-MODERADORA: En uso de la palabra la Presidenta en turno de El Colegio Nacional, doctora María Elena Medina-Mora de Icaza.

-DRA. MARÍA ELENA MEDINA-MORA DE ICAZA: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Es un honor para El Colegio Nacional recibirlo. Su presencia realza este evento. Reciba nuestro reconocimiento.

Distinguidos miembros del presídium; miembros Consejeros de El Colegio Nacional; personas que nos acompañan.

Sean todos ustedes bienvenidos a este bello edificio, restaurado por el arquitecto Teodoro González de León, miembro de esta honorable institución.

El Colegio fue fundado por el Presidente don Manuel Ávila Camacho el 8 de abril de 1943. Fue el entonces Secretario de Educación Pública, don Octavio Vejar Vázquez quien se dio a la tarea de organizar este nuevo colegio, que tendría como mandato difundir y divulgar la cultura filosófica, literaria y científica de la República.

Su apoyo, señor Presidente, a través de la Secretaría de Educación Pública, hace posible que esta noble misión siga viva y dando frutos.

Ese mandado coincide con su anhelo, señor Presidente, compartido por nosotros de un México con educación de calidad que usted valientemente busca lograr a través de la Secretaría de Educación Pública.

Compartimos su convicción de que la educación de calidad y la igualdad de oportunidades es fundamental para que México avance en la nueva sociedad del conocimiento y para impulsar una Nación más sabia y libre, capaz de hacer incluyentes los beneficios sociales del progreso.
Fueron sus fundadores, pintores como Diego Rivera y José Clemente Orozco. Cuatro notables escritores: Reyes, Vasconcelos, González Martínez y Azuela. Hoy, siguen sus pasos Fernando del Paso y José Emilio Pacheco. En la lista de fundadores, están también un notable músico, Carlos Chávez, y un médico cardiólogo, Ignacio Chávez.

México ha dado al mundo descubrimientos que han mejorado la salud de sus habitantes. Por ello, los miembros del Colegio, han elegido a insignes representantes de las ciencias de la vida, quienes han formado nuevas generaciones, dejando como legado lo que hoy es la Secretaría de Salud.

Secretaría que bajo su liderazgo, señor Presidente, tan importante papel ha desempeñado en la atención a víctimas.

Es en estas adversidades cuando las instituciones y sus líderes muestran quienes son. Nuestro reconocimiento por su labor y la de los miembros de su Gabinete.

Hoy son parte de esta noble institución los doctores Guillermo Soberón, Jesús Kumate y Ruy Pérez Tamayo, recientemente reconocidos por usted en la Ceremonia de los 70 años de la Secretaría de Salud.

El doctor José Sarukhán quien ha tenido como vocación el estudio de la biodiversidad y su cuidado, y los científicos Adolfo Martínez Palomo, gran promotor de la investigación en salud; Francisco Bolívar Zapata, autoridad mundial en biotecnología; Pablo Rudomín y Ranulfo Romo, reconocidos por sus descubrimientos del funcionamiento del cerebro, completan este grupo de miembros de ciencias de la vida.

Fueron, también, fundadores los hermanos Antonio y Alfonso Caso. Filósofo el primero, arqueólogo el segundo, quien entonces dirigiera las exploraciones de Monte Albán.

Hoy dos de nuestros miembros, Eduardo Matos Moctezuma, lo ha hecho en el Templo Mayo, y Linda Manzanilla, nos han llevado de la mano a un recorrido por los misterios de Teotihuacán; junto con Miguel León-Portilla, Vicedecano de El Colegio Nacional, nos han acercado a entender nuestra herencia e incorporarla a nuestra cultura.

Como lo hiciera en su momento Antonio Caso, cumplen, también, con el mandato de fundación de este colegio, dos filósofos representantes del exilio español a México, experiencia dolorosa que nuestro país capitalizó: Luis Villoro y Ramón Xirau.

Filósofo, poeta y estudioso de la obra del Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, quien como integrante de este colegio respondiera Xirau su discurso de ingreso.

Alfonso García Robles, Premio Nobel de la Paz, también fue miembro.

No podría faltar entre sus fundadores un físico matemático, Sandoval Vallarta, antecesor de Samuel Gitler y de Octavio Novaro.

Pertenecen, también, a esta área del conocimiento Mario Molina, quien recibiera el Premio Nobel por sus aportaciones al conocimiento del origen de la destrucción de la capa de ozono.

