de la Red de Universidades Anahuac, en la Universidad Anahuac, Queretaro.

PROCURADOR GENERAL DE LA REPÚBLICA; JESÚS MURILLO KARAM (JMK): Muchas gracias por recibirme aquí, señor Gobernador, Señor Rector. 

Me toca hablar sobre un tema que solo quiero poner en la mesa para que podamos, más que oir al Procurador, darnos la oportunidad de discutir con él y hacerlo aprender de sus preguntas y de sus reflexiones. 

En consecuencia voy a tratar de ser un poco más breve en mi exposición para que ustedes tengan más tiempo de preguntas. 

El tema realmente es amplísimo, el problema es por donde empieza uno a tocar un tema que tiene uno que tiene que ver con el derecho y los derechos humanos y con la procuración de justicia, porque es prácticamente lo mismo. 

Nuestro concepto de justicia, y me gusta ir a la esencia, porque cuando empezamos a plantear las cosas a profundidad y con sentido de especialidad perdemos la base, y yo creo que si estamos en un análisis tenemos que partir de la base. 

Y la esencia de un Estado de derecho es la existencia de derechos, y los derechos son humanos, en consecuencia hablar del estado de derecho y hablar de derechos humanos es hablar de lo mismo. 

Hablar de respeto a los derechos humanos es hablar de la existencia del Estado de derecho, no podría decirse que no hay respeto a los derechos humanos y hay un Estado de derecho. 

En consecuencia el planteamiento esencial y lo tocaba un poco el rector en su exposición, para mí lo esencial radica con toda claridad en el hecho de cómo hacer valer y como entender los derechos de todos para evitar la necesidad de tener que aplicar el derecho. Porque a fin de cuentas el Estado ideal es aquel en que el derecho es tan claro, en que el derecho es aceptarlo, en que en el derecho tan bien planteado en la propia sociedad, que no requiera de la presión, que no requiere de la necesidad de que haya órganos que tengan que aplicarlo. 

Esto por desgracia, no es la realidad de nuestro país. Durante muchos años, muchos, tuvimos un país cuyos índices de delincuencia eran tal vez, si no de los más bajos en promedio si de los que menos delincuencia tenían. 

Durante muchos años el verdadero problema de este país, el delito más penado era el abigeato, es decir, contra lo que se atentaba era más bien, contra el derecho de propiedad pero los que sufrían la consecuencia, también más bien, eran los animales. 

Hoy hemos tenido que encontrar mecanismos, a veces únicos, a veces limitados, para llegar a extremos terribles en los que la violencia se convirtió casi en una forma de vida en muchas regiones del país. 

La tarea de devolverte a este país la capacidad de vivir en un Estado de derecho en el que no haya la necesidad de tener órganos tan grandes aplicando el derecho, tiene que partir de algo que es básico, lo que están haciendo ustedes, educación. Tenemos que recrear en el país el conocimiento pleno de lo que significa el vivir en comunidad el aceptar las normas que la comunidad nos dicta, el acatar las disposiciones de esas normas generales aunque algunas pudieran ser injustas, si son para todos, por lo menos nos equiparan en equidad; para ello, es imprescindible restaurar otra cuestión, la confianza. 

Un estado real de derecho, tiene también como base de conjugación la confianza, una confianza que tiene que darse en todos los sentidos, una confianza que tiene que surgir de la idea certera de que este territorio en el que habitamos quienes nos decimos que somos mexicanos, nos organizamos de manera tal que tenemos un grupo de normas, un cuerpo de reglas que nos señalan cómo tenemos que vivir, cómo nos tenemos que gobernar y cómo vamos a darle a quién esa capacidad de gobernar. 

Con eso en la cabeza y con la plena confianza de lo que esto dé, podríamos restaurar un estado de confianza que tendría que pasar por todas las áreas, por todas, por las de la familia, por la de las congregaciones comunes de la sociedad, por los órganos de gobierno, por la de las organizaciones ciudadanas, por la de las entidades federativas, la de los municipios, las escuelas y la capacidad de entendimiento. 

Si los mexicanos pudiéramos hacer lo que estamos haciendo ahorita en todos los casos y en todos los foros no habría necesidad de que nadie nos cerrara las puertas y nos dejara entrar a sus escuelas, si pudiéramos utilizar la razón en función de la confianza para redimir los principales problemas no tendríamos violencia. 
El Estado se enfrenta en consecuencia a veces a decisiones difíciles de tomar, porque la línea que separa a la firmeza del autoritarismo es muy tenue, y cuando hay desconfianza, cuidado, en no definir esa línea es lo que permite mantener la paz. 

