-MODERADORA: Hace uso de la palabra el licenciado Miguel Gerónimo Barbosa Huerta, Coordinador del Grupo Parlamentario de la Cámara de Senadores.

-SENADOR MIGUEL GERÓNIMO BARBOSA HUERTA: Ciudadano Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; ciudadano Ministro Luis María Aguilar Mora, Representante de la Suprema Corte de Justicia; Ciudadano Diputado Francisco Arroyo Vieyra, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; ciudadano Ernesto Cordero Arroyo, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores; General Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional; Almirante Vidal Francisco Soberón Sanz; Secretario de Marina; ciudadanas y ciudadanos invitados especiales.

Señoras y señores:

En esta Ceremonia se encuentran presentes los titulares de los tres Poderes de la Unión. Se trata de un evento para conmemorar y rendir honores a uno de los símbolos más trascendentes de nuestro país: la Bandera Nacional.

Un símbolo que nos convoca a la unidad, que nos llama a la reconciliación y que nos reúne en la construcción de una mejor Nación.

Nuestra Bandera representa la identidad nacional. Constituye una mezcla de alegorías que provienen de lo más profundo de la historia de nuestro pueblo. En sus colores se materializa una peculiar y única mezcla de mexicanidad y de la forma en que entendemos a nuestra Patria y defendemos nuestra soberanía.

Nuestra Bandera es un gran espejo en donde se manifiesta el orgullo, la valentía y la visión de las mexicanas y mexicanos que han forjado nuestro país.

Simboliza la esperanza del pueblo en el destino de su raza, la pureza de sus ideales y nos marca el camino para la construcción de un futuro que debemos conquistar para merecerlo.

La Bandera mexicana es y debe ser el símbolo de la paz interna de México. Bandera de paz que llama a la reconciliación, para buscar los caminos que reduzcan la violencia y la inseguridad.

En un plano más íntimo y emotivo, los símbolos patrios que definen la identidad nacional, florecen en la música, en la poesía, en todas las manifestaciones del arte que el pueblo hace suyas.

En México, bajo esta Bandera como símbolo patrio, se encuentra el trabajo, la labor y los sueños de más de 112 millones de mexicanos y mexicanas, que nos emocionamos cada vez que vemos izarla, ondearse en lo alto y admirar nuestro Escudo y escuchar las sublimes notas de nuestro Himno Nacional.

Esta ceremonia que hoy se realiza ante la presencia de los titulares de los Tres Poderes de la Unión, se repite con igual fuerza e intensidad, en cientos de plazas a lo largo y ancho de nuestro país. Y en esos cientos de ceremonias, se encuentra lo más profundo de la celebración de este evento.

Por la emoción de participar en esta trascendental ceremonia, me atrevo a hacer un planteamiento que requiere la reflexión de aspectos históricos, cívicos, culturales y jurídicos, el de conmemorar, en un solo día, a los tres símbolos patrios.

Actualmente, no se conmemora al Escudo y al Himno Nacional. La idea es que todos los días 24 de febrero conmemoremos a la Bandera, al Escudo y al Himno Nacional. A su consideración esta propuesta, señoras y señores.

Todos los que estamos aquí sabemos de dónde venimos, lo que representamos y lo que deseamos para el país.

Yo veo aquí sólo tres colores, los colores de nuestra Bandera Nacional. Es el momento propicio para convocar a todas las mexicanas y mexicanos a la unidad.

La historia nos ha enseñado que cuando nos dividimos y confrontamos, nuestro país pierde. En cambio, cuando tenemos la visión de priorizar los intereses de la Nación, nos hemos fortalecido y enfrentado con éxito, los retos del porvenir.

¿Para qué convocar a esta unidad?

Para que en un contexto de pluralidad, de respeto a las leyes, y a las normas democráticas, podamos avanzar en la construcción de un nuevo proyecto de Nación, en donde se preserven nuestros recursos naturales, y se fortalezca nuestra soberanía, para construir un país de libertades y de derechos, de oportunidades e igualdad para los que menos tienen, para la clase media y para todos los segmentos de nuestra sociedad.

Una Nación de tolerancia a la diversidad y de respeto a las oposiciones; de recuperación de nuestro campo, nuestra industria y de todas las ramas de nuestra economía.

Un país que recupere la seguridad de los mexicanos y nos permita combatir la pobreza de manera efectiva.

Hagamos el propósito común de vivir en un estado constitucional. Se trata de un punto de encuentro, de una sociedad lastimada por la inseguridad, la injusticia y la impunidad, pero que anhela el progreso y una paz con justicia y dignidad.