El químico Eusebio Juaristi y tres notables astrónomos: Arcadio Poveda, célebre por su método por medir la masa de galaxias; Luis Felipe Rodríguez Jorge, quien ha estudiado el nacimiento y juventud de las estrellas; y Manuel Peimbert, quien nos ha acercado a conocer la composición química del universo.

Las ciencias sociales y las humanidades están, también, representadas por grandes historiadores como Enrique Krauze; por Luis Fernando Lara, reconocido por sus estudios lingüísticos y literarios; por el reconocido economista Leopoldo Solís; y por renombrados juristas como Héctor Fix-Zamudio y Diego Valadéz.

Ezequiel Ordoñez, geólogo, y Ezequiel Chávez, educador, concluyen la lista de nuestros fundadores.

Juárez nos recuerda la noble tarea de la educación, precepto que sus miembros tienen como vocación y a la que dedican su quehacer, como miembros de esta noble institución.

En su inauguración, como ahora en su 70 aniversario, el programa del acto incluyó dos números de música. En días pasados, escuchamos obras selectas de uno de nuestros miembros, Mario Lavista, tanto en la Sala Netzahualcóyotl, como en Bellas Artes.

Inicié este breve recorrido por los pintores, fundadores, y concluyo con Vicente Rojo, quien nos habrá de deleitar con una muestra de sus obras, para concluir las actividades que han organizado en ocasión de nuestro 70 aniversario.

Desde su fundación, los miembros de El Colegio nos hemos comprometido con su mandato: Difundir y divulgar la cultura filosófica, literaria y científica de la República.

El Colegio, ha impartido cerca de 15 mil conferencias, y entregado a las bibliotecas públicas de educación superior 850 mil ejemplares de los 950 títulos escritos.

Desde diferentes frentes, sus miembros han contribuido y continúan asesorando proyectos gubernamentales, compromiso que hoy reiteramos.

Reconocemos, señor Presidente, su liderazgo, su interés por las ciencias y las artes, y agradecemos su compañía en esta celebración.

Le reiteramos nuestro compromiso de continuar cumpliendo con el mandato de su fundación: Acercar las artes, la literatura, las ciencias y las humanidades a la población, con el convencimiento de que el desarrollo del país requiere de una base sólida de capital humano, formado en las ciencias y en las artes, una ética que oriente a las sociedades del conocimiento, a su evolución, que busque la equidad en la educación, cerrando brechas entre ricos y pobres; es decir, hacer que toda la población tenga acceso a una cultura que le dé sentido a su vida y a los bienes y servicios que le permitan disfrutarla.

Muchas gracias.

-MODERADORA: Corresponde realizar su intervención al miembro de El Colegio Nacional por el Área de Ciencias Biológicas y de la Salud, doctor Francisco G. Bolívar Zapata

-DR. FRANCISCO G. BOLÍVAR ZAPATA: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; doctora María Elena Medina-Mora, Presidenta en turno de El Colegio Nacional; distinguidos miembros del presídium; colegas; académicos; amigos todos:

Nuestro país ha vivido momentos recientes de suma emergencia por los desastres naturales, que desafortunadamente han costado muchas vidas y han lesionado de muchas maneras nuestro entorno.

Estamos ante una situación trágica, muy compleja y delicada que requerirá, como lo ha señalado el Presidente Peña Nieto, de la colaboración de todos y la coordinación adecuada de los esfuerzos, para reducir los tiempos de recuperación, buscando mitigar los daños.

Hay que tener conciencia, y esta desgracia es prueba de ello, de que nuestra Nación, parte de un planeta con grandes necesidades y desafíos regionales y globales, en escala sin precedente.

Por ello, es fundamental, esencial, diseñar políticas con visión de futuro, en contexto de las grandes problemáticas que enfrentamos, como la que estamos viviendo, de desastres naturales, resultantes en buena medida del cambio climático y de la falta de una cultura de resiliencia, para reducir los riesgos y la vulnerabilidad de nuestro país.
Los países avanzados invierten sostenidamente en ciencia y tecnología, e innovación, muchos de ellos como parte de una política de Estado.

Las naciones que han alcanzado un verdadero bienestar son las que invierten en ciencia y tecnología, innovación y en educación.

Por la extraordinaria riqueza de nuestro país, con sus grandes recursos, incluyendo los más de 115 millones de habitantes, México debe ser uno de los actores globales importantes.

