Señoras y señores:

Muy buenos días a todas y a todos ustedes.

Quiero saludarles esta mañana con respeto, con afecto.

De manera muy particular al señor Presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el marco de la Entrega del Premio Nacional de los Derechos Humanos, a quien ha sido galardonado de manera muy merecida y muy justa, en este muy justo reconocimiento al presbítero Alejandro Solalinde Guerra.

Padre:

Le felicito.

He escuchado con gran atención sus comentarios, sus expresiones, que justamente están alineadas a este proyecto de país que este Gobierno, que recién inicia, también tiene, el de lograr un Gobierno cercano a la gente; un Gobierno que sepa y que escuche a la gente, a la sociedad, a los distintos medios de interlocución y podamos juntos, sociedad y Gobierno, establecer los mejores caminos para renovar esperanza, renovar el ánimo social entre los mexicanos y encontrar un país de mayor desarrollo, de mayores oportunidades, especialmente para los jóvenes, a los que usted se refirió y que, sin duda, hoy tenemos que construir para ellos un mejor porvenir, opciones para un futuro alentador, promisorio, para cada joven que, como usted señala, a lo mejor con este atributo natural de la juventud que para fortuna es el de la rebeldía, el de la protesta, el del reclamo, el de la exigencia.

Y qué bueno que sea así, porque eso es justamente lo que orientará y pondrá mayor exigencia en quienes tenemos responsabilidad para alcanzar los objetivos que tenemos por obligación de lograr para este país.

Le felicito. Le expreso mi mayor reconocimiento en alcance a lo que el jurado de premiación hoy le otorga, pero que estoy seguro el de ellos, el de todos los mexicanos y el del Presidente de la República está en reconocimiento y felicitación por esa noble labor que todos los días realiza en favor de migrantes que pisan suelo mexicano.

Muchas felicidades, y mi mayor reconocimiento.

Quiero también saludar a los consejeros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, al señor Secretario de Gobernación, a distintas autoridades vinculadas al tema de los derechos humanos, a los integrantes del Congreso de la Unión, tanto en el Senado de la República como en la Cámara de Diputados, mujeres y hombres Congresistas, Diputados y Senadores, que están presidiendo e integrando distintas comisiones vinculadas al trabajo de los derechos humanos. Sean todas y todos ustedes bienvenidos.

De igual forma, saludo la presencia de los representantes de los medios de comunicación.

Justamente en esta fecha, en 1948, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Por nuestra parte, a principios del siglo pasado, los mexicanos dimos un gran paso en materia de protección a los Derechos Humanos al promulgar la primera Constitución Social del mundo.

A lo largo de los años, se han realizado importantes esfuerzos por hacer valer el respeto a la dignidad de la persona.

Ejemplo de ello, son la creación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, así como de los respectivos órganos estatales, a cuyos presidentes e integrantes de estos órganos, también, saludo esta mañana. Y de manera reciente, la importante Reforma Constitucional en la materia. Sin embargo, aún tenemos desafíos por delante.

México, al igual que todos los países, tiene la obligación de seguir defendiendo los Derechos Humanos, trabajar por eliminar la discriminación y la exclusión social.

Para hacer frente a este reto colectivo, hoy, contamos con la participación y el esfuerzo de las organizaciones de la sociedad civil que trabajan para lograr un país más generoso, tolerante e incluyente.

En este Premio que acabamos de entregar hace unos momentos, nuestro país, una distinción que nuestro país otorga a ciudadanos que en forma destacada promueven la vigencia de los derechos fundamentales de nuestra sociedad.

El galardonado de este año, el presbítero Alejandro Solalinde, es un hombre que se ha comprometido con la protección y defensa de los migrantes, particularmente, centroamericanos en su paso por México.

El Albergue Hermanos del Camino, que ha encabezado en los últimos años, es un ejemplo claro de apoyo y solidaridad a nivel internacional.

En nombre de la sociedad y del Gobierno de la República, le expreso mi más sincero reconocimiento al Padre Solalinde por la gran labor humanitaria que realiza.

Su labor ha contribuido a evitar que el sueño de muchos migrantes, auténticamente se convierta en una pesadilla.

Usted y la labor que lleva a cabo, le ha brindado alimento para el camino, les ha dado un techo, un refugio. Usted ha sido un buen samaritano.

Felicidades y gracias por esta importante contribución que desde este espacio que usted tiene, hace en favor y en la defensa de los derechos de los migrantes que pasan por nuestro país.

Felicidades y enhorabuena, Padre Solalinde.

Déjeme decirle que cada vez que le tiende la mano a un migrante, transforma el rostro de nuestro país, al convertirlo en un México, como todos lo queremos, un México de paz, un México más humano y un México más solidario e incluyente. Éste es el anhelo que tenemos para nuestro México.

Y la sociedad civil, las autoridades, quienes amamos entrañablemente a México, sabemos que tenemos mucho qué hacer y algo qué aportar para alcanzar este objetivo, de proyectar este México de paz, solidario, próspero, creciendo y de oportunidades para los mexicanos y para quienes vienen de otras latitudes, donde, de manera particular y señalada, está la labor que usted lleva a cabo.

