-MODERADOR: Queda en uso de la palabra el licenciado José Calzada Rovirosa, Gobernador del estado de Querétaro.

-GOBERNADOR JOSÉ CALZADA ROVIROSA: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señor Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; señor Diputado Silvano Aureoles Conejo, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; señor Senador Miguel Barbosa Huerta, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores.

Señor licenciado Miguel Ángel Osorio Chong, Secretario de Gobernación; señor General Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional; señor Almirante Vidal Francisco Soberón Sanz, Secretario de Marina; señor Procurador General de la República.

Señor Secretario de Educación; estimada Secretaria de Desarrollo Social; estimados amigas y amigos que esta tarde nos acompañan en esta especial celebración.

Bienvenidos, señores Gobernadores; Legisladores, que nos acompañan esta tarde.

Bienvenidos a la celebración del 98 Aniversario de la Promulgación de nuestra Carta Magna. Honrar a la Norma Suprema, hace propicia la reflexión sobre sus contenidos de respeto inmutable al Estado de Derecho y su carácter federalista.

Dejamos atrás un año que recogió los ecos, algunos de ellos estridentes, del lanzamiento de un conjunto de reformas constitucionales cuyos contenidos transformadores habrán de asegurar mejores niveles de bienestar para la sociedad mexicana.

Todo cambio implica resistencias. La reacción ante las transformaciones es una actitud natural y también universal. Nuestro pueblo ha dado muestras en su historia que los cambios no están exentos de pugnas y debates que, en ocasiones, se expresan con actitudes que lastiman el Estado de Derecho y lesionan la convivencia social.

México y sus gobiernos pagan ahora el costo por la audacia para adecuarse a los nuevos tiempos y circunstancias, por promover reformas profundas que beneficien a la mayoría, pero que sin duda, también, rozan intereses de unos cuantos o afectan a grupos de poder.

Los mexicanos debemos de estar alertas y unidos frente a quienes festinarían la degradación de las normas y las instituciones; sociedad y Gobierno haciendo un binomio para rechazar la violencia y enfrentar la irrupción de quienes buscan hacer de la confusión un modo de vida, una alteración sistemática del orden y de la convivencia.

Ante la tragedia que han sufrido familias mexicanas, hay que confiar en la justicia y en el Estado mexicano, que busca la conciliación, procura el orden y se afana en enfrentar a quienes dañan la armonía social.

Los mexicanos debemos fortalecer la confianza haciendo del Estado de Derecho el vértice que oriente nuestro destino.

La Norma Fundamental debe dejar de ser un referente retórico para volver a ser la guía superior, para recuperar y vigorizar nuestros valores, para dar respuesta a las demandas de los mexicanos sobre las desigualdades, la inseguridad y la falta de transparencia.

Sin una Constitución reivindicadora y sin un pacto amplio y generoso no es posible transitar hacia ese México que trace el camino hacia una paz verdadera que todos deseamos.

Ese fue el deseo de quienes hace ya casi un siglo se encontraron en este escenario emblemático para diseñar el México moderno, el México democrático, el México de sólidas instituciones, todas ellas basadas en Derecho.

La nueva realidad nacional exige mantener viva la aspiración de los Constituyentes de Querétaro. Ellos venían de un estado de violencia y respondieron con leyes a una sociedad urgida de paz.

Urge revisar esa experiencia histórica, la de convocar a una alianza nacional que profundice en cambios sociales, en nuevos ordenamientos o en las necesarias reformas, para combatir la impunidad, la corrupción y la inequidad.

Pareciera que por momentos el país se divide y es presa del encono. Detrás de esa percepción hay una sombra que quisiera que a México no le vaya bien. A esa sombra hay que derrotarla con determinación para acabar con el crimen, restablecer el orden y dignificar las instituciones.

Apremia coincidir en lo elemental para conciliar a los mexicanos. Ya no son suficientes las palabras que pronunciamos los políticos, que debemos traducir en hechos, las acciones claras y concretas que promueven y ejecutan los buenos mexicanos.

El clamor de un acuerdo nacional por la concordia es una demanda urgente. Nos debe animar un propósito común, poner en práctica ideas sencillas que favorezcan a la gente, sin prejuicios partidistas, sin parcelas de poder; todos contribuyendo al éxito, todos abonando bajo las mismas reglas.

