-MODERADOR: Escucharemos a continuación, las palabras de la Excelentísima señora Michelle Bachelet, Presidenta de la República de Chile.

-PRESIDENTA MICHELLE BACHELET: Señor Presidente Enrique Peña Nieto.

Su Majestad.

Presidente Mujica.

Presidente Humala.

Rebeca.

Amigas, amigos.

La verdad que me es muy grato poder participar en esta Ceremonia de Entrega del Premio México de Ciencia y Tecnología.

Premio que sin duda, ha merecido un reconocimiento a la labor de quienes ha realizado y siguen realizando contribuciones de excepción al desarrollo de un área tan vital para los países de nuestra Iberoamérica.

Así que permítanme que los felicite, especialmente, a mi compatriota, el profesor y doctor en biología Marina, Juan Carlos Castilla, que ha hecho una gran contribución, tremenda contribución en materia de ecosistemas marinos costeros que, quiero decir, que no sólo ha hecho una investigación muy importante, sino que ha sido invaluable para la generación de políticas y normativas en este ámbito.

Pero también, quiero expresar mi admiración a cada uno de quienes hoy día, han sido reconocidos con este Premio.

En mi calidad de médico, sé de la pasión y de la vocación que anima a las comunidades científicas de nuestros países que pese a contar muchas veces con recursos bastante limitados, logran resultados de excelencia.

Y esto no sólo merece ser aplaudido, sino que, también, en esto que estamos diciendo: Repensar Iberoamérica; reinventar el futuro, también el interpelarnos como sociedades respecto del apoyo real que brindamos a la ciencia y la tecnología.

Esta es la relevancia de los Premios como el que hoy nos convoca, porque además de reconocer, permite dar visibilidad y poner de relieve los aportes de la ciencia y la tecnología a los desafíos de desarrollo que enfrentan nuestras sociedades.

Desafíos en distintos ámbitos en materia social, en salud, educación, alimentación, medio ambiente, por cierto, en ámbitos también productivos, como la industria agroalimentaria, minera, forestal, por mencionar sólo algunos.

Y en todas áreas podemos y debemos recurrir a la ciencia básica, a la ciencia aplicada y a la innovación para encontrar parte importante de las respuestas.

Pero es claro que tenemos tareas pendientes, según los datos del BID, el gasto en innovación en América Latina ha crecido del 0.57 del PIB el 2000 a 0.78 en 10 años.

Se han hecho esfuerzos considerables en la inversión pública, existen políticas e institucionalidad para impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación, pero aún estamos muy por debajo de aquellos países desarrollados o líderes mundiales tales en esta área, tales como Finlandia con un 3.9 por ciento, Israel con 4.3 por ciento.

Y nos parece que, para países como los nuestros, un área clave es sumar a lo privado, porque este capital debe ser entendido como lo que es, un patrimonio que nos pertenece a todos y que, por ende, debe ser incrementado entre todos.

En los países que lideran la inversión en I+D, los privados aportan más de la mitad, a veces dos tercios del total, mientras en nuestra América Latina sólo se acerca a un tercio del gasto nacional.

Y otras de las claves, es entender que los resultados de la ciencia y su posterior aplicación se inscriben en el largo plazo. Se requiere formación en capital humano, laboratorios y equipamientos adecuados, y estabilidad para que los frutos de la investigación puedan desplegarse en plenitud.

No podemos descansar en loables esfuerzos personales. En definitiva, la ciencia, la tecnología y la innovación son materia de Estado, y deben superar las coyunturas inmediatas.

Son lecciones que no debemos perder de vista en momentos en que nuestra región presenta un enfriamiento de su economía, y el esfuerzo que podamos hacer en I+D debe sostenerse para que sigan floreciendo talentos como los que hoy día premiamos, y construir las capacidades nacionales necesarias para insertarnos exitosamente en el mundo y en las cadenas de valor global.

Aprovechando el contexto en que se realiza esta premiación, quisiera destacar el aporte de las instancias regionales a los esfuerzos nacionales, en particular de la Conferencia Iberoamericana.

Porque es importante destacar la importancia de la cooperación entre países para abordar problemáticas comunes. Y la ciencia, desde su nacimiento, ha sido un espacio emblemático, de cooperación y de intercambio.

La ciencia se construye en forma dinámica; se nutre de la dialéctica, de la acumulación de experiencia, del análisis en base a reglas transparentes y compartidas.

Y en consecuencia, la ciencia, la tecnología y la innovación representan un terreno muy fértil para la cooperación entre los países iberoamericanos, desde sus fortalezas y particularidades.

Podemos avanzar más velozmente, duplicar esfuerzos, compartiendo respuestas comunes a preguntas y desafíos comunes.

Y por tanto, creo que la Conferencia Iberoamericana constituye un puente privilegiado entre nosotros, entre dos regiones que comparten principios e identidades, y reconoce, también, la riqueza de nuestra diversidad.

Desde la realización de la primera Cumbre, ha ido acumulando un capital importante en base a programas concretos de cooperación, incluyendo temáticas que han sido desarrolladas con fuerza en el espacio iberoamericano, como la educación, la cultura, la infancia, la juventud.

