Por Enrique Peña Nieto

Publicado en El Tiempo de Colombia
 

Hace casi dos siglos, Simón Bolívar anunciaba que Colombia y México estaban destinados a mostrarse ante el mundo “asidos de la mano y aún más del corazón”, porque “la naturaleza, desde la eternidad, nos dio un mismo ser para que fuésemos hermanos y no extranjeros”. Haciendo eco de estas valiosas palabras, inicio mi visita de Estado a la República de Colombia, atendiendo la invitación del presidente Juan Manuel Santos.

Mi visita se enmarca en medio de un amplio diálogo que busca acordar los pasos por seguir en la construcción de una paz estable y duradera. En este proceso, México reafirma su compromiso con los esfuerzos encaminados a poner un fin efectivo y definitivo al conflicto armado interno más largo en América Latina y el Caribe, siempre con pleno respeto a la voluntad de los colombianos.

Estoy convencido de que el pueblo de Colombia alcanzará un acuerdo de paz que refleje la voluntad de la mayoría. Sepan que cuentan con el apoyo de los mexicanos para fortalecer la democracia, el desarrollo y la inclusión social. En este sentido, reitero el respaldo de mi país a la iniciativa de desminado, así como a la misión especial de observación política.

Colombia y México compartimos una estrecha relación amistosa de casi doscientos años. Gracias al espíritu de solidaridad y fraternidad que distingue a nuestras naciones, en el 2015 suscribimos el ‘Memorando de entendimiento para el establecimiento de la relación estratégica’, con el objetivo de institucionalizar nuestros vínculos al más alto nivel.

Hoy, la relación bilateral se caracteriza por un diálogo cercano, que ha permitido profundizar la cooperación en todos los ámbitos y fortalecer nuestra asociación prioritaria. Estoy convencido de que nuestra relación continuará fortaleciéndose y seguirá dando muestra de la hermandad que nos une, en beneficio de nuestros pueblos.

Reitero mi reconocimiento al presidente Santos por su liderazgo y compromiso con la paz en Colombia, que ya han sido distinguidos con el Premio Nobel de la Paz. Parafraseando al gran escritor Gabriel García Márquez –otro gran impulsor de este proceso de pacificación–, hoy, la historia nos exige una nueva utopía de la vida, una donde nadie decida por otros hasta la forma de morir, donde sea cierto el amor y sea posible la felicidad; frente a la opresión y el abandono, tanto Colombia como México siempre optaremos por la vida.

La paz en Colombia es un triunfo para la humanidad, porque el fin definitivo de este conflicto de más de cinco décadas contribuye a la paz y prosperidad de América Latina y de todo el mundo. México está convencido de que la voluntad de los colombianos logrará desterrar la sombra de violencia del pasado y construir un nuevo futuro bajo el principio de la reconciliación nacional. La paz está cerca y Colombia, por supuesto, cuenta con el respaldo y la solidaridad del pueblo mexicano.