-MODERADORA: Veremos a continuación, la proyección del video Justicia Cotidiana.

(PROYECCIÓN DE VIDEO)

-MODERADOR: Escuchemos las palabras del doctor Sergio López Ayllón, Director General del Centro de Investigación y Docencia Económicas.

-DR. SERGIO LÓPEZ AYLLÓN: Señor Presidente de la República.

Señoras y señores integrantes del presídium.

Colegas.

Amigas y amigos que participaron en las mesas de Diálogo por la Justicia.

Hace poco más de un año, el Presidente de la República encomendó al CIDE, institución orgullosamente pública del Sistema CONACyT, que encabezara una consulta para identificar los problemas de la justicia cotidiana.

Luego de un ejercicio nacional, diverso e incluyente, centrado en el ciudadano y coordinado con otras 18 instituciones, identificamos una situación delicada.

La mayor parte de la población carece de las condiciones y medios para resolver los conflictos que se originan en la convivencia diaria, y cuando logran acceder a los mecanismos institucionales, suelen enfrentar procesos largos, costosos y poco flexibles.

En abril de 2015, le entregamos, señor Presidente, un informe con un conjunto de recomendaciones orientadas a mejorar el Sistema de Impartición de Justicia.

Entre otras propuestas, señalamos la necesidad de reducir la marginación jurídica, fortalecer las capacidades institucionales de los sistemas estatales de justicia, ampliar el uso de mecanismos alternativos de solución de controversias, generar instrumentos de justicia comunitaria e itinerante, reducir los formalismos en los juicios, implementar una profunda política de mejora regulatoria en todo el país y revisar a fondo el funcionamiento de la Juntas de Conciliación y Arbitraje.

Destaco, en particular, que una de las principales recomendaciones del informe fue la siguiente, y cito:

La elaboración de una política pública de acceso a la justicia requiere necesariamente de la participación de todos. Se propone que el Ejecutivo Federal convoque a una instancia de diálogo y concertación que diseñe, proponga y evalúe la política pública de acceso a la justicia. Fin de la cita.

Congruente con esta idea, el Ejecutivo Federal convocó, acompañado en esta ocasión por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y el propio CIDE, a los Diálogos por la Justicia.

A esta convocatoria respondieron 26 instituciones de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, organismos autónomos constitucionales, la Comisión Nacional de Tribunales Superiores de Justicia, la academia, las principales barras de abogado y diversas organizaciones de la sociedad civil.

Más de 200 expertos que se reunieron con puntualidad inglesa y rigurosidad prusiana durante 14 semanas, en nueve mesas de trabajo que acumularon un total 123 sesiones. Los colegas no me dejarán mentir.

Fue un ejercicio de diálogo incluyente y constructivo, que sirvió para escuchar visiones y propuestas, construir consensos y respetar los disensos.

El resultado de este ejercicio, quedó plasmado en un documento que contiene los diagnósticos y las propuestas específicas.

Estamos ahora, reunidos, para conocer la respuesta que el Gobierno de la República dará a este enorme esfuerzo colectivo.

Señor Presidente:

Transformar la justicia, es recimentar el Estado constitucional; es darles vigencia a los derechos, y uno de los mejores remedios para combatir la impunidad. Es cumplir con un anhelo secular que hoy podemos empezar a construir en serio.

Este ejercicio puede marcar el inicio de una política de Estado de largo aliento, que debe hacer de México un país en el que cualquier ciudadano, sin importar su condición, tenga acceso parejo a una justicia pronta y expedita, tal y como lo marca nuestra Constitución.

Muchas gracias.

-MODERADORA: El Presidente de los Estados Unidos Mexicanos hará entrega de ocho reconocimientos a destacados participantes de los Diálogos por la Justicia Cotidiana.

(ENTREGA DE RECONOCIMIENTOS)

-MODERADORA: Corresponde el uso de la palabra al doctor Edgar Elías Azar, Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura de la Ciudad de México, y Presidente de la Comisión Nacional de Tribunales Superiores de Justicia de los Estados Unidos Mexicanos.

