El pacto por el progreso
Una conversación con Enrique Peña Nieto
Enero/Febrero edición 2014 por Jonathan Tepperman

Cuando Enrique Peña Nieto, de 47 años, se convirtió en presidente de México, el 1º de diciembre de 2012, las expectativas no eran muy altas. Con un solo mandato como gobernador, Peña Nieto apenas y había sido puesto a prueba con anterioridad.

Además, su elección representaba la vuelta al poder del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que había gobernado México por 70 años, antes de ser depuesto en las primeras elecciones libres del país, en el año 2000.

Muchos temían que la llegada de Peña Nieto al poder significara el regreso a los viejos tiempos de capitalismo clientelista, del estancamiento económico y de la cooperación tácita con los brutales cárteles de drogas. En lugar de ello, desde el primer momento, el nuevo presidente comenzó a promulgar reformas de gran calado, que involucraron sucesivamente a la política fiscal, a los sindicatos, a las oligarquías y a un sector energético muy protegido.

Incluso, logró la aprobación, en octubre pasado, de un impuesto sobre la comida chatarra. Sin embargo, mientras el primer año de Peña Nieto está por concluir, los resultados de la nueva visión aún no se materializan.

La economía mexicana se ha desplomado, el crimen sigue siendo una amenaza seria y las encuestas muestran que la confianza del electorado en el presidente ha disminuido. A mediados de noviembre, Peña Nieto se reunió con el editor en jefe de Foreign Affairs, Jonathan Tepperman, en Los Pinos, la residencia presidencial en México, para conversar sobre lo que va de su mandato y sus planes para el futuro.

Su administración tuvo uno de los mejores comienzos en la historia reciente. Sin embargo, últimamente, el panorama ha empezado a verse más sombrío. ¿Qué mejoras concretas puede señalar de su primer año en el gobierno?

Este gobierno no llegó a administrar, sino a transformar. En parte, esto lo hemos logrado gracias al Pacto por México [un acuerdo para impulsar reformas, firmado por los principales tres partidos del país, al inicio de la administración de Peña Nieto]. El Pacto nos ha dado un espacio para debatir y acordar las transformaciones que México necesita, y eso es, justamente, lo que ha ocurrido durante este año.

Hemos realizado ajustes en ámbitos como el laboral, el educativo, el financiero, el hacendario y, espero, también en el energético. Todos estos cambios han—y esto es algo natural—enfrentado la reticencia de las personas afectadas. Sin embargo, estamos construyendo los cimientos de un país que será más próspero en el futuro cercano.

Pero, para los mexicanos comunes, estos cambios deben parecer abstractos. ¿Puede usted garantizarles que el crecimiento va a mejorar pronto o que les brindará nuevas aspiraciones?

Sin duda, los cambios que ya están en marcha permitirán que nuestra economía, por diversas razones, tenga un mejor desempeño el próximo año. Primero, el entorno internacional mejorará. Ya vemos señales de que otras economías, que habían tocado fondo, comienzan a recuperarse. Esto será bueno para el dinamismo de la economía en México, ya que ésta es abierta.

La segunda razón es que, como es natural, con el cambio de administración también hubo un cambio en el ritmo de trabajo del gobierno y esto se sentirá el próximo año. Asimismo, habrá mayor presupuesto, como consecuencia de la reforma hacendaria.

Evidentemente, este nuevo presupuesto pondrá a prueba la capacidad del gobierno de gastar con transparencia y eficiencia, pero yo considero que este primer año ha establecido las bases para que lo hagamos. Éste ha sido un año de planeación, de comenzar proyectos indispensables. Sin embargo, el próximo año, tendremos el mayor presupuesto de la historia de México.

Entonces, ¿está comprometiéndose a ampliar el gasto en nuevas áreas durante el próximo año?

Tenemos que ampliar la educación superior y la salud. Vamos a invertir más. También tenemos un plan ambicioso para la infraestructura. Se relaciona con la construcción de caminos, carreteras, la modernización de puertos y, además, con la expansión y modernización de nuestra red ferrocarrilera.

Asimismo, espero que en este periodo legislativo, el paquete de la reforma financiera (que es distinto al de la reforma hacendaria) sea aprobado. Éste busca encontrar una palanca de crecimiento y que dicho crecimiento sea inclusivo para toda la población.

México tiene instituciones financieras sólidas, que cuentan con buenos niveles de capitalización, pero no están dando suficiente financiamiento, quizá debido a que el marco legal actual no favorece la ampliación del crédito. La reforma financiera busca facilitar la oferta de crédito y hacerlo más barato para los mexicanos.

