-MODERADORA: Escuchemos las palabras del Comisionado Presidente del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y Protección de Datos, licenciado Gerardo Laveaga Rendón.

-LIC. GERARDO LAVEAGA RENDÓN: Licenciado Enrique Peña Nieto, Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Señoras y señores:

Una de las historias más inquietantes de entre las que refiere Platón en La República, es la de Giges; aquel pastor que encontró un anillo que al girar alrededor de su dedo, lo hacía invisible. A partir de entonces, su vida cambió. Podía hacer lo que le viniera en gana, sin que nadie le exigiera cuentas.

Qué haríamos nosotros si tuviéramos en nuestra mano un anillo como éste. En la versión de Platón, Giges termina apoderándose del trono y convertido en un tirano.

Si hay una lección que podamos sacar de esta leyenda, es que cuando cualquiera de nosotros puede actuar sin restricción, cuando podemos desviarnos sin rendir cuentas de nada a nadie, el abuso es casi natural. El terreno para que prospere la corrupción se vuelve fértil.

En el arca abierta, sermoneaban nuestras abuelas, el justo peca. Y de Aristóteles a Thomas Hobbes, del Federalista de Hamilton y Madison a Norberto Bobbio, los cerrojos de las arcas han ocupado las mentes políticas y jurídicas más brillantes de cada época. Y si algo se ha comprobado, es que las ventanas abiertas suelen ser candados insuperables.

De aquí que entre las mejores prácticas de las democracias contemporáneas, se hallen la transparencia y la rendición de cuentas.

Todos aquellos que manejemos recursos públicos, estamos obligados a informar lo que hacemos, por qué lo hacemos, cómo lo hacemos, cuánto cuesta hacerlo. A proceder no sólo con honestidad y apego a la ley, sino con inteligencia e imaginación. La mirada atenta de la sociedad nos obliga a proceder de esta manera. Es el espíritu de la Reforma que hoy se promulga.

Dotar a la sociedad de nuevas herramientas para que pueda evaluar, proponer, calibrar. En suma; avanzar hombro con hombro con sus autoridades.

Es la filosofía de la alianza para el Gobierno Abierto, es el eje fundamental en la construcción de ciudadanía.

Se busca que los mexicanos estemos oportunamente informados de qué hacen y qué dejan de hacer las dependencias y entidades de la Administración Pública; los partidos políticos y sindicatos, los organismos constitucionales autónomos y los fideicomisos públicos; las Cámara Legislativas y el Consejo de la Judicatura.

A partir de que la Reforma entra en vigor, ninguna persona física o moral que reciba recursos públicos quedará exenta de escrutinio. Ninguna.

La historia nos demuestra que mientras mejor distribuidos están el poder público y económico, siempre bajo un Gobierno eficiente y eficaz, las condiciones para forjar instituciones inclusivas, a las que se refieren Robinson y Acemoglu en su libro Por qué fracasan los países; Why Nations Fail, esta sociedad será una mejor sociedad.

Y en este marco, el Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de Datos, el IFAI, ha sido y debe seguir siendo un detonador de la participación ciudadana, un detonador independiente y hasta audaz, pero un detonador institucional.

Un Tribunal Administrativo, un órgano del Estado que debe conducirse bajo los términos constitucionales y legales, actuando siempre con serenidad.
De la rendición de cuentas, digámoslo claro, se benefician tanto la sociedad, como los sujetos obligados. La primera, porque puede participar de forma activa en la construcción de nuestro Estado democrático de derecho. Los segundos, porque fortalecen su legitimidad. Esto los vuelve confiables.

Y de cara a las formidables reformas constitucionales que vive México, la confianza entre sociedad y Gobierno será invaluable.

Ella permitirá que las reformas en los ámbitos político y electoral, fiscal y financiero, de energía y telecomunicaciones, de educación y competencia económica, puedan ser implementadas con mejores resultados. Con mucho mejores resultados.

Usted, señor Presidente, tuvo esto claro desde un principio. Tanto es así, que desde que usted era Presidente electo, impulsó la reforma con vigor. Se trata de un afortunadísimo vuelco constitucional que coloca a México a la vanguardia.

Ningún otro país del mundo cuenta, a partir de hoy, con un sistema tan afinado en materia de derecho de acceso a la información.

Esta mañana, quiero felicitar al Presidente de la República por su visión, así como a las Cámaras, tanto de Senadores como de Diputados, y a las Legislaturas locales, por haber dado vida a este proyecto tan ambicioso.

