, mediante el apoyo a madres solteras, la denuncia de feminicidios, la promoción de leyes y protocolos de seguridad, la lucha contra la violencia de género y el apoyo para recuperar la custodia de los hijos.

La actividad diaria de todos los defensores y de las organizaciones de la sociedad civil están modificando, para bien, nuestra realidad. Es por ello, que en este acto quiero reconocer pública y expresamente ese esfuerzo.

Si bien hoy distinguimos a dos personas genuinamente comprometidas con la causa de los derechos humanos, el premio, simbólicamente, considero que lo merece toda la sociedad civil organizada.

Promoveré que en sus próximas entregas, este Premio Nacional tenga una difusión más amplia y una mayor participación, a efecto de que se fortalezca y consolide como un reconocimiento a quienes son factor de cambio y ejemplifican lo mejor de nuestra sociedad.

Señor Presidente.

Distinguidas invitadas e invitados:

No puede haber vuelta atrás.

No hay manera de recuperar la engañosa normalidad que como país teníamos antes de los hechos de Iguala o Tlataya, porque era anómala, estaba sentada en parte en la simulación, la ausencia de información pertinente, la desidia, la indolencia y la falta de responsabilidad pública de quienes propiciaron ese estado de cosas.

Revisemos autocríticamente el camino andado e intentemos reorientar nuestras acciones; entender la complejidad del enojo colectivo y el riesgo de erosión de la legitimidad gubernamental, obliga a un cambio de actitud, de estrategia y de discurso. No se trata de rediseñar el país, sino de establecer prioridades.

En este aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, tenemos la oportunidad histórica no sólo de superar la situación actual, sino de redefinir para bien; el futuro de México.

Lo haremos, si sabemos entender y atender nuestra realidad; si volvemos a escucharnos y podemos dialogar para buscar la paz, la verdad y la justicia.

Este entendimiento y reflexión nos darán la oportunidad de evolucionar como individuos y como sociedad, y encauzar nuestras diferencias.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos, con sustento en el reconocimiento pleno de la dignidad humana y en ejercicio de su autonomía, acompañará todo esfuerzo que desde las instituciones y la sociedad civil se emprenda con objeto de concretar ese México pacífico, próspero, justo e incluyente al que aspiramos.

Es urgente ubicar en el centro de toda la Administración Pública la defensa y protección de los derechos humanos y la atención integral a las víctimas. Es un requisito indispensable para todo acto de gobierno.

Todo el apoyo al ejercicio de la libertad de expresión y de la protesta pacífica, dentro del marco de la ley, y la aplicación estricta de la misma a quien ejerza violencia, afectando derechos e intereses de terceros.

Es obligación de la autoridad dar cauce a las muestras de descontento, escuchar las necesidades expresadas y generar canales o vías adecuadas para responder a ellas efectivamente.

También, lo es la oportuna y debida aplicación de la ley, la cual lleva implícito el respeto a los derechos humanos.

Por complejas que sean las circunstancias, México no puede permitir el debilitamiento de su Estado de Derecho.

Muchas gracias.

-MODERADORA: Veremos enseguida, la proyección del video semblanza del galardonado con el Premio Nacional de Derechos Humanos 2014: ingeniero Juan Manuel Estrada Juárez.

(PROYECCIÓN DE VIDEO)

-MODERADOR: A continuación, invitamos con respeto al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, a realizar la entrega del Premio Nacional de Derechos Humanos 2014.

(ENTREGA DE PREMIO)

-MODERADOR: A continuación, hace uso de la palabra el galardonado con el Premio Nacional de Derechos Humanos 2014, ingeniero Juan Manuel Estrada Juárez.

-ING. JUAN MANUEL ESTRADA JUÁREZ: Muchas gracias.

Herido del pie, pero fortalecido del alma, señor Presidente.

Ciudadano Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional y amigo de todos los mexicanos; ciudadano Raúl González Pérez, Presidente de nuestra Comisión Nacional de los Derechos Humanos; amigo Miguel Ángel Osorio Chong; integrantes del Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos; y en especial, darle la bienvenida a nuestra amiga María Ampudia.

Maestra Lía Limón, Subsecretaria de Derechos Humanos; amiga y compañera Mayela García Ramírez; amigos todos.

El día de hoy, tanto Mayela como el de la voz, recibimos el máximo reconocimiento que la sociedad mexicana confiere a las personas que se han destacado en la promoción efectiva y defensa de los derechos humanos.

Lo recibimos, en una época en que los derechos humanos en nuestro México atraviesan un periodo crucial. Una época en que la sociedad demanda acciones inmediatas y efectivas que den respuesta a sus reclamos de justicia y respeto pleno a su dignidad.

