Por Enrique Peña Nieto.

Hace cuatro años, sociedad y Gobierno nos propusimos construir un nuevo México, un México de leyes, construido sobre instituciones sólidas y transparentes, un México que respondiera a las necesidades y preocupaciones de los mexicanos en la modernidad. Con ese objetivo, durante los primeros años de mi administración, nos dimos a la tarea de impulsar e implementar una serie de reformas que derribaran las barreras que impedían a los mexicanos alcanzar su verdadero potencial. Sin duda, para lograr este noble propósito, también era necesario garantizar el Estado de derecho, la transparencia y la rendición de cuentas.

Hacerlo era impostergable. De acuerdo con los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción 2014, publicado por Transparencia Internacional, México obtuvo una calificación de apenas 35, en una escala de 0 a 100; prácticamente, el mismo resultado que ha tenido en las últimas dos décadas. Además, según el Instituto Mexicano para la Competitividad, cada año los actos de corrupción en el país nos cuestan hasta un 10% del PIB, 5% de la Inversión Extranjera Directa que recibe el país, y causan la pérdida de 480.000 empleos.

Gracias a las nuevas tecnologías de la información y a la libertad de expresión, la sociedad está cada vez más enterada de los actos de corrupción cometidos por servidores públicos y particulares. Hoy, los mexicanos nos sentimos lastimados y dolidos por este grave flagelo. Como presidente de la República, estoy convencido de la urgencia de erradicar la corrupción, fortalecer la transparencia y consolidar la rendición de cuentas. Por esas razones, el primer compromiso que firmé como candidato, y la primera propuesta legislativa que impulsé como presidente electo, fueron en contra de la corrupción.

En un ejemplo de la madurez democrática que vamos alcanzando en nuestro país, más de 600.000 personas alzaron la voz, haciendo uso por primera vez en la historia de la nueva figura legislativa de iniciativa ciudadana. Su llamado ha sido un mandato claro e ineludible: ninguna institución ni servidor público, sin importar el orden de gobierno, está por encima de la ley. Todos están sujetos a la rendición de cuentas.

En respuesta, durante los últimos tres años, el Estado Mexicano en su conjunto ha sentado las bases para combatir la corrupción a fondo. Destacan como nuevos pilares institucionales la creación del Sistema Nacional de Transparencia y, a partir de esta semana, el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). Este organismo convoca a todos los órganos e instituciones encargados de combatir la corrupción para trabajar de forma coordinada.

El continuo involucramiento de la sociedad civil será fundamental para el correcto funcionamiento de este sistema. En el orden federal, el SNA contará con amplias atribuciones para prevenir, detectar y sancionar delitos por actos de corrupción, promoviendo la corresponsabilidad entre los tres poderes. También facilitará una mayor coordinación entre las autoridades federales y locales, para vigilar la correcta utilización de los recursos públicos. Además, las entidades federativas deberán integrar sus propios sistemas locales, a partir de lo establecido por la Ley General del Sistema Nacional Anticorrupción. Con ello, se garantiza que el SNA opere de manera estandarizada en todo el territorio nacional.

El sistema promoverá la prevención, la investigación y, en su caso, la sanción de los casos de corrupción. Contará con mecanismos de prevención, como códigos de ética, protocolos de actuación y selección rigurosa de los integrantes de los órganos internos de control de cada dependencia federal. Asimismo, incluirá instrumentos obligatorios de rendición de cuentas para los servidores públicos, incluyendo la obligación de presentar sus declaraciones patrimoniales, fiscales y de intereses. Ahora, lo que sigue es poner en práctica estos avances institucionales, fortalecer la capacitación de los servidores y formular los reglamentos correspondientes. Tenemos que demostrar su efectividad. México le abrió las puertas plenamente a la democracia con la creación del Instituto Federal Electoral en la última década del siglo pasado. Estoy convencido de que el impacto del SNA será igual de relevante y positivo. Se trata de un verdadero cambio de paradigma, porque abre el camino hacia una nueva era en el servicio público. La sociedad mexicana nos ha mostrado lo que puede lograrse mediante el diálogo franco y honesto. Es un triunfo de la sociedad y todos los mexicanos deben sentirse orgullosos.