-MODERADOR: Tiene la palabra el licenciado Ángel Aguirre Rivero, Gobernador del Estado de Guerrero.

-GOBERNADOR ÁNGEL AGUIRRE RIVERO: Ciudadano Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto; señor Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; señor Secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza; maestra Rosario Robles, Secretaria de Desarrollo Social.

Saludo, también, a quienes hoy vienen en representación del Congreso de la Unión; lo mismo que a las representantes de los diversos grupos de mujeres.

Amigas y amigos de La Montaña Alta:

Desde estas agrestes tierras de La Montaña, agradecemos al Presidente de México, licenciado Enrique Peña Nieto, quien de nueva cuenta nos distingue con su presencia a todas y a todos los guerrerenses para echar a andar el Centro de Justicia para las Mujeres de La Montaña Alta de Guerrero, con el propósito de dotar a las mujeres indígenas que sufren violencia, enfoque intercultural y coordinado con los tres órdenes de Gobierno, para reducir los índices de violencia femenina y hacer un Guerrero más justo, equitativo y con mayores oportunidades para todos.

Este Centro de Justicia tuvo una inversión superior a los ocho millones de pesos. Aquí concurrimos el Gobierno Federal y el gobierno del estado.

A través de este centro se busca reducir los índices de violencia con atención integral, trabajo social, jurídico, psicológico, albergue temporal, acceso a la procuración e impartición de justicia.

Hoy, damos un gran paso porque las mujeres tendrán acceso a la justicia, contando con un sitio específico para ello y, sobre todo, con personal especializado. Queda demostrado que la unión de esfuerzos es la mejor fórmula para ir superando los problemas sociales.

El gobierno que presido comparte en todo el pronunciamiento que ha subrayado en forma reiterada el Presidente Peña Nieto de caminar juntos en el avance irreversible de una sociedad donde la equidad de género no sea instrumento discursivo, sino realidad viva, que contribuya conscientemente y crecientemente a una cultura de inclusión y respeto de hombres y mujeres en todos los aspectos de la vida, porque las democracias modernas nos enseñan a no estacionarnos en tonos y en tontos y rebasados maniqueísmos sexistas.

Sin la participación de las mujeres, no hay democracia. Y sin democracia, no hay progreso y mucho menos un sentido auténtico y profundo de la Patria, ni de un México que sea realmente dueño de su destino ni de sus glorias.

La Montaña Alta de Guerrero es, tal vez, la región más pobre del país. Aquí se localiza a unos cuantos kilómetros Metlatónoc y Cochoapa El Grande, considerados los más rezagados, los más marginados del país.

De esta región salen cada año por lo menos 30 mil indígenas como jornaleros agrícolas hacia algunos estados del Norte del país, durante por lo menos seis meses.

Aquí muchos de sus habitantes, más del 30 por ciento no hablan el español y lo más triste, aún se siguen dando prácticas como la de vender a jovencitas indígenas a las hijas de algunas familias indígenas a cambio de prebendas económicas.

Más del 60 por ciento de quienes viven en La Montaña Alta viven de las remesas que les envían algunos de sus familiares que trabajan en el extranjero.

Vemos como se han establecido aquí en La Montaña Alta y, en particular, aquí en Tlapa, casas de cambio, esas casas de cambio que muchas veces se inundan de familiares que van a hacer el cobro de esta remesa.

Ésta es nuestra triste realidad que queremos cambiar de a de veras y no solo en el discurso.

Estamos convencidos que hoy más que nunca que los derechos de las mujeres son sagrados y que están por encima de cualquier disposición gubernamental, costumbre, tradición o creencia que agreda su dignidad y sus formas naturales de convivencia.

No se trata de implementar una política pública adicional, con la inauguración que se hará de este Centro de Justicia para las Mujeres de la Región de La Montaña.

Servirá para reducir a su mínima expresión cualquier atentado contra la dignidad de las mujeres guerrerenses y no sigan siendo signos emblemáticos de tragedias, ni de desgracias.

