-MODERADOR: Hace uso de la palabra el licenciado José Eduardo Calzada Rovirosa, Gobernador del Estado de Querétaro,

-GOBERNADOR JOSÉ EDUARDO CALZADA ROVIROSA: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; señor Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; señor Diputado Ricardo Anaya Cortés, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Señor Senador Raúl Cervantes Andrade, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República; licenciado Emilio Chuayffet Chemor, Secretario de Educación Pública; doctor Rafael Moreno Valle, Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores; señores Secretarios de Estado; señores Gobernadores; estimadas amigas y amigos.

Con el gusto de saludarles.

Bienvenidos a la celebración del 97 Aniversario de la Promulgación de nuestra Carta Magna. Esta ceremonia cobra una especial importancia dentro del calendario cívico. Pero existen razones para que este año tenga una singular trascendencia.

El 2013 pasará a la historia por el impulso a las reformas que garantizan progreso a nuestra sociedad. Si bien, las constituciones reflejan, en el momento de su expedición, las aspiraciones de una sociedad, su propia naturaleza permite los cambios para adecuarse a los nuevos tiempos y también a las nuevas circunstancias.

Las modificaciones, rompen dogmas e inercias en los temas sensibles para el avance del país, tomando como referencia una sociedad más demandante y siempre más participativa.

Los cambios constitucionales recientes, no hubiesen sido posibles sin un gran pacto que conciliara los intereses de los mexicanos, representado por las principales fuerzas políticas de nuestro país.

Pacto y reformas promovidas por el Gobierno Federal y respaldadas por el Congreso, harán que en muy poco tiempo la Nación pase del México que hoy tenemos al México que hoy queremos.

Las reformas recientes significan rumbo a seguir en lo político, en lo económico y en lo social. En las grandes tareas y aspiraciones que demanda México, en el despertar de la conciencia nacional, como requisito para transitar la época actual y, sin duda alguna, trascender.

La Constitución Mexicana no solamente es la guía normativa de lo que existe, sino también, transformadora de lo que debe ser.

La construcción de un nuevo rumbo y la necesidad de una paz duradera, son propósitos que deben ser realidad cotidiana.

Ese es el profundo significado de esta celebración, la vigencia del espíritu transformador de los Congresistas de Querétaro.

El sueño de los Constituyentes de 1917, es hoy aplicable a la nueva realidad de México, en la que la sociedad clama orden y, también, pide progreso.

Reconocemos que la Federación está actuando en recomponer el tejido social dañado en los últimos años.

Para ello ha sido preciso tomar decisiones firmes.

El Gobierno de la República tiene el respaldo de los Gobernadores que representamos a las entidades integrantes del Pacto Federal.

Deseamos los acuerdos necesarios para que en la conciliación nacional sigamos construyendo consensos efectivos y gobiernos eficaces.

Hace 97 años esa fue la voz unánime que surgió de aquí, de este recinto, de la divergencia ideológica se derivó un acuerdo para diseñar el país que anhelamos todos los mexicanos.

Los debates de ayer, también, son fuente de inspiración para el México de mañana.

En el respeto a la diversidad de opinión se encuentra siempre la riqueza de la Nación.

Hace casi un siglo, en este recinto se dieron cita 219 diputados constituyentes. Todos con diferentes ideas. Todos con visiones distintas de la realidad nacional.

Finalmente acordaron darle rumbo al país, porque no obstante sus naturales discrepancias coincidían en que las raíces del problema del México de aquel entonces, eran la pobreza y la violencia.

Hoy, a casi 100 años de promulgada la Constitución esos problemas siguen vigentes en nuestro país.

Por ello, urgen acuerdos que nos den certeza y acciones que nos den confianza.

Éste es momento propicio para asumir a cabalidad nuestra responsabilidad individual por México. Cada quien en su ámbito y cada quien en su circunstancia. Cada quien en la medida de sus posibilidades.

Creamos, amigas y amigos, en el México del progreso que ya está en marcha.

Urge que la sociedad vuelva a creer en la firmeza de las instituciones y en la palabra de los que aquí nos reunimos para reafirmar nuestra vocación por México.

Tengamos confianza en que los afanes transformadores que impulsa el Primer Mandatario del país serán para el bien de la Nación.