-DR. EDGAR ELÍAS AZAR: Ciudadano Presidente de la República.

Ciudadano Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores; Presidente de la CONAGO; señor Consejero Jurídico de la Presidencia de la República; damas y caballeros.

Señor Presidente:

Usted acuñó una idea, y no una frase; una idea-fuerza que ahora mueve a un país completo.

Hablar en estos días y en los que seguirán, muchos más, de la justicia cotidiana y de su relevancia en la vida de los mexicanos, será evocar e invocar siempre estos tiempos de urgencia en lo justo, de importancia en la vida de cada día, de rescate de lo mejor de las personas, de su vida, de su libertad, de su patrimonio, de su trabajo, de su tierra, de su familia y de su tiempo.

Señor Presidente:

En las funciones judiciales de cada entidad federativa, donde nos hayamos a diario con la realidad más elocuente de nuestra sociedad, lo tenemos todos los mexicanos a usted presente; nos rescató de nuestro cotidiano quehacer de la molicie, para traernos a la actualidad dinámica de una nación.

En verdad, su impulso ha sido definitivo y, para la comprensión de todos, nos hizo ver el tamaño de nuestra encomienda y de qué dimensión es la complejidad que todos nosotros asumimos como comunidad judicial, que es una comunidad compleja, viva y fuerte.

La función judicial en el fuero común muestra 32 versiones locales, pero una sola presencia en la voluntad de avanzar, de cambiar para mejorar, de ser instituciones confiables, creíbles y eficaces para quien demanda justicia.

Desde luego, la justicia no es quimera. No tiene por qué seguir hablándose de sed de justicia en nuestro país, ahora mismo vivimos una revolución pacífica de la justicia en todo México que, paulatina y tenazmente, irá cumpliendo con su cometido de dar a cada quien lo suyo de mejor manera, más comprometida, pero, sobre todo, mejor atendida.

Este cambio histórico de calado profundo que usted impulsa, rinde y rendirá mejores frutos en beneficio de la sociedad.

Hoy, con usted, señor Presidente, al frente de las instituciones nacionales, la justicia como virtud de una civilización y como función primigenia y fundamental del Estado, es protagonista importante de los trabajos conjuntos de todos nosotros.

La justicia es demanda antigua de la humanidad. Es un viejo apetito no siempre saciado. Es una búsqueda constante al construir civilizaciones. En los tiempos que corren, no es diferente. Los pueblos y cada individuo en lo particular, buscan vivir en un mundo justo, en un ambiente propicio para su desarrollo.

El derecho es utópico y plantea el deber ser; ese ideal al que aspiramos para vivir y conducirnos, cuyo determinante conspicuo, precisamente, es eso; la justicia.

El derecho está destinado a ser justicia mediante jueces talentosos, pero nunca máquinas deshumanizadas. Leyes como éstas, que impulsa, que sepan fundarse en la realidad social y traducir el hoy en un mañana de más orden, armonía y respeto.

Nosotros, en la función judicial del fuero común, somos instituciones que viven cerca de las personas, de sus demandas de justicia de cada día, pero, sobre todo, de sus esperanzas de solución correcta de sus eventuales conflictos.

La justicia cotidiana, como idea que usted nos ha impulsado asumir con seriedad y responsabilidad, abarca muchos territorios de la vasta enciclopedia jurídica; va desde los dramas penales, que se atienden y resuelven en el seno del derecho público, hasta los conflictos de intereses por cuestiones de contratos incumplidos, de vivienda, de herencias o de extinciones de vínculos familiares, ya en el derecho privado y, por supuesto que vemos esa justicia cotidiana en problemas de derecho social, como cuando las demandas versan sobre trabajo o sobre tierra en los campos del derecho laboral y del agrario.

El territorio a cubrir es tan ancho, como rica es la vida de la sociedad mexicana y sus opciones y oportunidades de vida digna y productiva.

Señor Presidente:

A nombre de todos los participantes por la justicia cotidiana, le agradezco a usted el reconocimiento que nos ha entregado.