Quienes estamos en este recinto tenemos una gran responsabilidad. Más allá de reiteradas celebraciones, nuestro deber es responder con sensibilidad a quienes nos confirieron el mandato.

Afuera de este escenario, el pueblo está anhelante de respuestas. Es nuestra obligación estar a la altura de la circunstancia nacional. Aquella que en la mayoría de las veces exhibe a nuestro país como el México duro, que ha postergado históricamente el progreso de millones de mexicanos.

Hoy como ayer, esa fue la súplica que emergió del proyecto que se debatió en este gran espacio de la Patria.

Los Constituyentes del 17 dejaron de lado intereses personales para poner fin a la violencia que imperaba en el país. El suyo fue un acuerdo ejemplar. Coincidieron en poner punto final al encono y la violencia. Sus postulados permanecen vigentes.

Lo de hoy no es un problema de nuevas leyes, sino de acatamiento y aplicación cabal a las que existen. Más que una cuestión de reformar, es una cuestión de respetar.

Estoy convencido de que quienes tenemos la obligación de servir, en ocasiones elevamos el discurso pero dejamos de ver lo básico, lo que realmente quiere nuestra gente: paz, educación, prosperidad, impulsar un modelo de bienestar para las mayorías, pensar en grande para una Nación grande.

Señoras y señores.

Estimado señor Presidente de la República, Enrique Peña Nieto:

En este escenario emblemático de la unidad nacional suscribamos el prefacio de una nueva historia para un México en concordia, renovemos desde aquí esa gran alianza que reclama la sociedad, un acuerdo para la conciliación.

Nada puede obstruir la ruta de un México en paz. Nadie puede interponerse en el deseo de los mexicanos de vivir en la unidad.

Los antagonismos que se viven en el México de hoy nos lastiman a todos. El dolor de las familias mexicanas nos obliga a actuar con firmeza, haciendo lo necesario para no lamentarnos más por lo que dejamos de hacer, sino asumiendo nuestra responsabilidad para garantizar un mejor futuro.

Desde este escenario en donde se crearon las instituciones que han dado a México esa Patria fuerte y vigorosa hagamos el compromiso para hacer de un gran acuerdo nacional, la fórmula para buscar la armonía y la unidad, para fortalecer el imperio de la ley, condición para seguir construyendo la grandeza de la Nación.

Muchas gracias.

MODERADOR: Toma la palabra el Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

-MINISTRO LUIS MARÍA AGUILAR MORALES: Buenas tardes.

Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señor Senador Miguel Barbosa Huerta, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores; señor Diputado Silvano Aureoles Conejo, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados; señor licenciado José Eduardo Calzada Rovirosa, Gobernador Constitucional del estado de Querétaro.

Señores Secretarios de Estado; señoras Secretarias de Estado; distinguidos invitados:

Se cumplen 98 años de la Promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, norma donde se plasman los derechos fundamentales de los mexicanos y se establecen los principios que guían los más altos ideales de la Nación.

Norma fundamental, en la que se plasman también, las reglas para el equilibrio entre los Poderes y el respeto a los derechos humanos.

Conmemorar la Promulgación de la Constitución de 1917, es uno de los actos más significativos para nuestra Nación, representa el momento propicio para afirmar la convicción de nuestra capacidad colectiva para construir el país de libertades, justicia y bienestar al que han aspirado distintas generaciones de mexicanos a través de nuestra historia.

El genio y la sensibilidad de los Diputados Constituyentes del 17, generaron un discurso reivindicador y profundamente humano, que concretó en el texto constitucional, fórmulas de Gobierno republicanas y democráticas pero, sobre todo, incorporó una clara vocación social del Estado, la primera en su tiempo.

A lo largo de estos 98 años, el texto original de nuestra Constitución se ha modificado para adecuarse a los nuevos tiempos, a las nuevas circunstancias y a las exigencias históricas de nuestra sociedad.

Se han ampliado los derechos individuales, se han reconocido los derechos colectivos, se han establecido mecanismos para su defensa, se ha adecuado la relación entre el Estado y una sociedad cada vez más plural, diversa y compleja.