Quiero destacar, asimismo, el papel que jugaron aquellas asociaciones de la sociedad civil organizada, que se comprometieron y lucharon denodadamente para que esta reforma viera la luz en los términos actuales.

Hacia adelante queda un largo camino por recorrer.
El Congreso tendrá que elaborar muy pronto las Leyes Secundarias en Materia de Acceso a la Información, Protección de Datos y Archivos.

El IFAI refrenda su compromiso para participar en este esfuerzo que, sin duda, está transformando a México.

Estoy convencido de que esta reforma rendirá frutos más pronto. Mucho más pronto de lo que imaginamos.

Gracias.

-MODERADORA: Interviene enseguida, el Presidente de Transparencia Mexicana, licenciado Federico Reyes Heroles.

-LIC. FEDERICO REYES HEROLES: Ciudadano Presidente; distinguida Mesa de Honor; señoras y señores.

Agradezco la distinción que entiendo a título institucional.

¿De verdad queremos un país más próspero? Tenemos que combatir la corrupción.

¿Queremos un país más justo? Tenemos que combatir la corrupción.

¿Queremos sentirnos más orgullosos de nuestro México? Tenemos que combatir la corrupción.

Vamos paso a paso. El paradigma cambió.

Primer punto. Prosperidad. Los bueyes están ahora delante de la carretera. Antes se decía: no tienen corrupción porque son desarrollados.

Había que esperar, entonces, a que el PIB per cápita se incrementara, y así, también, el nivel general de educación. Sólo así disminuía la sangría.

Hoy, sabemos que es a la inversa. Son desarrollados, porque, en parte, combatieron la corrupción a tiempo.

Las cifras sobre el costo para nuestro país de este flagelo, han oscilado del dos al ocho por ciento, dependiendo del estudio. Tomemos una cifra intermedia, cinco por ciento; es el equivalente a lo que gastamos en educación año tras año.

Imaginemos el acumulado, el interés compuesto, como dirían en el medio bancario.

La suma incluye los condicionamientos a los ciudadanos de los servicios públicos; los dineros públicos para obras y servicios, que van a dar a bolsillos privados; los costos incrementados para la planta productiva y los servicios, y finalmente lo más difícil de medir; las inversiones ahuyentadas por el factor corrupción que impactan la generación de empleo y el bienestar.

Segundo punto. Justicia. Esa palabra tan manida y tan poco asumida.

La corrupción es el impuesto más regresivo que hay. El condicionamiento de un servicio público afecta mucho más a las familias de escasos recursos y, por lo tanto, invierte la prioridad de tratar de lograr mayor igualdad.

Por eso, condicionar una pipa de agua o la recolección de basura, es una afrenta a toda la sociedad.

Tercer punto. El orgullo.

Algo estamos haciendo mal los mexicanos, pues a pesar de todos los avances institucionales, el hecho concreto es que la percepción sobre nuestro país está, en este rubro, destrozada; lugar 106 de 177 países en el Índice de Percepción de Transparencia Internacional, debajo de naciones que tienen un grado muy inferior de desarrollo en sus instituciones.

Es cierto. Se trata de un flagelo internacional que no tiene fronteras. También lo es que la lucha frontal en contra del mismo, sin tapujos ni ocultamientos, cuando más, tiene tres o cuatro décadas.

No hace demasiado en los organismos internacionales se hablaba del Factor C, para así evadir la palabra corrupción, que era vista como algo políticamente incorrecto.

No sólo hablamos de un mandato ético. Hablamos, entonces, de bienestar, de justicia y de dignidad frente al mundo.

Por todo lo anterior, hoy, es un día muy importante para México. La Reforma Constitucional que hoy se promulga es un gran avance.

El proceso fue complicado, como en todo cambio de fondo, hubo resistencias.

Pero hay que decirlo: en el ir y venir de la iniciativa, los legisladores evitaron caer en las desviaciones, hicieron muchas consultas, la sociedad civil fue escuchada, y organismos como el Colectivo por la Transparencia y la Red para la Rendición de Cuentas participaron y tuvieron un papel relevante. El resultado es muy bueno.

Se rompen mitos y tabúes. El órgano garante obtiene autonomía constitucional y sus resoluciones son inatacables. Los sujetos obligados abarcan todos los ámbitos: fideicomisos, sindicatos, gobiernos estatales, municipales, los legislativos locales y el Federal, universidades y el Poder Judicial, entre otros.

