-MODERADOR: Señoras y señores, hace uso de la palabra el Gobernador del Estado de Querétaro, Francisco Domínguez Servién.

-GOBERNADOR FRANCISCO DOMÍNGUEZ SERVIÉN: Muy buenas tardes.

Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Diputado Jesús Zambrano, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; Senador Roberto Gil, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República; Ministro Luis María Aguilar, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; doctor Eruviel Ávila, Gobernador del Estado de México y Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores; doctor Aurelio Nuño, Secretario de Educación Pública; Canciller Claudia Ruiz, Secretaria de Relaciones Exteriores.

General  Salvador Cienfuegos, Secretario de la Defensa Nacional; Almirante Vidal Francisco Soberón, Secretario de Marina; doctor Luis Videgaray,  Secretario de Hacienda y Crédito Público; maestra Arely Gómez, Procuradora General de la República. 

A la Gobernadora, Gobernadores; Secretarias y Secretarios de Estado; Senadoras, Senadores; Diputados Federales, Diputados locales; Presidentas y Presidentes Municipales.

Amigos todos:

Hoy celebramos una fecha y un momento histórico para la República. La urgencia de posar nuestra mirada sobre el futuro. 

Una Constitución es la síntesis jurídica y política de las aspiraciones de una sociedad.

Hace 99 años, en este mismo recinto, México hizo dos aportaciones centrales al mundo:

Primero. Se plasmaron en un texto legal los acuerdos de la primera revolución social del Siglo XX.

Segundo. Se integró un apartado específico a los derechos sociales. Aportamos una nueva mirada al  derecho constitucional universal. Sin ello, no podemos entender las redes de protección social en todo el mundo.

No fue casualidad que Venustiano Carranza eligiera a Querétaro como sede para discutir un nuevo proyecto constitucional. Quiso proyectar la continuidad histórica de un proyecto de Nación y de visión de futuro.

El primer Jefe de la Revolución eligió a Querétaro por sus aportaciones centrales a la historia y la vida de México, porque éste es el epicentro de la lucha de la Independencia.

Aquí, triunfó la segunda Independencia de México como lo llamó Daniel Cosío Villegas.

Aquí, se restaura la República bajo el comando de Benito Juárez.

Aquí, en Querétaro.

Se buscó simbolizar que siendo siempre una Revolución una ruptura, la mexicana era una ruptura de régimen, pero se mantiene la continuidad del proceso histórico de Nación mexicana que se tutelaba en la Constitución de 1857.

A los fundamentos de la antigua Constitución: República, Federalismo, laicismo, propiedad privada, se agregaban nuevas aspiraciones del pueblo mexicano.

Dos de los más importantes ideales en una sola frase: Sufragio efectivo. No reelección.

El pensamiento maderista más puro, pero sobre todo, la posibilidad real de vivir con bienestar.

México quería democracia, sí, pero también demandaba justicia social.

Por eso se incluyen los derechos laborales, la repartición de la tierra y la propiedad de la Nación sobre el subsuelo.

Los mexicanos estaban dispuestos a luchar por estos ideales. A entregar la vida por ellos.

En este mismo teatro, entonces llamado de Iturbide, se encuentran dos Méxicos, uno que quiere orden, legalidad y democracia, otro que demanda libertad con equidad.

Carranza, no sólo convocó aquí a un Congreso Constituyente, decreta que Querétaro sea capital provisional del país. Ese honor distingue a los queretanos. Esa alta responsabilidad nos acompaña.

Aquí, se hacen las aportaciones de los tres Constituyentes queretanos Ernesto Perrusquía, Juan N. Frías y  José María Truchuelo

Aquí, se encuentran los intelectuales Palavicini, Cravioto, Macías. Ellos redactan la base de la propuesta carrancista.

Aquí, irrumpe las otras armas de los revolucionarios más radicales, la de los argumentos y la del diálogo; sólo que en esta misma tribuna construyen Múgica, Jara, Baca Calderón, entre otros.

Hasta entonces, los mexicanos habían vivido en un mismo territorio, pero no habían convivido.

En este lugar aquí, México empieza a conocerse.