Próximos a celebrar el centenario de su proclamación, nuestra Constitución refrenda hoy, su papel como factor determinante, para consolidar el orden político, social y económico, en el que puedan concurrir el sentir y el interés de los mexicanos.

Estamos obligados a mirar al pasado y a reflexionar sobre las razones que tuvieron los mexicanos de entonces para buscar nuevos cauces institucionales que dieran sustento a las demandas sociales, pero también debemos mirar hacia el futuro, para que desde ahora se puedan consolidar muchos de los viejos anhelos de construir una sociedad más igualitaria y en paz.

Es, sin duda, el respeto a la Constitución lo que garantiza la paz, porque propicia las condiciones que hacen posible el diálogo entre los mexicanos, que al final de todo, nos identificamos por los mismos anhelos y aspiraciones.

La Constitución es el documento que los armoniza y el Poder Judicial quien pondera y resuelve en casos de conflicto.

Las instituciones han tenido y deben tener un proceso de perfeccionamiento continuo para responder a las exigencias de la sociedad.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Consejo de la Judicatura Federal cumplen 20 años desde su último rediseño constitucional.

En estas dos décadas, ambas instituciones han ido logrando que más derechos sean exigibles, que el Estado de Derecho prevalezca y que a través del Juicio de Amparo se pongan límites al poder público.

Esa es tarea de todos los días.

La acertada decisión del poder reformador de la Constitución determinó que, tanto la Suprema Corte de Justicia como con el Consejo de la Judicatura Federal, fueran liderados por un mismo Presidente, lo que le da cohesión al sistema, unidad de objetivos al Poder Judicial de la Federación y fortaleza al órgano de administración. Con ello se evitan enfrentamientos, mientras se mantiene la autonomía de cada órgano.

Una reciente decisión del pleno del Alto Tribunal reafirma el respeto a las decisiones del Consejo de la Judicatura Federal, como lo marca la Ley Suprema.

La Constitución se nutre también de los acuerdos que a nivel internacional nuestro país suscribe y, de ese modo, México se mantiene al día y participante en el concierto de las naciones y, atiende localmente nuevas materias de interés global.

En momentos donde el vértigo de un mundo globalizado y los retos de la propia agenda nacional señalan cambios necesarios en México, el Poder Judicial de la Federación está llamado a fortalecer su papel de garante de la Constitución y de las leyes que de ella emanan.

La Constitución del 17 tuvo en su origen tres Artículos emblemáticos, el 3º, el 27 y el 123.

Hoy, además, tenemos un Artículo 1º reformado, que reinterpretado amplía la protección y facilita las soluciones justas a casos concretos. Es la nueva hoja de ruta.

Los Artículos 14 y 16 son usados todos los días como garantías de seguridad jurídica. Fundar y motivar es la obligación básica de toda autoridad en un Estado de Derecho.

El Poder Judicial de la Federación es garante de que se cumpla el debido proceso. Permite que todos los días se concilien los intereses divergentes y cobren vida los principios del Constituyente, mediante la resolución de casi un millón de asuntos al año.

En la actualidad, convive el diseño institucional de 1917 con estructuras renovadas; se está por consolidar integralmente el nuevo Sistema de Justicia Penal Federal, en el que se reafirmará una justicia pronta y expedita.

Jueces, Ministerios Públicos, defensores y universidades tendremos una tarea común de la que se esperan resultados tangibles, tanto en la resolución de conflictos cotidianos, como en aquellos en que va de por medio el interés público o el social.

Hoy la vigencia de la Constitución es la principal fortaleza institucional que tenemos para abatir la impunidad, la inseguridad, la violencia, la desviación de la función pública o cualesquiera situaciones que lastimen la calidad de nuestra convivencia social.

Ningún diseño institucional será idóneo si no se promueve, simultáneamente, la cultura de la legalidad, la práctica del consenso, de la argumentación fundada, basados en el respeto, la tolerancia y el hábito de detenerse respetuoso frente a los derechos del otro.

