Señoras y señores.

Muy buenas tardes a todas y a todos ustedes.

Quiero saludar la presencia del señor Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

A las presidentas de las Comisiones de Grupos Vulnerables y de Derechos de la Niñez del Senado de la República y de la Cámara de Diputados.

Al señor Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, a quien le agradezco mucho su presencia en este evento.

A la representante de la UNICEF, al Embajador de UNICEF.

A las distintas autoridades del Gobierno de la República, que hoy están aquí presentes.

Agradezco a mi esposa que me haga favor de acompañar en la promulgación de esta ley.

Y agradecer a Mario Luis Fuentes.

Y a quienes forman parte de distintas agrupaciones, organizaciones de sociedad civil, que trabajan desde distintos ámbitos de participación en la sociedad, por procurar mejores condiciones para la familia, para la niñez.

A todas, mi reconocimiento y gratitud por su presencia.

De manera muy particular, a las muy distinguidas damas que hoy nos acompañan.

A las y los Senadores de la República.

A las y los Diputados que nos acompañan en este evento.

A muy distinguidas damas, decía yo, del ámbito de la comunicación que encabezan esfuerzos en distintas organizaciones, para privilegiar o procurar una mejor Nación y, sobre todo, velar por los derechos de la niñez y, sobre todo, el respeto al ámbito familiar.

Quiero saludar a presidentas de los DIF estatales, que hoy también nos acompañan en este acto.

Y a todo este distinguido auditorio que me acompaña en la promulgación de esta importante ley, que como se ha señalado anteriormente por quienes me han antecedido en el uso de la palabra, sin duda, es producto del esfuerzo de todas y de todos, especialmente de un Congreso comprometido con México, de quienes han hecho un amplio debate en distintas comisiones, y quienes a partir de distintas iniciativas pudieron concentrar en este ordenamiento, que hoy estoy promulgando, la visión compartida de distintas expresiones políticas.

Muchas gracias, y mi reconocimiento a todas y a todos ustedes.

Permítanme, antes de iniciar el mensaje, desde este espacio, expresar mi más sentido pésame ante el sensible fallecimiento de uno de los ministros integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, del Ministro Sergio Valls.

Desde aquí quiero expresar mis más sentidas condolencias, en primer lugar, a su familia, a sus compañeros integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y a todos sus demás compañeros, amigos, que él seguramente cultivó a lo largo de su vida.

Desde aquí, expreso mi más sentido pésame a todos ellos por este sensible fallecimiento, el del señor Ministro don Sergio Valls. Que descanse en paz.

Señoras y señores:

La riqueza más grande de México y de cualquier Nación está en cada uno de sus habitantes, especialmente en sus niñas, niños y adolescentes.

En nuestro país viven 40 millones de menores de 18 años, prácticamente uno de cada tres mexicanos. Trabajar por sus derechos, por su educación y pleno desarrollo es un deber ético y un compromiso permanente del Gobierno de la República, aún más, del Estado mexicano.

Sociedad y autoridades tenemos la responsabilidad de crear las condiciones propicias para que cada niña, niño y adolescente estudie y se desarrolle en un ambiente adecuado que le permita realizarse plenamente.

Cada uno de nuestros menores debe tener la posibilidad de dedicar su tiempo y su energía a las actividades propias de su edad, además de contar con una sana recreación y un entorno libre de violencia, discriminación, abuso o maltrato.

Y para hacerlo realidad, a partir de hoy, México cuenta con un instrumento legal, yo me permitiría decir, de avanzada, que es precisamente la ley que hoy promulgo, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

Como lo saben ustedes, se trata de una iniciativa de trámite preferente que envié al Congreso de la Unión, por cierto, es la primera vez que hago uso de esta facultad del Ejecutivo Federal, por tratarse de un tema sensible y de gran relevancia para la vida de nuestro país.

Quiero nuevamente reconocer ampliamente a las y los legisladores federales, por haber discutido, enriquecido y aprobado esta ley, cuyo objetivo es salvaguardar el interés superior de nuestros menores y reconocer sus derechos inherentes.

En este sentido, cabe destacar que la ley aprobada incorpora propuestas de las 50 iniciativas presentadas por las y los diputados y senadores anteriormente.

Valoro especialmente las aportaciones de académicos, autoridades, organismos internacionales, como UNICEF, así como de organizaciones de la sociedad civil, que permitieron concretar esta innovadora legislación.

La Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, establece los principios y los criterios que deben orientar la política nacional en esta materia.

Los aspectos más trascendentes de este nuevo ordenamiento jurídico pueden dividirse en tres grandes rubros:

Primero. Se reconoce a las niñas, niños y adolescentes como titulares de un amplio catálogo enunciativo de derechos. Entre ellos, destaca el derecho a la igualdad sustantiva, esto significa que todos los menores deben gozar del mismo trato, derechos y oportunidades.

En consecuencia, se fortalecen también las medidas de protección a los menores con discapacidad.