Los ilustrados periodistas, abogados, profesionistas, habían compartido un sólo espacio, pero no habían compartido los ideales con los campesinos, obreros y profesores que aquí llegaban. El pasado los separa. El amor por México los une.

En este teatro México se encuentra. En este teatro México se mira a los ojos. En este teatro México se hermana. Quienes habían peleado hasta la muerte, necesariamente aquí debían de pactar y someterse a un nuevo dictado: la voluntad de la mayoría.

Por ese mandato coinciden con un nuevo propósito: después de tanta muerte hay que sentar las bases para un México donde se refunde la vida. En Querétaro lo logran, y hoy celebramos su 99 aniversario.

Señoras y señores:

Una Constitución es historia pero también es visión. Es memoria pero, también esperanza. Una Constitución legal, otra Constitución real; una recoge la letra, la otra los sueños y la angustia.

México ha avanzado mucho en un siglo.

Hoy, está presente la conformidad de un poder público plural, democrático, sometido al escrutinio social y al imperio de la ley.

Hoy, vivimos a plenitud aquel anhelo de Sufragio Efectivo y no a la Reelección.

Hoy, hemos tendido redes de protección social. Hemos educado, llevado salud y bienestar a millones de mexicanos.

Pero también tenemos una obligación y un reto. Mientras al futuro con ambición y compromiso, mirémoslo.

Esta fecha nos llama al espíritu reformista. Continuemos reformando como ya lo hemos hecho. Sigamos el ejemplo emprendedor y crítico que distinguió aquella generación de mexicanos.

Hoy enfrentamos desafíos de gran magnitud. Tres de estos desafíos son centrales:

Primero. Garantizar que la justicia llegue a todos los hogares en nuestro país.

Segundo. Retomar el camino de la decencia, el decoro, la honestidad, como forma de vida.

Tercero. Asegurar que todos, por el hecho de ser mexicanos, puedan vivir con bienestar.

Hoy aquí debemos recordar: hemos tomado decisiones valerosas en los últimos años. No perdamos la fe en las posibilidades de seguir adelante. El cambio no es sólo es cambio, debe de perdurar.

Renovemos el pacto de concordia que nos identifica como mexicanos.

Señoras y señores:

El trabajo duro, lícito y decente es la única forma para hacer realidad los sueños.

Refundemos la escuela y la familia como origen de un nuevo civismo mexicano. Pensemos no en una nueva Constitución, pensemos en un nuevo constitucionalismo mexicano, uno para el Siglo XXI; uno que favorezca la integración social, política y económica de nuestro país; uno que garantice la identidad de globalidad; uno que sea el recipiente para fundar una sociedad de respeto.

Éste es el momento. No hay tiempo que perder.

El Estado mexicano debe estar a la altura de los desafíos. Recuperemos el respeto ciudadano hacia la autoridad. Esto no se otorga, se gana.

Firmemos un nuevo pacto social que nos una, que nos mueva, que nos conmueva. Demos esperanza a nuestros hijos.

México es una gran Nación.

México es una idea y una visión.

México es un lugar que nos espera para progresar.

Hagamos nuestro trabajo con pasión, con fe. Hagamos lo que sea preciso para renovar la certeza de ese México grande y triunfador. Hagamos de estos principios nuestro faro. Hagamos que el Norte y el Sur de México se reencuentren.

Estamos a un año de celebrar el primer siglo de la refundación de México. Pensemos en los siguientes 100. No hay mejor lugar para convocar a un esfuerzo nacional aquí, en Querétaro. No hay mejor momento que hacerlo que éste. No hay una coyuntura más urgente en la que vivimos. No hay un liderazgo más valioso que todos ustedes. No hay generación más dispuesta que la nuestra.

Muchas gracias.

-MODERADOR: A continuación, toca el turno al Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

-MINISTRO LUIS MARÍA AGUILAR MORALES: Muy buenas tardes.

Señor licenciado don Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Señor Senador Roberto Gil, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República; señor Diputado don José de Jesús Zambrano Grijalva, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; Señor doctor Eruviel Ávila Villegas, Gobernador Constitucional del Estado de México y Presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores.