Desde el 24 de febrero de 1821, cuando el Ejército Trigarante asumió este símbolo como nuestra Bandera a la actualidad, para que nuestro Lábaro Patrio haya ondeado libremente en las alturas ha costado mucha sangre, sacrificio, sufrimiento, dolor y vida de conocidos e ignorados héroes mexicanos y heroínas mexicanas.

Dependerá del pueblo de México que así permanezca.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Hace uso de la palabra el Ministro Luis María Aguilar Morales, representante de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

-MINISTRO LUIS MARÍA AGUILAR MORALES: Señor Presidente Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señores Presidentes de las Cámaras de Senadores y de Diputados; señores miembros del presídium; mexicanos; mexicanas todos; compañeros amigos.

La Bandera Nacional, nuestra Bandera, ha sido y es, antes que nada, el símbolo del acuerdo que fundó al país, el símbolo de los cimientos sobre los cuales la Nación se sustenta.

La Bandera, nuestra Bandera, arropa nuestra historia y confirma nuestra unidad. Expresa los más profundos sentimientos nacionales, los que compartimos y permiten reconocernos.

Contiene nuestro pasado prehispánico, la formación del país a lo largo de los años coloniales, el México independiente, el México libre, democrático y plural que ahora nos toca vivir. Es la memoria de lo mejor de nosotros.

Como símbolo de nuestro acuerdo fundamental, representa la aceptación de compartir un pasado común y la ratificación permanente de seguir con nosotros en el presente y el futuro.

Nuestra Bandera guarda la memoria de la suma de voluntades que dio origen a la Nación y que permite que el país siga existiendo como lo ha hecho.

Su presencia nos recuerda que estamos mejor unidos que separados. Juntos en busca de soluciones comunes a los problemas de todos.

En nuestro territorio, la Bandera siempre está presente. Nos vigila, protege y alienta aquí, como lo hace en nuestras plazas, en el límite de nuestras fronteras, en nuestros hogares, en nuestras escuelas, hospitales y oficinas.

De esa manera, el acuerdo original que dio origen a México, el que nos convoca a estar, transitar y convivir juntos en democracia, nos contempla.

El símbolo de nuestra unión, nuestra Bandera, se mantiene vivo cuando respetamos los principios que refuerzan nuestra alianza, la defensa del país independiente y de libertades que nos pertenece, el respeto al Estado Democrático de Derecho que lo caracteriza y que busca, sin duda, la mejor y única justicia que todos los mexicanos merecemos.

La consolidación del pleno desarrollo de las libertades de todos, la protección a los más débiles y vulnerables. Nuestra Bandera los recoge y en ella nos arropa.

Sólo a partir del ejercicio de una verdadera civilidad por parte de todos, la Bandera adquiere sentido como símbolo de la Nación que queremos, pues es esa actitud la que permite que nuestro acuerdo constitucional se renueve constante, permanente, en tranquilidad.

Cada mañana, invariablemente, nuestra Bandera se levanta, sin consideraciones de oportunidad o conveniencia, con la certeza de que cada generación de mexicanos habrá de contemplarla y reconocerse en ella. Cada día, la Bandera ondea para y por todos nosotros.

Por eso, mientras nuestra Bandera ondee, mientras nuestro símbolo pueda verse en cada una de nuestras plazas, en cada uno de nuestros puertos y navíos, provocando el sentimiento de orgullo que sentimos, el país de nosotros, el país de los mexicanos seguirá existiendo tal y como todos lo queremos y, a final de cuentas, como merecemos.

Honremos a la Bandera celebrándola y, al hacerlo, a la Nación. Nuestra Nación que vive con ella.

Muchas gracias.

-MODERADOR: La Banda de Música y Coro de la Secretaría de la Defensa Nacional interpretarán la pieza musical titulada Salve Bandera.

(INTERPRETACIÓN DE PIEZA MUSICAL)

-MODERADORA: Hace uso de la palabra el licenciado José Antonio Meade Kuribreña, Secretario de Relaciones Exteriores.

-SECRETARIO JOSÉ ANTONIO MEADE KURIBREÑA: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores, Senador Ernesto Cordero; señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Francisco Arroyo; Ministro Luis María Aguilar; distinguidos miembros del presídium; señoras y señores.

Participo orgulloso y agradecido, en esta Ceremonia del Día de la Bandera. Este acto solemne es oportunidad para recordar y celebrar nuestro pasado. También, ocasión propicia para reflexionar sobre nuestro futuro.