Las reformas estructurales que ha promovido el Presidente Peña Nieto en educación y en otros sectores, buscan una mejor Nación.

Nos estimula el compromiso del Presidente para tener un México con educación de calidad, en el cual la ciencia, la tecnología e innovación se convierta en verdadera palanca de desarrollo económico y social sustentable.

Por ello, el monto propuesto por el Presidente Peña en el presupuesto para el ramo para el año próximo, el 2014, pasa de 70 mil 300, a cerca de 82 mil millones, con un incremento de 20 por ciento para CONACyT.

Conforme al compromiso del Presidente, va a fortalecer importantemente, el sistema de ciencia y tecnología e innovación.

Incrementos similares en años siguientes facilitarán alcanzar el uno por ciento del PIB para CTI, con una inversión equivalente a la de los países desarrollados.

Lo anterior permitirá incrementar, por un lado, y esto es muy importante, el proceso de generación de conocimiento científico de frontera en nuestro país.

No olvidar que el proceso inquisitivo de la investigación científica es intrínseco al espíritu y la mente humana, que persigue conocer y comprender nuestro entorno, incluyendo al propio individuo y a la sociedad humana.

También, es indispensable involucrar este conocimiento, así como la tecnología y la innovación que de él derivan en el análisis y propuestas de mitigación y solución de muchas de las grandes necesidades, demandas y problemas nacionales, incluyendo una, contaminación atmosférica, la destrucción de grandes espacios en el planeta y en nuestro país, en particular las selvas, la biodiversidad, para producir alimento, energía y otros satisfactores. Y, ciertamente, la problemática muy compleja del cambio climático, de la cual somos testigos en estos días y que nos afectará permanentemente.

En este sentido, nos alienta, también, y estimulan los esfuerzos recientes del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología para apoyar proyectos relacionados con la atención a problemas nacionales, mediante una convocatoria inédita.

Así como el compromiso por instrucción presidencial de coordinar más eficientemente los esfuerzos en CTI, con las diferentes Secretarías de Estado, para atender y entender los problemas nacionales.

Es fundamental para la soberanía del país que las políticas públicas que se diseñen para contender con estas grandes catástrofes y necesidades, consideren el reconocimiento científico sólido, la tecnología y la innovación como elementos y estrategias para sustentar las decisiones del Gobierno en todos los niveles.

Tenemos en México grandes y excelentes instituciones públicas, como la UNAM, el Politécnico, la UAM, el CONACyT, y sus centros públicos, los Institutos Nacionales de Salud, El Colegio Nacional, entre muchas otras. Y organizaciones, como la Academia Mexicana de Ciencias, la Academia de Medicina.

Y, Además, contamos con expertos en lo individual en diferentes áreas, para orientar y apoyar al Presidente de la República en la toma de las muy distintas decisiones que día a día, y más en situaciones difíciles como la actual, debe ir asumiendo.

Las instituciones académicas y de cultura, así como los integrantes de las mismas, especialmente hoy los miembros de El Colegio, estamos atentos, interesados y comprometidos para apoyar estos esfuerzos.

Como ha sido señalado, una parte de los miembros de El Colegio han sido o somos científicos, incluyendo expertos en ciencias sociales. Entre ellos, mexicanos ejemplares que han generado contribuciones extraordinarias al conocimiento universal y al fortalecimiento de la educación y la ciencia.

Todos ellos son mexicanos notables, comprometidos, insistimos, con la comprensión y el análisis de la naturaleza, del planeta y de nuestro país. También, involucrados en el estudio de problemas y demandas nacionales, globales y posibles soluciones.

En particular, en el área de ciencias biológicas y de la salud, los miembros de este Colegio, que ya fallecieron, son Donato Alarcón, Carlos Casas, Ignacio Chávez, Ramón de la Fuente, Ignacio Ochoterena, Manuel Martínez Báez, Isaac Ochoterena, Arturo Rosenblueth y Manuel Uribe.

Los miembros activos en esta área son Jesús Kumate, Adolfo Martínez Palomo, María Elena Medina-Mora, Ruy Pérez Tamayo, Ranulfo Romo, Pablo Rudomín, José Sarukhán, Guillermo Soberón y un servidor.

Permítame, señor Presidente, insistir sobre la importancia de contar una estrategia necesaria, adecuada, coordinada de resiliencia frente a los desastres a los que habrá que enfrentarse cada vez con mayor frecuencia, insistimos.