Hoy el Estado mexicano se enfrenta a muchas veces a este dilema, muchas, y tiene que tomar decisiones basadas claramente en los valores superiores que son los que definen a un Estado de derecho que no más que un Estado de prevalencia de valores, de jerarquización de valores. 

Cuando la paz está por encima, cuando el respeto a la vida está por encima, la aplicación de la ley tiene que convertirse en un acto en el cual, la firmeza sea contundente pero el evitar la violencia o la sangre o el autoritarismo se convierten en valores superiores. Y eso es la función de un estado que sea fuerte. 

Generalmente y lo vemos en la historia del mundo, los gobiernos débiles utilizan la fuerza, los gobiernos fuertes son capaces de ser tolerantes y esto es lo que debe definir un gobierno fuerte. Y eso es lo que debe definir el propósito claro del gobierno; la búsqueda de la paz, la búsqueda de la tranquilidad, la eliminación de la violencia. 

Son hoy causas de México, la necesidad de que podamos volver a salir a la calle sin tener preocupación, la necesidad de que podamos saber que nuestros hijos están en cualquier lugar del país, y nosotros podamos dormir tranquilos será la medida más clara de que estamos en el camino correcto. No va a ser fácil, no va a ser sencillo, pero debemos ser muy cuidadosos, de no caer en un error tal que queriendo evitar la violencia, la provoquemos. 

Que queriendo conducir hacia la paz, provoquemos la inestabilidad, que nos tomemos el tiempo que sea necesario para tener la certeza y la seguridad de que ese futuro que acabamos de diseñar pueda darse, de que podamos estar plenamente convencidos de que vamos a volver a poder caminar en cualquier calle de nuestro país con la certeza absoluta de que si en la esquina hay un policía y en la otra esquina hay un riesgo vamos a correr hacia donde está el policía, porque le vamos a tener confianza. 

Con la certeza absoluta de que tenemos un dilema entre un individuo y otro, entre una familia y otra, entre una organización y otra, una autoridad lo va a definir y tendremos confianza en esa decisión; con la certeza absoluta de que si hacemos un convenio, un contrato, tenemos una autoridad que va a regular que se cumpla. 

Seamos confiables de nosotros mismos, en las normas en las que nos hemos dada, en las personas, en las posiciones públicas, y tengamos confianza en nuestro futuro. 

Que estos jóvenes sepan que no van a ser en balde los años que le apliquen a su educación y a su preparación porque van a tener la confianza de que cuando terminen podrán llegar en la construcción de su propia vida a un empleo fijo, seguro, bien pagado que les permita vivir con dignidad. 

Ese es el México que tenemos que construir, ese es el México en el que ustedes, y aquí es a donde voy directo al mensaje, ustedes quienes estudian derecho tendrán que conformar esa normatividad que permita la creación de la confianza y de la certeza que ustedes desde el área del derecho en la que estén, sabrán que no tendrán que hablar tanto de los derechos humanos, porque todos comprendemos que el derecho es la norma, la aceptamos, la acatamos y confiamos en ella. 

Desde el área en la que estén, si son abogados privamos, entender que la ética no es ajena a quien litiga privadamente; si son funcionarios públicos, entender que la ética es una obligación; si son simplemente asesores o consejeros, podrán entender que la ética es un principio muy personal que cada quien aplica pero que es indudablemente la llave del bienestar, de sentirse bien y del ser común. 

Si hemos de hablar de derechos humanos, hemos de hablar de nuestra propia vida, el respeto a los derechos humanos es respetar la libertad de tránsito, el poder ir por cualquier calle, es respetar la libertad, algo he dicho siempre, el pensamiento no me lo puede quitar nadie, pero la expresión de mi pensamiento puede ser absolutamente tan libre como la de mi propio pensamiento. 

La libertad, hace de la vida algo mucho menos complicado mucho más agradable, y que nos permite tener una convivencia mucho más sana. Mi invitación a este tipo de foros, a este tipo de cuestionamientos en el que podamos, incluso, hasta contradecirnos, incluso confrontar ideas, nos va a llevar a la posibilidad de que de esa manera arreglemos todos los planteamientos del país.