Muchísimas gracias.

Muy buenas tardes, señoras y señores.

Señor Gobernador del Estado de Jalisco.

Muchas gracias por su hospitalidad, por su anfitrionía, por sus palabras de bienvenida y, sobre todo, por la adhesión y respaldo al esfuerzo del Gobierno de la República para transformar, para cambiar a México y para realmente incidir en un mayor desarrollo y progreso para nuestra Nación.

Quiero saludar con mi mayor respeto y afecto, a don Miguel Alemán, a quien le reconozco el gran compromiso que tiene con México, que lo ha asumido desde el ámbito público y ahora en el ámbito privado, y que ha sido un incansable promotor de esta Cumbre de Negocios, en ésta ya onceava edición, que ha pasado por Veracruz, por Nuevo León, por el Estado de México, Querétaro y Jalisco, a lo mejor me perdí en el camino a algún estado, pero creo que son las entidades que en el pasado han sido sedes. Y ahora, por primera vez, lo es Jalisco.

Y al saludarle, también saludo a su muy distinguida familia, que le ha acompañado también invariablemente en este esfuerzo, para convocar al sector productivo del país, a empresarios nacionales, extranjeros, a autoridades, académicos del país y de reconocimiento internacional, precisamente para venir a compartir experiencias mundiales y de México, de cómo debemos acelerar el desarrollo, el crecimiento económico e incidir en todos los aspectos que permitan realmente lograr la concreción de una mejor Nación, de un mayor desarrollo social, y de tener el México y la sociedad que todos queremos y anhelamos tener.

En este espacio, me da mucho gusto saludar a muy distinguidas personalidades.

Al señor Presidente de Irlanda, quien nos ha visitado, en esta Visita Oficial y participando en esta Cumbre de Negocios.

A El Rey Pelé, distinguido invitado a este encuentro.

A muy connotados invitados, empresarios de orden internacional, de orden nacional, que están aquí presentes.

A Embajadores del Cuerpo Diplomático acreditado en nuestro país, que están aquí también presentes, y a quienes saludo con respeto.

A los poderes del Estado de Jalisco. A sus titulares.

Al Comandante de la Zona Militar aquí, en Jalisco. O de esta Región Militar.

Y a toda esta muy distinguida concurrencia, sin duda, verdaderamente numerosa, importante, que con gran interés asiste para conocer del debate y de la exposición de temas verdaderamente interesantes e importantes que, estoy seguro, preocupan, ocupan e interesan a todos los asistentes.

Señores representantes de los medios de comunicación:

Permítanme salirme, quizá, del mensaje que tenía previsto para esta ocasión, porque en él, como lo habré de hacer, pero quizá de manera distinta, traigo un recuento de lo que hemos venido haciendo en este casi primer año de gestión.

Estamos a mes y medio, mes y días, de cumplir un año de haber asumido esta alta responsabilidad, el más alto honor que en política y un político puede tener en nuestro país, ser Presidente de la República. Y de alcanzar esta Alta Magistratura a partir de la confianza mayoritaria de los mexicanos.

El compromiso que hice frente a los mexicanos, lo que ofrecí al país antes de asumir esta responsabilidad y de tener el respaldo, insisto, mayoritario de la sociedad mexicana, fue impulsar un cambio y una transformación para México, por la vía del orden, de la institucionalidad, del respeto al Estado de Derecho, que ha costado muchos años ir construyendo en nuestro país.

Somos un país que ha venido evolucionando políticamente de manera exitosa. Ya quisieran otros países de la región latinoamericana y de otras latitudes, haber tenido el clima de estabilidad política que en México ha privado, prácticamente desde los años 30 del siglo pasado.

Sólo recordar que desde 1934 a la fecha, cada seis años ha habido la renovación en la titularidad del Ejecutivo Federal de manera ordenada, de manera pacífica y generando estabilidad política para el país.