El Presidente de la República y sus colaboradores de manera incansable han participado en múltiples actividades a lo largo de varias semanas para conocer los daños, organizar el auxilio y los apoyos.

Han hecho una labor ejemplar de liderazgo para orientar y coordinar los esfuerzos encaminados a contender con los desastres.

Existe un documento titulado: Desarrollo de la Resiliencia frente a Desastres Naturales y Tecnológicos, elaborado en el año de 2012 por varias academias de ciencia del mundo, incluyendo a la Academia de México.

Para los mandatarios de las naciones, así como otros análisis de apoyo que están a disposición para coadyuvar y sumar esfuerzos en estos asuntos, entendiendo la resiliencia como la habilidad que tiene un sistema y sus componentes para anticipar, amortiguar, adaptar o recuperarse de los efectos de un desastre mayor de forma oportuna y eficaz.

La capacidad de resiliencia, debe desarrollarse en las instituciones a todos los niveles y en los sectores de la sociedad también a todos los niveles.

Existen, como usted conoce, señor Presidente, avances importantes en este sentido coordinados por la ONU, incluyendo la plataforma global para la reducción de riesgos de desastres.

Entre las recomendaciones que señalan las academias de ciencia sugieren que los gobiernos involucren de manera más importante al conocimiento científico, tecnológico y a la innovación, y a la comunidad científica nacional e internacional en estos esfuerzos.

Termino señalando que tenemos estructuras e instrumentos y conocimientos importantes sobre riesgos y desastres. Contamos con el Sistema Nacional de Protección Civil, el Fondo Nacional para Desastres Naturales, así como instancias como el CENAPRED y la CONAGUA que pueden reforzar sus capacidades.
Contamos también con el liderazgo de la Secretaría de Gobernación para coordinar estos esfuerzos que deben consolidarse para avanzar más eficientemente en la atención y prevención de desastres.

Ciertamente hemos avanzado en estas capacidades, en nuestras capacidades para contender con estos problemas y estos desastres, pero aún falta mucho que trabajar e invertir.

Señor Presidente:

Reitero a usted que cuenta con el apoyo de integrantes comprometidos de la comunidad científica mexicana, en particular de miembros de El Colegio Nacional, para contribuir en el análisis de ésta y de otras problemáticas con el objetivo de sustentar, insistimos, la toma de decisiones en el conocimiento científico sólido para avanzar hacia una sociedad del conocimiento como parte del México que todos deseamos.

Para finalizar reitero a usted, señor Presidente, y a la Secretaría de Educación Pública el agradecimiento que brindan a El Colegio Nacional.

Libertad por el saber.

Larga vida a El Colegio Nacional.

Muchas gracias.

-MODERADORA: Interviene enseguida el Vicedecano de El Colegio Nacional, por el área de ciencias sociales y humanidades, doctor Miguel León-Portilla.

-DR. MIGUEL LEÓN-PORTILLA: Señor licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos; doctora María Elena Medina-Mora, Presidenta en turno de El Colegio Nacional; señores del presídium; señoras del presídium; señoras y señores.

Voy a hablar un poquito acerca de las humanidades en este Colegio.

Yo pienso que las humanidades son como el alimento del alma.

La historia, por ejemplo, nos permite conocer lo que ha sido nuestro país.

Yo siempre digo: El que no conoce la historia, es como el pasajero que llega al aeropuerto sin equipaje, sin boleto, sin pasaporte. Y a dónde vas. No sé.

La historia es importantísima. Hay usos de la historia. Por ejemplo, voy a citar uno: El Río Bravo era divagante. Ahora ya hay presas que lo controlan. Pero cuando era divagante, había bancos de tierra que una vez quedaban del lado de los Estados Unidos y otras del de México.

Cómo resolvía la Comisión de Límites y Aguas los problemas. Vamos a ver, en otros casos, qué se hizo.

La historia ilumina. Y esto en todos los casos.

Después, las artes. Para qué sirve Mozart. Para qué sirve mi querido Mario Lavista. Para qué sirve Carlos Chávez. Eso lo dejo a su discreción.

El Derecho. Hemos tenido grandes juristas. Desde un principio, Ezequiel A. Chávez. Después, hemos tenido a Eduardo García Máynez; Héctor Fix Zamudio; Diego Valadés.

