-MODERADORA: Interviene el Nuncio Apostólico en México, Monseñor Christophe Pierre.

-MONS. CHRISTOPHE PIERRE: Excelentísimo señor Presidente; honorables miembros de la mesa de honor; honorables miembros del Gobierno; estimados colegas del Cuerpo Diplomático.

Señor Presidente:

Es para mí un honor, dirigirme a Vuestra Excelencia en nombre del Cuerpo Diplomático, acreditado en los Estados Unidos Mexicanos, para manifestarle nuestra complacencia y gratitud por este encuentro.

Quienes integramos el Cuerpo Diplomático, miembros de pueblos diversos en cultura, historia, pero hermanados por el deseo de servir a nuestras naciones y a la entera humanidad, en tan grata circunstancia, queremos reiterarle nuestra disposición a colaborar en el ámbito que nos corresponde y conformemente a los principios propios de las relaciones internacionales a favor del bien del ser humano, considerado en su integridad personal y comunitaria.

Nos servimos, igualmente, de esta circunstancia, para expresar nuestra solidaridad a Vuestra Excelencia, a todo el pueblo mexicano y, particularmente, a los directamente afectados en la reciente tragedia por la explosión en el edificio de PEMEX.

Nuestro más sentido pésame a los deudos de los fallecidos y nuestro augurio de pronta y total recuperación, a los heridos.

En el desempeño de nuestra misión, cada uno de nosotros hemos podido constatar cómo en esta bella y noble Nación mexicana, en la que, sin duda, no faltan irrenunciables y graves retos, abunda la gente buena, trabajadora, honesta y alegre; entusiasta y emprendedora, que, justamente, vive con la esperanza de poder construir una sociedad en la que cada vez se conozcan, respeten y promuevan más los derechos humanos, en la que se abran mayores oportunidades de desarrollo integral para todos; en la que, sumando esfuerzo y compromiso, se logre promover la legalidad, la moralidad y la reconstrucción de una reconciliación nacional.

Mirando el potencial de los millones de mexicanos que, inquietos buscan, es viable visualizar que aún por difícil, es posible construir, con el esfuerzo de todos, una sociedad cada vez más solidaria y corresponsable, donde reine la justicia, la paz y el verdadero progreso para todos.

Donde la impunidad, la delincuencia y el crimen logren ser desterrados. Son anhelos que el Estado debe saber acoger, encabezando, dirigiendo y promoviendo las iniciativas tendientes a lograrlos.

Pertenece a los ciudadanos, por su parte, colaborar y contribuir en la construcción del tejido social, capaz de perfeccionarse hasta obtener frutos de justicia, libertad, verdad y amor solidarios.

Participación que, sin embargo, es posible en la medida en que los ciudadanos, bien formados, sean conscientes de su responsabilidad y deber de participación y, justamente, motivados, deseen ejercerla.

Excelentísimo señor Presidente:

En las diferentes naciones en las que hemos tenido el privilegio de desempeñar nuestra misión, hemos, de una manera u otra, experimentado el anhelo de cada ser humano y de cada pueblo de vivir su existencia de manera digna, en paz, con seguridad, bienestar y felicidad.

También, por ello, podemos asegurarle, señor Presidente, nuestro expectante interés por las iniciativas que su Gobierno proyecta y piensa llevar a cabo en sus relaciones a nivel internacional con los diversos países de los varios continentes, particularmente, de América Latina y del Continente entero.

En un mundo globalizado como el nuestro, son muchos los ámbitos en los que México puede incidir positivamente, particularmente, a favor de la paz y de las buenas relaciones entre los pueblos, así como extraer, al mismo tiempo, valores que lo enriquezcan.

Ciertamente, ya nos congratulamos con Vuestra Excelencia por los significativos pasos que su Gobierno ha dado y está dando para llevar a cabo las decisiones que usted anunció en su primer discurso a la Nación, en ámbitos fundamentales como son, entre otros: la seguridad, la educación, la seguridad social, la economía y la infraestructura.

Miramos con optimismo, también, el Pacto por México que, sin duda, aportará frutos válidos para el pueblo de México y para su democracia.

Democracia que bien sabemos, no se restringe a lo meramente electoral, sino que abraza todas las actividades sociales del hombre que requieren participación, representación y promoción integral, y que es posible solamente en un Estado de Derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana.

También, por ello, creemos que una auténtica democracia no es sólo resultado del respeto formal de las reglas, sino fruto de la aceptación y de la convencida de los valores que inspiran sus procedimientos democráticos. Es decir, la dignidad de la persona humana, el respeto de los derechos humanos, incluyendo aquel fundamental de la libertad religiosa, entendida en su justo y verdadero significado, y la acogida del bien de todos como fin y criterio regulador de la vida política.

En nombre de los Jefes de Misiones Diplomáticas y de los representantes de los organismos internacionales acreditados en México, renuevo a Vuestra Excelencia, a todos los estimados miembros de su familia, a los distinguidos miembros de su Gabinete y de las demás instituciones de esta Nación, nuestro reconocimiento y mejores parabienes.

Muchas gracias.