Señor Presidente de la República.

Estimada audiencia:

Éste es el tiempo decisivo para que nuestro país rompa con los prejuicios y enconos que históricamente nos han dividido.

Éste es el momento mexicano que servirá para proyectarnos a nuevos niveles de bienestar y, sin duda alguna, también de cohesión social.

Para que en todo el territorio nacional se restablezca la paz social, indispensable para un desarrollo justo y para una convivencia en armonía, sin grupos fuera de la ley, sin intereses que pretendan ser superiores a aquellos de la mayoría.

Señoras y señores:

En este espacio emblemático de la unidad nacional refrendamos el compromiso por un México vigoroso, por un México en concordia.

Desde este lugar en donde se fundó la Patria soberana, se restauró la República y se crearon las instituciones modernas, renovemos el gran acuerdo nacional para buscar la paz en la unidad, para afianzar la grandeza que México tiene por el destino.

Gracias a todos.

Enhorabuena.

-MODERADOR: Hace su intervención el licenciado Emilio Chuayffet Chemor, Secretario de Educación Pública.

-SECRETARIO EMILIO CHUAYFFET CHEMOR: Ciudadano Presidente de la República; ciudadano Gobernador del Estado de Querétaro; ciudadanos Presidentes de los Poderes Legislativo y Judicial de la Unión.

Ciudadanos Gobernadores; ciudadanos servidores públicos.

Señoras y señores:

La mañana del 21 de noviembre de 1916, un puñado de revolucionarios se daba cita en la antigua capilla queretana que albergaba la Academia de las Bellas Artes, convocados bajo el lema de: Constitución y reformas, se aprestaban a liquidar las caducas instituciones porfirianas para diseñar otras nuevas.

Los Constituyentes compendiaban en esa hora la crónica misma de la Revolución. Radicales exaltados, anarquistas y liberales, viejos agraristas, probados líderes de los grandes centros fabriles, profesionales y jefes militares, componían un Congreso heterogéneo del que emanaría la nueva forma de ser del Estado mexicano que, salido violentamente de su letargo feudal, se apresuraba a modernizarse.

Cuando los diputados se disponían a iniciar sus labores preparatorias una comisión irrumpió en el recinto y a nombre de ellos un obrero saludo a la asamblea: Estos que estamos aquí somos los representantes de todo el pueblo de Querétaro, venimos a decir a ustedes que esperamos que la Constitución sea verdadera, real, efectiva, liberal y fundada sobre bases inconmovibles que mejoren un tanto la condición económica, política y social del pueblo.

Estas palabras reflejaban los anhelos del México revolucionario.

México esperaba mucho de su Constitución, quizás demasiado.

Quería que la nueva norma fuera instrumento para remediar sus carencias, enderezar sus errores y aligerar sus cargas. Veía en ellas la solución a todos sus problemas.

El 1 de diciembre, comenzaron en este Teatro de la República, las sesiones formales del Congreso. Campeaba en ellas el espíritu libertario de la Independencia que en la fragua de 1824 se nos volvió federalismo.

Reinaba también, el sentido igualitario que en 1857 destruyó fueros y abolió poderes fácticos que desafiaban al Estado y estaba presente, además, un profundo anhelo de justicia social ahogado por la paz sepulcral.

Los grandes temas del Constituyente de Querétaro fueron la tierra, el trabajo y la educación.

Pero su gran piedra angular fue y sigue siendo la educación. Instrumento que preserva y unifica al pueblo, posibilitando su paso a niveles superiores de vida, tal y como lo expresara el Diputado por Pachuca, Cravioto, desde la tribuna: Para México, el progreso consiste en escuelas, en escuelas y en más escuelas.

Difundamos la cultura, expandamos la instrucción, el deber esencial de todo mexicano, decía el hidalguense, es servir a su país, mejor que con las armas, con los libros bajo la mano.

Hacer una Constitución es articular una experiencia histórica con un programa a seguir.

Juntos, logros y aspiraciones, se nos vuelven gracias a la norma constitucional, proyecto colectivo. Modificable siempre por naturaleza, pues nada hay eterno en política. Pero al mismo tiempo, permanente en esencia en un núcleo que, a pesar de las transformaciones, permite que la sociedad siga cohesionada.