Nuestro país quiere ser un actor con responsabilidad global. Quiere hacer su parte para velar, eficazmente, por los derechos humanos. Y para lograrlo, para lograr este objetivo de proyección internacional, debemos empezar en casa.

Es obligación del Estado garantizar condiciones de trato igualitario para cada uno de sus integrantes. El gran reto que nos hemos propuesto es lograr que los derechos pasen del papel a la realidad, y tenemos que sentar las bases para transformar, la nuestra, en una sociedad de derechos.

Lo primero. Es hacer de México un país de iguales. Un México donde todos: mujeres, indígenas, adultos, personas con discapacidad y migrantes sean respetados en todos y cada uno de sus derechos humanos.

Debemos alienar acciones del Gobierno hacia un objetivo: que el ciudadano esté en el centro de las políticas públicas que tenga el Gobierno.

Cada niño sin estudiar, cada persona sin trabajo, cada mujer discriminada, cada violación a los derechos humanos, representa la ausencia del Estado.

Debemos, en consecuencia, fortalecer nuestra capacidad para responder a estas necesidades sociales. En todos los rincones del territorio, el Estado debe estar presente para actuar en favor de la persona.

Para transitar hacia un Estado democrático de derecho, México tiene que hacer valer la ley y, simultáneamente, poner al día su marco legal. Y, para lograrlo en un plazo menor, debemos construir amplios acuerdos, que deriven del diálogo, de la capacidad de transigir, de acordar, de convenir, por encima de propósitos particulares, a lo que queremos, que estoy seguro, todos buscamos, más allá de diferencias ideológicas partidarias, o las que ocupen, más allá de esas diferencias, lo cierto es que todos queremos un mejor país. Un país que, insisto, represente oportunidad de crecimiento y de desarrollo individual para cada uno de los mexicanos.

Y es, precisamente, que en alcance a esta visión es que hemos logrado el acuerdo que hoy se traduce en lo que es el Pacto por México que, como ustedes saben, recientemente suscribimos.

Sobre él, debo decir que celebro el ánimo y disposición de las principales fuerzas políticas nacionales, para unir esfuerzos en favor de la Nación. Y, de manera muy particular, los propósitos y objetivos que en materia de derechos humanos nos hemos trazado.

Por estas razones, en el marco del Día de los Derechos Humanos, quiero compartirles lo siguiente, o las siguientes decisiones:

Primero. Tal y como lo expresé el pasado 1 de diciembre, al haber asumido esta alta responsabilidad como Presidente de las República, el Gobierno se ha desistido ya de la controversia constitucional en relación a la Ley General de Víctimas.

Una vez que concluya el procedimiento legal respectivo, procederé, de inmediato, a publicar la ley en los términos en los que fue aprobado por el Congreso de la Unión.

Segundo. En los siguientes días y de acuerdo a lo que hemos suscrito en el Pacto por México, presentaré un paquete de reformas para reforzar la protección de los Derechos Humanos, reconocido en los distintos ordenamientos legales que nuestro país tiene.

Déjenme sólo de manera enunciativa y general, señalar cuáles son algunas de estas reformas que estaremos próximamente presentando.

Aquellas que tienen que ver con adecuar el tipo penal de desaparición forzada de personas, conforme a estándares internacionales; así como expedir las leyes para asegurar el respeto a los Derechos Humanos, en los casos de suspensión de garantías y de expulsión de personas extranjeras.

Éstas, entre otras acciones, entre otras reformas que permitan actualizar el marco legal, serán las que estemos impulsando que, además, están debidamente acordadas y suscritas en el Pacto por México.

Estas leyes, sin duda, habrán de contribuir a salvaguardar los derechos y la dignidad de las personas.

Señoras y señores:

En la nueva etapa que vislumbro para México, cada uno de nosotros tiene una gran responsabilidad que cumplir: La construcción de una sociedad más humana, solidaria, incluyente y plenamente respetuosa de los Derechos Humanos.

Esto requiere de la unión y del esfuerzo de todos los actores políticos, de las organizaciones de la sociedad civil y de cada mexicano. Trabajar unidos por México es nuestra causa.

El valor de los activistas sociales, como el Padre Alejandro Solalinde, nos inspira, nos contagia de energía, de pasión, de compromiso, para hacer más justa y digna la vida de nuestros semejantes.

Yo los invito a que trabajemos por un México en donde el goce de los Derechos Humanos sea una realidad en todos los mexicanos.

Reitero mi felicitación al Padre Solalinde por la noble labor que realiza y que le ha merecido, el día de hoy, el habérsele otorgado el Premio Nacional de los Derechos Humanos, justamente en el día en que celebramos y conmemoramos el Día Internacional de los Derechos Humanos.

Hago votos porque esta noble labor se siga realizando. Le comprometo la colaboración y disposición del Gobierno de la República para unirnos, para aliarnos y contribuir a ser una mayor ayuda y un mayor respaldo a nuestros semejantes.

Felicidades y mi mayor reconocimiento a esta gran labor que ha venido realizando.

Muchas felicidades y muchas gracias a todos.