La Bandera mexicana es un símbolo patrio que se ha nutrido de la evolución de nuestra Nación. En momentos claves del desarrollo de México, la Enseña Nacional ha sido espejo de la Patria y ha reflejado sus instituciones y valores.

El surgimiento de México como Estado soberano fue acompañando por nuestra primera Bandera Nacional. La soberana Junta Provisional Gubernativa decretó, en noviembre de 1821: el Pabellón Nacional y Banderas del Ejército deberán ser tricolores, adoptándose perpetuamente los colores verde, blanco y encarnado, en fajas verticales y dibujándose, en la blanca, un águila coronada.

En lo esencial, estos elementos perduran hasta nuestros días y son, en su firme persistencia, un reflejo de la continuidad de los valores que compartimos de la unidad nacional por encima de todo.

La emoción que provoca en nosotros la Bandera no ha cambiado. Pero el sentido de sus principales elementos se ha ajustado para mantenerse vigente en función de los retos que hemos enfrentado.

En su origen, los colores de la Enseña Nacional fueron asociados a valores esenciales para el nuevo país: el blanco simbolizaba la religión, el rojo la unión entre americanos y europeos, el verde la independencia de España.

La Bandera Nacional era entonces, como ahora, una manifestación material de los ideales patrios.

Al nacer México como República, el triunvirato conformado por Negrete, Bravo y Victoria, dio expresión material a este cambio trascendental, cuando en abril de 1823 decretó: Que en cuanto al Pabellón Nacional se esté adoptado hasta aquí, por la única diferencia de colocar el águila sin corona. A partir de ese momento, la Bandera Mexicana expresa al mundo nuestra vocación republicana.

En medio, y a pesar de las pugnas internas, la Insignia Nacional abanderó siempre los batallones mexicanos que lucharon por los ideales de soberanía y libertad frente a las reiteradas agresiones externas que sufrió la joven República.

Coexistieron durante la etapa de la intervención, una frente a otra, dos Banderas: la de la imposición, que retomó la corona sobre el águila como símbolo del imperio, y la Bandera que enarbolaron las fuerzas patrióticas de Juárez, durante los cuatro años de lucha por el restablecimiento de la República.

A su llegada triunfal a la Ciudad de México, el Presidente Juárez leyó una proclama histórica, recordando que en su momento salió el Gobierno para seguir sosteniendo la Bandera de la Patria por todo el tiempo que fuera necesario, hasta obtener el triunfo de la causa santa de la Independencia y de las instituciones de la República.

De nuevo la Bandera transmitía los valores de soberanía, independencia y libertad.

De este periodo proviene una nueva interpretación del significado de los colores que perduró largamente, en la que el verde representaba la esperanza, el blanco la unidad, y el rojo la sangre de los Héroes Nacionales.

A partir de entonces, la Bandera permanecería esencialmente inalterada, hasta que en septiembre de 1916, Venustiano Carranza expidió un decreto rescatando una representación del águila proveniente del Códice Mendocino que simbolizaba la fundación de México-Tenochtitlan.

De este modo, el México que se abría a la modernidad, resaltaba en su Bandera con orgullo sus raíces prehispánicas.

Antonio Caso lo dijo con elocuencia: Seguimos creyendo, como el azteca, que es fundamental un ideal que inspire nuestra vida, y ese ideal no puede ser otro que el de poner nuestras fuerzas en conjunción, para conseguir el triunfo del bien.

Así, el viejo símbolo que movió a los aztecas, a través de los desiertos y las planicies del norte, hasta fundar la ciudad del sol, en medio del lago de la luna, sigue siendo actual: el águila mexica, el verde, blanco y rojo, han perdurado como símbolo de México.

Lo mismo republicanos que monárquicos; liberales que conservadores; centralistas que federalistas; revolucionarios y reaccionarios, todos han mantenido los elementos de nuestro Símbolo Patrio.

Hoy nuestra Bandera exhibe las características estipuladas por la Ley de 1984, y sigue siendo, a la vez, emblema de unidad y de esperanza. Lo es también de la confianza que la Nación mexicana tiene en su fuerza y determinación para alcanzar el futuro que anhela.

En ello, radica uno de los sentidos más profundos de nuestra Bandera: la unidad en la diversidad, la fuerza de una Nación que por encima de las diferencias, desigualdades y contrastes busca un destino común: el del bien para los mexicanos.

El Juramento a la Bandera nos recuerda que ésta es legado de nuestros héroes.

