Señoras y señores:

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Senadores.

Señor Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Señor Secretario de la Defensa Nacional.

Señor Secretario de Marina.

Señoras y señores integrantes del Gabinete del Gobierno de la República.

Muy distinguidos Generales, Almirantes, jefes, capitanes, oficiales, clases, tropa y marinería.

Muy distinguidas y distinguidos invitados a esta importante y relevante ceremonia.

Señores representantes de los medios de comunicación.

Señoras y señores:

La Revolución Mexicana es uno de los referentes históricos más importantes de nuestro país, a partir de la cual se inició un nuevo proceso de construcción nacional. Con ella, se establecieron las bases para edificar un México más democrático, más libre y más justo.

Fue la primera gran revolución del Siglo XX en el mundo y un positivo impulso transformador para nuestra Nación.

El legado de la Revolución Mexicana continúa vigente. Ha dejado una huella profunda en nuestras instituciones y en nuestra cultura.

Con la convocatoria de Francisco I. Madero, plasmada en el Plan de San Luis, el 20 de noviembre de 1910 comenzó la gesta social, que tenía como objetivo recuperar los derechos políticos y civiles de los mexicanos.

Como lo escribió Octavio Paz: la Revolución se presenta al principio como una exigencia de verdad y limpieza en los métodos democráticos.

Efectivamente, Madero enarboló la bandera de: Sufragio Efectivo, No Reelección. Y tras un año de esfuerzos militares y políticos, asumió la Presidencia de la República el 6 de noviembre de 1911, luego de triunfar en elecciones libres.

Como gobernante, el Presidente Madero, un demócrata convencido, respetó en todo momento la división de Poderes y las libertades de organización y de prensa.

Sin embargo, fue blanco de ataques, que culminaron con su cobarde asesinato, ordenado por el traidor y usurpador Victoriano Huerta.

Su muerte conmocionó a todo México, pero sus ideales siguieron vivos.

Otros grandes líderes y hombres valientes reformaron y ampliaron los anhelos maderistas, prosiguiendo la lucha revolucionaria.

Uno de ellos fue Venustiano Carranza, entonces Gobernador de Coahuila, quien convocó a diversos movimientos para restaurar el orden institucional.

Así, el 19 de febrero de 1913, nació el Ejército Constitucionalista, enarbolando las banderas de la legalidad, la libertad y la democracia.

Éste es el origen del Ejército Mexicano de hoy, sin duda, uno de los pilares centrales del México moderno.

Como Presidente de la República, en esta fecha emblemática, reconozco a las mujeres y hombres del Ejército Mexicano.

Valoro y agradezco su lealtad, su patriotismo y su trabajo incansable en favor de nuestra Nación.

Ustedes son un Ejército del pueblo y para el pueblo. Son militares que dedican su vida a servir a sus compatriotas y que, incluso, están dispuestos a entregarla por el bien de México.

Por eso, como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, ha sido un honor haber otorgado, en esta fecha simbólica, diversos reconocimientos a integrantes del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

Felicito especialmente a quienes este día han recibido ascensos por su permanente formación y destacado desempeño e invariable profesionalismo.

Exalto el compromiso con que sirven a la Patria, así como su elevado sentido del deber y de la responsabilidad.

Por su tenacidad y constancia, ustedes son ejemplo para millones de mexicanos.

Son un testimonio vivo de gallardía en el cumplimiento del deber y de entereza ante la adversidad.

Con esta Entrega de Ascensos y Condecoraciones, México hace patente su agradecimiento y profundo aprecio a sus Fuerzas Armadas, por la valiosa labor que desempeñan en la construcción de un mejor país.

Este día, además, he entregado una merecida distinción que muy pocos militares tienen el honor de recibir por cumplir 50 años de servicio.

Me refiero a la condecoración por la Patria, que hoy he impuesto al General Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional, a quien el Presidente de la República le reconoce su liderazgo, experiencia y patriotismo para cumplir y servirle a México, y conduciendo al Ejército Mexicano y a la Fuerza Aérea de México.

