Señoras y señores:

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Me da mucho gusto, por tercera ocasión, tener la gran oportunidad de reunirme con este grupo tan representativo de los liderazgos de nuestro país.

Quiero agradecerles a Raúl Ferráez y a Jorge Ferráez la amable invitación para estar nuevamente aquí, con ustedes.

Saludar a sus muy distinguidas familias, a quien he tenido el gusto de saludar a mi llegada.

Y junto con ustedes, saludar a todos los liderazgos que están aquí, reunidos en este encuentro, que ocurre una vez al año, en esta convocatoria espléndida y amplia que ustedes llevan a cabo.

Saludar a los presidentes de las Mesas Directivas del Senado de la República, de la Cámara de Diputados, al señor Jefe del Distrito Federal, a los muchos Gobernadores que están aquí presentes; a Ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; a legisladores Federales, a legisladores locales; a líderes de distintos ámbitos; de la vida política, de la vida social, de la vida cultural, de la vida académica, de la vida empresarial.

A todas y a todos les saludo con afecto, con respeto, apelando a su comprensión por el retraso en mi arribo a este encuentro.

Anticipé a los organizadores del mismo que con razón o con motivo del retraso, ojalá y pudieran iniciar ustedes la comida. Sé que algunos lo hicieron, otros no, pero agradezco su comprensión.

Están aquí, también, coordinadores parlamentarios, liderazgos políticos, insisto, todos los líderes aquí reunidos. Líderes que han cobrado, sin duda, proyección nacional en distintos ámbitos.

Y como señalé en mi anterior intervención, entonces siendo Presidente Electo y a unos meses de asumir esta alta responsabilidad como Presidente de todos los mexicanos, compartí con ustedes que también hay muchos liderazgos anónimos, quizá ausentes de un espacio como éste, pero son esos liderazgos los que contribuyen de manera decidida, firme y relevante a modelar el país que tenemos y al que aspiramos armar y construir entre todos los mexicanos.

Aquí están presentes mujeres y hombres que contribuyen al desarrollo de México desde la ciencia, la cultura, el deporte, el entretenimiento, los medios, la sociedad civil, la política y el servicio público.

Valoro que sean parte activa del México de hoy y, en especial, reconozco su pasión por lo que hacen, su trabajo comprometido y su entrega cotidiana.

Hace dos años, como Presidente electo asistí a este encuentro organizado por Jorge y por Raúl. En esa ocasión compartí la definición de liderazgo de Peter Drucker en la que creo firmemente y quisiera nuevamente citar textualmente.

Después de haber visto en el video varios comentarios de liderazgos que están entre nosotros y que testimoniaron su definición y conceptos y componentes de quien asume una posición y condición de líder.

La de Drucker es la siguiente: El liderazgo efectivo no es cuestión de discursos o de buscar ser querido. El liderazgo se define por resultados.

Les compartí también una convicción personal, que un líder es una persona capaz de sumar esfuerzos para transformar positivamente su entorno.

En ese encuentro les anticipé que una vez que asumiera la Presidencia trabajaría en cinco grandes objetivos, que claramente señalé en mi discurso de toma de posesión, que era o es fundamentalmente alcanzar el México de paz y de tranquilidad; un México incluyente que nos permita combatir con mayor eficacia la pobreza y el rezago social; un México con educación de calidad; un México próspero que implica crecer económicamente, hacerlo de manera sostenida y con ampliar las oportunidades para que más mexicanos sean parte, justamente, de la prosperidad que como país estemos generando; un México como actor con responsabilidad global.

También compartí que México necesitaría de emprender reformas y que buscaríamos acuerdos con las distintas fuerzas políticas del país para hacerlas realidad.

A 21 meses y quizá un poco más, porque aquel encuentro fue justamente alrededor de esta fecha, antes de asumir la Presidencia, pero a 21 meses y días de haber asumido la Presidencia de la República eso es justamente lo que ha ocurrido en este tiempo.

A nadie debe sorprender lo que hemos llevado a cabo, porque está claramente vinculado al compromiso que asumí frente a los mexicanos y a lo que fueron mis postulados frente a la sociedad mexicana cuando entonces participé en la contienda por la Presidencia de la República.

Y apegado, precisamente, a esos principios, y a esos postulados, es como hemos venido actuando.

Quiero decirles que a la fecha se han alcanzado importantes reformas estructurales.