Estos galardones son más que un reconocimiento.

Estos galardones nos imponen un compromiso; un compromiso social de ser la voz de quien no tiene voz, de ser, de imponer, de ser la voz de quien no tiene voz, nos impone el compromiso de no callar ante la injusticia, ni ser sumisos o complacientes, porque entonces seríamos cómplices de las malas acciones de algunos servidores públicos, ya que no debe haber un sólo día en que no se observe los derechos humanos.

Los 365 días del año, son los días de los derechos humanos.

Agradezco el apoyo incondicional de mi familia. A mi esposa y a mis hijos, les pido disculpas por haberlos abandonado.

Es de gente bien nacida, reconocer a quien a lo largo de estos tiempos nos han ayudado; doña Elenita Solís, que no nos acompaña hoy, mi maestra, mi amiga.

Mi amiga María Antonieta Flores, mi reconocimiento; una periodista valiente que siempre confió en nosotros.

Una mención especial merece el Ombudsman de Jalisco, Felipe de Jesús Álvarez Cibrián, con quien a pesar de nuestras diferencias institucionales, siempre impuso el criterio de la legalidad.

A mi compañero Salvador Cosío; a mi amigo Álvaro Cuevas; a mi amigo Gerardo del Moral; a todos los demás amigos que me acompañan; a las víctimas que están aquí, conmigo; a los hijos de Mamá Rosa, que vienen aquí.

Muchas gracias.

Álvaro Madera, Presidente de Mezquitic.

Gracias, Álvaro.

Por primera ocasión, la sociedad mexicana confía en este máximo reconocimiento a la defensa de los infantes. Es por eso, que en este acto no podemos ni debemos olvidar que el 5 de julio del 2009 murieron en Sonora 49 niños en una bodega improvisada como Guardería.

En esa bodega eran atendidos niños de mujeres y hombres trabajadores como muchos de nosotros.

En el 2011, se aprobó la Ley mejor conocida como la Ley 5 de Julio. Una ley que busca evitar que no haya más tragedias como la Guardería ABC.

Lamentablemente, son pocos estados los que han aportado y han adecuado esta ley.

Señor Presidente:

Sé que no es de su competencia; sé que es competencia de los estados, pero le solicito su apoyo y su comprensión para que esta ley sea armonizada, para que los demás estados que no tengan esta ley, logremos que sea integrada a sus diferentes Legislaturas.

Y con esto, estaríamos demostrando a los menores que no los olvidamos. Desde aquí va mi reconocimiento y solidaridad a los padres de la Guardería ABC. Su lucha es nuestra lucha.

Hablar de niñez olvidada en México, es hablar de la Gran Familia; es hablar de Mamá Rosa.

La Jefa, como es conocida por muchos de los que están aquí, fue poseedora de los secretos de las clases más pudientes y poderosas de México; y como, también, de los orígenes de muchos niños que eran albergados y cuya historia, quizás, jamás conoceremos.

Durante muchos años denunciamos que ahí se cometían actos ilícitos. Para algunas autoridades era normal. Pero gracias a la intervención de su Gobierno, en un operativo que buscaba rescatar a cinco menores, fueron encontrados 450 menores y 138 adultos viviendo en condiciones infrahumanas y de esclavitud.

Los primeros testimonios refieren que Mamá Rosa o Rosa del Carmen Verduzco, obligaba a los niños a pedir limosna, a dormir en el suelo entre ratas, chinches, a sufrir golpes, sobre todo, abusos sexuales, y además, darles comida en mal estado.

Víctimas como El Sonrisas, como El Huichol, y como tantos otros que aquí me acompañan, en sus declaraciones manifestaron la existencia de un cuarto de castigo, un cuarto de tortura; El Pinocho, de las vejaciones que sufrían, de las golpizas que ahí les daban.
Ante la ley, los jóvenes que cumplían 18 años podían salir, pero Mamá Rosa no los dejaba. Mamá Rosa manejaba las costumbres y manejaba el albergue a su arbitrio.

La Gran Familia ha sido y es un caso de injusticia que no debemos permitir. Un denominador común de los relatos de los jóvenes que fueron rescatados en esa casa-hogar, fue que pensaban que iban a estar en esa casa para siempre. Ellos creyeron que el encierro sería para siempre.

Hoy, gracias al apoyo del Gobierno Federal, muchos salieron. Hay muchas familias que todavía buscan justicia. Muchos ex internos que buscan a su familia; muchos que no tendrán la suerte que tuvo Toño, El Huichol, de reencontrarse con su familia.