Hacer una Constitución demanda renunciar a la inamovilidad. Exige dejar las puertas abiertas al tiempo y admitir que, a partir de ella, se vayan generando las reformas que la van actualizando.

A 97 años de la fecha en que la Carta Magna fuera promulgada por su inspirador, México ha iniciado una nueva dinámica de desarrollo, bajo el liderazgo del Presidente Enrique Peña Nieto.

La educación ha retomado su función primordial, al establecerse que debe de ser una garantía para todos, de calidad y con equidad. Parámetros que la hacen efectiva y que aseguran las aspiraciones de transformación social e individual, latentes en el texto original.

Desde ahora, y particularmente dentro de tres años, esta celebración brindará una oportunidad de profundizar en nuestra vida democrática, mediante el fortalecimiento de la formación cívica de la niñez y de la juventud mexicanas.

El Programa Nacional Conmemorativo del Centenario de la Constitución permitirá que desde la educación, coadyuvemos de manera decisiva en el cumplimiento de tres ejes rectores:

Recordar la importancia histórica de la Carta Magna y su contribución al desarrollo.

Difundir su contenido y reflexionar sobre los mejores mecanismos que hagan efectivos los derechos fundamentales en ella consagrados.

En este fecha y dentro de estos muros, que no son sólo testigos de la historia, sino del presente, se instalará formalmente el Comité para la Conmemoración del Centenario de la Constitución, además de quedar conformado el Consejo Asesor integrado por representantes del sector académico y de la sociedad civil con reconocida experiencia en el campo de la historia, el derecho, la sociología y las ciencias políticas, a quienes agradecemos muy cumplidamente su participación y compromiso.

Toda Constitución ha de verse como puerto de arribo y punto de partida; como acta que consigna el final de una lucha y de una etapa, pero también, como la declaración de intención sobre otras nuevas que queremos librar y recorrer.

Al evocar un aniversario más de nuestra Constitución, lo que en realidad estamos rememorando es el crisol de nuestro perfil, la consolidación de una identidad explícita y, sobre todo, las muchas vías que hay para transitar hacia un derecho esencial que debe permanecer vigente, el de vivir en libertad con equidad.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Toca el turno en el uso de la palabra, al Ministro Juan Nepomuceno Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

-MIN. JUAN NEPOMUCENO SILVA MEZA: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Señor Senador Raúl Cervantes Andrade, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores; señor Diputado Ricardo Anaya Cortés, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados; señor licenciado José Calzada Rovirosa, Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro.

Distinguidos miembros de la mesa; señores Gobernadores.

Señoras y señores:

Hoy, conmemoramos 97 años de la Constitución de 1917.

Los mexicanos celebraremos en tres años el primer centenario de su vigencia.

100 años de estabilidad y continuidad constitucionales.

100 años que abarcan el mayor periodo de continuidad de la legalidad y de la constitucionalidad en México.

Es un gran orgullo para los mexicanos este logro político, pero, sobre todo, cultural y civilizatorio.

Somos hoy una democracia y un sistema de instituciones que opera bajo la normativa de una Constitución.

Tenemos una Constitución más grande que en 1917, y no nos referimos a la amplitud del texto. Nos referimos al alcance de los derechos y su protección.

Por muchas razones tenemos una Constitución, afortunadamente, mucho más amplía en la tutela, defensa y garantía de las libertades y los derechos humanos.

Las instituciones de la República tutelan una esfera de libertad mucho mayor, más amplia y más rica que la que imaginaron los Constituyentes del 17, hace 97 años. Donde el texto decía: Libertad, hoy escribimos todo un catálogo de libertades.

Hoy, la Constitución es más que un texto, es un sistema que a través de la jurisprudencia dice mucho más y construye un conjunto rico y sofisticado en la defensa de las libertades públicas, que han permitido vivir en paz y en libertad al amparo del Estado de Derecho.

De ello, también debemos sentirnos orgullosos y agradecidos con nuestros padres y abuelos; y al mismo tiempo, responsables ante nuestros hijos y nietos. Debemos nosotros preservar nuestro hogar constitucional.