Ustedes han escuchado un sinnúmero de ocasiones, lo que se ha logrado, la referencia que se ha hecho a las once Reformas Estructurales, una de ellas alcanzada en el periodo de la transición, antes de asumir la Presidencia, y diez posterior a ellas.

En qué ámbitos.

Una. Para fortalecer el ejercicio pleno de los derechos y libertades de los mexicanos. Está en ese sentido, la Reforma Educativa, que tiene por principal objetivo asegurar educación de calidad para la niñez y juventud mexicanas.

La nueva Ley de Amparo, que amplía los derechos de los mexicanos.

Y el Código Nacional de Procedimientos Penales, que homologa o uniforma las reglas de todo proceso penal, a partir de la entrada en vigor del Sistema de Justicia Penal Oral, que tiene como fecha última el año 2016, de acuerdo a la Constitución.

Para consolidar nuestro régimen democrático se aprobaron dos más: La Reforma de Transparencia, y la Reforma Político-Electoral. Estas dos últimas Reformas demuestran el compromiso del Gobierno de la República con la transparencia, el ejercicio eficaz de los recursos públicos y el combate a la corrupción.

En qué consiste la Reforma en materia de Transparencia.

Se amplían las atribuciones de ahora a un órgano autónomo, se crea todo un sistema que no sólo lo está, en la instancia de orden Federal, que también tiene capacidad para transparentar el ejercicio de los recursos públicos, no sólo del Poder Ejecutivo, sino también del Poder Judicial y del Poder Legislativo; se amplían las facultades para revisar a cualquier entidad público-privada o fideicomiso, que reciba recursos públicos, inclusive, tratándose de sindicatos o de partidos políticos.

Y también ordena que en todos los estados se creen institutos autónomos con estas capacidades, dejándose la instancia Federal, o el órgano autónomo, de carácter Federal, como última instancia para resolver diferendos que pudieran surgir en las entidades federativas.

La otra, la Reforma Político-Electoral, sin duda, viene a fortalecer nuestro sistema democrático, y genera un incentivo muy importante.

Algo que estaba haciendo falta, incentiva y propicia que se puedan generar acuerdos entre las distintas expresiones políticas, al permitir los gobiernos de coalición, y también, al abrir mayores espacios de participación.

Y aquí, después de ver que ha sido muy aplaudido Silvano al referirse, pareciera que estuviera en campaña, pero bien lo hace al acudir a las mujeres, porque son la mayor fortaleza, en la Reforma Política se amplía este espacio de participación, y se obliga a los partidos políticos para que la mitad de sus candidaturas sean para las mujeres; la mitad de candidaturas a diputadas o a diputados, o en tanto en el Congreso Federal, como el de los congresos locales. Un espacio y una fuerza más para las mujeres mexicanas.

Déjenme regresar un poco a la Reforma en Materia de Transparencia, porque al estar frente a ustedes, me lleva a recordar, o a recoger algunos comentarios u opiniones que se han vertido y que se han hecho a partir de la necesidad de construir una nueva cultura ética en la sociedad mexicana.

Deriva, esto, de mi participación en una entrevista y un diálogo que tuve con el Fondo de Cultura Económica, a partir de celebrar sus 80 años, y con un grupo de comunicadores que participaron en este diálogo.

Y entonces reconocí que el combate a la corrupción debiera partir de reconocer que es un asunto de orden cultural. Y me sostengo en este dicho.

Estoy convencido de que el problema que tenemos para enfrentar la corrupción parte, primero, de reconocer que es una debilidad de orden cultural, que no es privativa de México.

México tiene sus propias características y condiciones, pero es un problema de orden humano. Y que para hacerle frente, tenemos que partir de reconocer esta debilidad.

Y entonces, a partir del fortalecimiento de instituciones que permitan combatir prácticas de corrupción, que permitan definir políticas que sirvan, o que inhiban eventuales prácticas de corrupción, será como estemos avanzando realmente en la formación de una nueva cultura ética entre la sociedad mexicana.

Cuando tuve esta conversación, algunos pensaron que el reconocer que era un tema de orden cultural, era a la vez el condenar esto a resignarnos a que era nuestra condición. Y es justamente lo que hemos querido cambiar.

No sólo en este tema al que me estoy haciendo referencia, sino en otros órdenes. Es, justamente, revertir y cambiar aquello a lo que no podemos resignarnos, y menos quedar condenados.

Emprendimos reformas, y a ellas habré o ya he hecho referencia a algunas de ellas, con la participación de todas las fuerzas políticas, que también habré de referir, lo valioso de su participación, muy importante y trascendental, sin las cuales no hubiese habido reformas.