Señor licenciado Francisco Domínguez Servién, Gobernador Constitucional del Estado de Querétaro; señores Gobernadores.

Señoras y señores titulares de órganos constitucionales autónomos; señoras y señores  Secretarios de Estado; señoras y señores Magistrados de los Tribunales que nos acompañan, Federales y del estado.

Señores Diputados y Senadores; representantes de los tres Poderes del Estado Libre y Soberano de Querétaro; Consejeros  y compañeros de la Judicatura Federal; Presidente y Magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

El 31 de enero de 1917, durante la Sesión Solemne de Clausura del Constituyente de 1917, el Primer Jefe  del Ejército Constitucionalista se dirigió a los miembros del Honorable Congreso Constituyente en los siguientes términos:

Ahora sólo nos queda la obligación de ir a la práctica de la Ley Suprema que acabáis de sancionar, llevándola en nuestras manos como la enseña que nos hará grandes, justos y respetados entre los demás pueblos de la Tierra, que nos traerá la paz y la prosperidad, y que acabando con todas nuestras rencillas, con todos nuestros odios intestinos, nos llevará a vivir la vida tranquila de los pueblos libres, por el respeto a la libertad y al derecho de cada uno.

A continuación Carranza protestó guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Estando ya muy próxima a cumplir 100 años debemos conmemorar la Ley Fundamental de la Nación, no sólo a propósito de los años que cumple, sino por su incalculable trascendencia como la expresión jurídica más importante que disponemos para preservar el Estado democrático de derecho en México.

Siendo herederos de lo más noble de los juristas de la Patria, contamos hoy con una Ley Fundamental que desde su primer Artículo obliga a todas las autoridades a promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad.

La Constitución es el pacto que estableciendo los derechos fundamentales representa también el proyecto de vida de nuestra identidad colectiva; es un instrumento irrenunciable para la convivencia y para la integración; es el modo de ordenación de la vida social que adoptando una forma superior al resto de las leyes respeta la condición soberana y libre de los individuos y establece vías eficaces del control del poder.

La Constitución es la consolidación de la soberanía que reside esencial y originalmente en el pueblo y, por tanto, la máxima expresión de su autodeterminación.

La Constitución es un proceso social cuyo valor como norma jurídica de mayor jerarquía radica también, en preservar los avances de fondo que incorpora respecto al pasado y sus proyecciones hacia el futuro.

Es la prueba de lo que generaciones de mexicanos hemos sido y la más elevada intención de lo que queremos ser.

Gracias a la Constitución se ha estructurado y organizado a las instituciones públicas, así como orientado el actuar de autoridades y ciudadanos modulando la convivencia social, estableciendo las atribuciones necesarias para el poder público y enfatizando, también, las limitaciones de ese poder para proteger la esfera inviolable de derechos y libertades del ciudadano, que es y debe seguir siendo el epicentro de nuestra máxima norma.

La Constitución recoge las decisiones fundamentales y los principios que a lo largo de casi un siglo se han ido adecuando, modificando y reformando para establecer con nitidez el andamiaje institucional que se requiere para los fines del proyecto Los principios constitucionales permanecen inmutables, tienen la solidez que les imprime el paso del tiempo, y mantienen su condición como suma de verdades evidentes.

Así, son verdades evidentes en nuestra Constitución que todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficie de éste; que es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de estados libres y soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior, pero unidos en una Federación.

Que, también, es verdad evidente que el Supremo Poder de la Federación se divida para su ejercicio en tres Poderes de la Unión.

A partir del establecimiento de esta estructura fundamental del Estado mexicano, el texto constitucional ha evolucionado para ir incorporando nuevos diseños institucionales orientados a una mayor democratización a la transparencia, a la rendición de cuentas, al combate a la corrupción, entre otros tantos.

Como sostuve hace un año exactamente que estuve aquí, las instituciones han tenido y deben tener un proceso de perfeccionamiento continuo para responder a las exigencias de la sociedad.

La Constitución se nutre, también, de los acuerdos que a nivel internacional nuestro país suscribe, y de este modo México se mantiene al día participante en el concierto de las naciones.