No hay vida más triste, ni existencia más desgarradora que ahí donde la mujer padece diariamente violencia, porque se extiende y afecta la paz y la tranquilidad de muchos hogares guerrerenses.

La violencia intrafamiliar, lo ha dicho el Presidente Peña Nieto, no sólo ofende a las mujeres y a las familias que la padecen, la violencia intrafamiliar es una artera y cobarde realidad que nos lastima y debe avergonzarnos a todos.

De ahí, que este Centro de Justicia estará orientado para atender a las víctimas de los diferentes tipos de violencia, ya sea física, emocional, sexual, patrimonial y económica, ofreciendo un modelo de atención especializado en delitos de género que proporcionen ayuda integral oportuna, ágil, sensible y amable que incluirá, también, servicios de albergue temporal y apoyo psicológico, jurídico, de salud, educativo y social.

Señoras y señores:

El día de ayer se celebró el Día Internacional contra la Violencia de la Mujer.

El Presidente de México bien podía haberlo celebrado en la comodidad de Los Pinos; sin embargo, hoy, una vez más, está aquí con nosotros, en la zona y en la región más pobre del país.

Quiero dejar testimonio una vez más de ese compromiso del Presidente Peña con ustedes, las mujeres de aquí, de mi estado y, en particular, de la zona de La Montaña.

Estoy convencido que con este centro tendremos mucho mejores condiciones para todas las mujeres de Guerrero.

Que sea para bien.

Enhorabuena.

Y muchas felicidades.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Hace uso de la palabra la ciudadana Quirina Vázquez Ayala, mujer indígena de la Región Montaña.

-C. QUIRINA VÁZQUEZ AYALA: Estimadas personalidades que hoy nos acompañan.

Señor Presidente de la República, Enrique Peña Nieto.

Me da mucho gusto saludarlos y darles la bienvenida a este evento.

Mi nombre es Quirina Vázquez Ayala, hoy me permito hablar a nombre de todas las mujeres, indígenas o no indígenas de Guerrero y otras partes de México.
Soy madre de cuatro hijos.

Quiero decirle que sufrí en carne propia maltratos, agresiones, violencias y humillaciones por parte de mi ex marido.

Lo que provocó daños físicos y psicológicos que me llevaron a no estar bien de salud, y que no pudiera tener una vida tranquila.

Quiero agradecer primeramente a la Secretaría de la Mujer de nuestro estado, al Centro de Justicia para Mujeres de la Región Montaña, que hoy se transforma en Ciudad Mujer.

Mi más alto reconocimiento al señor Presidente por este gran apoyo que nos va a dar para todas las mujeres.

Mi problema era tan grande que después que me rescataron, me tuvieron que llevar a escondidas a un lugar secreto, que se conoce como un refugio para mujeres, para poder recuperarme.

En ese lugar me dieron el apoyo que necesitaba, me dieron atención médica, psicológica, donde comer, dormir y escuela para mis pequeños hijos.

Señor Presidente:

Gracias a esos apoyos que me dieron ahora estoy con mis hijos para seguir adelante, echándole ganas y salir con mis hijos.

Quiero decirle que preferí mi libertad que seguir sufriendo maltratos y agresiones; que hoy no tengo casa ni cosas materiales, pero tengo mi dignidad muy en alto.

En mi caso la acción de justicia permitió que yo pudiera librarme de la vida que llevaba, pero sé que también hay muchas mujeres que sufren o sufrieron violencia intrafamiliar y eso no puede seguir pasando, porque por miedo no han roto las cadenas del machismo.

Yo le pido, señor Presidente, que nos siga ayudando para que ya no sucedan esas cosas, pero también le pido que tengamos una vida más justa, una vida que nos permita estar tranquilas, que se nos permitan todos nuestros derechos, que tengamos ingresos para ayudarnos, para darles de comer a nuestros hijos y tener un hogar propio.

Si usted nos apoya con proyectos productivos vamos a ser independientes, porque sabemos que solamente con trabajo, decisión y seguridad es como se pueden lograr cosas.

