Muy distinguida Presidenta de la Cámara de los Lords.
 
            Muy distinguido Presidente de la Cámara de los Comunes.
 
            Muy respetables integrantes del Parlamento presentes en este evento.
 
            Y muy distinguidas y distinguidos miembros de esta audiencia que están aquí presentes, conformada por invitados del Parlamento y también por integrantes de la delegación oficial, empresarial, académica, rectores de universidades de nuestro país.
 
            Señoras y señores:
 
            Es un alto honor dirigirme al Parlamento Británico desde esta ilustre e histórica tribuna.
 
El Reino Unido es la orgullosa cuna del parlamentarismo y de la democracia.
 
En junio cumplirá 800 años su Magna Carta, que al haber establecido el principio de legalidad, se convirtió en un documento clave en favor de las libertades del hombre.
 
            El Parlamento Oficial Británico también tiene una larga tradición, desde 1295 en el Palacio de Westminster. Desde aquí, los británicos han mostrado al mundo la importancia de crear y mantener instituciones sólidas.
 
            Desarrollaron el principio de representación y velaron por la protección de las garantías individuales, dos elementos fundamentales de la democracia moderna.
 
            Las instituciones son esenciales para el desarrollo de las naciones, ya que aseguran el Estado de Derecho y dan certeza y rumbo a la sociedad ante cualquier desafío.
 
            A través de la historia, las instituciones británicas y del mundo entero, también se han fortalecido con el pensamiento de hombres universales como Thomas Hobbes, John Locke, Adam Smith o John Stuart Mill.
 
            Más recientemente, en el Siglo XX, el Reino Unido y sus instituciones democráticas fueron luz y esperanza para el mundo, frente a la oscuridad y crueldad de los totalitarismos.
 
            En la actualidad, las instituciones británicas siguen velando por los derechos humanos, el bienestar y el progreso de su gente. Son un referente para las naciones democráticas del mundo.
 
            México, por su parte, señores Parlamentarios, si bien es un país relativamente joven, con menos de dos siglos de vida independiente, cuenta ya con instituciones liberales en constante evolución.
 
            Los mexicanos, al igual que los británicos, creemos en la democracia y en los derechos humanos; en la libertad económica y el progreso; en la justicia social y la conservación del medio ambiente.
 
            Históricamente, hemos sido pueblos que comparten ideales y valores. No es casualidad que fuera el Reino Unido el primer país de Europa en reconocer la independencia y la soberanía de México.
 
            Construir instituciones democráticas fuertes y sólidas, como las que tiene este país, también ha sido objetivo y empeño de varias generaciones de mexicanos.
 
            Al igual que el pueblo británico, en diversos momentos de nuestro pasado, México padeció ataques a su vida democrática.
 
El Siglo XIX fue una etapa convulsa para nosotros, de luchas internas; sufrimos tres intervenciones extranjeras y una guerra civil, la Guerra de Reforma que sacudió al todo el país.
 
            La paz llegó en la segunda mitad del Siglo XIX, pero trajo consigo una dictadura de tres décadas, que socavó la libertad y la igualdad entre los mexicanos.
 
            Fue a partir de la Revolución Mexicana que a los derechos humanos se sumaron los derechos sociales, en la Constitución de 1917, una Carta Magna de avanzada, que con importantes reformas se ha mantenido vigente en nuestro país.
 
            Este proceso de construcción institucional ha permitido, desde hace más de 80 años, la transmisión pacífica y ordenada del Poder Ejecutivo cada seis años.
 
Junto con el Reino Unido, México es uno de los pocos países de Occidente con este nivel de estabilidad política.
 
            Hace tres décadas, el país inició dos transformaciones de la mayor importancia.
 
            Por un lado, un proceso de modernización económica y de apertura comercial con el mundo.
 
            Por el otro, un cambio político, en el que se transitó de un partido hegemónico a un sistema plural, con plena competencia entre partidos.
 
            Gracias a ello, en el año 2000 se dio la primera alternancia democrática en México; y en 2012 ocurrió la segunda, cuando fui electo Presidente de la República.
 
            La democracia es hoy patrimonio de todos los mexicanos.
 
Tenemos instituciones públicas sólidas, con una efectiva división de poderes; una ciudadanía madura e informada; particos políticos fuertes; medios de comunicación libres y críticos, así como una sociedad civil organizada y cada vez más participativa.
 
            Sin embargo, a pesar de estas fortalezas, el crecimiento económico y el avance del país en los últimos 30 años, fueron claramente insuficientes. Aún hacían falta cambios estructurales para acelerar su desarrollo.
 
            En democracia, con la participación de las principales fuerzas políticas, en donde ninguna cuenta con mayoría en el Congreso, se logró un gran acuerdo nacional: el Pacto por México. Con él, a partir de un intenso trabajo político y legislativo, se aprobaron 11 reformas estructurales, que habían sido pospuestas por décadas.
 
            Tres de ellas amplían los derechos de los mexicanos: la Reforma Educativa, que eleva la calidad de la enseñanza; el Código Nacional de Procedimientos Penales, que establece las mismas reglas para los juicios penales en todo el país, y la nueva Ley de Amparo, que protege a los ciudadanos frente a los actos de autoridad.
 