Así como la Constitución es el manto protector de los fines del proyecto nacional, también contiene decisiones fundamentales y principios. Por tanto, no puede haber por ningún motivo y bajo ninguna circunstancia marcha atrás en la protección de los derechos humanos.

La Constitución es una ley fundamental y así debe ser considerada por los jueces, decía Hamilton en 1788.

Como garante del orden constitucional, el Poder Judicial de la Federación, al poder le corresponde aportar elementos que permitan a la sociedad participar activamente del proceso de construcción de la nueva cultura jurídica, en torno a la propia norma fundamental y los principios que establece.

La razón de ser del Estado es el pueblo, la sociedad que le da origen. Por ello, ningún Gobierno y mucho menos ningún sistema de justicia es posible si no se sustenta en una real y concreta defensa y respeto de los derechos de las personas.

Nuestra Constitución, cuyo 99 aniversario conmemoramos hoy lo hace y, por tanto, los gobiernos emanados de ella están obligados a hacerlo y, los jueces de la República tienen el deber de vigilar por su respeto y cumplimiento efectivo.

Los impartidores de justicia federales estamos conscientes y dispuestos a atender de manera cotidiana el llamado legítimo de quienes acuden a pedir justicia.

Sentenciando un promedio de más de un millón de asuntos al año, el Poder Judicial hace una labor como jueces de la República, tanto en la resolución de conflictos cotidianos, como en aquellos de enorme interés público. De esa manera garantizamos a todos los habitantes de nuestro país el pleno ejercicio del derecho de acceso de justicia Federal a través de recursos jurisdiccionales efectivos y ágiles enmarcados en la más intensa y exigente política de respeto a los derechos humanos de todos sin distinción.

La Constitución es un documento que el pueblo de México se dio a sí mismo, en el que se establecieron ideales, principios, forma de organización, reconocimiento de derechos, instituciones, competencias. En fin, todo lo necesario para sustentar una Nación generosa, rica en propósitos, organizada en armonía, todo en forma de normas que obligan, que rigen la conducta y reparten competencias.

Con ella, nos dimos los mexicanos un país de libertades, de educación, de relaciones con el mundo, de respeto a la persona y límites a la autoridad, y establecimos jueces y tribunales que lo hagan efectivo y vigente.

Reconociendo una sociedad dinámica, creativa en crecimiento, a la par de las nuevas necesidades y derechos, en este documento fundamental se establece también, la posibilidad del cambio o mejor, de la evolución.

Un documento siempre con hojas en blanco en las que el mismo pueblo mexicano, representado en el poder reformador, puede mejorar, modificar y cambiar lo que necesitamos, lo que exige nuestra sociedad: plasmar la voluntad de todos nosotros para vivir en armonía y en paz en el respeto de los derechos de toda persona, sin diferencias, sin limitaciones, sin discriminación.

Esta evolución hace que a pesar de los años que tiene nuestra norma fundamental, lejos de convertirla en obsoleta la convierte en el documento actual y actualizado de nuestros anhelos como Nación.

Lo afirmé en diciembre pasado y lo reafirmo hoy, nuestra casi centenaria Carta Magna sigue brillando como el faro que debe regir la convivencia social y que debe orientar todos los actos de Gobierno.

Nada puede estar por encima de ella.

Nada puede estar por encima de los derechos que reconoce.

Nada puede interponerse entre las personas y sus libertades.

Porque defender la Constitución es preservar el Estado de Derecho.  Porque defender la Constitución da fuerza a nuestra Nación. Porque defender la Constitución es defender la dignidad humana y esa es nuestra labor, nuestra responsabilidad.

El documento más importante de nuestra historia reciente, firmado aquí hace 99 años, no puede sino estar como referente único e insuperable de toda legitimidad y legalidad en el país.

Nada ni nadie sobre la Constitución.

Hagamos juntos realidad el anhelo de Carranza y los Constituyentes reunidos en Querétaro, para ser grandes, justos y respetados entre los demás pueblos de la Tierra.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Toca el turno al Senador Roberto Gil Zuarth, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores. 