Las mujeres somos de palabra, trabajadoras. No le vamos a fallar. Téngalo por seguro.

Yo sé que tener apoyo con proyectos productivos es como vamos a lograr una mayor independencia, libertad y seguridad en nuestra persona, y nos ayuda a que la violencia contra las mujeres se acabe.

No más maltratos. Nosotras valemos lo mismo. Todas. Valemos mucho. Indígenas, güeras, morenas, altas o bajas. Las mujeres también podemos y vamos a demostrarlo.

Gracias, señor Presidente, por esta Ciudad Mujer.

Gracias, Gobernador.

Gracias a la licenciada Rosario Herrera Ascencio. Es un beneficio para todas las mujeres de Guerrero.

Gracias a todos los presentes.

Gracias.

-MODERADOR: A continuación, pedimos al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto, que presencie, como Testigo de Honor, la Firma del Convenio de Colaboración entre la Secretaría de Desarrollo Social, Gobierno del Estado de Guerrero, INMUJERES y Gobierno Municipal.

(FIRMA DE CONVENIO)

-MODERADOR: Para continuar con el Presidente, invitamos al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto, a que haga entrega de apoyos productivos a mujeres de la Región Montaña.

(ENTREGA DE APOYOS)

-MODERADOR: Hace uso de la palabra la maestra Rosario Robles Berlanga, Secretaria de Desarrollo Social y responsable de la Región 1 del Programa de Atención a Entidades Federativas.

-SECRETARIA ROSARIO ROBLES BERLANGA: Muy buenas tardes.

Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Licenciado Ángel Aguirre Rivero, Gobernador Constitucional del Estado de Guerrero; licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; Secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza; Senadora Diva Gastélum, Presidenta de la Comisión de Igualdad de la Cámara de Senadores; licenciada Lorena Cruz Sánchez, Presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres; licenciada Nuvia Magdalena Mayorga, Directora General de la Comisión de Pueblos Indígenas.

Señor Andrew Morrison, Director de la Unidad de Género del Banco Interamericano de Desarrollo. Muchas gracias por el apoyo del BID a este proyecto.

Licenciado Victoriano Wences Real, Presidente Municipal de Tlapa de Comonfort; estimados Presidentes Municipales de La Montaña que están aquí, también, acompañándonos con sus esposas; señoras y señores; mujeres presentes en este acto.

Señor Presidente:

En el México del Siglo XXI, la peor expresión de la discriminación hacia las mujeres es la violencia de la que todavía somos objeto.

En este México moderno hay estados en los que se castiga más el robo de una vaca que el de una mujer.

Si un hombre secuestra a una mujer o la viola se permite que este delito sea reparado simplemente con el matrimonio cuando debería castigarse con la cárcel.

Se atenúa la sanción por homicidio si el hombre argumenta que fue en defensa de su honor. Y a jovencitas, a veces casi niñas se les vende por parte de sus padres, en algunos casos, incluso, a bandas criminales dedicadas a la trata de personas.

La violencia empieza desde edades muy tempranas. Según la Encuesta sobre la Violencia en el Noviazgo, el 39 por ciento de las jóvenes declara ser víctima de la violencia emocional por parte de su novio, y el ocho por ciento que ha padecido violencia sexual.

Esto es así, porque la violencia de género, aún con todos los avances que ha habido en el país, sigue siendo considerada como normal, y en muchos casos como algo que corresponde al ámbito privado.

Si un niño o una niña ven desde pequeños que hay violencia en su casa, reproducirán esos patrones en su juventud y en su vida adulta.

Hay estudios muy serios que señalan que una parte importante de las personas que están en reclusión, vivieron en hogares en los que la violencia y el abuso estaban a la orden del día.

La reciente noticia de que una niña de seis años fue violada por sus compañeros de 11 años, nos indica que mucho es todavía el camino que tenemos que recorrer para acreditar que la violencia no es normal, que es un delito, y que es, incluso, uno de los que más se cometen diariamente en el país.