Por fin, la rendición de cuentas y la transparencia abrazan a toda la República. Hemos aprendido las lecciones.

La rendición de cuentas no es una exigencia malintencionada en contra de un destinatario predeterminado. Es un mandato ético, una cultura. En las cuentas personales ante el fisco, en las empresas ante los socios, en la sociedad civil, y por supuesto ahí, donde se manejan dineros públicos.

La rendición de cuentas es, debe ser una forma de vida.

Todo aquel ciudadano que tiene el privilegio de administrar o recibir fondos públicos, tiene la responsabilidad de explicar a la sociedad el destino de los mismos.

Señor Presidente.

Señores legisladores.

Sí. Hoy, es un día muy especial para la República. Pero mi papel no puede quedarse en el regocijo por lo logrado.

Por azares de la vida, fui a caer en esta responsabilidad; una labor filantrópica en la que jamás me imaginé a mí mismo, pero que asumo ahora con pasión. Además, soy optimista.

Cuáles son los próximos pasos.

Permítanme insistir en un punto. No se preocupen, no se necesitan reformas de ley.

El Estado mexicano carece de políticas nacionales para enfrentar el flagelo y los abusos que se cometen en contra del interés público.

Es por ello, que hemos propuesto un Consejo Nacional de Probidad, en el cual, con todo respeto al Federalismo, se generen consensos entre el Gobierno Federal y los gobiernos estatales, y que de ahí nazcan las políticas nacionales.

Tres. Cuatro reuniones al año, presididas por el Ejecutivo Federal y con la presencia de los Gobernadores, el Jefe de Gobierno, los representantes del Legislativo, el Procurador o futuro Fiscal, el encargado de la Comisión Anticorrupción y otros servidores.

Un Consejo donde, por ejemplo, se analicen las mejores fórmulas para la compra de medicamentos o equipos para entrar al área digital. Más bienes para los estudiantes a mejor precio. Pero también la homologación de normas de todo tipo; de tránsito, de salud, de sanidad, de registro público de la propiedad, donde tenemos un problema serio. Normas que han resultado exitosas.

Con frecuencia no conocemos las experiencias de éxito de nuestro propio país.

El Consejo, sin duda, ayudaría a dejar atrás la visión fragmentada que debilita al Estado mexicano como actor preponderante en muchas áreas. Además, permitiría transmitir la imagen de una lucha común que va más allá de enconos personales, de los partidos políticos o de intereses coyunturales.

Esa ausencia de políticas nacionales nos lacera.

La percepción son hechos, en tanto que la gente cree en ellos, decía Berkeley.

Combatamos la corrupción, y también la percepción que indigna.

Termino.

La corrupción, como los adultos mayores, es un asunto poco atractivo. Tiene poco sex appeal, como se solía decir, pero una vez adentro uno se apasiona y empieza a ver al buen Gobierno como una buena edificación producto del esfuerzo, de la creatividad, de la imaginación, de la voluntad.

De pronto, lo que resultaba vergonzante se convierte en algo que inyecta estímulo y vigor.

Caminemos al Gobierno abierto, a parlamentos abiertos. Desatemos una sana competencia a favor de fórmulas imaginativas que las nuevas tecnologías nos facilitan.

Mostremos que México se puede convertir en un país de vanguardia en estos temas, que nada hay genético, y que mucho podemos enseñar al mundo.

Me pregunta un colega de Transparencia Internacional, no diré el nombre de su país, pero es un país desarrollado: Cómo es posible que estén en el lugar 106 si su estructura institucional es mucho mejor que la nuestra.

Eso fue antes de esta Reforma. Duele escucharlo.

Demos un giro a la discusión.

Involucremos al ciudadano tanto como sea posible. Es nuestro mejor aliado. Propongámonos mostrar al mundo que los avances en los que hemos todos participado en muy diversos terrenos, son ejemplo para el mundo en muchos sentidos.

Dejemos atrás lo que ha sido en el pasado un asunto de descalificaciones cruzadas.

Logremos que la corrupción y su combate se conviertan en un punto de encuentro, que nuestros hijos puedan andar con la frente en alto, sabiendo que su país es protagonista en esta lucha.

Más prosperidad, más justicia y un orgullo crecido. De eso se trata, se puede, y esta Reforma nos facilita el camino.

Enhorabuena, y felicidades.

(A CONTINUACIÓN, HIZO USO DE LA PALABRA EL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, LICENCIADO ENRIQUE PEÑA NIETO. SU DISCURSO SE TRANSCRIBE POR SEPARADO)