-SENADOR ROBERTO GIL ZUARTH: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Diputado Jesús Zambrano Grijalva, Presidente de la Cámara de Diputados; Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Ingeniero Francisco Domínguez Servién, Gobernador del Estado de Querétaro; señora y señores Gobernadores; integrantes del Gabinete Legal y Ampliado; representantes de las Fuerzas Armadas mexicanas.

Legisladores Federales y locales; autoridades políticas del estado, invitados especiales.

Señoras y señores.

El Estado  constitucional es la evolución histórica de dos formas de pensamiento, de dos concepciones sobre el individuo, sobre la sociedad y sobre el Gobierno.

Por un lado, el liberalismo situó al individuo en el centro de la sociedad, racionalizó al poder y opuso al Estado la esfera impenetrable de la persona.

Diseñó un conjunto de instituciones para resguardar su dignidad y su autonomía; los derechos fundamentales y las libertades públicas; el principio de división de poderes; el principio representativo; la descentralización del poder.

Por otro, para el pensamiento social, el individuo en condición desigual no es plenamente libre.

La tradición igualitaria asignó al Estado un conjunto de responsabilidades para compensar el azar que determina el punto de partida.

Justificó por tanto la intervención del Estado en las relaciones y procesos sociales; fijó deberes jurídicos de satisfacción a las necesidades básicas de los individuos; convirtió el sentimiento humano de la solidaridad en un principio normativo y de Gobierno; hizo de la igualdad material un fin imprescindible de la organización política.

Desde entonces, libertad e igualdad coexisten en el seno de una norma en la Ley Suprema. Desde entonces son referentes de validez de las decisiones públicas y, por supuesto, condición de legitimidad del Estado.

La Constitución de 1917 sintetizó estas dos tradiciones políticas, para pacificar a una Nación convulsa por el episodio revolucionario y para encausar la exigencia de la justicia social, los Constituyentes que aquí se reunieron no sólo reconocieron las instituciones liberales, sino que además diseñaron una visión de la educación, un modelo de propiedad y un régimen de relaciones laborales para derogar la ley del más fuerte.

Educación, propiedad y trabajo como ejes de la refundación nacional de una sociedad fracturada, preponderantemente rural, sin progreso material ni social al alcance y, como la describió Venustiano Carranza: profundamente lastimada por tres siglos de opresión y uno de luchas intestinas.

Así, el Constituyente de Querétaro interpretó su realidad y fundó un Estado; identificó problemas y diseñó instituciones para un tiempo y para un espacio.

Pero, la vida social es movimiento, la sociedad evolucionó, el ciudadano cobró consciencia de sí mismo, exigió respuestas, se impuso la pluralidad y la competencia y con ellos, los premios y castigos de la democracia.

La Constitución se reescribió a través de sus reformas. Se desdobla mediante sentencias. El cambio social se tradujo en cambio jurídico.

Democracia política, economía de mercado y responsabilidad social del Estado es la síntesis de una larga secuencia reformadora. La ecuación básica del consenso constitucional del Siglo XX y de la primera década de nuestro Siglo XXI.

Un consenso que tardó, por supuesto, en madurar; décadas de partido hegemónico; una larga, pacífica y gradual transición democrática que hicimos todos; institucionalización de la pluralidad; dos alternancias; reformas que liberaron mercados y; reformas que reescriben la rectoría estatal, ahí donde su ausencia es sinónimo de injusticia.

Con lealtad republicana hemos reivindicado históricas tradiciones constitucionales. Les hemos dado estabilidad y vigencia, pero, al mismo tiempo, nos hemos liberado de paradigmas diseñados para otras épocas, para otra sociedad, para otro mundo. Y ese mundo sigue en constante cambio.

Hoy los poderes salvajes se desarrollan al margen del derecho y desafían las posibilidades de lo público. La globalización margina al Estado-Nación en su capacidad para dar respuesta a las expectativas de los ciudadanos.

Los problemas son cada vez más grandes y los instrumentos del Estado cada vez más reducidos. La sociedad del conocimiento impone una nueva forma de comprender, comunicar e interactuar; mientras que el Estado sigue buscando su lugar en el espacio infinito de lo intangible.

