Muchas gracias.

Muy buenos días.

Con el permiso del ciudadano Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Enrique Peña Nieto.

Me da mucho gusto saludar y agradecer la presencia del señor Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Mancera; de la Vicepresidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados; del Presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Senadores; de los integrantes del Gabinete Económico del Gobierno de la República; de los distinguidos ponentes.

Del Presidente del Consejo Coordinador Empresarial; del representante de las organizaciones agrarias; y agradecer la presencia de una muy distinguida representación de los participantes en la actividad económica en nuestro país: representantes del sector obrero, del sector empresarial, del sector campesino, que hoy participan en este Foro de Consulta para un México Próspero.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece un marco para la planeación democrática que debe regir la actuación del Gobierno de la República. Para ello, se prevé que en los primeros seis meses de una Administración Federal debe crearse un Plan Nacional de Desarrollo que parte no únicamente de las ideas y de la voluntad del Ejecutivo, sino de un amplio proceso de consulta ciudadana.

Por ello, hace 70 días el Presidente de la República convocó a este proceso de consulta. Hoy, se lleva a cabo el último de los foros, y tiene que ver con los temas de la economía, particularmente con alcanzar el objetivo que ha propuesto el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos a todos nosotros, que es el crear un México próspero.

Quiero aprovechar, y por instrucciones del Presidente de la República, este espacio para compartir con ustedes una reflexión sobre lo que tal vez es el dato más importante para explicar el desempeño económico de México en los últimos años, en las últimas décadas. Y es un dato del que se habla poco, que es la productividad.

En las últimas décadas, México, sin duda, ha retomado el camino de la estabilidad y se ha avanzado mucho en considerar a México y a ser reconocido adentro y fuera del país, como un país con una economía estable y sólida.

Y el Presidente de la República, ha sido muy claro, desde el 1 de diciembre, en consolidar y fortalecer la estabilidad de la economía nacional, a través de finanzas públicas sanas y otras medidas, como un pilar, como una condición necesaria para crecer.

Pero, sin duda, si queremos crecer, si queremos elevar el nivel de vida de la población, que los mexicanos y mexicanas ganen más por su trabajo, debemos de atender el enorme reto de la productividad.

No hay indicador económico más importante para explicar el desempeño de los países que han podido superar la pobreza de manera sostenida que el de la productividad.

Y, desafortunadamente, en México tenemos mucho qué hacer en materia de productividad.

Hay diferentes formas de medir la productividad.

Permítanme compartir con ustedes un primer indicador, que es la medida de la productividad total de los factores.

Esto es, la productividad que tienen en conjunto el trabajo, el capital, los recursos naturales.

Y aquí, el dato importante y le pido a quien maneja la computadora si nos puede poner la primera gráfica que muestra la evolución de la productividad total de los factores en los últimos 60 años, es decir, desde 1950 hasta el año 2010, que es cuando existe la última medición con comparación internacional.

Y lo que vemos, espero que la lámina esté en la pantalla, porque desde aquí no la veo, pero bueno, dicen que sí y para quien está en el presídium, están las láminas impresas.

Aquí vemos una historia muy distinta en los primeros 30 años desde 1950 y en los siguientes 30 años.

Entre 1950 y 1980, la productividad en México creció de manera muy sostenida, sin embargo, desde 1980 a 2010, la tasa de crecimiento anual promedio de la productividad es negativa.

Esto es un dato dramático, que explica por qué México a pesar de tener una economía estable, con una posición geográfica privilegiada, con recursos humanos, con recursos naturales no está creciendo al nivel que debería crecer y no está generando los empleos bien remunerados que necesitamos en todo el país, en el campo y en las ciudades.

Permítanme compartir con ustedes una segunda lámina, que compara la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto y la productividad entre cuatro países: Chile, Irlanda y Corea y nuestro país, México.