En el marco del equilibrio institucional republicano que prevé nuestra Constitucional, el fortalecimiento constante y progresivo del Estado de Derecho, la protección de los derechos reconocidos universalmente, la normalidad democrática y, la armonía social requieren de un Poder Judicial de la Federación fuerte, congruente y unido, como lo están la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y el Consejo de la Judicatura Federal.

En el marco del Estado de Derecho que rige a nuestro país no debe caber ni el abuso de la autoridad a los derechos de los ciudadanos, ni mucho menos la corrupción.

Y es en el marco de ese mismo Estado de Derecho que los conflictos que enfrenta la sociedad deben encauzarse y resolverse con estricto apego a lo que mandata nuestra Carta Magna.

Nuestra Nación vive épocas de profundos cambios, en medio de los cuales, los mexicanos demandan el respeto absoluto de los derechos consagrados y reconocidos en nuestra Constitución en todos los ámbitos de la vida pública; así como a la protección de ellos en su vida privada.

México tiene rumbo, porque tenemos la Ley Suprema fruto de nuestra historia, de nuestra experiencia social y derivada de las necesidades de nuestro pueblo.

Nos toca hacer realidad sus postulados, por el bien de todos, de los que ahora lo habitamos y de las generaciones futuras que nos sustituyan.

El Siglo XXI debe ser el siglo de la Constitución viva, más allá de las coyunturas, la Constitución es el pacto duradero de nuestra vida institucional, y el soporte de nuestra convivencia social.

Sigamos acatándola para poder honrarla. México lo merece.

Muchas gracias.

-MODERADOR: Toca el turno en el uso de la palabra al Senador Miguel Barbosa Huerta, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores.

-SEN. MIGUEL BARBOSA HUERTA: Señoras y señores:

Qué gran honor, qué enorme privilegio utilizar esta tribuna para dirigirme a la República reunida.

Imposible resistirse a las remembranzas de aquellos debates en donde el Presidente del Congreso Constituyente, el Diputado Luis Manuel Rojas, del estado de Jalisco, conducía las sesiones, asistido por su Vicepresidente, el Diputado Heriberto Jara.

El país estaba en armas, el pueblo en lucha exigía democracia, justicia, tierra y en este recinto se desarrollaron intensas discusiones con intervenciones protagonizadas por personajes entrañables de nuestra historia legislativa como Fernando Lizardi, Amado Aguirre, Rafael Márquez, Francisco J. Múgica, Juan N. Frías y Pastor Rouaix, por cierto, electo por Tehuacán, Puebla.

Acá, en el Teatro de la República, en sus pasillos, en sus salones, en este pleno, se debatió, se forcejeó, se acordó, se parlamentó. Acá se construyó la primera constitución social del mundo.

Ciudadano Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos; Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Diputado Silvano Aureoles Conejo, Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; ciudadano José Calzada Rovirosa, Gobernador Constitucional del estado de Querétaro, nuestro anfitrión.

Ciudadanos Gobernadores; la República reunida; señoras, señores:

En 1917, los 127 integrantes del Congreso Constituyente que firmaron la Constitución tuvieron y cumplieron la alta responsabilidad de plasmar sobre el papel las demandas de democracia, justicia y libertad que la Revolución había desencadenado.

La Promulgación de la Constitución permitió avanzar hacia la pacificación, fincó las bases de un Estado moderno y trazó el sendero hacia el porvenir.

Qué constitucionalidad celebramos el día de hoy.

Dónde quedó el espíritu del Constituyente de 1917.

La Constitución está en el umbral de cumplir un siglo de su promulgación. Es innegable que en este tiempo el país y la sociedad han avanzado de manera notable pero, desgraciadamente, varias de las aspiraciones y preceptos fundacionales de nuestra Carta Magna aún están pendientes, particularmente, las relacionadas con la igualdad y la justicia.

Cómo interpretan este aniversario los millones de mexicanos que viven en la pobreza y que día a día padecen los efectos de la desigualdad.

Cómo festejar la Constitución, si la justicia continúa como una promesa para los familiares de los desaparecidos y asesinados por la violencia del crimen organizado.

En 98 años, la Constitución ha experimentado una larga lista de reformas. Primero, desde una sola visión y a través de una fuerza política que dominaba el Congreso; después, y ante el avance de la pluralidad, con alianzas que han posibilitado mayorías calificadas.