Héctor Fix Zamudio. Hombre. No sé si está aquí, y si no está, que le rezumben bien los oídos. Extraordinario.
Las artes. Pienso nada más en una como símbolo, Beatriz de la Fuente. Le debemos a ella el que nos haya hecho el inventario de la pintura mural prehispánica. Gracias a ella, podemos decir qué hay en Teotihuacán, qué hay en Palenque, qué hay en Bonampak.

Y así puedo seguir recorriendo la filosofía. Hemos tenido desde un principio a Antonio Caso. Antonio Caso fue un filósofo humanista, profundamente humanista. Él fue quien concibió este Colegio Nacional, un poco pensando en el Colegio de Francia.

Como existió luego El Colegio de México, a veces se nos confunde cuando es para bien, mejor me callo, si no es para bien, aclaro. Entonces, tenemos después a Eduardo García Máynez, un gran jurista y filósofo del Derecho.

Y para terminar, ya no quiero hacer un elenco. Realmente, los alimentos que nos dan las humanidades, son indispensables y solamente sirven para una cosa, para ser seres humanos, para eso. Y yo creo que todos queremos ser seres humanos.

El Colegio tiene la maravilla de tres premios Nobel. El primero Alfonso García Robles, era jurista y él logró la desnuclearización de América Latina. Ese es un acto humanista importantísimo, estar libre de esa pesadilla.

Una hija mía me decía: Ay, papá, desde que han bomba atómica casi no puedo dormir, bueno, por lo menos no la hay en México y no la hay del Río Suchiate para abajo. Es un acto humanístico.

Después, Octavio Paz casi, casi parecería una grosería decir que fue humanista. Fue un gran humanista, un gran poeta, un gran escritor, le consta a Enrique Krauze que colaboró con él.

Y, finalmente, el Premio Nobel que vive, Molina, Mario Molina-Pasquel. Él ha luchado porque el medio ambiente, la atmósfera, el aire que respiramos sea más bueno para nosotros. Es otro acto de humanismo.

Y yo estoy seguro que los científicos de las ciencias duras y de las ciencias no tan duras, en este contacto maravilloso, señor Presidente, en que nos reunimos, y yo le puedo preguntar al doctor Peimbert sobre tal cosa, o le pregunto al doctor Romo, sobre la cosa neurológica, o mi amigo Pablo Rudomín, etcétera, enriquece y Además, se abre al que quiera.

Aquí puede venir a nuestras conferencias el que quiera. No se le va a dar un diploma, pero se le va a dar el alimento. Los humanistas hemos, yo creo, logrado que ese diálogo sea cada vez más fecundo.

Ya no me queda más que decir, que en nuestra misión no sólo damos conferencias aquí o en las otras aulas de El Colegio, sino que salimos a los diversos estados y a los más allá de las fronteras, puesto que tenemos las conferencias con satélite interactivas.

Yo puedo recordar que di una con la Universidad de Praga, fíjense ustedes, desde aquí a Praga.

Hablando de qué. Del mundo indígena, que es mi resorte.

Yo sigo un consejo del maestro Manuel Gamio, iniciador de la antropología en México: No pienses sólo en los indios muertos, piensa en los indios vivos que mucho necesitan nuestro apoyo.

Muchas gracias.

-MODERADORA: Cedemos el uso de la palabra al miembro de El Colegio Nacional por el Área de Artes y Letras, el poeta José Emilio Pacheco.

-SR. JOSÉ EMILIO PACHECO: Con su permiso, señor Presidente.
En el viejo convento que aloja la Iglesia de La Enseñanza, una de las cinco obras maestras del barroco universal y que fue, entre muchas otras cosas, prisión para los colaboradores de Maximiliano y cuartel de Los Camisas Rojas, ejecutores de la matanza de Coyoacán, se fundó hace 70 años El Colegio Nacional.

1943 fue el año del gran cambio en la Guerra Mundial, el comienzo de la inmensa derrota del fascismo. Rommel fue vencido en África y la URSS triunfó en la Batalla de Stalingrado.

Los nazis todavía pudieron aplastar a sangre y fuego la Rebelión del Gueto de Varsovia, pero cayó Mussolini y los ejércitos aliados invadieron Italia.

Aparecieron la penicilina y el bolígrafo, y al mismo tiempo, surgió la terrible epidemia de la poliomielitis.

Así, entre la devastación y la esperanza, surgió en México una institución que ha perdurado durante los 70 años que conmemoramos hoy, y que le ha dado a México, como se ha mencionado aquí, sus únicos tres Premios Nobel.