Ha tomado algunos pasos para iniciar la reforma energética, sin embargo, la producción de petróleo ha caído y mucha gente argumenta que todavía falta mucho por hacer. Se ha comprometido a permitir la inversión extranjera y las empresas compartidas en el sector petrolero mexicano, como una forma de impulsar la productividad.

Sin embargo, ¿cuáles son, específicamente, los siguientes pasos? Y, si sólo ofrece a las compañías extranjeras la utilidad compartida, ¿podrá obtener el tipo de participación que México requiere?

Considero que el modelo que hemos presentado al Congreso guarda muchas similitudes con los modelos que han sido exitosos en otras partes del mundo. Promueve una mayor participación de actores privados en los sectores del petróleo, el gas y de todos nuestros recursos energéticos. Éste es un tema muy sensible en la cultura mexicana.

Es, prácticamente, un asunto religioso. Sin embargo, hemos visto cómo otros países implementan reformas que invitan a la participación del sector privado extranjero y que han logrado dar impulso a la producción en Colombia y en Brasil…

Pero Brasil acaba de realizar su primera licitación para el desarrollo del campo petrolero pre-sal costa afuera y sólo tuvieron un postor. ¿Esto no le causa nerviosismo?

No. México es un país con un gran potencial energético. No sólo tenemos petróleo; también contamos con gas de lutita. Sin embargo, no podemos esperar que sólo una compañía estatal sea la que explote los recursos. Los recursos seguirán siendo de los mexicanos. Son el patrimonio de la nación. No obstante, el estado mexicano debe encontrar formas más eficientes de explotar esos recursos.

Si no garantizamos que México ofrezca a potenciales inversionistas más ganancias, dejarán de venir al país. Se irán a Estados Unidos o a otros lugares en donde sea económicamente más viable realizar sus proyectos. Considero que la discusión en el Congreso llevará a que la mayoría apoyen las reformas necesarias, antes de que el periodo legislativo concluya en diciembre.

Y, ¿cuándo podríamos esperar que la producción realmente aumente?

Si las reformas son aprobadas, su implementación será gradual, pero inmediata, porque el mayor desafío que enfrenta México es que las tasas de crecimiento, desafortunadamente, han sido más bajas de lo esperado. Nuestro crecimiento se ha mantenido por debajo de lo que, inicialmente, esperábamos.

Sin embargo, esto también ocurrió en la mayoría de las economías y tenemos la convicción de que el próximo año mejorará. Estoy convencido de que México puede crecer; de que debería estar creciendo por arriba del cuatro o cinco por ciento.

En su campaña, usted prometió que habría un cambio fundamental en la estrategia de seguridad. Sin embargo, en diversos aspectos, ha seguido la misma estrategia de su antecesor—por ejemplo, al seguir poniendo como objetivo a las cabezas de los cárteles.

Mientras tanto, ciertos tipos de crímenes, como el secuestro y la extorsión, están aumentando. ¿En qué difiere su estrategia de la del último presidente?

Lo que permanece constante es el papel del estado mexicano en el combate contra los grupos criminales. Ésta es una labor a la que el estado mexicano no puede renunciar.

Sin embargo, reducir los niveles de violencia es lo que he [enfatizado en la campaña], porque la forma en que [el combate al crimen] se hacía en el pasado, causaba un aumento en los homicidios. Nuestra estrategia privilegia la prevención, la coordinación y la reconstrucción del tejido social. Y hemos visto una reducción en la violencia, y en los homicidios. Desafortunadamente, la reacción de diversos grupos ha sido recurrir a otros actos ilegales, como el secuestro o la extorsión, y esto es algo que estamos combatiendo.

En este sentido, me gustaría subrayar las diferencias con la estrategia del pasado. Hoy, contamos con una efectiva coordinación entre los gobiernos federal y estatales. Hay una evaluación continua de las diferentes acciones que cada nivel de gobierno se ha comprometido a implementar.

Considero que lo que había que mejorar en el pasado era eso: hacer que los policías profesionales fueran más confiables y que hubiera más inversión en instrumentos como los sistemas de inteligencia. Estamos creando cinco centros regionales que nos permitirán fortalecer la capacidad de las autoridades locales.

En lo que se refiere a la extorsión y el secuestro, muchos de los crímenes son orquestados desde las mismas cárceles. Actualmente, contamos con un proyecto para equipar mejor a las cárceles, de forma que puedan bloquear las llamadas telefónicas y que los reos no puedan hacer llamadas [con las cuales planear y cometer crímenes].