Chile, Irlanda y Corea son tres naciones que se caracterizan por haber tenido un auténtico despegue en su economía, que hace 30 años tenían, particularmente el caso de Chile y Corea, niveles de ingreso per cápita de bienestar muy similares a los que tiene México y que hoy tienen para fortuna de ellos y frustración de nosotros, niveles de vida muy superiores a los nuestros que han logrado dejar atrás la pobreza con una condición mayoritaria y que tienen clases medias robustas y crecientes.

Mientras que en Chile, Irlanda y Corea el crecimiento promedio en los últimos 30 años fue superior al cuatro por ciento, destacando el de Corea con seis por ciento; en México apenas fue del 2.4 por ciento.

La productividad creció en esos países, en promedio, uno por ciento en el caso de Chile al año, 1.9 por ciento en el caso de Irlanda, y 2.4 por ciento en el caso de Corea. En nuestro caso, la productividad cayó, como ya lo decíamos hace un momento, 0.7 por ciento en promedio al año.

Permítanme compartir una tercera lámina que ilustra este mismo problema. Y aquí estamos viendo una medida distinta de la productividad, porque a veces puede haber cuestionamientos de carácter metodológico al uso de la productividad total de los factores como un indicador. Vamos a un indicador más simple, más sencillo de calcular, que es la productividad del trabajo, el PIB per cápita comparado con las horas trabajadas.

Y esta lámina que compara, nos muestra el crecimiento promedio de la productividad del trabajo entre el año 1990 y 2010, los últimos 20 años. Y lo lamentable de esta gráfica que tiene 20 países, es que México es el único país que en estos 20 años, en esta lámina hecha por el Banco Mundial y la OCDE, muestra un crecimiento negativo de la productividad.

Algo grave está pasando en la estructura económica de nuestro país que estamos en una condición, desafortunada y única en el mundo, que no está creciendo nuestra productividad. Si hacia algo, hacia algún objetivo debemos de caminar, es hacia corregir este problema.

Voy a una cuarta lámina, que este es un ejercicio hipotético, pero muy revelador. Si México hubiera tenido un crecimiento de la productividad en los últimos 50 años como el que tuvo Corea, hoy nuestro Producto Interno Bruto per cápita, sería cuatro veces mayor al que hoy tenemos.

Tendríamos hoy, 86 por ciento menos pobres que los que tenemos. Y la pobreza, si vamos a la siguiente lámina, nos muestra el porcentaje de la población en situación de pobreza medida según el ingreso, que hoy en día es 46 por ciento.

Si hubiéramos crecido en los últimos 50 años con la tasa de productividad de Corea, solamente tendríamos 6.4 por ciento de mexicanos en pobreza. Y si vamos a la siguiente lámina que es la pobreza extrema, hoy tenemos a 10.4 millones en pobreza extrema, insisto, considerando la pobreza en función del ingreso, tendríamos únicamente al uno por ciento, al 1.3 por ciento de la población en pobreza extrema.

Qué quiere decir esto.

Que la productividad no solamente es un concepto económico. Es un concepto con una profunda dimensión social. Es el único instrumento capaz para lograr abatir los niveles de pobreza en cualquier economía, incluyendo la mexicana.

Qué quiere decir aumentar la productividad.

Aumentar la productividad no significa trabajar más o explotar de manera desmedida nuestros recursos, empezando por el trabajo.

Significa trabajar diferente, hacer las cosas de una manera que nos permita hacer más con nuestro trabajo y con nuestros recursos.

Significa aprovechar mejor las cosas.

Y para ello, necesitamos tener nuevos procesos, distinta tecnología, infraestructura, conocimiento, insumos baratos.

Todo ello implica que debemos hacer transformaciones profundas a la estructura de la economía.

Sin embargo, cuando hablamos de que necesitamos mayor productividad, tenemos que hacernos una pregunta de fondo y de eminente carácter social.

La productividad de quién.

Y la respuesta es que tiene que ser la productividad de la gran mayoría de los mexicanos, no solamente la productividad de unos cuantos.