Las nuevas tecnologías sustituyen las plazas públicas con libertades virtuales. La democracia como sistema de participación política se desfasa frente a la velocidad, la penetración y la eficacia de las aplicaciones colaborativas, de las nubes de datos, de las redes de información.

La economía del cambio climático nos ha recordado el viejo problema de la escasez. La innovación tiende a acelerarse junto con la emergencia de nuevos patrones de producción y de consumo.

Hemos entrado a la era de la gramática de lo sustentable, pero seguimos conjugando los verbos económicos desde las antiguas formas de la mano invisible del mercado.

El mercado desbocado nos llevó a la crisis y la crisis a la austeridad. El Estado de bienestar tiende a contraerse por necesidad, mientras que las expectativas individuales siguen aumentando.

La brecha de la cuestión social se reabre. En esa brecha fecunda el descontento y en el descontento el desafecto por la política, el desencanto con la democracia, la seducción populista y, por supuesto, la tentación autoritaria.

Y aunque el mundo revela nuevos fenómenos, hay otro que se exacerba día a día, la desigualdad, que es concentración de riqueza en pocas manos, conservación de privilegios, pobreza material y fundamentalmente exclusión en el acceso a los derechos, a los bienes y a los servicios públicos.

Todas estas cuestiones son en el fondo problemas del orden social, problemas políticos, retos institucionales y, por tanto, problemas constitucionales, porque la Constitución es ante todo la institución de las instituciones.

Sí, como generación tenemos el deber de confeccionar los consensos constitucionales para enfrentar el mundo del Siglo XXI, el mayor y más urgente: la desigualdad en todas sus manifestaciones, desde la desigualdad que discrimina, hasta la desigualdad que impide el pleno desarrollo de los proyectos de vida individuales.

Pero al mismo tiempo debemos enfrentar los problemas normativos latentes, las deficiencias, los vacíos, las indefiniciones de las instituciones que nos hemos dado.

El país debe transitar de la sociedad del reparto agrario a la sociedad de los patrimonios personales y familiares, de la economía de la tierra que no es de nadie a la economía de los derechos ciertos de propiedad que alienten la productividad, el ahorro, la inversión y el acceso al capital.

El empleo no se creará, ni los salarios subirán por decreto, esa fórmula estatista ya se ensayó y ya fracasó.

La ecuación exitosa es la combinación entre óptimas habilidades y competencias personales, condiciones laborales flexibles y disponibilidad de complementos tecnológicos al trabajo sobre la base de un entorno de seguridad jurídica y sobre todo de justicia imparcial entre las partes.

El Estado mexicano es todavía la federación de municipios precarios, estados débiles y poderes centrales insuficientes para colmar todas las necesidades de los órdenes subnacionales.

La seguridad es el punto de quiebre de este modelo todavía no funcional.

Federalismo debe ser sinónimo de responsabilidad y cooperación subsidiaria, funciones delimitadas, incentivos poderosos al desarrollo de capacidades propias, sustituciones e intervenciones oportunas para evitar males mayores.

El nuevo reto de la gobernabilidad democrática es articular gobiernos eficaces en un contexto de Ejecutivo sin mayoría legislativa y muy probablemente con legitimidad minoritaria de origen, Congresos pulverizados y poco cohesionados, un débil sistema de partidos, funciones ejecutivas y administrativas fragmentadas en más de una decena de órganos constitucionales autónomos.

Nuestro déficit sigue siendo que prevalezca el Estado de Derecho, que reine el imperio de la ley y poner fin a la impunidad.

Instituciones para la justicia cotidiana, para la paz social, para la certeza de los derechos. Instituciones que procuren la cordialidad entre mexicanos, que nos unan, que nos vinculen, que nos cohesionen, que garanticen el trato digno igual a todos y a cada uno.

La presencia oportuna del Estado ahí donde nacen o se rebelan los conflictos. Ahí donde la Constitución debía establecer principios sobrerregulamos. Es el caso del modelo de comunicación política. Quisimos corregir excesos, pero cometimos otros, en perjuicio de la libertad. Ese modelo vigente inhibe el flujo de las ideas y la participación activa de los ciudadanos, inhabilita la deliberación democrática y cancela la libertad de expresión. 