Apareció El Colegio Nacional y lo que resultaba el centro de la vida cultural mexicana y lo hizo como una prolongación de las intenciones de Justo Sierra al inaugurar la Universidad Nacional en 1910, nacionalizar la ciencia, mexicanizar el saber.

Y de la tarea que en aquel mismo año se habían asignado los jóvenes que formaron el Ateneo de la Juventud: trabajar seriamente en sus disciplinas y al mismo tiempo hacer accesible, mediante conferencias y artículos, la cultura, a quienes no habían tenido acceso a ella.

En tan breves minutos, me es imposible hablar como me había propuesto de una parte mínima de El Colegio Nacional, que es la Literatura.

Al hacerlo cometo la grave injusticia de limitarme a los escritores literarios, para llamarlo de algún modo, y excluir a los científicos, quienes hoy como ayer, escriben tan bien, y muchas veces mejor que aquellos, y han hecho obras que destacan en su terreno y al mismo tiempo en el campo de la prosa.

Eso me parece una cosa en lo que no hemos insistido lo suficiente, que nadie lo ha subrayado: La habilidad literaria de quienes no figuran oficialmente como literatos, palabra abominable por fortuna ya abolida.

Entre los fundadores de El Colegio Nacional figuran Mariano Azuela, autor de Los de Abajo, una novela clásica del Siglo XX; Enrique González Martínez, un gran poeta en espera de reconciliación, quien a los 80 años fue capaz de cerrar la corriente del Modernismo, que había iniciado Rubén Darío, con uno de sus libros estelares: El Nuevo Narciso de 1952.

En ese primer Colegio Nacional destacan también el inabarcable Alfonso Reyes, de quien Octavio Paz dijo que al enseñarnos a escribir, nos enseñó a pensar.

Y José Vasconcelos que figura para siempre en nuestra historia como el autor de la gran hazaña educativa de 1920 a 1923, y el narrador de nuestra mejor obra autobiográfica: Ulises Criollo.

Más adelante, Antonio Castro Leal hace una labor decisiva en el conocimiento de la literatura novohispoana y mexicana.

Jaime Torres Bodet, como Secretario de Educación, continúa dos décadas más tarde, la labor de Vasconcelos y cumple de manera brillante otra de las funciones de El Colegio Nacional con sus libros de alta divulgación sobre escritores europeos e hispanoamericanos.

Perdóneme, por favor, pero estoy ya cegatonsísimo. Ya luego no veo.
Agustín Yáñez, con Al Filo del Agua, inicia en 1947 la nueva narrativa mexicana. Miguel León-Portilla, durante más de medio siglo nos ha revelado la poesía náhuatl y con su Visión de los Vencidos, nos da la otra versión de la Conquista y una obra de repercusión universal.

Gracias a Miguel León-Portilla, ahora tenemos la narración de Las Cruzadas, escrita por los historiadores árabes y la crónica de la brutal colonización de África hecha por quienes la sufrieron.

Octavio Paz, autor de Piedra del Sol, uno de los grandes poemas de la lengua española, es también un extraordinario ensayista de tantos libros que ni siquiera podemos mencionar aquí, porque ocuparían una página entera.

Rubén Bonifaz Nuño, que fue hasta hace algunos meses el mejor poeta mexicano vivo, título que ahora corresponde, sin discusión, a Eduardo Lizalde, es la única persona en el mundo que por sí solo ha traducido a todos los clásicos latinos. Esa es una hazaña insuperada.

Carlos Fuentes inicia la parte mexicana de la nueva novela de este Continente y nos vincula, con su crítica y con su actividad personal, con lo mejor de la narrativa contemporánea.

Ramón Xirau, que tiene un sitio privilegiado como filósofo, nos da en su Historia de la Filosofía la mejor obra de divulgación que se ha escrito aquí, después de los libros de Reyes sobre Grecia. Y también Xirau es un gran poeta que nunca ha escrito versos que no estén en catalán. De este modo, comprueba el lazo indisoluble entre poesía y lengua materna.

A Jaime García Terrés, también, gran poeta y ensayista, debemos las empresas culturales que permitieron la gran renovación en todos los terrenos de las actividades culturales mexicanas en los años 60. A este gran momento corresponden las originales y sorprendentes novelas de Salvador Elizondo.