Debemos comprender que las reformas constitucionales no son resultado de simples alianzas, sino deben ser el producto de amplios consensos sociales. Sólo así, por medio de amplios consensos, la Constitución, nuestro pacto social, podrá representar, efectivamente, la unidad nacional; la unidad en torno a principios y valores, en torno a la igualdad y a la democracia.

En el Congreso hemos expresado críticas. También, reiteramos nuestro respaldo a las instituciones del Estado mexicano.

El país atraviesa por un momento complejo, que no es producto de los errores o la parálisis de uno solo de los Poderes. Se trata de una combinación de situaciones coyunturales y estructurales, que deben corregirse de fondo y en donde el Poder Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial deben asumir sus responsabilidades.

En lo económico, y a pesar de los ajustes presupuestales, debemos encontrar los mecanismos para garantizar el bienestar de las familias.

No perdamos de vista que la corrupción y el conflicto de intereses, la impunidad y el autoritarismo pueden convertir a nuestra Ley Suprema en una declaración semántica que nadie observe.

El dolor, la desconfianza y la inconformidad que expresan diversos sectores de nuestra sociedad tienen su origen en esas conductas antirrepublicanas que quebrantan la letra, el sentido y la finalidad de nuestro Texto Constitucional.

La inseguridad, la corrupción, el estancamiento económico, podrán superarse cuando los poderes públicos ejerzan sus funciones dentro de los parámetros que la Constitución establece.

En 1917, nuestra Constitución se promulgó entre pugnas, entre facciones revolucionarias, una sociedad dividida y una economía devastada por la guerra.

Ahora, en tiempos de tormenta, avancemos hacia la conmemoración del Centenario de la Constitución, no sólo como una ceremonia cívica, sino como parte de un proceso que fortalezca nuestro pacto social y conlleve a una reflexión profunda sobre nuestra Carta Magna.

Hagamos la buena política; repito, hagamos la buena política, mantengamos un diálogo institucional y abierto entre poderes. Ejerzamos cabalmente nuestra obligación, la de todos los servidores públicos de los tres Poderes de la Unión, y de los tres órdenes de Gobierno, de cumplir y hacer cumplir nuestra Constitución.

Muchas gracias.

-MODERADOR: A continuación hace su intervención el Diputado Silvano Aureoles Conejo, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Diputados y del Congreso de la Unión.

-DIP. SILVANO AUREOLES CONEJO: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; señor Ministro Luis María Aguilar Morales, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor Senador Miguel Barbosa Huerta, Presidente de la Mesa Directiva de la Honorable Cámara de Senadores; señores presidentes de las Juntas de Coordinación Política; señora y señores coordinadores parlamentarios.

Señores dirigentes de partidos políticos; señor Jefe de Gobierno; señores gobernadores; amigo licenciado José Eduardo Calzada Rovirosa, Gobernador Constitucional del estado de Querétaro.

Distinguidos integrantes del presídium; distinguidas y distinguidos invitados:

La Constitución de 1917 es la norma suprema de todos los mexicanos, es depositaria de los grandes acuerdos, a través de los cuales, se armonizan las fuerzas en pugna de una etapa convulsa de nuestra historia.

Porque somos lo que somos gracias a nuestro pasado, conmemorar y comprender lo que nos antecede y nos da identidad como mexicanos, nos sitúa en las batallas sociales del presente, para animarnos a la búsqueda de un mejor futuro.

Durante muchos años la Constitución Mexicana ha sido la base para la creación y el fortalecimiento de las instituciones, a través de las cuales, el Estado cumple con sus fines esenciales.

Casi un siglo de estabilidad constitucional permiten la consolidación de una Nación mexicana, única e indivisible, de una República representativa, democrática y federal, del México de la legalidad y, del reconocimiento del respeto a las garantías de los derechos humanos de las personas.

Hace 98 años, en este histórico recinto del Teatro de la República, el espíritu de los constituyentes encarnó la consumación ideológica de la Revolución para fundamentar el andamiaje institucional de un nuevo Estado y también, para incorporar en una Carta Magna Suprema el pensamiento más avanzado de las libertades y de los derechos sociales al constitucionalismo universal.