Muy pocos países pueden jactarse o presumir de haber tenido una condición similar a ésta.

Y, por otro lado, en el orden económico, también hemos tenido distintas etapas. Algunas que nos han generado elevados costos sociales, especialmente cuando hemos transitado por severas crisis económicas.

En contraste con otros momentos de nuestra historia reciente, de la segunda mitad del Siglo XX, donde también tuvimos varios años de constante crecimiento y desarrollo.

A la postre, vale la pena hacer un balance de dónde partimos y por qué señalé y comprometí que México tenía que transformarse; tenía que cambiar y tenía que cambiar los modelos que habían impulsado el desarrollo en el pasado, pero que ya estaban agotados.

México logró revertir un escenario de amplia pobreza social de los años 40, 50, a prácticamente llegar a un escenario donde el porcentaje de la población en condición de pobreza es de casi la mitad de la población. 42 por ciento de la población vive en condición de pobreza, y este dato, esta cifra, déjenme compartirles, prácticamente no se ha modificado en los últimos 30 años.

A partir del impulso transformador de los años 50, del milagro económico que México tuvo, hubo un decreciente nivel en la pobreza de nuestro país de manera muy acelerada, y ahí encontramos una fórmula, que es la que ha funcionado en el mundo entero: Crecer económicamente significa generar desarrollo, progreso, equidad para la población y darle sustentabilidad y oportunidad de desarrollo promisorio a una población.

Eso se pudo hacer en algún periodo de nuestra historia, se abatieron los niveles de pobreza e, insisto, prácticamente de los años 80 a la fecha no se ha modificado mayormente la condición entre quienes tienen condición de mayor bienestar y entre quienes viven en la pobreza.

Hemos pasado de momentos de crecimiento y otros de decrecimiento. Sólo recordar que en la crisis más reciente de 2008, la crisis que permeó en el mundo entero, México llegó a decrecer económicamente siete por ciento, menos siete por ciento.

Fue el país en la región que tuvo el descalabro económico, un descalabro muy importante, pero que gracias también a la solvencia de nuestro sector financiero, pudimos sortear y superar en corto plazo esta condición crítica.

Sin embargo, hay que reconocer que en los últimos 10 años el nivel de crecimiento económico que nuestro país ha tenido ha sido insuficiente para acelerar el desarrollo y abrir mayores oportunidades para más mexicanos.

¿Y por qué lo digo?

Porque el nivel ha sido en promedio del dos por ciento en la última década, 2.1 por ciento. Sí positivo si se contrasta con los niveles de decrecimiento económico que se ha dado en otras regiones del mundo que han tenido crisis económica mucho más aguda y crítica que la que México hubiese estado viviendo.

Hemos, insisto, transitado en este promedio de crecimiento. Sin embargo, insuficiente. Y en una fortaleza de estabilidad macroeconómica. Y en otra fortaleza, que lo es si se sabe aprovechar.

Somos también, en el mundo, de los países con una población mayoritariamente joven. Tenemos un bono demográfico. Esto significa que tenemos un sector de la población en aptitud de ser productivo si encuentra el espacio para hacerlo.

La edad promedio en nuestro país es de 27 años. El de países en Europa, que está representando ya un problema serio, es el envejecimiento de su población. Promedios en su población por encima de 45 años. Y en otras latitudes, 35 a 40 años.

México es un país joven. Y ésta es una gran fortaleza, que si sabemos orientar y aprovechar, estoy seguro, a México habrá de depararle un mayor crecimiento y un mayor desarrollo social.

Siendo ese el escenario, y a partir de este diagnóstico, claramente señalé el 1 de diciembre, al asumir la Presidencia de la República, que mi propósito era impulsar una agenda de transformación para el país.

Y afortunadamente encontramos también un espacio óptimo e idóneo para hacerlo.

