-SRA. ANA BOTELLA, ALCALDESA DE MADRID: Excelentísimo señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Señores Secretarios; miembros de la Delegación Oficial; señores Embajadores; miembros de la corporación municipal; cronistas de la Villa.

Es un gran honor para el Ayuntamiento de Madrid, y para mí, como su Alcaldesa, darles la más cordial bienvenida a la capital de España, y a esta Casa Consistorial; casa de todos los madrileños que, esperamos, sientan también como suya.

México, señor Presidente, es un país entrañablemente querido por los españoles, al que nos unen los más fuertes vínculos de amistad, cultura e historia en común.

Los vecinos de Madrid se sienten muy honrados con su visita que, sin duda, contribuirá a estrechar aún más las relaciones entre ambos países, renovando nuestra cooperación en distintos ámbitos, en un mundo crecientemente global.

Los primeros españoles que llegaron a México, allá por 1518, no pudieron ocultar su asombro al encontrarse en Yucatán con los restos de una civilización como la maya, con un nivel de conocimiento científico y de organización social ejemplares, desconocido por los europeos.

Nuestra admiración por el pasado del México precolombino se suma a la simpatía por el pueblo mexicano durante siglos de relación, de la que tenemos tantas pruebas en nuestras calles y ciudades.

Como sabrá nuestro ilustre visitante, hay varios Madrid en los estados de Colima, Durango, Guanajuato, Tabasco, así como un Madrid en el de Coahuila; en los propios Campos Elíseos del Paseo de la Reforma, en Ciudad de México, puede uno tropezarse con una reproducción de la Fuente de las Cibeles, donada por suscripción popular por los empresarios de origen español en México.

También su país, señor Presidente, ha estado siempre muy presente en nuestra ciudad, con avenidas como la de México, en el Parque de El Retiro, o calles como la de Amado Nervo.

A través, asimismo, de esculturas como la de Sor Juan Inés de la Cruz, el cura Hidalgo y el Presidente Lázaro Cárdenas; o las que evocan a figuras que recordamos con entrañable afecto, como el maestro Agustín Lara, o el cantante Pedro Vargas.

Mexicanos y españoles hemos aprendido a apreciar todo lo que de valioso tiene nuestra historia común.

Hemos logrado reconocer juntos aquello que de singular tiene nuestro pasado, como la impronta de las prestigiosas instituciones educativas que desde el Siglo XVI hicieron de México un referente humanista; como el Antiguo Colegio de San Ildefonso o la Real y Pontificia Universidad de México; a los tesoros de la literatura novohispana ejemplarmente representada por Sor Juana Inés de la Cruz, una de las grandes voces poéticas del Siglo de Oro de nuestra lengua.

Los exilios contemporáneos han sido otro elemento fortalecedor del mutuo aprecio hacia las profundas raíces culturales que México y España compartimos.

Numerosos exiliados mexicanos se refugiaron en España, mientras que México fue el país que acogió mayor número de exiliados españoles a causa de la Guerra Civil.

Símbolo de esta ejemplar hospitalidad mexicana, fue la Casa de España; núcleo de los intelectuales españoles trasterrados, del que surgiría a mitad del siglo pasado el Colegio de México, hoy brillante espejo de la cultura de un país que nos sigue deslumbrando por sus siempre fecundas aportaciones al pensamiento y la creatividad.

Artífice de este Colegio de México, junto con Daniel Cossío Villegas, fue el sabio Alfonso Reyes.

Alfonso Reyes dedicó su vida y su obra a fortalecer el puente cultural entre España y México, a través de este fructífero cimiento que es nuestra lengua común, patrimonio del que somos depositarios y protagonistas 500 millones de hispanohablantes, y que explica muchas cosas.

Puente cultural que han seguido forjando, a través de nuestro idioma, otros grandes autores, entre los que se cuentan destacadamente los cinco escritores mexicanos que han honrado con su nombre el Premio Cervantes; máximo galardón de las letras españolas: Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska, la última premiada.

Sobre el significado del legado del español que nos une y fortalece, permítame tomar unas palabras de Octavio Paz, de quien este año celebraremos, celebramos el centenario de su nacimiento:

Decir lengua, es decir civilización; comunidad de valores, símbolos, usos, creencias, visiones, preguntas sobre el pasado, el presente, el porvenir.

Al hablar, no hablamos únicamente con los que tenemos cerca. Hablamos, también, con los muertos y con los que aún no nacen, con los árboles y las ciudades, los ríos y las ruinas, los animales y las cosas.

Hablar es convivir, vivir en un mundo, que este mundo y sus trasmundos. Este tiempo y nosotros, una civilización.

Señor Presidente:

Madrid, sin renunciar a su condición europea, se siente una gran capital iberoamericana.

Esa innegable vocación iberoamericana queda, asimismo, patente a través de muchos de sus habitantes latinoamericanos de tan variada procedencia.

Ciudad de México y Madrid se encuentran, también, vinculadas a través del hermanamiento múltiple y solidario que dio carta de naturaleza a la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas; una organización que cuenta con más de 30 años de historia, que me honro en copresidir como Alcaldesa de Madrid, y que se ha convertido en un referente fundamental en el ámbito iberoamericano.

Impulsada especialmente por nuestro ayuntamiento, ha propiciado múltiples ocasiones de colaboración con Ciudad de México.

Además, si en el año 2012 fue Madrid quien albergó el Foro Iberoamericano de Gobiernos Locales, la celebración de su novena edición en Ciudad de México, el próximo mes de noviembre, nos ofrece una nueva experiencia compartida, en la que poder avanzar en el esfuerzo para acercar a nuestros municipios y desarrollar iniciativas concretas.

Señor Presidente:

Si al principio de mi intervención intentaba hacer una breve alusión a cuanto nos ha unido históricamente, no puedo dejar de referirme al momento actual.

Las empresas españolas tienen una notable presencia en México. El mundo económico mira a su país como un excelente socio para los negocios.

En este mundo sin fronteras se multiplican los desafíos que todos compartimos, pero también se abren nuevas oportunidades.

Enhorabuena, señor Presidente, por todas las reformas que aplaudimos.

Le deseamos éxito en el futuro y en prueba del afecto de Madrid hacia México, permítame, señor Presidente, que haciendo uso de una ya muy antigua tradición, le entregue las llaves de la Ciudad de Madrid.

-PRESIDENTE ENRIQUE PEÑA NIETO: Alcaldesa, muchas gracias.

Es para mí un honor recibir esta llave en muestra de afecto, de acercamiento y de amistad entre nuestros dos pueblos, dos ciudades capitales.

Muchas gracias.

Honor recibirlo de sus manos.

Muchas gracias.

(A CONTINUACIÓN, HIZO USO DE LA PALABRA EL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, LICENCIADO ENRIQUE PEÑA NIETO. SU DISCURSO SE TRANSCRIBE POR SEPARADO)