Debo decirlo con toda claridad: protege a los políticos de la crítica y sancionan a quienes informan o a quienes nos juzgan.

Es el régimen del silencio, de la tutela paternalista, de la censura al debate.

Se nos hace tarde para reconocer que en la intención terapéutica de una reforma, cometimos un error que ha atentado contra la calidad de nuestra democracia.

Estos son sólo algunos de los problemas constitucionales que nos reclaman soluciones prontas, claras y sobre todo efectivas. Es aquí donde tenemos que invertir nuestra voluntad política.

Señor Presidente.

Señoras y señores:

En su ensayo sobre las utopías, Alfonso Reyes afirmó que las Constituciones son metas propuestas a las conductas de los ciudadanos.          La meta del Constituyente de 1917 fue establecer la justicia, buscar la igualdad, la desaparición del oprobio, el renacimiento de la consciencia nacional.

Nuestras metas deben plasmarse en nuevos consensos constitucionales. Consensos que recojan las aspiraciones heredadas y las expectativas que quedan por cumplir. El desafío político de esta generación es renovar el pacto social para enfrentar de mejor manera los desafíos del Siglo XXI.

La incertidumbre que causa irritación, la irritación que conduce a la desesperanza. 

Para las incertidumbres no hay mejor paliativo que la razón de las instituciones. Para la desesperanza, no hay mejor instrumento que la fuerza inspiradora de la buena política.

Vivir con la Constitución y en la Constitución, cambiar con ella, aplicarla y obedecerla, reafirmar su sentido originario, libertad como principio, igualdad como fin, porque como nos enseñaron nuestros Constituyentes, libertad sin igualdad es injusticia y porque la igualdad sin libertad es mera utopía.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Hace uso de la palabra el Diputado José de Jesús Zambrano Grijalva, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados.

-DIP. JOSÉ DE JESÚS ZAMBRANO GRIJALVA: Muchas gracias, muy buenos días.

Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.

Senador Roberto Gil Zuarth, Presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República.

Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor Gobernador anfitrión nuestro; señora y señores Gobernadores; señoras y señores miembros del Gabinete.

Amigas y amigos todos:

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos promulgada el 5 de febrero de 1917 aquí en este recinto, es el resultado jurídico de la Revolución que se inició en 1910.

En ella, se tradujo la fuerza revolucionaria como un gran pacto social que procuraba los intereses de la Nación y de sus habitantes por encima de los intereses de los particulares.

Ahí se plasmaron derechos y libertades.

La Constitución de 1917 unificó a nuestro país luego de la convulsión para derribar a una dictadura, le dio forma y estructura jurídicas, además de estabilidad social y rumbo.

Fue la apuesta de los mexicanos en aquella época para evitar que eso que padecieron y padeció el país, no nos sucediera a nosotros y, ese es, nuestro legado.

Por ello, debemos honrarlo. Prefiramos la ley a la violencia, la estabilidad y la continuidad constitucional al desamparo de la inseguridad.

Nuestra Ley Fundamental ha constituido un proyecto de Nación basado en la libertad, la democracia y la justicia social, un verdadero liberalismo social.

A 99 años de la promulgación de la Constitución que hoy en lo esencial nos rige, y en el año víspera del centenario de la misma, estamos obligados a reconocer que en centenares de ocasiones ha sido modificada para incorporar cambios profundos y esenciales que recogieron, han recogido reclamos de nuevos derechos de la sociedad.

Es decir, se han logrado reformas que han significado lo que yo le llamaría verdaderas revoluciones pacíficas, progresistas, garantistas, congruentes con las aspiraciones de los revolucionarios Constituyentes del 17.

Entre otros, especialmente, el derecho de las mujeres al voto; la ampliación de los derechos humanos; de libertades políticas e individuales que han propiciado, entre ello, una mayor competencia política y una mayor y verdadera pluralidad; la transparencia y la rendición de cuentas, y en medio de todo ello y como resultado de ello se construyeron, también, nuevas instituciones para hacerlos realidad.