Al mismo tiempo, nos impone el reto, como padres y hermanos, de reivindicar su significado para nuestros hijos.

Serán nuestras acciones las que harán posibles que las nuevas generaciones reconozcan en la Bandera el símbolo vigente y verdadero de un México independiente, humano y generoso; de un país al que podamos dedicar nuestra existencia.

El reto de esta generación es entonces trabajar con determinación para asegurar que la Bandera Nacional evoque en nuestros hijos, a una sociedad que consolida frente a la violencia, un México en paz; frente a la desigualdad y las carencias, un México incluyente; frente a la ignorancia y el retraso, un México que ofrece educación con calidad. Frente a la pobreza y la falta de oportunidades, un México próspero.

Al mismo tiempo, conscientes del papel de México como actor con responsabilidad global, estamos obligados a asegurar que nuestra Bandera sea vista en el mundo como lo que es: la insignia de una Nación que impulsa a la conformación de un orden internacional más justo y equitativo, de un país solidario que contribuye a la solución de los desafíos globales a través de la cooperación.

De una sociedad que difunde sus valores y su identidad en el exterior; de un país que quiere hacer de su política exterior, un eficaz aliado de la estrategia de desarrollo nacional.

Un Gobierno que defiende vigorosamente los intereses de los mexicanos dondequiera que se encuentren, sabiendo que ahí, donde esté nuestra Bandera, hay un manto de protección y amor patrio.

Señoras y señores:

Hoy, como ayer, la Bandera de México evoca los valores más profundos de nuestra Nación. En ella se funda el legado de nuestros antepasados y nuestros anhelos.

No concibo mayor honor que formar parte de esta generación, que tiene ante sí el reto de continuar transformando a México y hacer realidad los ideales en que se fundó nuestra República.

Hoy, tenemos la oportunidad de trabajar con integridad y unidad para concretar esos ideales y conducir a México a una nueva etapa de prosperidad y bienestar.

Buscamos estar a la altura del reto de construir el país, el México del Siglo XXI, al que nos ha convocado el Presidente Enrique Peña Nieto.

Al ondear la Bandera, da generosa cabida y sirve de testigo de la voluntad política que congrega a los Poderes y a las diferentes expresiones políticas para trabajar por México.

Trabajar con unidad de propósito en el espíritu de lo que Mariano Otero describió como el acuerdo en lo fundamental, a fin de alcanzar los objetivos que animan el compromiso con México.

Actuamos con convicción, para asegurar que nuestros hijos sientan, como lo hacemos nosotros frente a nuestra Bandera, el orgullo de ser mexicanos.

Muchas gracias.

-MODERADOR: El Presidente de la República se dirige al templete ubicado frente al dispositivo para llevar a cabo la Toma de Protesta y Abanderamiento.

-MODERADORA: Lo acompañan los representantes de los Poderes de la Unión.

-MODERADOR: Los Secretarios de Gobernación, de la Defensa Nacional y de Marina.

-MODERADORA: Y el Jefe del Estado Mayor Presidencial.

-MODERADOR: El Titular del Poder Ejecutivo de la Nación tomará la protesta al personal que con esta fecha asume el compromiso de custodiar a nuestra Enseña Nacional.

-PRESIDENTE ENRIQUE PEÑA NIETO: Ciudadanos Generales, Almirantes, Jefes, Capitanes, Oficiales, tropa y marinería de las diferentes unidades que hoy son abanderadas:

Vengo en nombre de la Patria a encomendar a su valor, patriotismo y estricta disciplina esta Bandera, que simboliza su independencia, sus instituciones, la integridad de nuestro territorio y su honor militar.

Protestan honrarla y defenderla con lealtad y constancia.

-VOCES A CORO: Sí, protesto.

-PRESIDENTE ENRIQUE PEÑA NIETO: Al concederles el amparo de su sombra y el honor de ponerla en sus manos, garantizo a la Patria, con fundamento en las virtudes que les reconozco, que como buenos y leales soldados y marinos sabrán cumplir su protesta.

-MODERADORA: A continuación entregará nuestra Enseña Nacional para su guarda y custodia a la Séptima Brigada de Infantería de Marina con sede en el Distrito Federal.

-MODERADOR: Simultáneamente en su representación, Almirantes y Generales realizarán el abanderamiento de 10 unidades militares.

-MODERADORA: De igual forma, reciben nuestra Enseña Nacional el Director de la Escuela Militar de Sargentos, con matriz en Puebla, Puebla.

-MODERADOR: Las escoltas abanderadas se incorporan al dispositivo general.