Por Enrique Peña Nieto

La evolución de la humanidad ha sido forjada entorno a la migración de personas entre regiones y continentes. Por ello, es para mí un honor participar en la Reunión de Alto Nivel sobre Refugiados y Migrantes, donde podremos coordinar de manera más eficaz los esfuerzos multilaterales para la protección de los migrantes y para el reconocimiento de sus contribuciones al desarrollo.

Ésta es una reunión histórica que reúne la sensibilidad y voluntad política de la comunidad internacional para acordar un acercamiento integral y global a la migración, guiado bajo el principio de responsabilidad compartida.

Los migrantes simbolizan el movimiento que ha hecho avanzar a la humanidad. Su cultura, tradiciones y conocimientos enriquecen la herencia cultural de las sociedades donde deciden establecerse, contribuyendo a la fusión de culturas y a la creación de nuevas naciones dinámicas y prósperas. Los migrantes también representan nuestra capacidad para superar la adversidad desde tiempos inmemorables.

En la actualidad, observamos con preocupación que los migrantes y refugiados enfrentan rechazo, discriminación y abuso. Estas amenazas se agravan aún más cuando, por ignorancia, racismo o mero oportunismo político, los migrantes son estigmatizados y responsabilizados de los problemas y desafíos de los países de destino. Por ello, estoy convencido de que la Agenda de Desarrollo 2030 para el Desarrollo Sostenible ha hecho bien en promover una mejor protección de los derechos de los migrantes y políticas públicas que atienden las causas de la migración.

Hoy más que nunca, los migrantes, su dignidad y su bienestar deben estar en el centro del apoyo internacional. La comunidad internacional tiene una excelente oportunidad para hacer frente a los flujos migratorios globales. México, al ser una nación de origen, tránsito, destino y regreso de migrantes, no es ajeno a este problema.

México es una nación orgullosamente mestiza y multicultural; resultado de una herencia dinámica gracias a las múltiples migraciones a lo largo de su historia. La gran riqueza cultural, económica y social de México, y de otros países, no se puede entender sin los migrantes. Un claro ejemplo de esta situación es la comunidad de origen mexicano que vive en los Estados Unidos. Los migrantes mexicanos contribuyen todos los días, con su trabajo, talento y creatividad, a la prosperidad y el desarrollo de ese país. Ellos generan alrededor del 8% del PIB estadounidense y pagan miles de millones de dólares en impuestos cada año, lo que ayuda a solventar los programas de asistencia social a lo largo de los Estados Unidos.

Los acuerdos que emanen de esta reunión de las Naciones Unidas deberán estar basados en la cooperación y corresponsabilidad internacional. Deben estar enfocados en fortalecer las capacidades de los Estados para la protección de los migrantes y de sus derechos humanos, al tiempo que reconozcan sus contribuciones al desarrollo económico y logrando su inclusión social, con el objetivo de erradicar la intolerancia y el racismo.

Como un actor global responsable, México ha ofrecido albergar una Reunión Internacional Preparatoria ―durante 2017― para facilitar la adopción del Pacto Global para la Migración Ordenada, Segura y Regular y el Pacto Global sobre Refugiados, el cual será adoptado en 2018.

No podemos dar la espalda al sufrimiento de millones de personas que abandonan sus países en búsqueda de mejores oportunidades o que huyen de conflictos armados, violencia y crisis humanitarias alrededor del mundo. Estoy convencido de que el futuro de la humanidad depende de la fraternidad y la solidaridad. México seguirá trabajando incansablemente por la protección de refugiados y el reconocimiento de los migrantes como agentes de cambio y desarrollo, por la protección de sus derechos y combatiendo el odio y la discriminación.

Publicado en Huffington Post.