La violencia contra las mujeres, a veces invisible, es la más sistemática y frecuente violación de los derechos humanos. La forma extrema de esta violencia es la muerte causada por odio a las mujeres, es decir, el feminicidio.

De acuerdo al INMUJERES, seis mujeres mueren diariamente por su condición de género. Pero esta forma extrema la acompañan otras igualmente dolorosas y vergonzosas, que implican que, de acuerdo al INEGI, más de un millón de mujeres han enfrentado violencia a lo largo de su vida, violencia física muy grave o extrema que ha puesto en riesgo sus vidas.

Los avances son importantes, es justo decirlo. Hay una legislación para que las mujeres gocemos jurídicamente de una vida libre de violencia, pero aún es necesario fortalecer las instituciones y generar los mecanismos para garantizar el acceso a la justicia.

Para combatir la violencia, además, se necesita mucho más que el ámbito jurídico. Es necesario una transformación verdadera, un empoderamiento que implique la autonomía económica, porque es justamente la dependencia en ese ámbito, la que impide muchas veces que las mujeres rompan el círculo de la violencia. Para decirlo de otra manera: Pobreza y violencia de género están íntimamente vinculadas.

La pobreza femenina es a la vez causa y consecuencia de la violencia. Las mujeres que sufren algún tipo de violencia pierden ingresos y ven afectada su capacidad productiva.

La violencia contra las mujeres también empobrece a sus familias y comunidades.

La pobreza impide muchas veces que la mujer escape de las relaciones abusivas y por ello son precisamente las que se encuentran en esa condición las que mayor vulnerabilidad presentan, la condición multidimensional de la pobreza también afecta.

El hacinamiento, por ejemplo, es un caldo de cultivo para el abuso sexual e incluso la violación de niñas y jovencitas.

La pobreza no sólo es falta de ingresos, es también falta de seguridad, de autonomía, de voz, seis de cada 10 mujeres en situación de pobreza le piden permiso a su marido para trabajar; cuatro de cada 10 le piden permiso para usar algún anticonceptivo; cinco de cada 10 piden permiso para ahorrar o abrir una cuenta de Banco, y una de cada cinco le pide permiso al marido para decidir por cual partido o candidato votar.

Esta situación se agrava si se trata de mujeres indígenas, que además de su precaria condición económica, muchas veces están sometidas a prácticas que impiden su libre consentimiento y la capacidad plena a ejercer su derecho a decidir.

Muchas de ellas son víctimas de la violencia institucional por el simple hecho de no hablar español y no tener acceso a juicios en su misma lengua o traductores.

Según datos de la Comisión de Pueblos Indígenas 366 mujeres indígenas están en la cárcel cuando todo parece indicar que son inocentes, este año 54 fueron excarceladas gracias al trabajo de la CDI, aquí está una de ellas, señor Presidente.

Pascuala, de 27 años, analfabeta, madre soltera, que fue encarcelada porque tenía que dejar a su hija menor en la casa porque ella tenía que salir a trabajar.

Prevenir y erradicar la violencia hacia las mujeres es un asunto de democracia, de desarrollo social y humano, de paz social.

Por eso estamos aquí, en esta región del país, una de las más pobres de México: La Montaña guerrerense, para recordar que combatir la violencia de género, no sólo es asunto de ministerios públicos y tribunales, supone consolidar las bases para que las mujeres puedan acceder a un empleo, participen en proyectos que les generen su propio ingreso, sean autónomas económicamente para acabar con toda clase de violencia.

Luchar contra la violencia es acabar con el hambre, pues nadie que carezca de lo más elemental es capaz de luchar por sus propios derechos.

Usted lo ha entendido así y no es casual que sea aquí, precisamente donde haya instruido que se impulse la primera Ciudad Mujer en el país. Este centro integral de servicios, que es un acto de justicia y un reconocimiento al valor de las mujeres, en particular a las mujeres indígenas de La Montaña.