Para consolidar un país de leyes e instituciones, un país en paz donde prevalezca el Estado de Derecho, el poder revisor de la Constitución ha modificado su texto para adaptar el contenido de la ley fundamental a las exigencias de una sociedad en continuo cambio y movimiento.

El régimen constitucional mexicano ha estado vivo por las demandas y exigencias que la sociedad hace a sus Mandatarios y sus representantes. Por ello, México está en condiciones de consolidar un sistema de pleno derecho y de mayor eficacia de las normas.

Hoy, el cumplimiento cabal de la Constitución y de las leyes es la mejor forma de alcanzar equidad social y desarrollo.

Pero el compromiso con la Constitución es relativamente sencillo en tiempos de paz y de estabilidad. El gran reto viene cuando la República enfrenta momentos difíciles, momentos de riesgo, de crisis, de conflicto y de inseguridad. En esas circunstancias es donde tenemos que ser más cuidadosos con las formas que establece la Constitución para situaciones de excepción.

Vivimos en un sistema constitucional de atribuciones expresas en el que los poderes públicos sólo podemos hacer aquello que estrictamente nos permiten las normas.

Tenemos que observar con extrema pulcritud la forma de las normas.
Por ello, en tiempos en los que la tranquilidad y la armonía entre los mexicanos se ven amenazadas debemos buscar las soluciones en la Constitución y no fuera de ella.

A partir de nuestra experiencia histórica es preciso preferir siempre la fortaleza institucional al desorden, las vías democráticas al uso de la fuerza ilegítima, el respeto al régimen democrático representativo y Federal a la ausencia del Estado constitucional.

No olvidemos que hacer justicia por propia mano, promover y participar de la corrupción y del abuso del poder afecta al desarrollo equitativo, a la tranquilidad social y con ello al sistema democrático, pilar de nuestro orden constitucional.

Hoy, cuando muchos y muchas mexicanas temen por su integridad y la de su familia, por su tranquilidad y estabilidad, es preciso insistir en que las respuestas se encuentran dentro de la Constitución y no fuera de ella.

La paz y la seguridad, y con ellas el desarrollo, están dentro de la Constitución y no fuera de ella.

Debemos mantener la continuidad histórica de la Nación dentro de la Constitución, no fuera de ella.

Señoras y señores:

La celebración que hoy nos convoca exige recordar por todos, principalmente por nosotros, las autoridades, que nuestra única lealtad es para y con la Constitución.

En el Poder Judicial de la Federación creemos que esa lealtad implica reconocer, respetar y hacer valer las salvaguardas con que contamos los mexicanos para fortalecer el México justo, democrático, incluyente y vigoroso al que aspiramos.

Sabemos que la sociedad reclama y necesita jueces honestos y confiables. Los merece la sociedad. Por eso, los más de mil 200 juzgadores federales repudiamos la deslealtad constitucional de algunos pocos. Pocos que manchan y denigran el trabajo de compromiso y responsabilidad de la inmensa mayoría.

Sabemos que la justicia que descansa en juzgadores honestos, profesionales y preparados será siempre más sólida, cierta y eficaz, garante del Estado de Derecho.

También tenemos claro, para garantía de la sociedad, que la Constitución define con precisión los tramos de responsabilidad que en los temas de justicia a cada uno corresponde.

Refrendemos nuestra lealtad. Honremos la historia nacional que continuamos construyendo día con día, dando vida a esas salvaguardas que están en la Constitución.

Apostemos por la institucionalidad y la unidad. Cumplamos, todos, con nuestras obligaciones dentro de la Constitución, no fuera de ella.

Celebremos así, hoy, a nuestra Constitución, por el bien y la tranquilidad de todos.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Tiene la palabra el Diputado Ricardo Anaya Cortés, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados.

-DIP. RICARDO ANAYA CORTÉS: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de México.

Senador Raúl Cervantes Andrade, Presidente de la Cámara de Senadores.

Ministro Juan Silva Meza, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Licenciado José Calzada Rovirosa, Gobernador del Estado de Querétaro.

Señores Gobernadores.

Señoras y señores integrantes del Gabinete del Gobierno de la República.

Señoras y señores.

Qué es una Constitución.