Muchos de los jóvenes, si bien es innegable que recuperaron su libertad, más indudable es que la mayoría no han podido recuperar su esencia, su identidad, sus papeles de estudio, sus actas de nacimiento y su identificación, que son cosas muy del diario.

No sólo son los 450 menores y los 138 mayores, que fueron encontrados ahí las víctimas, existen también los que se fugaron, los que tuvieron el valor de brincar la cerca, los que tuvieron el valor de enfrentar a Rosa Verduzco y que durante muchos años lograron escapar.

Quisiera aprovechar esta ocasión, para pedirle a la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas que no los abandone, que les ofrezca una atención especial e inmediata, los jóvenes requieren sus papeles, los necesitan para trabajar, muchos no pueden encontrar trabajo porque no tienen sus papeles.

Debemos evitar no más Mamá Rosas.

Por esa razón, desde aquí, expreso mi decisión de dedicar el fruto de este premio a las víctimas de Mamá Rosa. Hay que ayudar a estos jóvenes a recuperarlos a apoyar su vida, a recuperar su vida, a recuperar su esencia.

Hago un llamado, señor Presidente, para que las víctimas reciban justicia, una justicia que les debemos. Debe, su Gobierno, concluir las investigaciones y señalar públicamente a los funcionarios implicados en décadas de no hacer y de no escuchar tantas denuncias.

El caso de Iguala nos indigna y nos agravia. Nadie puede resignarse, ni mantenerse indiferente ante estos hechos. Hoy la sociedad demanda conocer la verdad, así como lograr que se haga justicia.

La desaparición de los 43 normalistas no fue un suceso fortuito, fue un acto determinantemente público, donde un alcalde, un alcalde de Guerrero, utilizó el poder de su gobierno con propósitos indudablemente personales.

Además, ese alcalde contó con el apoyo absoluto de una policía; de una policía municipal cuyo deber debió de haber sido proteger y ayudar a la población.

Ayotzinapa fue un acto de violaciones a los más elementales derechos de las personas y por ende, es un problema de la sociedad. Todos somos responsables de lo que pasó en Ayotzinapa y también, todos somos responsables para que esto no vuelva a suceder.

Mi solidaridad con las 43 familias de los normalistas desaparecidos. Su dolor, es el dolor de todos los mexicanos, y claramente todos sabemos que hay un antes y un después de Ayotzinapa.

Para evitar que se repitan estos lamentables acontecimientos, necesitamos una Comisión Nacional más fuerte, una Comisión Nacional que esté de acuerdo con las pautas de esta nueva sociedad.

Necesitamos una Comisión Nacional que actúe con mayor decisión y firmeza, con mayor diligencia y entrega, sin pausas y con el convencimiento de ser la voz de aquellos que no la tienen, que la han perdido o a quienes se la han arrebatado.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos tiene el poder que le da la fuerza de la ley, la fuerza de la razón, la verdad y la moral.

Luis Raúl:

Confiamos en que serás un defensor incansable de los más desprotegidos. Serás un Ombudsman diferente. Lo has expresado desde tu primer discurso.

Desde aquí, mi reconocimiento a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a todos sus integrantes, por este reconocimiento a favor de los menores.

Finalmente, quisiera resaltar que el poder público tiene límite esencial de sujetarse a las leyes. El ejercicio de nuestros derechos también debe sujetarse al marco de la ley, y debe de llevarse éste a cabo por causas institucionales.

La injusticia, la mentira y la violencia, sea cual sea su origen, agreden y debilitan a México. La verdad, la transparencia y el imperio de la ley y el diálogo, nos fortalece a todos.

En ese sentido, reconozco su compromiso con la niñez, señor Presidente, al enviar como iniciativa, y ya una ley promulgada, la ahora Ley General de los Derechos de los Niños, Niñas y Adolescentes. Sin duda, esta ley será fundamental para alcanzar la plena protección y garantía de los menores.

Señor Presidente:

Llegó el tiempo.

Hoy, es la hora de cerrarle el paso a la corrupción y a la impunidad. Hoy, es hora; hoy, es la hora. Los mexicanos anhelamos estadistas como usted, no políticos que velan por sus intereses personales.

Hoy, la sociedad civil demanda ser parte de las decisiones fundamentales. Hoy, más que nunca, el Gobierno y la sociedad debemos de trabajar juntos.

Es cuanto, señor Presidente.

(A CONTINUACIÓN, HIZO USO DE LA PALABRA EL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, LICENCIADO ENRIQUE PEÑA NIETO. SU DISCURSO SE TRANSCRIBE POR SEPARADO)