Muchas gracias y felicidades, señor General Secretario.

Los soldados de tierra, mar y aire, saben que no hay mayor honor que servir a la Patria; que no hay mayor satisfacción que cumplir la misión encomendada. Son dignos herederos de las tradiciones de patriotismo y arrojo que nos legaron los revolucionarios y fundadores de las Fuerzas Armadas.

Su contribución ha sido determinante para forjar la gran Nación que hoy es México. Una Nación con instituciones sólidas y una democracia madura. Una Nación con una economía estable que vela por los suyos, al procurar justicia social.

Celebro que nuestras instituciones militares estén preparadas para afrontar los desafíos del presente, y estén comprometidas a hacerlo con pleno respeto a los derechos humanos.

El Ejército Mexicano, la Armada de México y la Fuerza Aérea Mexicana, son instituciones indispensables para la paz, el orden y la tranquilidad de los mexicanos.

Las Fuerzas Armadas contribuyen a la seguridad interior y a combatir frontalmente a la delincuencia organizada, que tanto lacera a nuestra sociedad.

Por eso, el Gobierno de la República no cejará en sus esfuerzos por hacer que impere el Estado de Derecho y la justicia en todo el territorio nacional.

En este propósito, insisto, la aportación de nuestras Fuerzas Armadas es fundamental, como esencial es la confianza de la sociedad mexicana en ellas.

Bajo ninguna circunstancia pueden ponerse en duda los leales y nobles servicios que las Fuerzas Armadas han prestado y prestan a la Patria entera.

México afirma, de manera contundente, su respeto y aprecio por sus Fuerzas Armadas. La grandeza de una institución centenaria, el trabajo de más de 212 mil soldados de México, no debe calificarse a partir de los contados elementos que se pudieron haber alejado de sus principios y mística de servicio.

Es desafortunado que cuando algunos elementos incumplen su deber, se señale a toda una institución, que en innumerables ocasiones ha probado su amor, entrega y lealtad a México.

Nadie puede poner en tela de juicio el auxilio que brindan a las poblaciones afectadas por fenómenos climatológicos. Tampoco se puede olvidar su intervención oportuna para proveer alimentos, reconstruir hogares y, sobre todo, salvar vidas.

Como Presidente de la República, reitero mi mayor orgullo de saber que México tiene en sus Fuerzas Armadas a instituciones profesionales, comprometidas con el país y con el bienestar de los mexicanos.

Señoras y señores:

Las Fuerzas Armadas han contribuido a afianzar el régimen democrático que el país ha consolidado en décadas, en un esfuerzo permanente.

Gracias a la labor constructiva de varias generaciones de mexicanos, hoy tenemos instituciones que son nuestra principal fortaleza para superar cualquier desafío. Atentar contra las instituciones, es atentar contra los mexicanos.

En un Estado democrático, como el nuestro, es inaceptable la violencia, cualquiera que sea su origen.

Los mexicanos decimos: No a la violencia. Sociedad y Gobierno rechazamos categóricamente cualquier intento por provocarla o alentarla.

México, es cierto, está dolido, pero el único camino para aliviar este dolor, es el de la paz y la justicia.

Lo que los mexicanos demandan es que la ley se cumpla, que prevalezca el orden y que avancemos juntos hacia mayores condiciones de prosperidad.

La gran responsabilidad que tenemos es construir un México en el que sus familias sigan progresando y cuenten con mejores oportunidades para desarrollarse plenamente.

Hemos emprendido cambios de fondo para que todo mexicano, independientemente de su lugar de origen o condición social, pueda llegar tan lejos como se lo proponga.

El proyecto de transformación nacional avanza en esa dirección. Concretarlo requiere de la participación de todos.

En la construcción de un mejor país, todos los esfuerzos suman. Todos son importantes.

En los integrantes del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea, hay un ejemplo vivo de miles de mujeres y hombres que sirven al máximo de sus capacidades a México, a sus instituciones, a la sociedad y a nuestra democracia.

México agradece y reconoce su compromiso y su entrega diaria.

Muchas felicidades.

Y muchas gracias.