Hace 152 años, en las conferencias que dieron origen a su popular ensayo, Lassalle nos dijo que la Constitución es la suma de los factores reales de poder que rigen en un país.

Nos dijo que la Constitución es el reflejo de la realidad de una Nación en un momento determinado.

Pero la Constitución no puede ser sólo el reflejo de la realidad, la Constitución es, también, y señaladamente, el proyecto de futuro del país.

Realidad y proyecto de futuro.

Ahora, ciertamente muchos sostienen que no es el diseño institucional plasmado en la Constitución lo que en la realidad y en los hechos explica las enormes diferencias entre unas naciones y otras.

Unas ricas, otras pobres, unas prósperas desarrolladas; otras muy rezagadas, con enormes niveles de pobreza.

Piensan algunos que estas evidentes diferencias se explican no por el diseño constitucional, sino por otros factores, como la ubicación geográfica, la historia particular de cada pueblo, su idioma, su cultura y su idiosincrasia en general.

Pero la evidencia demuestra exactamente lo contrario. La humanidad realizó dos trágicos experimentos durante el Siglo XX para ver si la geografía, el idioma y la idiosincrasia importaban más que las instituciones y el ejercicio de Gobierno.

Después de la Segunda Guerra Mundial se dividió Alemania prácticamente por mitad, se aplicaron sistemas diametralmente opuestos y todos conocemos los resultados.

Quizá más ilustrativo aún es el caso de Corea.

Hasta hace solo 70 años toda la Península era una misma Nación, misma geografía, idioma, idiosincrasia, y desde hace sólo 70 años separadas Corea del Norte y Corea del Sur, con distinto diseño institucional.

¿Y cuál ha sido el resultado?

Hoy los coreanos en el Sur no sólo ganan más que los que del Norte, en promedio ganan 20 veces más. Viven vidas más sanas y más largas; la esperanza de vida es ya 12 años mayor. Ahora mismo la economía en el Sur está creciendo 300 por ciento más rápido que la economía en el Norte.

Y seamos francos, estas abismales y evidentes diferencias no se explican ni por geografía, ni por idioma, ni por idiosincrasia, se explican por sólo 70 años de distinto diseño institucional.

Hoy sabemos que es absolutamente falso que un pueblo tenga determinado su nivel de desarrollo futuro por factores predeterminados. Hoy sabemos que el diseño institucional que empieza en la Constitución importa.

Sabemos, también, que no basta con modificar la Constitución para cambiar la realidad, pero no hay duda de que es ese el primer e indispensable paso para trazar la ruta del desarrollo del país.

Por eso es tan importante el conjunto de reformas aprobado hace unos meses en el Congreso de la Unión, en las legislaturas de los estados y promulgadas por el Presidente de la República.

Fueron tantas y tan trascendentes las reformas que no hemos terminado de dimensionar la magnitud y la importancia de los cambios: Reforma Laboral, de Competencia Económica, Educativa, de Transparencia, de Telecomunicaciones, Política-Electoral y la Reforma Energética.

México vivió hace sólo unos meses su transformación institucional más profunda desde hace casi 100 años, en este histórico teatro nació nuestra Constitución.

Creo profundamente en la ruta trazada por las reformas. Como a ustedes, hoy me entusiasma el futuro de México; como a ustedes me llena de satisfacción ver a México rediseñando en paz y con acuerdos, su proyecto de futuro. Vamos por buen camino.

Y aunque falta mucho por hacer, tenemos muy claros los dos siguientes pasos que debemos dar:

Primero. La expedición de la Legislación Secundaria. Es cierto, muchas de las claves están ahí, en los detalles.

Y segundo. La correcta implementación de nuestro nuevo marco legal. Implementación que demanda cultura de la legalidad, Estado de Derecho, cerrar por completo la brecha entre lo que dice la norma y lo que se aplica en la realidad.

Subrayo la importancia de la implementación, porque cuando un gobierno cumple y hace cumplir la ley, se nota. Como se han notado aquí en Querétaro durante décadas de gobiernos atentos, responsables, que no postergan decisiones, que no negocian la ley, que cumplen y que hacen cumplir la ley.
Como decía el gran liberal José María Luis Mora, la salvación de la república no debe depender de accidentes personales, sino de la imperturbable supremacía de las leyes.