Pero en este tema, en el tema de combate a la corrupción, está realmente en la nueva actitud y en la nueva capacidad que los liderazgos, que las instituciones del Estado mexicano tengan para, insisto, ir modelando una nueva cultura ética de la sociedad mexicana.

Hoy tenemos nuevas herramientas, nuevos instrumentos que derivan de las reformas alcanzadas: la Fiscalía autónoma para Combatir la Corrupción y el Instituto de Transparencia.

Pero, adicionalmente, sé que los partidos políticos estarán discutiendo, enriqueciendo y ampliando un tema pospuesto, pero que, sin duda, ocupará su atención, que es la Comisión Nacional Anticorrupción.

Todo aquello que permita fortalecer la capacidad del Estado, y aún así será insuficiente si realmente la sociedad no asume como reto propio, Gobierno y sociedad, el que tenemos que asumir una nueva actitud, recoger nuevos valores e ir modelando esta nueva ética de la sociedad mexicana.

Entre las otras reformas que se han alcanzado, están, sin duda, unas que merecen especial atención, que son aquellas que nos permitirán crecer, ser más productivos y tener mayor competitividad. Son reformas que, sin duda, generan un nuevo marco normativo para lograr que México alcance mayor prosperidad y para que crezca de manera mayor y sostenida, y de forma sustentable.

Ahí está la Reforma en Telecomunicaciones, en Competencia, la Reforma Hacendaria, la Reforma Financiera, que amplía el nivel de crédito y hace que éste sea más barato y que más mexicanos tengan acceso.

Son reformas que están orientadas a este propósito y una que, sin duda, es la más emblemática, porque establece un nuevo paradigma para que los mexicanos aprovechen sus recursos naturales, y especialmente sus recursos energéticos, que fue la Reforma Energética.

Ahora el reto está en la instrumentación.

Pero aquí también vale la pena volver a repensar, ante los varios señalamientos y condenas que de manera anticipada pareciera se recogen en algunos lados, sobre la instrumentación de las reformas.

No podemos, primero, ir en la ruta que estábamos sin cambiar, sin decidirnos a transformar. Y eso ya ocurrió.

Hoy tenemos una nueva plataforma para crecer, para desarrollar socialmente, o tener un mayor desarrollo social.

Y para que esto sea posible y no condenarnos o no resignarnos a que, porque esto no podía quedar o resultar de manera positiva y exitosa, entonces había que llevar las cosas como estaban.

Porque hemos probado los mexicanos que sí tenemos capacidad.

Los temores sobre las capacidades de México se han probado en muchas ocasiones.

Hoy recuerdo, y quizá en edad muy joven, cuando iba a entrar o estaba por entrar en vigor el Acuerdo de Libre Comercio con los Estados Unidos y los grandes temores que entonces surgieron ante este hecho.

Y cómo la capacidad de los mexicanos, de nuestros emprendedores, se antepuso y demostró que tenemos capacidad para competir con otras naciones por más desarrolladas que estén. Lo mismo ocurre ahora.

Las reformas son una espléndida y extraordinaria oportunidad que los mexicanos tenemos de probarnos a nosotros mismos, de nuestras capacidades, para instrumentar de manera eficiente y eficaz estas reformas.

Para realmente mostrar que tenemos la capacidad de ser transparentes, de ser eficientes y de asegurar los beneficios y resultados que se espera derivarán de estas reformas.

Creo, a pie juntillas, y creo en total y absoluta convicción que México tiene esa capacidad.

Creo en la fuerza de los liderazgos de México.

Creo y tengo fe en México, en los mexicanos.

Y está en nosotros probarnos a nosotros mismos, de nuestras capacidades cada vez mayores, para construir el México que queremos.

Y finalmente. En todo esto, o casi finalmente, no me quiero extender más, pero aquí es importante y frente a ustedes, frente a ustedes, mujeres y hombres, líderes en distintos ámbitos, quiero hacer un profundo y amplio reconocimiento a todos los partidos políticos, porque su actuación en el procesamiento de las reformas, independientemente del sentido del voto que cada expresión política tuvo, lo que sí quedó acreditado es que hoy nuestro país tiene un orden político y democrático distinto al del pasado, en donde hay mayor civilidad, hay madurez política, hay capacidad para discernir y diferir, pero siempre hay un ánimo constructivo que ha hecho posible que alcanzáramos los respaldos mayoritarios para concretar estas reformas, a las que hecho referencia.