La obra crítica y filológica de Antonio Alatorre, sabio entre los sabios, está aún por recopilarse. Él se negaba a publicar libros y, sin embargo, fue posible arrebatarle uno tan importante como Mil Años de la Lengua Española.

Gabriel Zaid, poeta en obra lírica tan breve como brillante, está considerado como el gran ensayista mexicano de estos días, de estos años. Zaid abarca también, el examen siempre agudo y original de nuestra vida política y económica.

Los escritores son insustituibles, pero no sería una exageración decir que ocupa, que Zaid ocupa el lugar de Paz, por la amplitud de su cultura, sus juicios sin compromisos y el deslumbrante brillo de su prosa.

Alejandro Rossi, filósofo como Luis Villoro y Ramón Xirau, fue también entre nosotros el gran renovador del cuento; genio que curiosa e ignoradamente José Vasconcelos se apoyó como el mejor camino para la narrativa mexicana, y que apenas ahora alcanza en el mundo la jerarquía que merece.

La variedad y diversidad en su literatura contemporánea se revela en el contraste entre los breves textos de Rossi, y las tres inmensas e inagotables novelas de Fernando del Paso, quien con Noticias del Imperio, ha cambiado para siempre en todas partes el concepto de la fusión histórica.

El Colegio Nacional está en cambio constante. Dentro de 10 años el panorama será muy distinto, pero en modo alguno se podrá prescindir de lo que se hizo durante estas siete décadas en el terreno de las ciencias y las artes.

No hay que decir, señor Presidente, misión cumplida; por el contrario, debemos tener la certeza de que cuando ya no estemos aquí, El Colegio Nacional seguirá sirviendo más y mejor al México que lo ha hecho y lo sigue haciendo posible.

Muchísimas gracias.

-MODERADORA: Habla a continuación el miembro de El Colegio Nacional por el Área de Ciencias Exactas, doctor Manuel Peimbert Sierra.

-DR. MANUEL PEIMBERT SIERRA: Señor Presidente de la República, distinguidos miembros del presídium, señoras, señores:

Bienvenidos todos al Colegio Nacional.

En esta ocasión me corresponde hablar acerca de las llamadas ciencias exactas: astronomía, física, geología, geofísica, ingeniería, matemáticas y química, y específicamente de algunos de los 17 científicos que han ingresado a El Colegio Nacional de 1943 a la fecha, cuya lista completa es la siguiente: Manuel Sandoval Vallarta, Ezequiel Ordoñez, Guillermo Haro, José Ádem, Marcos Moshinsky Emilio Rosenblueth, Jesús Romo, Julián Ádem, Leopoldo García Colín, Marcos Mazari, Samuel Gitler, Arcadio Poveda, Manuel Peimbert, Octavio Novaro, Luis Felipe Rodríguez, Mario Molina, Premio Nobel de Química, y Eusebio Juaristi.

Todos ellos hicieron grandes aportaciones en sus campos y colaboraron en la creación y el desarrollo de las instituciones científicas y educativas del país, por lo cual recibieron una gran cantidad de distinciones académicas.

Diré unas cuantas palabras sobre los primeros seis de los 17 antes mencionados y hablaré muy brevemente de algunos de sus principales logros.

Ezequiel Ordoñez, ingeniero topógrafo y geólogo, nació en 1867, la República restaurada, y murió en 1950, se le puede considerar como el creador de la geología petrolera mexicana.

En 1904 descubrió el primer pozo petrolero comercial en México, el cual alcanzó una producción de mil 500 barriles diarios. Además localizó uno de los pozos más importantes de México y del mundo, el Cerro Azul Número 4, perforado en el año 1916, su producción se estimó en 260 mil barriles diarios.

A los precios actuales esto equivaldría a 26 millones de dólares diarios, es decir, nueve mil 500 millones de dólares al año.

En 1952 se bautizó con su nombre un campo petrolero muy importante en la zona conocida como la Faja de Oro. Fue miembro de la American Academy of Arts and Sciences de los Estados Unidos, de la Société Géologique de Francia y de la American Association of Petroleum Geologists.

Manuel Sandoval Vallarta, fue un destacado pionero de la física en México, nació en 1899, murió en 1977. Obtuvo su doctorado en física en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en 1924, posteriormente fue alumno de Albert Einstein y Max Planck en Alemania, y trabajó sobre rayos cósmicos con Georges Lemaître en el MIT.