Señor Presidente, señoras y señores:

Se dice que durante la Revolución, que dio origen a nuestra Constitución, enormes fortunas fueron escondidas en las casas del Centro Histórico de esta hermosísima ciudad y desde entonces muchos se han dedicado a buscar esos tesoros.

Hoy, a 97 años de la promulgación de nuestra Constitución, podemos todos llevarnos de este histórico Teatro de la República un gran tesoro: el de la unidad nacional, aún con diferente origen partidista, unidad en lo fundamental; unidad para mirar más lejos y más alto.

Unidad nacional recordando a Octavio Paz en su centenario como ejercicio de sinceridad, sinceridad con el otro y sinceridad con nosotros mismos.

Unidad nacional para mantener por encima de nuestras diferencias un espíritu patriótico y solidario.

Unidad nacional en los asuntos que son de patria.

Unidad nacional ante los enormes retos de violencia que sufren algunas regiones de nuestro país.

Unidad nacional para saber y para entender de una vez por todas que hay tiempo para competir y tiempo para construir.
Unidad nacional por nuestra causa y por nuestra casa común.

Unidad nacional por el bien y la prosperidad de la Nación.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Hace uso de la palabra el Senador Raúl Cervantes Andrade, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores.

-SENADOR RAÚL CERVANTES ANDRADE: Señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Enrique Peña Nieto.

Diputado Presidente Ricardo Anaya; Ministro Presidente Silva Meza; señor Gobernador José Calzada; señor Gobernador Rafael Moreno Valle, Presidente de la CONAGO; señores Gobernadores.

Gabinete Legal y Ampliado; académicos; miembros del Poder Judicial; miembros de los órganos autónomos.

Hoy, para mí, es una emoción enorme poder dirigirme a ustedes, en una reflexión sobre una fecha tan importante a 97 años de nuestra Constitución.

En 1917 tenían un gran reto, como el que se tiene ahora. Y si ustedes me permiten, grosso modo, me gustaría hacer una reflexión, década por década, de elementos y pinceladas de lo que se ha significado modificar nuestra Constitución.

En muchos lugares, muchos líderes de opinión hacen la reflexión que la Constitución Mexicana ha sido altamente modificada, y cuando se hace un análisis de cantidad, más no de calidad, no atiende normalmente a la realidad.

El reto que tenían en 1917 era transitar de un constitucionalismo liberal a un constitucionalismo social.

Tan fue así que fue la primera Constitución en el mundo de un Estado de derecho social, lo que significó y el avance en la escritura y las cláusulas constitucionales era mucho. Puso ejemplo a desarrollos constitucionales que se dieron a la mitad del Siglo XX y que se continuó con este camino.

Qué fue y por qué fue lo que lo motivó.

Por estar atento a dos temas: la realidad, la sociedad con insuficiencia de desigualdad, muy importantes. Una política pública que no le daba cumplimiento y que no sólo eso, sumaba a que hubiera más desigualdad. Y un pueblo atento y sensible a poderse transformar.

Si en los 40 nos vamos, hubo una transición específica, muy específica, en la que la transición del Gobierno militar pasó a los civiles y en donde se redujo el mandato de los señores Gobernadores. No un tema menor en esa década que no se veía alcanzable en los 30.

En los 50, el voto de la mujer. Necesario primero para que no se le otorgara, sino se le reconociera y la enorme participación de la mujer en la vida democrática desde esa fecha hasta la actualidad.

Hoy no estamos en un tema de acciones afirmativas. Hoy queremos una igualdad sustantiva, pero inició en esa época.

En los 60, con esa sensibilidad que necesitaba México una pluralidad, lo que hicimos fue darnos los Diputados de partido. Se abría el Congreso en la Cámara de Diputados a una participación plural por la necesidad de reencontrarnos en la democracia, en el diálogo, en el debate y en los acuerdos.

En los 70. En 1977 se hizo una Reforma Política muy importante de gran calado que transformó la vida de esa década y de la subsecuentes en la que se crearon los Diputados Plurinominales con una visión específica, gran parte de las inquietudes políticas del pueblo mexicano no estaban en un espacio institucional para su desarrollo.