Pero parece que el problema de fondo, realmente, es la falta de un Estado de derecho. México sufre de una terrible corrupción: el Banco Mundial estima que ésta representa hasta un diez por ciento de su PIB anual y casos de alto perfil recientes han involucrado a personas tanto de altos, como de bajos sectores de la sociedad.

¿Qué planea hacer su gobierno al respecto?

La corrupción es un mal endémico—un problema cultural no sólo en México, sino en [toda] América Latina. Combatirla involucra [mejorar] el entorno en que los individuos se desarrollan. Esto, a su vez, tiene que ver con mejorar la economía, lo cual estamos haciendo. Y en donde hay corrupción, la gente debe denunciarla para que no exista impunidad y podamos penalizar, o sancionar, las prácticas corruptas.

[Además] creo que el estado debe hacer esfuerzos adicionales He propuesto una ley al Congreso, que ya casi es aprobada, para crear una comisión anticorrupción que cuente con autonomía para revisar las quejas interpuestas por los ciudadanos.

Esto, junto con el esfuerzo por dar mayor autonomía al Instituto Federal de Acceso a la Información Pública [que administra la ley de acceso a la información en México], fortalecerá la capacidad del estado para combatir la corrupción de una forma más eficiente.

Sin embargo, esto no puede ser lo único que hagamos. El esfuerzo también debe vincularse con la educación y, desde luego, con las oportunidades de desarrollo en México. Cuando algunos tienen más oportunidades que otros, la corrupción es alimentada.

Cuando existe un desarrollo más equitativo, se contiene la corrupción. Entonces, se trata de un esfuerzo dual: por una parte, hay que mejorar el entorno y, por otra, hay que garantizar que el estado cuente con los instrumentos necesarios para combatir la corrupción de forma más eficiente.

Este año se conmemora el 20° aniversario del TLCAN. Usted ha dicho que le gustaría profundizar las relaciones con Estados Unidos. ¿Le gustaría ver más integración? Y, de ser así, ¿en qué áreas?

Como lo hemos comentado con el gobierno estadounidense, primero que nada, debemos de reconocer que existe una relación armónica e histórica entre ambos países, sobre todo en lo que se refiere al combate a la inseguridad y a la colaboración con este objetivo, de años recientes. El alcance de la relación se debe ampliar.

¿Qué queremos? Debemos reconocer que Estados Unidos es el principal destino de nuestras exportaciones. Además, México es el principal destino para Estados Unidos y Canadá: no hay otros países a los que Estados Unidos venda más que a México y Canadá. Y estamos unidos geográficamente. Nosotros, los gobiernos, debemos reconocer las brechas que aún nos separan y debemos mejorar la relación en beneficio de nuestras poblaciones.

¿Qué hemos propuesto? Vamos a crear las condiciones que permitan a América del Norte ser más competitiva en el mundo. Creo que si logramos captar el interés de Estados Unidos, toda América del Norte puede ser una región más competitiva y productiva. Debemos diseñar la infraestructura para [liberar] el potencial de nuestras naciones.

Entonces, mejor infraestructura para la frontera. ¿Qué más?

Yo enfatizaría el financiamiento de proyectos de infraestructura y el desarrollo de cadenas de valor entre México y Estados Unidos.

¿Esto requeriría cambios regulatorios o legislativos?

No. Lo que necesitamos es voluntad política para construir juntos. La relación existe con, o sin gobiernos. Estamos muy integrados. Si vemos las cifras de comercio entre México y Estados Unidos, por ejemplo, antes y después del TLCAN, el volumen ha aumentado. Sin embargo, México y Estados Unidos eran destinos naturales incluso antes del TLCAN. Somos vecinos.

Podemos desarrollar fronteras más eficientes que nos permitan que el comercio de bienes y el tránsito de personas sea más ágil, confiable y seguro. No mucha gente lo sabe, pero la frontera entre México y Estados Unidos es la más transitada del mundo. Todos los días, legalmente, tenemos a millones de personas cruzando. Contamos con buena cooperación con el gobierno estadounidense, pero creo que aún hay mucho que hacer.

¿El creciente poder de los votantes latinos en Estados Unidos está cambiando la tendencia? Y, ¿el estancamiento de la reforma migratoria o las revelaciones de Snowden sobre el espionaje estadounidense ha dañado su relación con Washington?