Signamos al día siguiente, porque lo veníamos trabajando días previos a asumir esta responsabilidad, el Pacto por México, que fue este espacio de diálogo, de concertación, de acuerdo entre las principales y distintas fuerzas políticas del país y el Gobierno de la República. Y definimos una agenda de trabajo.

Porque no queríamos que se quedara esto sólo en un buen propósito de lo que queríamos alcanzar o lograr. Sólo con decir que queríamos ponernos de acuerdo no era suficiente ni bastaba.

Era necesario definir algo que midiera realmente el esfuerzo que estábamos comprometiendo y acreditar que la democracia que México ha alcanzado en este ambiente de pluralidad y diversidad ideológica y política, sí era posible alcanzar los acuerdos necesarios para impulsar cambio y desarrollo para el país.

Y eso fue justamente lo que hicimos en el Pacto por México.

Expresiones políticas distintas, con ópticas diferentes, pero con un punto de coincidencia. En los temas que definimos en la agenda de trabajo, coincidimos en que tenía que haber cambios, que teníamos que modificar el marco rector, el marco jurídico, el andamiaje jurídico que regula distintos aspectos importantes para el desarrollo nacional.

Ya cómo habríamos de lograr el acuerdo era otra cosa. Lo importante era definir en dónde teníamos que hacer ajustes y cambios. Y eso es lo que hemos venido haciendo este año.

Este año hemos logrado acuerdos que han facilitado, también, el acuerdo en el Congreso.

Y lo he señalado de manera reiterada: el Pacto por México nunca ha pretendido ser sustitutivo de las facultades y atribuciones que tiene el Congreso de la Nación.

Es ahí donde se da el mayor debate, y es ahí donde se votan favorable o desfavorablemente cualquier iniciativa. Sólo ahí puede ocurrir.

Nada sustituye ese espacio de debate público y de representación nacional.

Ahí está la representación del país, en los 500 Diputados y 128 Senadores que integran el Congreso de la Unión. Esa es la representación nacional.

Y el Pacto por México, sin duda, con la participación de las fuerzas políticas, facilitó o ha facilitado que haya o se genere un mayor consenso.

¿Y qué reformas hemos hecho?

Primero. Un tema al que ya se refirió don Miguel Alemán hace un momento, que es central y que es lo más relevante para cualquier sociedad, el tema de la educación, la educación para los ciudadanos.

Si no aseguramos la debida y adecuada formación del capital humano que tenemos, simplemente estaremos condenando a nuestros educandos, a nuestros niños y a nuestros jóvenes a que no tengan mayores espacios de un buen desempeño.

De tener, además, trabajos que sean mejor remunerados, a partir de sus capacidades y habilidades desarrolladas. Tenemos que dotarles de las herramientas necesarias.

Y, por eso, impulsamos una Reforma Educativa que encontró un amplio consenso entre las fuerzas políticas y, sobre todo, en el Constituyente Permanente, aquél que tiene la única facultad o la facultad única de poder modificar la Constitución.

No basta con el voto calificado del Congreso de la Unión, sino, también, el respaldo mayoritario de los Congresos estatales y se pudo lograr en muy poco tiempo.

Esto, sin duda, proyectó lo que a la luz de todos es una gran necesidad para el país: tenemos que elevar la calidad de la educación.

Además de ampliar la cobertura y que en esto ha habido un avance importante y ahora tendremos que dedicar esfuerzos mayores a los niveles de educación superior y media superior, pero tenemos que trabajar en la calidad de la educación.

Y la reforma que transitó de manera muy acelerada y muy rápida, afortunadamente, ahora deja al Estado y a los órdenes de Gobierno que tenemos responsabilidad en esta materia, la debida instrumentación de esta Reforma Educativa, que respeta derechos laborales de los maestros, pero que también exige que aquel que quiera dedicarse a esta profesión, aquel que tenga vocación para educar, realmente tenga las aptitudes y capacidades necesarias y óptimas para brindar una educación de calidad.

