Los arrecifes coralinos son ecosistemas que albergan una gran variedad de especies, representan una fuente de alimento y un refugio para diversas formas de vida marina.

En la región tropical del Caribe los recursos de mayor valor comercial están asociados al coral, como es el caso de la langosta, el caracol, el pulpo y diversas especies de escama, sin embargo desde  hace varias décadas, estos ambientes se encuentran en constante deterioro, tanto por las actividades relacionadas con el desarrollo costero, como por el cambio climático global.

Esta situación ha mermado la producción de especies de importancia comercial y recursos pesqueros, así como el atractivo turístico que genera una derrama económica importante.

Una alternativa de manejo que se ha planteado para revertir el deterioro constante es la restauración de arrecifes dañados y el establecimiento de arrecifes artificiales con la finalidad de recuperar la estructura y funcionalidad de este ecosistema.

El Instituto Nacional de Pesca  inicio el cultivo de corrales desde el año 2009, logrando la adaptación del área e instalación de los primeros sistemas de cultivo mediante un financiamiento externo por parte de la CONANP, el DEFRA (Departament for Environment Food and Rural Affairs) y de la embajada británica en México.

En 2012 el INAPESCA logro obtener un financiamiento por parte de la CONABIO para implementar un programa interdisciplinario de restauración activa que compensara los daños en arrecifes coralinos del Caribe Mexicano. Bajo el auspicio de este proyecto se ha llevado a cabo la restauración de 2 áreas arrecifales.

El programa de restauración activa consiste en una siembra mínima de 360 colonias por sitio, mostrando de manera positiva un incremento en el número de peces.