La Ciudad Mujer integrará al Centro de Justicia que hoy visitaremos y, con la asesoría del DIF, se irá ampliando para contar con diversos servicios, y para que las mujeres de la región puedan ejercer su condición de ciudadanas plenas y vivir libres de violencia. No sólo su compromiso ha sido claro. Primero, al impulsar, por primera vez, en el Plan Nacional de Desarrollo como eje transversal la perspectiva de género y la visión de igualdad.

Segundo. Y es muy importante decirlo aquí, en este evento, frente a tantas mujeres, al enviar una iniciativa al Congreso de la Unión, que esperamos muy pronto se apruebe, para que las mujeres ocupemos el 50 por ciento de las candidaturas a la Cámara de Diputados y a la Cámara de Senadores; es decir, que haya paridad.

Esta mayor representación política permitirá, sin duda, todavía avanzar más rápido en eliminar las causas que generan la violencia de género y pavimentar el camino para que en nuestro país haya parejas, parejas.

Señor Presidente

Usted ha emprendido con valentía reformas que van a transformar a México. Hoy, se trata de emprender otro gran cambio, sigiloso, silencioso, pero con un gran contenido transformador.

Ninguna mujer puede aportar todo su talento, toda su creatividad, toda su capacidad, si es humillada o es violentada.

Romper las cadenas de la violencia, los cautiverios que todavía nos atan por esa razón, es liberar una energía enorme, desatar la fuerza de la mitad de la población y ponerla en movimiento.

Usted ha marcado el camino, un México en paz implica que las mujeres vivamos libres de violencia, que nos sintamos seguras en la casa, pero también, en la calle y en el espacio público.

Un México próspero e incluyente, tiene que ver con sentar las bases para nuestra autonomía económica y con incorporarnos en el proyecto nacional en condiciones de igualdad.

Un México con educación de calidad es inconcebible si no se inculca a niños y niñas y a nuestros jóvenes una cultura de respeto y de igualdad.

Un México con responsabilidad global significa que nuestro país haga la parte que le corresponde en el combate contra la violencia de género que es un fenómeno mundial.

No hay tiempo que esperar, porque señor Presidente, cuando las mujeres se mueven, se mueve a México.

Gracias.

-MODERADOR: Escuchemos enseguida al licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación.

-SECRETARIO MIGUEL ÁNGEL OSORIO CHONG: Señor Presidente de la República, licenciado Enrique Peña Nieto.

Señor Gobernador del Estado de Guerrero, Ángel Aguirre Rivero; compañeras Secretarias, Secretarios del Gobierno de la República; Funcionarios Federales; estatales; señoras y señores Presidentes Municipales; señores Legisladores; Senadoras; Diputados.

A todos ustedes. Muy buenas tardes.

La violencia contra las mujeres, es una manifestación extrema de la desigualdad de género. Es un problema que afecta y lastima no solo a ellas, sino a toda la sociedad, pues daña a la familia, el tejido social y limita la reconstrucción de lazos comunitarios.

El maltrato a una mujer es un problema que nos compete a todos.

Consolidar un Estado de Derecho y de derechos pasa por garantizar a las mujeres mexicanas una vida libre de violencia y hacer realidad la igualdad de género.

Lo cual, solo se logrará erradicando prácticas y creencias arraigadas y contando con leyes que aseguren su protección.

La violencia de género no debe ni puede percibirse como una situación normal. No podemos tolerar que la mujer sea víctima de violencia física, emocional o sexual.

Como sociedad y como Gobierno, debemos actuar para que no se encuentren indefensas y se sientan inseguras en las calles; acosadas en sus centros de trabajo o estudio, violentadas, escúchese bien, en sus propios hogares.

La prevención, la atención, la sanción y la erradicación de cada una de estas expresiones de violencia, requieren de acciones diferentes, contundentes y eficaces.

Es inadmisible que hoy las mujeres no denuncien por miedo a ser nuevamente ultrajadas; no denuncien porque desconfían de quienes aplican la ley; no denuncien porque no tienen confianza en las instituciones; o peor aún, no lo hagan porque desconozcan sus derechos.