Por eso, todo un proceso de evaluación permanente que se instrumenta en la propia legislación, que fue aprobada por el Constituyente Permanente y la correspondiente legislación secundaria.

Posteriormente, también hicimos una Reforma Constitucional en Materia de Telecomunicaciones y de Competencia Económica que, por cierto, de ésta última poco se habla.

Se habla más de la de telecomunicaciones y si bien aún está pendiente la legislación secundaria en estas dos materias, telecomunicaciones y competencia económica, la primera busca ampliar la competencia en este sector, evitar los monopolios, abrirnos a una mayor competencia para ofrecer a la población más y mejores servicios en este ámbito.

Y la de competencia económica, insisto, de la que poco se habla, porque a lo mejor quedó eclipsada en el marco de otras reformas mucho más polémicas que hemos venido impulsando y que se han impulsado ya.

Esta facilitará o permitirá, precisamente, combatir prácticas monopólicas, abrirnos a la competencia, ser más competitivos a partir de combatir, insisto, las prácticas que no favorecen a una mayor competencia y dar espacio para que pequeñas y medianas empresas en condiciones de mayor igualdad puedan participar en la conquista de mercados donde a veces sólo impera la dominancia de algunas empresas monopólicas.

Otra reforma que hemos impulsado y también de la que poco se habla hasta ahora, si bien aún no ha sido debidamente aprobada, lo fue ya en la Cámara de Diputados y está pendiente en el Senado de la República, la Reforma Financiera. Distinta de lo que es la Reforma Fiscal.

La Reforma Financiera es un gran esfuerzo de modificar 30 leyes, 30 ordenamientos legales, para posibilitar algo muy importante, una palanca fundamental para el desarrollo: el crédito.

Y lo que buscamos es que las instituciones crediticias encuentren mejor marco para competir entre sí, para ofrecer crédito más barato y para extender o ampliar el nivel de crédito en nuestro país.

Y, por otro lado, establece un nuevo mandato a la Banca de Desarrollo, la Banca del Estado mexicano; que no sólo sea mantener finanzas sanas dentro de sus balances contables, sino sobre todo de favorecer y apalancar el desarrollo económico del país.

Éste es un nuevo mandato que tendrá la Banca de desarrollo, a partir de ser aprobada la Reforma Financiera.

Otra reforma que hemos venido impulsando: la Reforma Hacendaria. Sin duda polémica, porque cuando se habla, no sólo de impuestos, sino del marco que rige el régimen fiscal, no advierto en ninguna parte del mundo que cuando realmente se pretenda hacer una reforma hacendaria o fiscal, no toque algunos intereses y genere incomodidad en otros.

Si esto no pasara, entonces tengan por seguro de que no estaríamos hablando de una reforma de amplio calado.

México, y ustedes lo saben, México es un país que tiene, entre los países emergentes, entre las economías desarrolladas, entre los países de la OCDE, Organización de la que somos parte, somos uno de los países que menos recaudamos.

Y la Reforma Fiscal que se ha propuesto es, precisamente, más que para imponer nuevos impuestos, para cerrar los huecos, los subterfugios legales que permitían que algunos contribuyentes evitaran el pago correspondiente de sus contribuciones. Cerramos huecos, cerramos privilegios.

Y, evidentemente, esto ha generado polémica y debate, pero yo apunto algo central de esta reforma: Es una reforma con un alto sentido social. Porque si bien busca tener una mayor recaudación, un fortalecimiento a las finanzas públicas del Estado mexicano, y me refiero que habrá recursos para todos los órdenes de Gobierno, no sólo para el orden Federal, sino también para los órdenes estatales y municipales.

Es claro el mandato que hay para que esos recursos adicionales se dediquen y se privilegien a la inversión en infraestructura, y en todo lo necesario para el desarrollo social, en la creación de un seguro de desempleo, en la instauración de un sistema de seguridad social universal, que cubra la pensión para los adultos mayores, y no, y esto está muy claro, y es un compromiso, no habrá recurso obtenido por esta vía o de esta Reforma Hacendaria para más gasto corriente y para más burocracia.