El derecho a la salud gratuita y de calidad, que incluye de manera destacada el acceso a asesorías y orientación sobre salud sexual y reproductiva.

El derecho a la educación de calidad, en congruencia con la Reforma Constitucional en esta materia y que garantice su pleno desarrollo.

El derecho de acceso a las tecnologías de la información y comunicación. Este aspecto es valioso, pues se reconoce el uso de la banda ancha e internet como instrumentos necesarios para que niños y jóvenes interactúen con éxito en el Siglo XXI.

También incluye el derecho a la participación. La voz y las ideas de los menores en México deben ser escuchadas y tomadas en consideración, respecto a asuntos que sean de su interés, conforme a su edad y desarrollo.

Además, se amplían los derechos de las niñas, niños y adolescentes migrantes, para brindar una mayor protección y asegurar su integridad. Se establece que corresponderá al DIF Nacional y a los estatales, el alojamiento de menores migrantes, mientras se determina su condición migratoria.

El segundo rubro de este nuevo ordenamiento corresponde al fortalecimiento institucional necesario para hacer efectivo los derechos de los menores.

Sería insuficiente solamente enunciar derechos inherentes de niñas, niños y adolescentes, y no fortalecer las instituciones del Estado mexicano, que estén en aptitud y en capacidad de hacer realidad estos derechos.

Esta ley crea nuevas instituciones y fortalece las ya existentes. Por ejemplo, prevé la transición hacia un sistema nacional de protección integral, que será encabezado por el propio Titular del Ejecutivo Federal y que contará con representación de la sociedad civil.

De igual forma, establece que la Secretaría Ejecutiva de este sistema sea un órgano desconcentrado de la Secretaría de Gobernación, responsable de la coordinación operativa.

A efecto de garantizar la protección integral coordinada de los derechos en cada entidad federativa y municipio, se creará e instalará un Sistema de Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

También se crean, a nivel Federal y estatal, Procuradurías de Protección que coordinarán el trabajo conjunto de las autoridades para asegurar el respeto y cumplimiento de los derechos de los menores.

Un hecho a destacar es que por primera vez se regulan los Centros de Asistencia Social, con el objetivo de garantizar las mejores condiciones de integridad, seguridad y bienestar de las niñas, niños y adolescentes que ahí se atienden.

Y finalmente, el tercer rubro, es la colaboración y coordinación entre órdenes de Gobierno y organismos autónomos.

La ley incorpora un capítulo específico que distribuye competencias entre la Federación, estados y municipios.

En esta materia, se obliga a los tres órdenes de Gobierno a que incorporen en sus proyectos de presupuesto la asignación de recursos para dar cumplimiento a la legislación que hoy estoy promulgando.

Respecto a los órganos autónomos, destaca la facultad otorgada al CONEVAL para evaluar la pertinencia de la política de desarrollo social en materia de derechos de las niñas, niños y adolescentes.

Ello contribuirá a que las acciones y esfuerzos gubernamentales tengan un enfoque estratégico en las áreas de mayor prioridad.

Igualmente, se obliga a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y a las Comisiones estatales a contar con áreas especializadas para la protección de los derechos de los menores.

Por todos sus avances, las figuras que reconoce y por los beneficios que traerá su aplicación, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes es una norma jurídica de especial relevancia social.

Al promulgarla refrendo mi más firme compromiso con los derechos humanos, que son indispensables para que nuestra sociedad viva en armonía y se desarrolle a plenitud en todos los órdenes de la vida social.

Se trata de fortalecer el Estado de Derecho en todo el país y de sentar las bases para un mejor futuro como sociedad.

Por experiencia y por historia, los mexicanos sabemos que el progreso y la paz social, sólo son posibles con respeto al Estado de Derecho.

El respeto a los derechos humanos, a la ley y a las instituciones son los instrumentos con los que cuenta nuestra democracia para seguir creciendo y consolidándose.

Señoras y señores:

El Gobierno de la República trabaja con decisión y compromiso para lograr una mayor protección de nuestras niñas, niños y adolescentes, tal y como lo obliga nuestra Constitución, y cito textualmente: En todas las decisiones y actuaciones del Estado, se velará y cumplirá con el principio del interés superior de la niñez, garantizando, de manera plena, sus derechos.

Seguiremos trabajando para que en todo el territorio nacional cada menor goce de una buena alimentación, y tenga acceso a servicios de salud, que vaya a la escuela y reciba una educación de mayor calidad; que tenga una vida libre de violencia y discriminación para garantizar su desarrollo y sano esparcimiento.

Si queremos un México libre de violencia, es imprescindible que nuestros niños y adolescentes crezcan en entornos de respeto, paz y armonía. De la formación que reciban nuestros menores, dependerá que mañana tengamos una mejor sociedad.

Las niñas, niños y adolescentes sanos, alegres y preparados de hoy, serán los ciudadanos responsables, solidarios y comprometidos del futuro. Ellas y ellos, son la mejor esperanza de un mejor México.

Muchísimas gracias.