Sin duda, hoy México tiene algunos sectores de su economía, algunas empresas, incluso algunas ciudades, que tienen altísimos estándares de productividad y que compiten exitosamente en el mundo globalizado; sin embargo, ésta no es la condición mayoritaria de la población.

Si queremos que a través de la productividad se eleven los salarios reales de la gente; es decir, que los mexicanos ganen más por su trabajo, debemos de lograr lo que el Presidente de la República ha dicho reiteradamente: No sólo debe de crecer la productividad, se debe de democratizar la productividad.

Necesitamos productividad en todas las regiones del país, incluyendo los estados y las comunidades más pobres.

Necesitamos productividad no solamente en el sector formal, sino formalizar a la economía, para elevar la productividad.

Y, permítanme, precisamente, en el tema de la informalidad ir a una siguiente lámina, y a partir de un estudio hecho en el Banco Interamericano de Desarrollo mostrar un dato también muy importante: El diferencial de productividad entre las empresas formales y las informales.

Según el dato de este estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, la productividad en el sector informal es 45 por ciento más baja que en el sector formal.

Y si tomamos en cuenta que seis de cada 10 empleos en los últimos 10 años se crearon en la informalidad, ahí tenemos una razón clara de por qué tenemos baja productividad en México.

La diferencia en productividad también la observamos a nivel regional. Existe una brecha muy significativa entre la productividad que existe, por ejemplo, entre el Norte y el Sur del país.

Déjenme poner dos ejemplos que pueden ilustrar qué significa esto de democratizar la productividad, como un concepto para crecer y para combatir la pobreza y la desigualdad. Y son dos ejemplos de la realidad, no son ejemplos hipotéticos.

El primero. Dos parcelas agrícolas en el Valle de Culiacán, en las cuales se produce maíz. La tierra es similar y, en ambos casos, es tierra de riego. Sin embargo, una cuenta con infraestructura y tecnología adecuada, mientras que la otra no tiene tecnificación alguna.

En la parcela tecnificada y con infraestructura, el rendimiento representó el año pasado, casi cuatro veces lo que produjo la parcela cercana que no tiene las condiciones adecuadas.

En ambos casos, los productores agrícolas están trabajando con energía y con ahínco, sin embargo, están produciendo mucho menos.

Democratizar la productividad significa que todos los productores del campo tengan esas mismas condiciones.

Déjenme ponerles otro ejemplo del Valle de México, comparando dos tortillerías. Una tortillería que está en el Oriente del Valle de México, que produce de manera tradicional, con tecnología y métodos de producción antiguos.

Y otra tortillería, en el Sur de la Ciudad de México, que tiene máquinas nuevas, paneles solares y nuevas formas para tratamiento del agua.

El costo de producción de las tortillas en la tortillería del Sur de la Ciudad de México es 13 por ciento más bajo que en la tortillería que está en el Oriente del Valle de México. Y sin embargo, ambas venden la tortilla al mismo precio.

Qué quiere decir esto.

Que quienes están trabajando en la tortillería que tiene condiciones de productividad, están ganando más por su trabajo.

La agenda, entonces, para promover el crecimiento económico tiene que ser una agenda que eleve la productividad, pero la productividad para las grandes mayorías.

Por eso, la importancia de una agenda de reformas como la que propone el Presidente de la República y está inscrita al Pacto por México, que permitirá a casos como el de ese agricultor en el Valle de Culiacán o esa tortillería en el Oriente del Valle de México, contar con mejor educación, con mejor competencia e insumos más baratos, con acceso a las telecomunicaciones, con energía más barata y con mayores incentivos para estar en la formalidad.

La productividad y su democratización es, sin duda, el reto más importante que se enfrenta más allá de la coyuntura económica y su complejidad y, sin duda, debe de ser un objetivo fundamental del Plan Nacional de Desarrollo.

Que estoy seguro que en este foro y en las mesas de trabajo que tendrán a cabo en este día, será enriquecido y tendremos aportaciones muy importantes de todos ustedes y quienes participarán en las mesas de trabajo.

Agradezco nuevamente su presencia y sean ustedes muy bienvenidos.