Aquí está muy claro: Tenemos que trabajar en fortalecer nuestras ventajas competitivas y eso sólo puede ser en infraestructura, en más servicios educativos, en más servicios de salud y en más beneficios para la población. Para eso son los recursos que están inscritos en esta Reforma Hacendaria.

Y un quinto elemento, una quinta iniciativa, no es la quinta, sino, ya no sé qué número es, pero otra muy importante, la Reforma Energética, a la que hizo alusión don Miguel Alemán.

La Reforma Energética toca, sin duda, un tema sensible dentro de la cultura política y social de los mexicanos, porque prácticamente se generó un mito en torno al recurso que es de todos los mexicanos: el petróleo y la riqueza energética del país.

Pero, como país fuimos uno que nos rezagamos frente al mundo. Dejamos de ser competitivos.

Otros países impulsaron reformas, precisamente garantizando la propiedad del Estado sobre sus recursos energéticos, pero ampliando las modalidades para la explotación de los mismos.

Eso es justamente lo que propone la reforma que hemos presentado al Congreso de la Unión. Porque sólo de esa manera podemos garantizar la generación de más energía y asegurar que esa energía sea para los mexicanos, y para las pequeñas y medianas empresas que generan empleo, más barata.

No hacerlo así, simplemente México seguirá rezagado, perderá competitividad y más cuando al otro lado de la frontera, ya sabemos que Estados Unidos está a unos años, hablo de dos, tres años, de lograr autosuficiencia energética y que en la explotación que hace hoy de Shale Gas está modificando la geografía energética de todo el mundo.

Hoy encontramos la energía más barata, precisamente allá y eso está haciendo que muchas empresas decidan entonces instalarse donde la energía es barata, generar empleo ahí. Y eso es lo que México perderá oportunidad de no saber explotar de mejor manera nuestras fuentes generadoras de energía.

Y aquí dejo nuevamente muy en claro: el Estado mexicano seguirá siendo propietario del petróleo, de los hidrocarburos y de la riqueza energética, porque es de los mexicanos. Pero esto no riñe y no le impide al Estado mexicano, encontrar modalidades hoy probadas en el mundo entero. Sólo México prácticamente se ha rezagado en su legislación en esta materia para explotar ampliamente, mayormente y de manera más eficaz sus recursos energéticos en beneficio de los mexicanos.

Algunos se preguntan: ¿Por qué ha de bajar la tarifa de luz con la Reforma Energética?

Simplemente porque para generar energía eléctrica utilizamos gas y si logramos una mayor producción de gas, que tenemos mucho, pero no lo explotamos, a qué nivel o más bien a qué grado no explotamos el gas que tenemos en México, que tenemos que importarlo ya de otras partes, por cierto muy caro, para abastecer a la industria del país y para abastecer a los hogares mexicanos, de manera muy cara también.

¿Por qué ha de bajar la tarifa de luz eléctrica?

Porque vamos a producir energía eléctrica con gas, que en lugar de importar estemos extrayendo del subsuelo mexicano.

¿Y por qué no lo hace esto PEMEX?

Porque PEMEX dedica sus mayores recursos a aquello que le da una mayor rentabilidad económica y que está precisamente en sacar petróleo.

Hoy el petróleo le deja un mayor ingreso que si sacara gas.

Le cuesta, aquí está el Director de PEMEX, a lo mejor me corrige en las cifras, pero más-menos, 20 dólares sacar un barril de petróleo y lo vende en 100 dólares. No le dejaría la misma renta sacar gas o la refinación.

Qué tan buen negocio es esto para PEMEX, que le permita absorber algunas pérdidas que tiene refinación y en otras áreas que trabaja en exclusiva PEMEX.