Por estas razones históricas, señoras y señores, el mejor homenaje que podemos hacer a nuestra Constitución es honrar el proyecto de Nación que representa, caracterizado por mayores libertades y derechos en el marco de un régimen en el que se concibe a la democracia como una forma de vida, cuyo elemento fundamental es la participación de las y los ciudadanos en las decisiones sobre los asuntos públicos.

La Constitución en todas sus dimensiones impacta de manera integral la vida cotidiana de las y los mexicanos, sus contenidos hacen prevalecer la pluralidad en la construcción de los acuerdos y en la búsqueda del consenso social como formas que ilustran la civilidad política que sustentan nuestra convivencia.

Hacer de los principios y valores que de ella emanan, el eje rector de la vida pública del país, la voluntad política de los tres órdenes de Gobierno nos debe conducir a la reconciliación nacional mediante el diálogo permanente y la revisión constante de nuestro entramado constitucional para ajustarlo a la inercia social.

Nuestra Constitución es la expresión suprema más importante del acuerdo que se puede lograr. En un país como el nuestro, aquél que nace del ejercicio soberano, por el que el pueblo se determina a sí mismo y decide sobre qué bases se desarrollan las normas jurídicas para el cumplimiento de los deberes y la salvaguarda de los derechos.

Señoras y señores:

Somos una Nación, y eso es lo que festejamos hoy, celebramos la vigencia y los principios de nuestra Constitución. La institucionalización de un Estado soberano y la voluntad para concretar las aspiraciones de las mujeres y los hombres que creen en un México de libertades y de justicia, de respeto a la vida y a la dignidad humana.

Quienes servimos a México en la Cámara de Diputados, sabemos de la responsabilidad que representa el dar viabilidad a la labor de los constitucionalistas.

Estamos conscientes de lo que significa actuar en nombre de las y los mexicanos. Tenemos el compromiso de sumar nuestras voces y nuestras acciones a aquellas que van en la dirección del avance del país, sin olvidarnos que aún tenemos un largo tramo para alcanzar la justicia social y que nuestra labor debe de reivindicar los valores constitucionales, por ser la constante del cambio en favor de las generaciones presentes y futuras.

La Cámara de Diputados, como parte de los Poderes de la Unión, seguirá fortaleciendo la Constitución de los mexicanos, asegurando el imperio de la legalidad y el Estado de Derecho, elevando la vida institucional y trazando puentes hacia la verdadera cristalización del ideario de los constituyente del 17, quienes soñaron con un país en el que se respeten las libertades públicas y se garanticen plenamente los derechos de las personas.

Es verdad, los mexicanos enfrentamos retos mayores. México padece una diversidad de problemas en casi todos los órdenes, que por su magnitud no podemos ni debemos ignorar.

Considero que estamos en un momento crucial para revisar nuestros esquemas de funcionamiento, así como nuestras fórmulas de entendimiento, porque los que hasta ahora tenemos parecen no ser suficientes.

Para atender con eficacia nuestra problemática debemos de revisar si es ésta o una nueva Constitución la que habrá de ser depositaria de nuestros nuevos y grandes acuerdos.

Cien años no son poca cosa, el vehículo de nuestras aspiraciones como pueblo se ha desgastado en el camino.

La revisión de sus componentes nos ha llevado a la sustitución de muchas de piezas, que en buena medida, ya no se corresponden con el modelo original.

Sin embargo, tenemos claro que nuestro pacto fundacional está por encima de textos que lo explican, la voluntad soberana, late en la expresión popular que nos demanda atender con entereza nuestro deber.

México nos necesita.

No escatimemos esfuerzos para salir unidos.

Las y los mexicanos somos más grandes que todos nuestros problemas.

Las causas que nos convulsionan se resolverán si decidimos juntos, anteponiendo a cualquier otro, el interés supremo de la Patria.

Es momento de trazar las bases de un nuevo comienzo.

Muchas gracias por su atención.

(A CONTINUACIÓN HIZO USO DE LA PALABRA EL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, LICENCIADO ENRIQUE PEÑA NIETO. SU DISCURSO SE TRANSCRIBE POR SEPARADO)