Por: Enrique Peña Nieto

Responsable de casi 85% de la producción mundial, 80% del comercio internacional y más de dos tercios de la población global, los países del G20 tienen la responsabilidad compartida de garantizar la estabilidad financiera y fomentar el crecimiento económico. Después de la crisis financiera global de 2008-09, los miembros del G20 se comprometieron a tomar acciones para revivir la actividad económica y generar trabajos de calidad. México está comprometido con esta agenda y se compromete con las prioridades la presidencia turca: inversión, inclusión e implementación.

Como co-presidente del Grupo de Trabajo para la Inversión y la Infraestructura del G20, México ha promovido la adopción de estrategias de inversión específicas por país para mejorar la inversión privada y la administración del gasto del capital por parte del sector público.

Nuestro Congreso ha aprobado una reforma fiscal integral para simplificar el sistema fiscal, incrementar su cumplimiento y elevar la recaudación en 3% de nuestro Producto Interno Bruto. Esta medida se traducirá en una provisión adecuada de recursos para educación, ciencia y tecnología, seguridad social e infraestructura.

La reforma energética—piedra angular de la profunda transformación de México—actualiza nuestro marco constitucional para permitir la inversión privada, así como impulsar el cambio tecnológico y la competencia en este sector estratégico.

Más aún, el Plan Nacional de Infraestructura, diseñado para incrementar la cobertura y calidad de la infraestructura por medio de asociaciones público-privadas—entre otros posibles esquemas—comprende más de 700 proyectos para que sean desarrollados en los siguientes años, y tiene un valor de inversión estimado de más de $500 mil millones de dólares.

Políticas para la estabilidad y el crecimiento

En un mundo estrechamente interconectado, nuestros países no pueden descartar el rol de los países en desarrollo para lograr un crecimiento económico sostenible y resistente. Debemos generar las condiciones para que los pequeños negocios prosperen y políticas para atender los retos más serios.

Por esta razón, propuse dos importantes iniciativas que han sido aprobadas y que ya están siendo implementadas. Mientras la reforma competencia económica está eliminando las barreras de entrada y nivelando el campo para todos los actores –en particular para las pequeñas y medianas empresas— la reforma financiera está dando acceso a crédito más barato a los empresarios mexicanos.

Al mismo tiempo, estoy convencido de que el G20 puede contribuir significativamente a facilitar la participación plena e igualitaria de las mujeres en el mercado laboral –un compromiso de la Cumbre en Brisbane el año pasado– y que les permita alcanzar puestos de toma de decisiones, tanto en el sector público como el privado.

Por último, pero no menos importante, debemos centrar nuestra atención en la plena implementación de los compromisos anteriores. El G20 ya ha desarrollado una masa crítica de políticas para la estabilidad y el crecimiento, así como mecanismos para el seguimiento de su ejecución. Tenemos que monitorear los progresos, ajustar en donde sea necesario y adaptar nuestras estrategias a las circunstancias que cambian continuamente.

Por ejemplo, a pesar del constante compromiso del G20, el comercio mundial—un poderoso motor de crecimiento económico—ha estado aletargado durante años. En este escenario, México es un firme promotor del libre comercio: 11 acuerdos con 46 países, un comercio total que vale 800 mil millones de dólares y el reciente Acuerdo Transpacífico (TPP) nos convierte en una de las economías más abiertas del grupo.

Los miembros del G20 tienen que seguir trabajando juntos para oponerse efectivamente al proteccionismo, facilitar el intercambio comercial y fortalecer el sistema multilateral de comercio.

Una agenda reorientada

El año 2015 ha sido un año difícil para la economía mundial, marcada por los históricos precios bajos de las materias primas, la desaceleración económica y la volatilidad en los mercados financieros, grandes fluctuaciones monetarias y elevada aversión al riesgo. Este es el momento de que el G20 evalúe los avances logrados hasta el momento y vuelva a enfocarse en las cuestiones clave de la agenda, al facilitar la coordinación de políticas y promover un crecimiento económico fuerte, equilibrado e incluyente.

Revista: G7G20
*Traducción No Oficial