            Hoy, desde este memorable recinto parlamentario, refrendo el compromiso de mi Gobierno con el Estado de Derecho y la defensa de los derechos humanos.
 
            Otras dos reformas estructurales han fortalecido nuestro régimen institucional: la político-electoral y la de transparencia; y seis reformas estructurales más contribuirán a elevar la productividad y competitividad de nuestra economía, estas son: la Laboral, que flexibiliza el mercado de trabajo, facilitando el acceso a mujeres y jóvenes a un empleo.
 
            La Financiera, que brinda mayor certeza jurídica al sector, incentiva que haya más crédito y que éste sea más barato.
 
            La de Telecomunicaciones, que incrementa la inversión y competencia para tener mayor cobertura y calidad en servicios a un menor costo.
 
            La de Competencia Económica, que combate las prácticas monopólicas y cualquier otro comportamiento anticompetitivo.
 
            La Hacendaria, que incrementa la capacidad del Estado para invertir en sectores estratégicos, como educación, ciencia y tecnología e infraestructura.
 
            Y la Energética, que representa el cambio económico más importante de las últimas décadas.
 
            Esta reforma preserva la propiedad de la Nación sobre los hidrocarburos en el subsuelo, pero por primera vez abre la posibilidad de que el sector privado invierta a lo largo de toda la cadena de valor de las actividades energéticas.
 
            Este cambio estructural permitirá que México aproveche sus vastos recursos energéticos y que mejore su competitividad, al tener menores costos de energía.
 
            Todas estas reformas constituyen una nueva plataforma para acelerar nuestro crecimiento y desarrollo como país.
 
            Seguiremos poniendo cada una de estas reformas en acción con el objetivo de que sus beneficios se sientan en la vida cotidiana de las familias mexicanas.
 
            Sin embargo, a pesar de todos estos avances, nuestra democracia no ha estado exenta de dificultades.
 
            En el pasado reciente, vivimos momentos de dolor por hechos de barbarie cometidos por el crimen organizado.
 
            Estos actos delictivos han hecho evidente que tenemos que seguir fortaleciendo el Estado de Derecho, el respeto y protección a los derechos humanos, lo mismo que el combate a la corrupción.
 
            Congruente con ello, he propuesto al Congreso diversas reformas para avanzar en estos ámbitos y estoy respaldando otras importantes iniciativas, como el Sistema Nacional Anticorrupción, que la semana pasada fue aprobado en la Cámara de Diputados.
 
            Para enfrentar los desafíos del presente, México cuenta con instituciones democráticas.
 
            La democracia en México está abriendo espacios a la transparencia y a la rendición de cuentas para cerrar el paso a la corrupción y a la opacidad.
 
            La democracia también es el medio más eficaz para avanzar hacia la justicia social, para crear las oportunidades que demandan y merecen los que menos tienen.
 
            La democracia, en síntesis, es la mejor forma de enfrentar y superar los desafíos que tenemos como Nación.
 
            Muy distinguidas y distinguidos Parlamentarios:
 
            En un momento de la Segunda Guerra Mundial, los británicos se enfrentaron solos a las potencias del eje.
 
En 1940, en este parlamento, Sir Winston Churchill, cuyo 50 aniversario luctuoso recordamos recientemente, pronunció las siguientes palabras, que quisiera citar textualmente:
 
            Tengo plena confianza en que somos capaces de defender nuestra isla, para sobreponernos de la tormenta de la guerra y sobrevivir a la amenaza de la tiranía. Si es necesario, por años; si es necesario, solos.
 
            Sir Winston Churchill nos ha legado un ejemplo de valor y entereza a todas las naciones y a todos los hombres del mundo. Es un ejemplo vigente que pervive en el tiempo.
 
            Las adversidades podrán ser de grandes dimensiones y los desafíos muy exigentes, pero hay que enfrentarlos siempre con carácter y decisión.
 
En este amanecer del Siglo XXI, hay nuevos desafíos, hay nuevos desafíos globales que debemos enfrentar juntos y con determinación todos los países del mundo. El cambio climático, los riesgos de pandemias  o el extremismo violento son algunos de ellos.
 
Pero, al mismo tiempo, cada nación tiene retos propios por vencer.
 
Los mexicanos somos conscientes de los nuestros  y los afrontamos con firmeza, con la fortaleza de nuestras instituciones democráticas y el carácter de nuestro pueblo.
 
Nos enfrentamos también con la mente abierta al cambio, con  plena disposición de mejorar todo aquello que se deba mejorar. Creemos, como lo advirtió desde el Siglo XVI, Sir Francis Bacon, y cito:
 
Si hemos de lograr algo nunca antes alcanzado, debemos emplear métodos nunca antes probados.
 
Por eso, a partir del trabajo corresponsable de su sociedad y Gobierno, México se está atreviendo a cambiar para construir un futuro de mayores oportunidades para todos los mexicanos.
 
Por su atención, muchas gracias.