Y en los últimos años, la Conferencia ha estado pasando por un proceso de readecuación, en los que se enmarcan acuerdos que vamos a adoptar en esta Cumbre.

Entre otros aspectos, se ha querido privilegiar espacios del conocimiento, de la cohesión social, cultura e innovación, así como la idea de priorizar temas en lo que la Conferencia aporta un valor agregado.

Y en esta Cumbre estamos dando un paso más, acordando mayor coordinación entre los distintos organismos iberoamericanos, para que podamos actuar más conjuntamente y definir los tres ejes de esta Cumbre: educación, cultura e innovación, como áreas prioritarias de la cooperación, entre otros.

Debemos seguir avanzando por este camino, que representa una manera de concretar el aporte de nuestro acervo iberoamericano a nuestros esfuerzos por entregar mayores derechos, mayor bienestar y mayores oportunidades a nuestras sociedades.

Muchas gracias.

-MODERADORA: Enseguida, hace uso de la palabra Su Majestad, el Rey de España.

-SU MAJESTAD FELIPE VI: Presidente Peña Nieto; Presidenta Bachelet; Presidente Humala; Presidente Mujica; querida Secretaria General Iberoamericana, Rebeca Grynspan; Ministros de Exteriores, Embajadores, señoras y señores:

Muy buenos días.

Es un auténtico honor y un placer participar en esta reunión, en esta entrega de premios en la que se ha reflexionado. En la reunión se ha reflexionado sobre el futuro de Iberoamérica en el contexto de la 24 Cumbre Iberoamericana.

Gracias, Presidente, por su hospitalidad y por su compromiso.

Efectivamente, los iberoamericanos constituimos una comunidad, compartimos una serie de elementos identitarios a partir de los cuales desarrollamos proyectos comunes, efectivos. Un buen ejemplo de ello, ha desfilado ante nuestros ojos en este singular evento que ha organizado la Secretaría Pro Témpore Mexicana.

La riqueza de las lenguas, de nuestros territorios, nuestras músicas, las danzas, el cine, todos estos temas que nos interesan tanto, son una excelente manifestación de esa unidad en la diversidad que identifica a todos los iberoamericanos.

El eje que vertebra esta unidad, esta identidad, es la cultura; concepto muy complejo que reúne en sí: conocimiento, arte, creencias, pero que también incluye la ley, la moral, las costumbres, los hábitos y habilidades adquiridas como miembros de una sociedad.

Ya decía Carlos Fuentes, que la cultura es la infraestructura de lo iberoamericano. Somos una cultura de culturas.

En la cumbre fundacional, en el año 91, de Guadalajara, ya se reconoce que formamos un vasto conjunto de naciones que comparten raíces y el rico patrimonio de una cultura fundada en la suma de credos, de sangres y de pueblos diversos.

Ese es nuestro principal capital, y sobre él hemos construido todo lo demás.

Nuestros ciudadanos han tejido una red de relaciones familiares y sociales que no se encuentra en otras partes del mundo, y nuestras universidades, fundaciones, empresas, gremios profesionales, intelectuales, artistas, han construido un complejo entramado hecho de cooperación y de intereses que, también, constituyen el eje actual de la Comunidad Iberoamericana.

Comprendiéndolo así, en la 16 Cumbre, en Montevideo, adoptamos una Carta Cultural Iberoamericana donde nos obligamos a consolidar el espacio cultural iberoamericano como un ámbito propio y singular con base en la solidaridad, el respeto mutuo, la soberanía, el acceso plural al conocimiento y a la cultura, y el intercambio cultural.

Estamos en un mundo donde hay que articular alianzas, hay que aunar esfuerzos, hay que realizar un trabajo común, hay que dar respuestas colectivas a desafíos que son colectivos.

Y nosotros tenemos un Sistema Institucional Iberoamericano; la Conferencia y las Cumbres, que nos proporcionan un ámbito de encuentro donde compartir experiencias, intercambiar visiones y proyectarnos en definitiva a todo el mundo.

Y la mejor palanca que tenemos para hacerlo, es esta cultura que compartimos, hecha de valores humanos, como la tolerancia y la solidaridad por los demás.

Nuestra cultura es una de las expresiones más conseguidas de la civilización que hay en el mundo, y debemos hacerla valer para proyectarnos en él, para exportar esos valores que nos ayudan a conseguir que nuestra vida individual y colectiva en sociedad, sean mejores.

Creo, sincera y profundamente, que si trabajamos por afianzar y enriquecer nuestra potencia cultural, por servirnos de ella para consolidar y multiplicar el beneficio social y económico que genera, y por garantizar la movilidad de nuestro talento, de nuestros estudiantes, creadores, artistas y científicos o de nuestros profesionales y empresarios y académicos, entonces, estaremos realmente haciendo una aportación seria, histórica y de impacto transformador a nuestra mejora general, y a la de todo el mundo.

Y quisiera, en último lugar, también unirme a la felicitación de los que han recibido el Premio México en el día de hoy.

Especialmente, me permitirán que exprese mi emoción y también mi orgullo, porque Carlos Martínez haya recibido el premio de este año.

Con él compartí muchas horas, muchos días en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España. Y me alegro hoy, tener el gusto y el placer de hacerle entrega, gracias Presidente, de este Premio México 2014.

Muchas gracias a todos.