Sin duda alguna, todos sabremos inscribir en nuestro corazón, en nuestras mentes lo escribiremos así, indeleblemente, que los hemos recibido de manos de un Presidente justo y que, por vez primera en muchas décadas, el Ejecutivo Federal le pone atención a este problema tan sensible que hoy ha movido la consciencia de todos los juzgadores del país.

La pluralidad de los participantes, la diversidad de las ideas planteadas en los ejercicios que bien coordinó la Consejería Jurídica, dieron como resultado soluciones que acordamos como las más viables para llevarlas a esa gente que le preocupa a usted, a esa justicia del día a día que tanto requiere nuestra sociedad mexicana.

Hoy, le digo, señor, que la convocatoria hecha por usted, movió nuestras consciencias y nos hizo trabajar juntos para tener soluciones.

Créame, señor Presidente que jalamos parejo, y cuando digo que lo hicimos, así fue, porque supimos alinear esperanza y buenas intenciones para la solución de los conflictos y, particularmente, para la CONATRIB, le digo que este fue un ejercicio inédito. No se recuerda una participación tan activa de los Tribunales locales en un proceso como este.

Usted nos tomó en cuenta. Usted nos pidió una opinión. Usted entiende que nosotros somos los destinatarios de políticas públicas judiciales, y prácticamente nunca habíamos participado en el diseño de ellas.

Cuando venga lo que tendrá que venir en el proceso legislativo, que sabemos que será complicado, pero igualmente le volvemos a pedir que las dudas que surjan en el Poder Legislativo nos permita esclarecerlas con una sola arma en la mano, que es la de la experiencia de la justicia cotidiana.

Queremos, igual que usted, una justicia pareja. Queremos, igual que usted, una justicia que alcance a todas y a todos.

Y le repito lo que ya le he dicho con autoridad; cuenta con el apoyo de los Poderes Judiciales de los Estados para alcanzar el propósito de avanzar juntos, para alcanzar el propósito de Mover a México.

Gracias.

El pueblo mexicano sabe unirse en sus sentimientos más fuertes y en sus demandas más sentidas. Las voces de todos se levantan pidiendo y exigiendo esa justicia cotidiana de mayor extensión y calidad, más rápida y expedita, más confiable; una justicia más autónoma, una justicia más pareja.

Para que esa voz del pueblo pueda ser escuchada, es necesario que su impulso, señor Presidente, se adopte y adapte en los diversos niveles de Gobierno.

Es necesario continuar con los trabajos que tienden a articular un nuevo y más eficaz Federalismo. Es necesario acompasar el paso de todos los gobiernos estatales, acompasarlos e igualarlos, a fin de marchar en el mismo sentido y con el mismo ritmo, y a un mismo rumbo.

No podemos tener funciones de justicia de primera clase en algunos estados, y de segunda clase en otros. No lo permita, señor Presidente.

Sabemos de esos jalones en nuestro marco normativo para tornarlo más eficaz y (inaudible) en la articulación de un Federalismo moderno y realista que usted impulsa, en el impulso de una justicia digna e independiente, son ya dados por su Administración.

Primer Gobierno Federal en décadas que atiende, como usted lo hace, con interés puntual, con atención comedida, con voluntad resuelta a la justicia del fuero común.

Usted no nos miró como el pariente pobre. Usted nos ha dado nuestro lugar, y no tenemos más que agradecerle y responder con trabajo y responsabilidad social.

La función judicial mexicana atiende los problemas mayores de la justicia, y uno de ellos, no al último en las prioridades, es, precisamente, la justicia cotidiana, de la que usted se preocupa y ocupa en llevar pronto y directamente al pueblo mismo.

México sabe y reconoce que es su impulso el que nos colocó en esta palestra de funciones para el pueblo. No le fallaremos, señor Presidente, ni a usted ni a la sociedad a la que nos debemos.

El sentido de estas palabras, es confirmar que somos plenamente sensibles a su convocatoria, que estamos absolutamente comprometidos con esa justicia para el pueblo que usted alienta, y que los 32 Tribunales Superiores de Justicia del país estamos, sin condiciones y sin límite, con usted, señor Presidente.