Estos trastornos se manifiestan a través de síntomas como respuesta a largos periodos de estrés y angustia o situaciones de peligro que existen en la mente de las personas.

Platicamos con la Dra. Lucía Amelia Ledesma Torres sobre este problema. Ella es psicóloga y neuropsicóloga clínica del Servicio de Psiquiatría perteneciente a la División de Neurociencias, y miembro de la Mesa Directiva de la Sociedad Médica del Centro Médico Nacional “20 de Noviembre”.

“Hay varios factores asociados a deprimirnos y a padecer estados de ansiedad permanentes. Tenemos que resolver cosas de la vida cotidiana, del trabajo, enfrentar problemas económicos, familiares, de la pareja. Se juntan todas estas variables, y si además tenemos antecedentes de depresión o de ansiedad, con mayor razón existe la probabilidad de que desarrollemos algún cuadro de estos padecimientos, a lo largo de nuestra vida”. “Cualquier persona se llega a sentir cansada, a veces triste o inquieta. Generalmente se trata de fluctuaciones en el estado de ánimo normales e inevitables ocasionadas por el devenir cotidiano.

No es lo mismo sufrir de tristeza que enfermar de depresión, el paciente tarda mucho en darse cuenta de que la padece. Detectarlo a tiempo puede ser vital para que no se convierta en un trastorno permanente”, señala nuestra experta.

Sentirse triste es una reacción normal a determinadas situaciones, por eso se confunde en numerosas ocasiones con la depresión, ya que quien la sufre también se siente apesadumbrado, con la diferencia de que los síntomas son más intensos, persistentes, permanentes y generan disfunción y sufrimiento psicológico.

Estos trastornos tienen tratamiento, por ejemplo, la psicoterapia, algunos ejercicios, que practicados de forma regular ayudarán a disminuir estos molestos síntomas o hacerlos desaparecer, favoreciendo la relajación y aportando calma y un mayor control en situaciones de estrés.

Para los síntomas de ansiedad, los ejercicios de relajación, un estilo de vida saludable, más la intervención psicológica y médica, constituyen las prácticas más utilizadas y efectivas para reducir estos síntomas. Estas actividades practicadas de forma habitual en conjunto, contribuyen a disminuir la tensión muscular y mental llevándonos a sentir paz y armonía, que en principio podría resultar extraño debido al continuo estado de tensión al que ha estado sometido nuestro cuerpo.