Señoras y señores:

Muy buenas noches a todas y a todos ustedes.

Saludo con respeto a los titulares de los poderes Legislativo y Judicial de la Federación.

De igual forma, quiero saludar al señor General Secretario de Defensa Nacional, y al señor Almirante Secretario de Marina del Gobierno de la República.

A sus muy distinguidas esposas que están aquí presentes.

Al señor Secretario de Gobernación y a los integrantes del Gabinete Legal y Ampliado del Gobierno de la República.

A los señores Gobernadores de las distintas entidades del país que se han dado cita en este evento, al igual que a sus distinguidas esposas.

Saludar con respeto y con reconocimiento la presencia en este acto de Generales, Jefes y Oficiales de las Fuerzas Armadas de nuestro país.

Desde aquí, saludar con este mismo respeto y aprecio a cadetes y tropa de las Fuerzas Armadas de nuestro país.

Muy respetados agregados militares acreditados en nuestro país.

Señores representantes de la sociedad civil de nuestro país.

Señores representantes de los medios de comunicación.

Señoras y señores:

Es un honor. Antes de continuar, quiero saludar también la presencia aquí, en esta capital de nuestro país, del señor Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Señoras y señores:

Es un honor encabezar esta Cena de Gala con motivo del Centenario de la Creación del Ejército Mexicano.

Como Presidente de la República y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, reconozco el desempeño siempre leal, siempre disciplinado y siempre patriótico de todos ustedes.

Los felicito por su compromiso permanente con las mejores causas y los más altos ideales de nuestra sociedad.

Sin duda, el Ejército es un pilar central de la Nación libre, democrática y soberana que hemos construido con el esfuerzo de tantas generaciones de mexicanos.

La creación de este Instituto Armado, el 19 de febrero de 1913, fue la respuesta patriótica de don Venustiano Carranza contra aquellos que habían traicionado a la República.

El Ejército Constitucionalista nació para restaurar el orden institucional y reivindicar la voluntad ciudadana ante el cobarde asesinato del Presidente Francisco I. Madero.

Con ello los soldados de México se erigieron en garantes de los derechos y libertades de los ciudadanos. A partir de entonces, han forjado una historia de valor, entrega y heroísmo, en defensa de la Patria y de sus instituciones.

Han pasado lista de presente para salvaguardar la paz y la unidad de los mexicanos, la independencia y la soberanía nacional.

Con lealtad a la República, ustedes han preservado la integridad de nuestro territorio y han velado por la seguridad interior del país.

Con espíritu solidario han rescatado y auxiliado a la población afectada por sismos, inundaciones, deslaves y accidentes.

Tan solo en estos últimos días, hemos sido testigos de cómo integrantes del Ejército han participado en labores preventivas de Protección Civil en las inmediaciones del Volcán Popocatépetl.

A lo largo de su historia, el Ejército de todos los mexicanos, con clara vocación de servicio, ha realizado obras sociales y acciones cívicas en beneficio de miles de habitantes de todo el país.

Siempre que la Patria les ha necesitado, nuestros soldados han acudido a su llamado con diligencia, con valentía y eficacia.

En todo momento y frente a cualquier circunstancia, el Ejército ha estado a la altura de los desafíos de México y de las más altas expectativas de sus habitantes.

Aún a costa de su propia vida, sus integrantes han cumplido las misiones y las responsabilidades encomendadas. Servir a la sociedad ha sido la divisa de esta Institución surgida del pueblo e identificada con sus aspiraciones.

Por todas estas razones, en el transcurso del último Siglo, nuestro Ejército ha sido factor de cohesión, estabilidad y desarrollo para México.

Ha sido la fuerza abocada a la paz, a la tranquilidad y a la convivencia armónica entre los mexicanos.

El desarrollo democrático del país, su continuidad y fortalecimiento no podría entenderse sin el respaldo institucional de esta gran organización militar.

El México de libertades de hoy, y que hoy disfrutamos, sería impensable sin la histórica contribución de nuestros soldados.

Por eso, en su honor, 2013 ha sido declarado como el Año de la Lealtad Institucional y Centenario del Ejército Mexicano.

Es un merecido homenaje a nuestros soldados y a todos los integrantes de las Fuerzas Armadas de nuestro país.

El concierto de esta tarde en Bellas Artes, así como esta velada, se enmarcan también en una celebración significativa. Con ella los mexicanos queremos reconocer su vocación de servicio en favor de la Patria.

Señoras y señores:

Un día como hoy, hace justamente 93 años, fue asesinado el entonces Presidente de la República, Venustiano Carranza, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista.

Carranza fue un hombre de Estado, que defendió y fortaleció la vida institucional republicana y democrática de nuestro país. Lo hizo no sólo con su valiente y decidida participación en el movimiento revolucionario, sino también con su clara visión de futuro y sobre todo por su destacada habilidad política en favor de México.

En medio de una Nación dividida él optó por la ruta del diálogo, el entendimiento y el acuerdo.

En medio de una sociedad sumida en la violencia, supo articular voluntades en torno a la construcción de un mejor país.

En medio de grupos confrontados logró que prevaleciera el interés superior de la República frente a cualquier otra consideración.

Con Venustiano Carranza en la Presidencia el conflicto, el enfrentamiento y la divergencia cedieron paso a un gran consenso nacional, la construcción de un nuevo pacto, la Constitución de 1917, que sentó los cimientos para recuperar la paz y refundar a la Nación con base en el derecho.

Nuestra Carta Magna fue la primera en el mundo en sumar libertades individuales y derechos sociales. En ella se plasmó la decisión de los mexicanos de preservar la soberanía nacional, lograr justicia social para campesinos y obreros, y ofrecer educación gratuita a niños y jóvenes de nuestro país.

En nuestra Ley Suprema quedó grabada la determinación de un pueblo para garantizar una vida digna a cada habitante y, desde luego, hacer realidad la democracia, la exigencia, que detonó el movimiento de 1910.

Hoy, en pleno Siglo XXI, los ideales de justicia, libertad, igualdad y desarrollo que enarboló la Revolución Mexicana aún siguen impulsando nuestra unidad y nuestra esperanza.

La lección que nos dio Carranza es que el ejercicio honesto y eficaz de la política es capaz de unificar intereses y sumar esfuerzos en aras del bienestar y el progreso de todos los mexicanos.

Al igual que en 1917, el futuro del país está ligado a nuestra capacidad de coincidir en la fundamental. A nuestra habilidad para ponernos de acuerdo para elevar la calidad de vida de los mexicanos.

Con el ejemplo de Carranza, sigamos construyendo un México de paz, un México incluyente; un México con educación de calidad para todos; un México próspero y un México con responsabilidad global.

Estoy seguro de que nuestro país seguirá contando, invariablemente, con la participación de nuestro Ejército, del Ejército de todos los mexicanos, en el cumplimiento de estas elevadas metas nacionales.

Reitero mi más amplio reconocimiento a nuestras Fuerzas Armadas, por su desempeño ejemplar y su lealtad a toda prueba en favor de México.

Muchas gracias.