Al no sancionar las primeras manifestaciones de abuso, inicia una espiral creciente de violencia que ya no se puede detener, y que termina como una expresión más descarnada, que puede ser la trata o el feminicidio.

Este fenómeno se presenta a través de diversos factores que impiden a las mujeres el pleno ejercicio de sus derechos.

Consciente de ello, el Presidente de la República, el licenciado Enrique Peña Nieto, se ha comprometido y ha instruido acciones para garantizar la igualdad y erradicar la violencia, a partir de tres principios fundamentales: La igualdad jurídica, la dignidad y la no discriminación.

Constancia de ello, es que por primera vez en la historia de México tenemos un Plan Nacional de Desarrollo con perspectiva de género, y trabajamos ya en la elaboración del Programa Integral para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres.

Es decir, impulsamos una política nacional que fortalezca la autonomía y los derechos humanos de las mujeres, que al mismo tiempo las empodere en el ámbito laboral, educativo, político, económico y, sobre todo, en lo social.

En la construcción de un México en paz, atendemos la violencia contra la mujer desde dos ámbitos concretos, como uno de los puntos centrales de la estrategia de prevención y como parte de la agenda nacional en materia de seguridad.

El éxito de la implementación de estas acciones se basa en la articulación efectiva entre las diversas instancias del Gobierno de la República, los Poderes de la Unión, los órdenes de Gobierno y, por supuesto, la sociedad civil.

Se basa también en el fortalecimiento de nuestro marco legal, a efecto de contar con leyes que garanticen la seguridad de las mujeres y que las deficiencias de las normas no sean un pretexto para permitir su maltrato.

Resalto que el día de ayer se publicaron reformas al reglamento de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, estableciendo con ello un procedimiento más eficiente para las alertas de género, para iniciar de inmediato su investigación y fundamentalmente, para dejar de politizar este asunto. Las mujeres no merecen que se politice este tema.

La idea, como lo ha instruido usted, señor Presidente, es ayudar a las entidades federativas a instrumentar políticas públicas en la materia; que todos, a la vez, avancen. Que se implemente lo comprometido; que se cumpla con las mujeres.

Venimos con programas concretos, con respuestas, más que con discursos. La inauguración que hoy realiza el Presidente de este Centro de Justicia de Tlapa y el impulso del Proyecto Ciudad Mujer, son sólo una prueba de ello.
Con ellos, además, atendemos las recomendaciones hechas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en general, y particularmente con medidas de transformación comunitaria y protección para que casos de violaciones a los derechos humanos de las mujeres, como los de Inés Fernández y Valentina Rosendo no vuelvan a repetirse.

El Gobierno de la República viene aquí para transformar la adversidad en oportunidad. Viene aquí con el objetivo de dejar atrás esa cultura malentendida de vejaciones, violencia y de inequidad en contra de la mujer, para transformarla en oportunidades, en justicia, y lograr con ello que alcancen un mejor porvenir.

Sólo en la suma de voluntades, de esfuerzos y de recursos será posible garantizar apoyos a las comunidades que más lo necesitan y poner a su alcance elementos para combatir la desigualdad.

México no se entendería sin la inclusión de la mujer en todas las esferas sociales, porque son fundamentales en el progreso y el desarrollo que el país reclama.

Actuemos juntos. Actuemos en cada rincón del país, como así lo ha instruido el Presidente de la República, con prevención y educación para cambiar la cultura de la violencia y garantizar comunidades seguras; promoviendo empleo y proyectos productivos; para empoderar a las mujeres. Haciendo realidad su acceso a una justicia expedita, digna y sin dilaciones, para recuperar su confianza en las leyes y en las instituciones.

Estamos todos empeñados en este camino. Desde aquí, en Guerrero, hagamos de una brecha un camino pavimentado, de respeto y oportunidades para todas las mujeres mexicanas.

Muchas gracias.