No fue un tema menor incorporarlos, invitarlos y que permanecieran para darle cumplimiento a lo que denominamos representatividad Constitucional.

En los 80, hicimos una reflexión desde el punto de vista económico. El mundo estaba cambiando en muchos temas y México necesitaba cambiar.

Hicimos implícito lo explícito del tema del capítulo económico Constitucional y generamos un sistema de planeación constitucional.

Redefinimos la rectoría del Estado. Volvimos a pensar cuál era el papel de las empresas del Estado en la participación de la vida económica de México.

Aperturamos internacionalmente aranceles. Nos abrimos al mundo para firmar tratados internacionales que, sin duda, le generaron un bienestar México.

Este capítulo económico constitucional no fue tema menor. Casi la mayoría de las leyes administrativas se modificaron.

En el 90 hubo dos caminos:

Primero. Empezamos a crear los órganos autónomos constitucionales.

Y segundo. Fortalecimos el control Constitucional, dotando de mayores facultades al Poder Judicial Federal y a nuestro árbitro Constitucional.

El primero en materias económicas en una materia electoral, en temas de vigilancia, de transparencia, de control, en lo que se le notó que era necesario extraer del Poder Ejecutivo estas facultades y crear órganos autónomos constitucionales que le dieran certeza y camino a estas materias.

Y en el tema del Poder Judicial, crear lo que se denomina árbitro constitucional, que fuera el árbitro y le diera cumplimiento a la Constitución en los niveles de Gobierno y entre Poderes; y que se sometiera a las mayorías parlamentarias, a la Constitución cuando lo solicitaran las minorías parlamentarias.

No fue tema menor. Nos condujo a una manera de pensar y de ejercer la política que todos los que nos acercamos, o la hemos ejercido, o los que nos dedicamos al procesal constitucional entendemos la trascendencia de esta reforma.

En el 2011 cambia verdaderamente el paradigma constitucional y le da mayor alcance, con mayor certeza de lo que significaban las Garantías Individuales del 17, o el pensamiento liberal de los derechos del hombre, inspirado en Francia.

Lo que se hizo fue llevar en técnica jurídica la mejor técnica de construcción constitucional en base de principios, puso cuatro principios específicos y un sistema de interpretación. Nunca más se podrá entender una involución de los derechos humanos, viniendo de tratado internacional o de un derecho fundamental, entendiéndolo en cláusula constitucional.

Se le mandata al Poder Judicial, pero a los demás poderes, también, en la interpretación del centro, el centro de la vida institucional es el ser humano, y eso pasó en el 2011.

La única consecuencia para lograr en plenitud en un país con tal desigualdad económica, y con los problemas que tenía nuestro país, la única llave para poder ejercer y desarrollar los derechos humanos, los derechos fundamentales en su plenitud, se llama crecimiento en la vida moderna de un Estado.
Lo que se tenía que dar para que hubiera un crecimiento, la correspondencia de poder decirle a los ciudadanos que van a cumplir in extremo todos y cada uno de sus derechos humanos, era generar una nueva estructura transversal constitucional en telecomunicaciones, en competencia económica, en energía.

Si no hubiéramos tenido esa visión de una Reforma Política, si no hubiéramos estado atento a los temas sensibles que la sociedad mexicana necesita, el Estado estaría incumpliendo, porque el Estado no otorga derechos, no reconoce derechos.

Lo que genera el Estado son las condiciones para que se cumpla, en plenitud para los mexicanos y mexicanas los derechos que la Constitución y los tratados internacionales otorgan a los mexicanos y a los que viven en nuestro territorio.

Señor Presidente:

La evolución natural de lo que hicimos, que el Poder Ejecutivo, el Congreso de la Unión, las legislaturas de los estados, la sociedad en su conjunto, estar administrando y revisando que nuestro camino es el correcto y que internacionalmente se reconoce; la evolución natural será que es extraer de la Constitución los principios y los valores que la motivan para estar más cerca y saber qué significa ser mexicano.

Muchas gracias.

(A CONTINUACIÓN HIZO USO DE LA PALABRA EL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, LICENCIADO ENRIQUE PEÑA NIETO. SU DISCURSO SE TRANSCRIBE POR SEPARADO)