Muchas gracias, señor Embajador, por esta invitación. Gracias a todos por estar aquí y déjenme explicarles por qué les doy las gracias. Yo estoy convencido que en un tema como éste lo fundamental, lo crucial, no es actuar después de, sino tratar antes de, es decir, aquí la prevención es elemental. Pero es un problema mayor y el señor Embajador señaló con claridad el efecto que nos produce algo tan importante, tan útil, tan capaz de ser un gran puente entre la sociedad y el mundo con los efectos nocivos que puede producir, generando este tipo de actitudes o conductas; cómo combatirlo sin combatir lo bueno. Cómo hacer para que este instrumento no sea una forma de penetración que pase las fronteras y puede llegar incluso, y es el tema central de esta reunión, a nuestros niños, reformando de origen lo que debe ser la mentalidad construida para una sociedad mucho más armoniosa. Regenerando de origen la capacidad de nuestros propios elementos centrales del futuro de cada uno de nuestros países en un problema de ajuste adecuado de la coordinación de estos niños con la sociedad en la que actúan. Tenemos que entender con claridad qué significa la organización social que hemos venido construyendo en el mundo, que se basa, que parte de un consenso generalizado tan tácito que a veces no lo sentimos. Un consenso que se da de 2 manera natural, que los casos más complicados se tienen que normar por alguna regla jurídica que se llama ley, pero que en la mayoría de los casos es tácito. El ejemplo más claro y que nunca nos damos cuenta de lo tácito que es nuestro acuerdo social, es que aquí, en China y en los Estados Unidos, una luz roja indica que nos tenemos que parar y una luz verde nos dice que podemos seguir, no está en ninguna ley, es un acuerdo tácito. Es uno de los tantos acuerdos tácitos que hacen que una sociedad pueda configurarse para poder convivir adecuadamente. Y las leyes, y sobre todo en leyes penales, dicen qué conductas son las que esa sociedad no acepta, qué es aquello que no se debe hacer, y hemos venido trabajando en el caso de la trata y de los niños, solamente sobre esos tipos penales, solamente la prohibición de esas conductas. Pero creo con franqueza, lo dijo el Embajador y me sumo con gusto a su planteamiento, que tenemos que trabajar profundamente, mucho más profundamente en los orígenes. No podemos permitir la decadencia del mundo, sin analizar cómo fueron decayendo en otra etapa los países que formaban parte de la punta de la civilización. Cómo el imperio Romano, que fue capaz de crear las instituciones democráticas, el Senado, la regulación de sus propias autoridades y el principio de ciudadanía tan importante hoy. Cómo ese mismo imperio, ese mismo estado, fue capaz de destruirse y fue capaz de corromperse, precisamente inoculado por la violencia, el Circo Romano fue el principio de la decadencia. Y lo que veían los ciudadanos romanos en ese circo era violencia, el enfrentar humanos a los animales o humanos entre sí, empezó a perder esos hilos de congruencia que hacen de una sociedad una sociedad armónica y organizada. Empezó a deteriorar esos principios y esos valores éticos que son esencia de una sociedad formal, de una solidaridad humana, no permitamos que se nos atente contra esa solidaridad y mucho menos en nuestros niños. No dejemos que la violencia empiece a ganarnos, aún hasta para combatirla, empecemos a dejar con el ejemplo pleno, claro, abierto, pero con la colaboración de toda la sociedad la idea de una mucho mejor proyección de los valores. No dejemos que la moda nos empañe los valores, que hagamos un esfuerzo común porque este auditorio se amplíe y no sólo a otros auditorios, sino a las redes, a los instrumentos, a las capacidades técnicas, para que los valores de vida común sean respetados. Para que entendamos que el respeto a la vida, a la integridad, a la posibilidad, a la esperanza, deben ser valores protegidos y guardados no sólo por los instrumentos del Estado que tienen que actuar después de que se violaron, sino 3 fundamentalmente por todos los ciudadanos que queremos vivir de esa manera, que yo creo, por fortuna, que en el mundo somos la mayoría. Muchas gracias por invitarme a este evento.