También, en el MIT fue nombrado profesor de física de 1939 a 1944. En ese mismo año regresó a México y fue Director del Instituto Politécnico Nacional, miembro de la Junta de Gobierno de la UNAM, Subsecretario de Educación Pública y Subdirector del Instituto Nacional de Energía Nuclear.

Fue distinguido con la Medalla de la Legión de Honor por el Gobierno de Francia, recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes de México y fue miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias.

Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

José Ádem, fue un extraordinario matemático en el campo de la topología algebráica. Nació en 1921 y murió en 1991. Estudió simultáneamente las licenciaturas de ingeniería y de matemáticas en la Escuela de Ingeniería y en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Solomon Lefschetz lo impulsó a realizar su doctorado en la Universidad de Princeton, donde fue alumno de Norman E. Steenrod.

Realizó importantes aportaciones en su campo, sobresaliendo sus trabajos sobre topología en los que desarrolló un método conocido como relaciones de Ádem. También trabajó en la interacción de los cuadrados de Steenrod y sus relaciones con la geometría.

Fue miembro fundador del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional y Jefe del Departamento de Matemáticas del mismo.

Fue miembro del Comité Internacional de la Escuela Latinoamericana de Matemáticas, miembro de la Junta Directiva de la Universidad Autónoma Metropolitana y Vocal del Consejo Directivo del Sistema Nacional de Investigadores.

Recibió doctorados Honoris Causa por varias instituciones.

Emlio Rosenblueth nació en 1926 y murió en 1994. Obtuvo la licenciatura y la maestría en la Universidad Nacional Autónoma de México y se doctoró en la Universidad de Illinois.

Realizó investigaciones en mecánica de suelos en ingeniería antisísmica y en el diseño de las estructuras idóneas para resistir los temblores en regiones de alto riesgo sísmico.

Fue asesor de la UNESCO y de la OEA en materia sísmica y de investigación científica. Fue miembro de la Sociedad Matemática de Ingeniería Sísmica, la Sociedad Mexicana de Mecánica de Suelos, la American Society of Civil Engineers y la National Academy of Sciencies de los Estados Unidos.

Fue coordinador de la Investigación Científica de la UNAM, trabajó para la empresa mexicana Ingenieros Civiles Asociados ICA, para la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos y fue Subsecretario de Educación Pública.

Obtuvo el Premio Mexicano de la Academia Mexicana de Ciencias, el Premio Nacional de Ciencias y Artes y el Premio Príncipe de Asturias.

Marcos Moshinsky nació en 1921 y murió en 2009. Tras obtener la licenciatura en física, en la Facultad de Ciencias de la UNAM, se doctoró en la Universidad de Princeton, bajo la supervisión de Eugene Paul Wigner, Premio Nobel de Física.

En la década de los 50 dedicó sus investigaciones al estudio de las reacciones nucleares y la estructura de los núcleos atómicos, donde introdujo el concepto de paréntesis de transformación para funciones de oscilación armónico.

Junto con José Giambiagi de Argentina, y José Leite Lopes, de Brasil, fundó la Escuela Latinoamericana de Física en 1959, que hasta la fecha sigue siendo de gran importancia para el desarrollo de la física en la región. Ganó el Premio de la Academia Mexicana de Ciencias, el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el Premio Luis Elizondo y el Premio Príncipe de Asturias.

Guillermo Haro nació en 1913 y murió en 1988. Fue director del Observatorio Astrofísico Nacional en Tonazintla, del Instituto de Astronomía de la UNAM. Fue fundador y primer director general del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica. Y produjo numerosos artículos de investigación, sobre diferentes ramas de la astronomía, abriendo en algunos casos nuevas áreas que posteriormente se propagaron y que hoy se cultivan en todo el mundo.

Cinco de estas áreas son los objetos Herbig–Haro, estrellas ráfaga y estrellas T Tauri, nebulosas planetarias, estrellas azules en el halo de la galaxia y galaxias azules con líneas de emisión muy intensas.

Fue miembro asociado de la Royal Astronomical Society y vicepresidente de la Astronomical Society. Obtuvo el Premio de Ciencias y Artes, el Premio Lomonósov de la Unión Soviética. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Lo anterior es sólo una pequeña muestra de la relevancia de las actividades de estos seis miembros de El Colegio Nacional y de sus aportaciones a la cultura mexicana.

Muchas gracias.

Muchas gracias, señor Presidente.