Los partidos políticos y sus actores como agentes de cambio, se probaron e hicieron posible un amplio debate en todas estas reformas. Y yo por ello, desde aquí extiendo mi más amplia felicitación a todos los miembros de las distintas expresiones políticas, a los liderazgos y a todos los partidos políticos, por su compromiso con México, por actuar con lealtad, con patriotismo y, sobre todo, por anteponer los intereses de la Nación y el interés superior de lograr acuerdos para hacer posible las reformas que México necesitaba.

Muchísimas felicidades.

Ahora se preguntarán, y qué sigue.

Sigue lo que ya he señalado, la debida instrumentación de todas las reformas que han tenido lugar. Sigue el que México, o más bien, que el Gobierno siga trabajando en los varios frentes que tiene por delante, porque de manera simultánea el Gobierno ha trabajo en el impulso a la Agenda Reformadora con la participación amplia de los partidos políticos, a la par de gobernar y de lograr las obras y las acciones, y las políticas públicas que deparen a México condiciones de mayor bienestar para todos los mexicanos.

Son varios los proyectos que se han concluido, algunos iniciados en el pasado, y que nos ha correspondido a nosotros concluir dichos proyectos, al tiempo que hemos iniciado varios proyectos más, algunos que cobran especial relevancia, como el que recientemente anunciamos, que será para todos los mexicanos, el aeropuerto, el nuevo aeropuerto de la ciudad capital, el gran aeropuerto de México, que será el que tenga la Ciudad de México, un aeropuerto moderno, que proyecte a México y a su capital con la modernidad y con todo lo necesario para hacer de México un país más competitivo.

Éste y otros proyectos son de especial relevancia; gasoductos, acueductos, obras de infraestructura, nuevas autopistas, 46 que nos hemos trazado y que hemos ya iniciado construcción de varios de éstos kilómetros, que sumarán más de tres mil kilómetros de nuevas autopistas, 90 carreteras federales que habrán de ampliarse y modernizarse. En ese frente seguimos trabajando.

Lo que a México habrá de depararle en los próximos años, estoy seguro, será condiciones de mayor bienestar a partir de que seremos un país más competitivo, con un Estado de Derecho mucho más justo y con herramientas e instituciones encargadas de aplicar la justicia con mayor fortaleza.

Seremos un país con un sistema educativo de mayor capacidad, para asegurar que la niñez y juventud mexicanas tengan mejores herramientas para enfrentar los retos presentes y futuros.

Seremos un país mayormente atractivo a las inversiones, ya somos hoy, de por sí, un destino confiable, pero cada día lo seremos más, porque aquí tendremos mano de obra o mayor mano de obra calificada, mayor especialización; centros de innovación y de tecnología, porque los insumos que la industria estará utilizando serán más económicos; porque habrá mayor financiamiento.

Ese es el marco que las reformas propician para el México que nos espera en los próximos años, y que gradualmente, en el tiempo, las mexicanas y los mexicanos estarán sintiendo en carne propia esos beneficios.

Yo, finalmente, quiero concluir, reconociendo la participación dinámica, activa y comprometida de todas y de todos ustedes, líderes de México; de los presentes, de los ausentes y de los varios liderazgos autónomos, o más bien, anónimos, quise decir, no autónomos, sino anónimos, que se hacen presentes en sus comunidades, en sus colonias, en sus pueblos; y que están presentes, precisamente, para, con su influencia, ir modelando mejores condiciones para este país.

Les quiero expresar amplio reconocimiento a todas y a todos ustedes, e invitarles para que hagan suyo, como lo hace el Gobierno de la República, el reto de ir construyendo una nueva sociedad, de nuevos valores, con una nueva ética; y, sobre todo, entre todos, sociedad y Gobierno, ir modelando el México que queremos y que soñamos.

Ya es mucho lo que hemos avanzado. No partimos de cero.

Hay que hacer justo reconocimiento al legado que hemos tenido de otras generaciones, y de otros esfuerzos, pero ahora nos corresponde hacer el propio, y más, para quienes tienen el reconocimiento de ser líderes, como ustedes que están entorno a esta mesa.

Yo agradezco la oportunidad de compartir con ustedes de manera, quizá, apretada, y en una apretada síntesis, lo que hemos hecho, lo que hemos alcanzado, y lo que claramente nos proponemos llevar a cabo, bajo una premisa fundamental: Darle resultados a la sociedad mexicana.

Que sea por México y para bien de México.

Muchísimas gracias.