Los políticos estadounidenses reconocen cada vez más la relevancia del voto hispano en la política de Estados Unidos. Esta situación motivó la iniciativa para una reforma migratoria que presentó el Presidente Obama.

México ve con simpatía este asunto, aunque es, desde luego, un tema interno de Estados Unidos. La reforma migratoria significaría un reconocimiento justo para todos esos [mexicanos] que viven en Estados Unidos y que son parte de la dinámica económica estadounidense.

En cuanto al espionaje, esto es algo de lo que he hablado con el Presidente Obama. No queremos que contamine la relación entre México y Estados Unidos. Sin embargo, es inaceptable que un país practique tal espionaje, especialmente si existe una buena relación entre ambos.

Esta revelación es un tema que involucra no sólo a México, sino a muchos otros líderes del mundo. El espionaje es ilegal y considero que rompe la armonía y la cordialidad que debe existir entre nuestras naciones y pueblos.

Dado que ahora se sabe, y considerando la posición de otros jefes de Estado sobre este asunto, esperamos que Estados Unidos, humildemente, reconozca [el error en] lo que hizo y que no recurra a estos actos de ahora en adelante.

Y si existen violaciones al derecho internacional, deben haber sanciones. Ya hemos señalado esto y esperamos que haya una explicación más categórica y convincente al respecto. Sin embargo, insisto en que esto no será un obstáculo en nuestra relación.

¿Qué planea hacer para mejorar la proyección mundial de México? La Alianza del Pacífico—un acuerdo comercial orientado a Asia, que incluye a México, Colombia, Perú y Chile—parece prometedora. ¿México integrará su mercado de valores, convirtiéndola en el mecanismo de intercambio más amplio de América Latina?

Considero que hay dos iniciativas que ayudarán a que México demuestre su apertura al mundo. Una de ellas es la Alianza del Pacífico. Prácticamente, estamos listos para concretar el acuerdo. Y la otra es el Acuerdo de Asociación Transpacífico.

Hay 12 países participando en el TPP: México, Estados Unidos, Canadá y otros países de Asia. Asia es una región con gran potencial y el TPP creará una nueva relación con gran potencial entre los países que firman el acuerdo.

Estos dos instrumentos, de materializarse, crearían grandes oportunidades para México. México no ha sido el obstáculo para concretar el TPP. Por el contrario, México siempre ha estado a favor del TPP.

Espero que estos esfuerzos proyecten [la imagen de] otro México, un México diferente, un México [que no es asociado] con un clima de inseguridad o de narcoviolencia, como en el pasado. El éxito al interior permitirá que México proyecte un rostro diferente y que tenga una mejor posición en el mundo.

En el pasado, el PRI era difícilmente conocido como el partido reformista; de hecho, comúnmente bloqueó esos cambios. ¿Cómo y por qué el PRI cambió tan rápido y se convirtió en un entusiasta de la reforma?

Te lo puedo responder de inmediato. La respuesta es que México cambió y que el PRI, simplemente, se adaptó a las nuevas condiciones democráticas en el país. [En el 2000] el PRI dejó de ser el partido hegemónico y se convirtió en oposición. Así es que tuvo que aprender a competir, a ganar el apoyo de la sociedad. Creo que el PRI ha aprendido las nuevas lecciones.

Y el reto y la oportunidad que tiene el PRI ahora es demostrar que hemos—no sólo yo, sino también los gobernadores y legisladores—aprendido esas lecciones, hemos aprendido a competir y estamos aquí para dar resultados a la sociedad.

Sé que hay grandes expectativas. Sin embargo, concluyo diciendo que, primero, este gobierno comprende hacia dónde queremos ir y cómo lo vamos a lograr, y no nos hemos desviado del camino. Contamos con un entorno político en donde existen diferencias, controversias, polémicas y demás.

Y tenemos nuestros desafíos. Sin embargo, a diferencia de otros países, en donde la política es un obstáculo que no les permite desarrollarse, aquí, en México, hay cosas ocurriendo—estamos llegando a acuerdos. Al pasar de la aprobación a la implementación de la reforma política y energética, habremos dado un buen cierre al primer año de mi administración y habremos creado una base sólida para el desarrollo en los años venideros.

Me mantengo optimista. Los tres partidos políticos más importantes están en la mesa. Cada vez que hablo con alguien de otro país—de Dinamarca, Italia, España, Estados Unidos, o donde sea—me dicen: “Lo que nosotros necesitamos es un pacto como el de México”. Las transformaciones más importantes están por venir, pero vendrán.