Por eso necesitamos abrirnos. Sin perder, insisto, propiedad y rectoría del Estado mexicano sobre su riqueza energética.

Quiero concluir con lo siguiente:

En esta media hora, que fue el espacio que me pidieron dedicara a mi intervención, don Miguel. Y no quiero extenderme más allá de ello.

Éste ha sido el año de colocar los cimientos para impulsar el desarrollo del país.

Lamentablemente no hemos tenido el crecimiento económico deseado, el que proyectamos al inicio de la Administración.

Y sin que sea excusa ni justificación, prácticamente la gran mayoría de los países del mundo, de mayor desarrollo y de mediano desarrollo, prácticamente todos, y lo hemos sabido a través de los medios de comunicación, ajustaron sus proyecciones de crecimiento económico.

Ninguno alcanzó o ningún país estará alcanzando los niveles de crecimiento económico que originalmente habían pronosticado y proyectado al inicio de este año, porque el entorno internacional no lo ha permitido.

Y a ello habrá que reconocer que México, la transición, como ha ocurrido históricamente y es prácticamente entendible que así sea, lleva a una desaceleración en el ritmo de gasto que tiene todo Gobierno.

Esto es como el corredor que entrega la estafeta a otro: Uno llega corriendo y el otro arranca. Y le toma su tiempo agarrar nuevamente el ritmo. Y en el Gobierno lo hemos venido haciendo de manera también muy acelerada.

No ha habido cambio de Administración que no haya tenido un ajuste en la historia de México y de cualquier parte del mundo, que no haya tenido un ajuste en el ritmo de gasto que tiene la Administración Pública.

Eso y además en el entorno internacional, lamentablemente modificaron las proyecciones de crecimiento económico que teníamos para este año.

Pero de algo sí estoy seguro: De materializarse y cristalizarse todas estas reformas, entre las ya aprobadas y las que estarán próximas a debatirse, estoy seguro que los cimientos que estaremos logrando serán muy firmes y sólidos, y permitirán que México tenga mayor crecimiento económico y mayor desarrollo social. Estoy convencido de ello.

Este Gobierno no se ha apartado un ápice de la ruta que nos trazamos al inicio de la Administración.

Insisto, llegamos para hacer transformación y para hacer un ajuste y un cambio. No a administrar la inercia, no quisimos mantener la pasividad y dejarnos llevar por el orden establecido. Quisimos, dentro de la institucionalidad y con orden, impulsar ajustes y cambios, y es lo que hemos venido haciendo.

Nos dará cimientos, y estoy convencido que cimientos muy sólidos. Y estoy convencido de que todas las fuerzas políticas del país, más allá de nuestras naturales diferencias o las que tengan entre ellas, todas desean que a este país le vaya bien.

Bajo ópticas distintas, pero estamos llegando a acuerdos. A lo mejor no a un consenso unánime, pero sí a un consenso mayoritario, por el alcance que están teniendo las reformas y por las que queremos tengan las que aún están por ser debatidas y, eventualmente, aprobadas.

Yo hago votos porque así resulte, porque realmente tengamos este éxito. Insisto, en este primer año de colocar cimientos.

Éste no ha sido un año. Y aquí en alguna forma lo refirió el Gobernador del Estado de Jalisco, no hemos venido trabajando para estar bien ni en las encuestas, ni bien medidos en la popularidad.

Todo cambio, todo ajuste, toda transformación enfrenta resistencias, y soy el primero en reconocer y en asumir que México necesitaba hacer estos ajustes y estas transformaciones, modificar su andamiaje jurídico. Lo estamos logrando.

Y estoy seguro, y hago votos porque así sea, que el futuro para México en el devenir de los próximos años sea promisorio, sea de desarrollo, sea de éxito, sea de oportunidades, para que todos los mexicanos puedan escribir, como lo he dicho de forma reiterada, sus propias historias de éxito.

Muchas gracias por su atención.