Pero, también, hay que decirlo, ha habido importantes reformas que han contravenido el sentido profundo de los principios fundacionales establecidos en la Constitución del 17, particularmente, al Artículo 27 relacionados con la propiedad social de la tierra y la propiedad de la Nación sobre sus productos energéticos; así como al Artículo 123 relacionado con los derechos de los trabajadores.

Han sido reformas altamente controvertidas y que no se dieron sobre la base de consensos entre las principales fuerzas políticas del país.

Por ello, en aras de honrar a quienes hace 99 años con enorme visión del México que con profundo contenido social, soberano y democrático concibieron los héroes de aquél entonces, estamos obligados a reflexionar sobre los retos que nos plantea el México inmerso en la globalización del Siglo XXI.

Es evidente que siguen vigentes los principios sociales de la Revolución plasmados en la Constitución, la democracia como modelo de vida, el derecho a la alimentación, a la educación pública gratuita, al trabajo, al salario mínimo, a la justicia, a la libertad de culto, la prohibición de monopolios y seguimos luchando por incorporar nuevos derechos sociales en la Constitución, pero aún no se hacen realidad a cabalidad los ya plasmados en ella.

Hemos avanzado mucho en lo político, en derechos sociales individuales ciertamente, pero debemos reconocer que seguimos teniendo grandes déficits en los hechos, rezagos sociales, desigualdad y pobreza, falta de oportunidades suficientes para las nuevas generaciones, reconocidos índices de corrupción y de impunidad, y graves problemas de seguridad.

Ante ello, ante toda esta nueva realidad, hay quienes plantean, anclados en un absurdo conservadurismo con un discurso supuestamente de salvación nacional, que la solución de los problemas es regresar al texto original de la Constitución del 17, como si a la vuelta de casi un siglo ni hubiera cambiado el país, ni hubiéramos evolucionado como sociedad, o simplemente dicen que el problema es de los gobernantes y por ello terminan erigiéndose en los salvadores de la Patria.

Una segunda vertiente es la de quienes sostienen que nuestra Constitución con sus centenares de modificaciones que han llevado hasta detallar la cantidad de segundos a los que los partidos políticos tienen derecho en radio y televisión como parte de sus prerrogativas, es la que hay que preservar, esa Constitución y con esos textos, y sólo seguirla reformando en lo que se necesite y cada vez que se requiere.

Una tercera vertiente es la que plantea, y a ella ya nos adscribimos no pocos, desde la academia y desde el ámbito político, que debiendo preservar los preceptos y principios fundacionales, vigentes, establecidos en nuestra Carta Magna. Hacer una reforma de la misma, armonizar y actualizar nuestro sistema político con los contrapesos reales y la división de poderes que hoy en los hechos tenemos y plasmarlos más claramente en la Constitución.

Plasmar y pasar a una especie de leyes fundamentales, todos aquellos aspectos de reglamentación hoy establecidos en la Constitución.

A mi juicio, éste es el debate principal que se está dando y se dará en el año víspera del centenario de la Constitución, es decir, entre quienes piensan que la mejor manera de honrar a los Constituyentes del 17 es mantener esencialmente la Constitución como está y reformarla cada vez que se requiera.

Y, desde luego entre quienes pensamos que la mejor manera de honrar a nuestros Constituyentes es colocarnos con una visión de Estado para diseñar la Constitución del Siglo XXI. Un nuevo pacto social y político.

Por un lado, habrá que decir, armonizar la vida real, el equilibrio de Poderes que hoy tenemos como resultado de una mayor competencia política y una pluralidad que llegó para quedarse, con el texto constitucional, por sólo decir, uno de los grandes temas que tendríamos que revisar para reformular.

Y por el otro, hacer todo lo que hoy el país requiere de todos nosotros para hacer realidad los principios establecidos en nuestra Carta Magna, para tener un verdadero Estado democrático, social y de derecho, más seguro y habitable para todas y todos, alejado del populismo y del autoritarismo como salida a los problemas; es decir, que la Constitución se haga realidad en lo que ella misma dice: La democracia como un modelo de vida para todas y todos.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Invitamos al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto, a efectuar la Cancelación del Timbre Postal Conmemorativo de la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos de 1857. 

(CANCELACIÓN DE TIMBRE)